Escrito por Mons. Fabio Martínez Castilla    Jueves, 24 de Diciembre de 2009 11:15    PDF Imprimir E-mail
Carta Pastoral por el Año Jubilar de la Diócesis de Cd. Lázaro Cárdenas en su próximo XXV Aniversario

 

18 DIC.1985 – 18 DIC.2010

                                             Lemas de los tres Obispos:
                                                       “Que todos sean uno.”
                                                       “Yo soy, no temas.”
                                                       “Siempre  siervo.”

 

Al clero, a las personas consagradas y a los fieles laicos:

Mi muy amada Diócesis: Es con un corazón lleno de gratitud, alegría y esperanza por el actuar de Dios en nuestra Diócesis durante estos años que les invito a vivir juntos este año de gracia, de bendición y de un nuevo llamado del Señor para ser una Iglesia discípula misionera.

Tomándome de la mano de Nuestra Señora de la Candelaria, nuestra Patrona, quiero hoy proclamar el Inicio de este año jubilar porque el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres (Sl. 126).


“La Diócesis es una porción del Pueblo de Dios que se confía al Obispo para ser apacentada con la cooperación de sus sacerdotes, de suerte que, adherida a su Pastor y reunida por él en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en que se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo, que es una, santa, católica y apostólica” (CD 11).


El jubileo es una ocasión privilegiada para renovar nuestra consciencia de Pertenencia a la Iglesia, fundada por el Señor; Iglesia Peregrina que camina en la historia siguiendo las huellas del Señor Jesús que pasó por este mundo haciendo el bien (Act 10,38). Celebrar el jubileo Diocesano es actualizar y explicitar el lugar donde hemos sido llamados a ser Iglesia. A todos nosotros los que vivimos en los municipios de Aquila, Coahuayana, Arteaga, Lázaro Cárdenas, La Unión, Coahuayutla y Zihuatanejo de Azueta. El Señor, nos constituyó como familia suya en una misma Diócesis, en porción de su Pueblo: La Iglesia Particular de Ciudad Lázaro Cárdenas a partir del año 1985. Es el Señor quien nos ha elegido y es Él quien construye el caminar de nuestra diócesis; a nosotros nos toca dejarnos conducir por el Espíritu Santo, estar siempre abiertos al querer de Dios para que nuestro pueblo tenga vida en abundancia.“Si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los albañiles” (Sl 127).


Fuimos llamados como Diócesis para la Comunión y la Misión. Una Iglesia Particular que celebra, vive y comparte con alegría su fe. La vocación a la Comunión es un llamado a la Santidad Comunitaria y a la Misión compartida que sólo son posibles por la acción del Espíritu que nos hace vivir en la alegría de ser parte del mismo Cuerpo de Cristo. En la Misión la Iglesia anuncia a Jesucristo, con la palabra y el testimonio para que todos tengan vida en abundancia (Jn 10,10).


El jubileo es tiempo de:

- Inmensa gratitud al Dios Amor siempre presente en nuestra historia diocesana.
- Gracia y santificación del Pueblo de Dios volviendo nuestro corazón a la Palabra, a la Eucaristía y al amor fraterno.
- Avivar la memoria y la gratitud por las personas y acontecimientos que fecundaron nuestra Iglesia Diocesana.
- Acrecentar nuestro sentido de pertenencia y nuestro compromiso con el caminar diocesano.
- Reconciliación para superar las tristezas y sufrimientos de nuestro pueblo.
- Oración profunda que nos lleve a buscar los caminos de Dios para nuestra Diócesis.
- Estar más abiertos y disponibles al Espíritu Santo quien conduce nuestra Iglesia.
- Alentarnos y unir esfuerzos para responder a las esperanzas de nuestra gente.


