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A todos los sacerdotes, seminaristas, religiosas y fieles laicos de la Diócesis de Ciudad Valles
Muy queridos hermanos:
En este nuevo Año que Dios nos concede iniciar se vislumbran nuevas oportunidades para crecer como personas y poner nuestras capacidades al servicio de los demás.
Será un año de bendiciones y gracias para toda la Diócesis, de reconciliación con Dios y con los hermanos, año para evangelizar y dar testimonio de Jesús, y así, llevar su Reino a cada corazón, a cada familia y comunidad, y a toda nuestra sociedad, tan necesitada de Dios; año para estrechar las manos y unir los brazos solidarios en la construcción de la paz. En una palabra, será para nosotros: ¡el Año Jubilar!
El 1º de enero es la Jornada Mundial de la Paz, en que se nos invita, desde diferentes ángulos, a reflexionar y a tomar decisiones fuertes en favor de la paz. En este año, el Papa Benedicto XVI nos propone como camino a la paz el respetar la naturaleza y proteger la creación: “Si quieres promover la paz, protege la creación”. Si en el Credo afirmamos: “Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra”, quiere decir que, desde nuestra fe, valoramos la creación como un don de Dios a la humanidad, y así comprendemos la vocación y el valor del hombre. Todos debemos trabajar por conservar la naturaleza y promover el cuidado de nuestros mares, de nuestros ríos, de nuestros bosques, de nuestros campos. ¿Cómo permanecer indiferentes ante los problemas que se derivan de fenómenos como el cambio climático, el deterioro y la pérdida de productividad de amplias zonas agrícolas, la contaminación de los ríos, la deforestación e incendios de bosques. El encargo de Dios al hombre de “dominar la tierra” (Génesis 1, 28) no quiere decir explotarla y destruirla, sino cultivarla y guardarla con responsabilidad, recordando que hay una estrecha interrelación entre la lucha contra el deterioro ambiental y la promoción del desarrollo humano integral. La salvaguarda de la naturaleza debe conducir a una auténtica “ecología humana”, que defienda la inviolabilidad de la vida humana en cada una de sus fases, la dignidad de la persona y la insustituible misión de la familia como educadora en el amor al prójimo y el respeto por la naturaleza.
Que el Señor nos conceda ser promotores de paz, en el respeto a la naturaleza, obra de Dios, y en el respeto al ser humano, imagen de Dios. ¡Feliz Año Nuevo!
+ Roberto Octavio Balmori Cinta, M.J.
Obispo de Ciudad Valles
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