Escrito por Mons. Faustino Armendáriz Jiménez    Martes, 22 de Diciembre de 2009 19:27    PDF Imprimir E-mail
Mensaje de Navidad de la Diócesis de Matamoros

 

A Todo El Pueblo De Dios Que Peregrina En La Diócesis De Matamoros

 

Reciban un cordial saludo de paz.

 

Personal y comunitariamente hemos vivido el Adviento como una preparación para acoger con alegría al Dios que por amor a los hombres se hace carne.

Una preparación que dada la magnitud del acontecimiento no ha debido improvisarse. Dios mismo con antelación y mediante los Profetas venía anunciando su irrupción en la historia de la humanidad,  con justa razón –hemos escuchado en los domingos precedentes– Juan el Bautista exhortaba al pueblo elegido a preparar el camino del Señor. En efecto, la Natividad de Dios no fue una ingeniosidad o improvisación divina, sino la concreción histórica de un Dios Creador que ha querido hacerse presente en el devenir y naturaleza de sus criaturas, con la única finalidad de solventar en el Hijo todo aquello que para el hombre se había tornado imposible. Por estas razones y con un espíritu pastoral, exhorto a que en esta Navidad revaloremos algunos signos y virtudes propias del legado cristiano, que hacerlas realidad en nuestra historia presente constituya la mejor aclamación del Dios-con-nosotros.

 

Navidad signo de acogida, respeto y tutela al don de la vida

Dios ha deseado asumir nuestra humanidad y develar su rostro en el niño de Belén, y es precisamente en la fragilidad y vulnerabilidad de la criatura envuelta en pañales y postrada en un pesebre, que los Reyes y pastores tuvieron a bien constatar por primera vez, la grandeza de Dios. Rememorar y celebrar este acontecimiento de fe, implica el no crucificar la esperanza del don más excelso del que Dios hace partícipe al hombre ¡La vida!, demanda pues, un compromiso radical en medio de nuestras circunstancias temporales de acoger, respetar y custodiar este don en todas sus expresiones vitales.

 

Navidad signo de alegría

Contemplar el nacimiento de Belén posibilita trasladar nuestra imaginación al entorno geográfico y social en que Dios quiso hacer su morada, indudablemente que eran tiempos aciagos y no existían las mejores condiciones para que María diera a luz, no obstante, ello no fue causa de angustia, por el contrario, la buena noticia del nacimiento fue «motivo de mucha alegría para todo el pueblo» (Lc 2, 10). Que la alegría de haber recibido al Emmanuel en nuestro corazón, constituya el mejor aliciente para irradiar con generosidad todos aquellos entornos que hoy día viven sumergidos en la tristeza y desolación. Un desafío contemporáneo, es que nuestras palabras, gestos y actitudes realmente sean un signo de alegría en medio del abatimiento social que percibimos.

 

Navidad signo de esperanza

La corona de Adviento que gradualmente hemos encendido en los domingos precedentes, nos ha guiado por un camino de fe, la guirnalda verde que le adorna representa el signo de la esperanza, la cual, siempre ha de prevalecer en todo Discípulo de Jesucristo, no como un componente más, sino como un elemento central de quien ha creído en el Dios que por amor a la humanidad se ha encarnado, más aun, ha resucitado. En efecto, Dios ha vencido a la muerte y con ello, nos manifiesta que la muerte no tiene poder alguno sobre Él. Creer y asumir esta verdad en nuestro diario vivir, es confesar nuestra esperanza en un Dios que acompaña a su Pueblo en medio de las contrariedades y desesperanzas generadas por el egoísmo desenfrenado, disfrazado de poder, engaño y maldad. Que esta Navidad, la Palabra de Dios nos inspire a ser signos de esperanza, de una esperanza cimentada en Jesucristo.

 

Navidad signo de paz

Finalmente, el Discípulo de Jesucristo no puede claudicar de su esencia misionera: ¡Anunciar la Buena Nueva! Una tarea impostergable, sobre todo, en los sectores y estructuras sociales que adolecen del mensaje de salvación, que las adversidades temporales plagadas de zozobra,  injusticia, violencia, en definitiva, de inhumanidad, no sean causa de desaliento, por el contrario, que ello, nos impulse decididamente a incidir a ejemplo de Jesucristo que continua haciéndose presente en nuestra historia diciéndonos: «Paz a ustedes» (Lc 24, 36). Que la Navidad próxima a vivir constituya la ocasión para alentar la esperanza en una paz duradera que definitivamente se construye cuando se combate la pobreza (Cf. Benedicto XVI, mensaje para la jornada mundial de la paz).

 

En esta Navidad elevo mí oración al Dios de la vida, para que todos estos signos se hagan presentes en nuestros espacios celebrativos, y de ahí, se transporten a nuestras relaciones en común. Mantengo la esperanza de que estos signos cristianos, iluminados por la gracia del Espíritu sean el principal referente en la renovación de nuestras comunidades Parroquiales. Que nuestra Madre María nos acompañe en la concreción de estos signos. Aprovecho la ocasión para anticiparles mis parabienes en el año por venir.

 

Reciban con afecto un abrazo y mi bendición de pastor y que la Paz que proviene de Dios en el Hijo inunde plenamente sus corazones. ¡Feliz Navidad!

 

Dado en la Sede Episcopal de H. Matamoros de Nuestra Señora del Refugio de Pecadores, Tamaulipas, a los veintiún días del mes de diciembre del dos mil nueve, año de la Palabra de Dios.

 

 

+ Faustino Armendáriz Jiménez

IV Obispo de Matamoros

Actualizado ( Lunes, 28 de Diciembre de 2009 11:00 )
 
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