El jubileo se convierte para nosotros en un Llamado y en un Envío porque necesitamos crecer como Diócesis discípula misionera que navega mar adentro. ¿Cuáles son las olas que golpean nuestra barca? y ¿Cuáles son las redes que necesitamos lanzar? Esto exige ver, amar y asumir nuestra historia diocesana para gozar la presencia de Dios con nosotros por una parte, y por otra parte, valorar y agradecer el esfuerzo de los hombres y mujeres que han dejado huella en la edificación de nuestra Iglesia particular.


Mirando al pasado surge espontáneamente un profundo agradecimiento por todo aquello que nuestros hermanos, con la gracia de Dios, han construido a lo largo de estos años desde que su Santidad Juan Pablo II erigió nuestra diócesis por la Bula: “CUM PROBE” el 11 de Octubre de 1985, promulgada el día 21 de octubre y ejecutada el 18 de diciembre del mismo año.


Dirijo una mirada a mis antecesores, S.E. Mons. Jesús Sahagún de la Parra y S.E. Mons. Salvador Flores Huerta, que con su historia de servicio fecundo cimentaron y fortalecieron el hoy de nuestra diócesis. Recordamos las palabras con las que Dn. Jesús puso el cimiento de nuestra diócesis: “Estar Unidos, Apoyarnos y Apreciarnos”. Palabras que continúan avivando nuestro caminar y que debemos tener presentes hoy en el fortalecimiento de la comunión y la participación en todos los niveles de la diócesis.


En cuanto al presente, queriendo ser fieles discípulos misioneros, le pedimos al Señor con humildad, un Nuevo Pentecostés para nuestra diócesis, a fin de que cada uno de nosotros reciba ese fuego de ardor apostólico para construir juntos una diócesis “Buena Samaritana” (DA 176).


En el marco del año sacerdotal, dirijo una mirada llena de gratitud y de ánimo a todos los sacerdotes, diocesanos y religiosos: Ustedes han sido nuestros cercanos e insustituibles colaboradores que llevan el peso del trabajo diario y que comparten más de cerca el sufrimiento y las alegrías de nuestro pueblo. La época actual requiere de manera especial en los pastores la virtud, la experiencia profunda de Dios ( DA 199 ), el espíritu de oración y sacrificio ante las inmensas necesidades en la tarea que se les ha confiado y que realizan con admirable dedicación en la caridad pastoral. En nombre de los tres Obispos: Gracias por su generosidad y su solidaridad para con nosotros. Amados sacerdotes: Aprovechemos este año de gracia para crecer por la conversión personal y pastoral en nuestro entusiasmo sacerdotal amando nuestra identidad y misión de pastores, buscando caminos concretos para la renovación de nuestras parroquias al estilo de Jesús (DA 363).


A mis muy apreciadas y entusiastas religiosas: Su testimonio ha sido una bendición, ya que ustedes al compartir nuestra situación diocesana con todas sus carencias, su presencia ha sido consuelo y fortaleza para nuestro pueblo. La presencia maternal de María llega a nosotros por ustedes. Hay que avivar esta cercanía con nuestro pueblo llegando a los más alejados y golpeados por la cruz del sufrimiento.


A nuestros agentes laicos de pastoral: Ustedes son el ejército para transformar nuestra sociedad a la luz del Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia. Ustedes son los testigos, discípulos misioneros en los diferentes ambientes de la vida social, laboral, educativa, económica y política.

Estimados laicos, como su Obispo, quiero decirles que queremos escucharles mejor y darles los espacios, la formación y el acompañamiento que les corresponden en la vida de nuestra Iglesia; aprovecho para invitarles a que todos despertemos en este año jubilar y caminemos juntos en la construcción de nuestras parroquias en la comunión y en la participación generosa y alegre (DA 213).


Necesitamos juntos: sacerdotes, religiosos(as) y laicos reconstruir el tejido social, que se encuentra muy deteriorado y que ha desintegrado nuestras familias por la falta de valores, de trabajo, de oportunidades para todos y de una educación integral. Somos parte de una sociedad que quiere vivir sin Dios y que pone su corazón en el poder del dinero, en el placer, en el libertinaje del sentirse bien sin importar la verdad, la dignidad de la persona y el bien común. Vivimos tiempos difíciles, podríamos decir con el profeta Jeremías 14,18: “Si salgo al campo encuentro heridos de espada; y si entro en la ciudad, encuentro desfallecidos de hambre. Y aún el mismo profeta, aún el mismo sacerdote andan errantes por el país y sin saber qué hacer.”


Necesitamos crear espacios de encuentro con Dios que propicien la recuperación de la Identidad de la persona y de su Dignidad, así como la misión fundamental de la familia, por la escucha de la Palabra, por la oración, y en el diálogo que permitan a los hombres y mujeres, y a los jóvenes especialmente encontrar respuestas acertadas para responder a los desafíos y anhelos de sus vidas. Urge que sembremos semillas de reconciliación empezando por las familias, que nos lleven a reconocer al otro como nuestro hermano para así propiciar una fraternidad solidaria que nos ayude a crear condiciones de un desarrollo integral, del que todos somos responsables.


Mirando al futuro, nos ponemos en manos de Dios y queremos pedirle que con su presencia amorosa y transformadora, podamos caminar firmes y alegres en la fe, y lograr así contagiar con nuestro testimonio y nuestro entusiasmo apostólico a nuestros hermanos alejados o desanimados, para que Jesús sea el camino, la verdad y la vida de nuestras comunidades (Jn 14,6). Este Jesús vivo que nos anima en nuestro caminar como a los discípulos de Emaús haciendo arder de nuevo nuestro corazón ante las Escrituras y al partir del pan. Por esto nuestra oración como diócesis es: “Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado” (Lc 24,29).


Este año jubilar es un regalo de Dios que tenemos que vivir intensamente. ¿Qué queremos para nuestra diócesis y comunidades parroquiales? ¿Qué estoy dispuesto a aportar para el crecimiento de nuestra diócesis discípula misionera? La actitud fundamental es la Renovación del corazón y de mentalidad que nos comprometa a una mejor comunión y participación para hacer posible la renovación de nuestras parroquias. No olvidemos que esta renovación tiene su origen en nuestra experiencia de Dios, en ese encuentro personal y comunitario con un Cristo vivo que le da sentido nuevo y pleno a nuestra vida, encuentro que nos lanza a caminar con la comunidad, a ser hombres y mujeres que abiertos siempre a la acción del Espíritu Santo buscamos en todo la voluntad de Dios, para edificar su Reino y no el nuestro.


Tenemos un sencillo pero excelente plan diocesano de pastoral del que todos somos protagonistas, en el que hemos apostado este año por la renovación de nuestras parroquias. Sigamos los lineamientos de Aparecida 170 – 176 en ese proceso de hacer de nuestras parroquias casas y escuelas de comunión. Pongamos nuestros mejores esfuerzos: en la convocatoria para que todos sean parte de ella, y en la formación de laicos misioneros para responder a las exigencias del momento actual. Propiciemos y cuidemos los espacios de una iniciación cristiana que favorezca la educación y la celebración de la fe; acompañemos la diversidad de carismas, de movimientos y apostolados, y de servicios para la mejor integración de la comunidad. Hay mucho camino por andar en la renovación parroquial, no nos desesperemos porque no veamos grandes frutos, pero sí avancemos confiados en el actuar de Dios y poniendo lo mejor de nosotros, empezando por nuestra conversión personal siendo hombres y mujeres de misericordia. Porque “hoy, más que nunca, el testimonio de comunión eclesial y la santidad son una urgencia pastoral. La programación pastoral ha de inspirarse en el mandamiento nuevo del amor” (DA 368).


Sigamos apostando nuestros esfuerzos y recursos en la formación de los Agentes, en la Familia y en los jóvenes. La proximidad de la Navidad nos invita a mirar hacia nuestras familias, “patrimonio de la humanidad”, escuela de fe, tan necesitadas hoy de la presencia del Señor y por lo tanto de una atención pastoral que les haga recuperar su vitalidad como fuente misionera de educación en la fe y promotora de la paz social.


Una prioridad en el caminar para nuestra consolidación diocesana ha sido y será siempre nuestro seminario, espacio privilegiado, escuela y casa para la formación de nuestros sacerdotes, discípulos misioneros. Espacio del que todos somos responsables y por esto la pastoral vocacional es responsabilidad de todo el pueblo de Dios, desde la familia hasta la parroquia. Intensifiquemos en este año sacerdotal y jubilar nuestra oración, testimonio y promoción por las vocaciones. Que cada parroquia y cada sacerdote sea un entusiasta promotor vocacional, ojalá y todas las parroquias tengamos seminaristas como fruto de ser comunidades vivas y fecundas.


Dentro del marco del año jubilar, hemos sido bendecidos con la celebración del XIV CONAMI que será del 21 al 24 de octubre en nuestra diócesis para reavivar nuestra fe y darle un nuevo impulso a nuestro caminar como diócesis discípula misionera desde nuestras parroquias. Compartir este acontecimiento misionero con las personas de otras diócesis de todo México será una oportunidad para nosotros de unir esfuerzos en los servicios y experimentar la alegría de ser una diócesis joven que se abre desde su pobreza a las necesidades de la Iglesia. Saldremos, sin duda, ganando en frutos y retos para una diócesis misionera hacia dentro y hacia más allá de nuestras fronteras.


Es el “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” del Señor Jesús (MT 28,20) que nos invita a vivir este año jubilar con alegría y con esperanza. Convoco a toda la diócesis para que con fe y entusiasmo hagamos que este XXV aniversario sea una gran bendición para todos por nuestra participación alegre y generosa en este caminar diocesano hacia nuestras Bodas de Plata que tendrá su clausura el viernes 17 de diciembre del 2010 a las 6.00 PM.


Todo año jubilar es una oportunidad para ganar Indulgencias. Con la facultad que la Iglesia me concede, ofrecemos a nuestra Iglesia diocesana la posibilidad de ganar indulgencias cuando, además de cumplir con las condiciones requeridas (estar en estado de gracia participando del sacramento de la reconciliación, Comulgar, hacer la profesión de fe rezando el credo, orar por el Papa Benedicto XVI y sus intenciones, practicar una obra de caridad a un hermano necesitado) se participe en las siguientes celebraciones:


- En la celebración de apertura y clausura del año jubilar.
- En la celebración del 2 de febrero en Arteaga fiesta de Nuestra Señora de la Candelaria.
- En las peregrinaciones parroquiales a la Catedral.
- En las horas santas de los primeros jueves de mes.
- En la misa “Pro Populo” en cada parroquia los primeros domingos de mes.
- En la semana eucarística en la parroquia con motivo del jubileo.
- En la peregrinación diocesana a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe el 19 de mayo.
- En la peregrinación diocesana a Arteaga el 14 de agosto.
- En la clausura del XIV CONAMI el 24 de octubre.


Les pido su oración por mí, su Obispo, para que yo sea el primero en convertirme y en gozar este año jubilar.


Que María Santísima, Nuestra Señora de la Candelaria nos ayude a caminar juntos y nos conceda la gracia de ser dóciles al Espíritu Santo para que centrados en su Hijo Jesús, estemos con el corazón encendido y todo lo que vivamos en este año jubilar sea para la gloria de Dios, fortalecimiento de nuestro ser y misión como diócesis, y para el bien de nuestros hermanos más alejados y desamparados.

“Quédate con nosotros Señor, porque atardece y el día ya ha declinado”.



+ Mons. Fabio Martínez Castilla
Obispo de Cd. Lázaro Cárdenas

 

Actualizado ( Miércoles, 30 de Diciembre de 2009 12:18 )
 
003217333