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ATRAS

INTRODUCCIÓN

 

Los dos libros de Samuel se consideran como una sola obra unitaria, que en la traducción griega de los LXX quedó en dos volúmenes por motivos prácticos. En efecto, ellos dividieron los libros de Samuel y Reyes en cuatro «Libros de los Reinos»; los dos primeros son los que corresponden a los que se llamarían luego 1 y 2 Samuel. La división fue artificial y en 2 Samuel hubiera sido mejor incluir lo narrado en 1 Re 1-2, con el final de David y el inicio de su sucesor, así quedaría concluida la historia de la sucesión del trono.

Se trata de una bella obra literaria con un trasfondo histórico que nos relatan desde Samuel, el último juez, hasta casi el final del reinado de David.

Se les denomina libros de Samuel porque él es el primer protagonista, al ser el último juez y el encargado por Dios para hacer la transición del período de los jueces a la monarquía, y además por haber ungido a los dos primeros reyes, Saúl y David, cuya historia se relata en ellos. La tradición posterior, sin un fundamento real, pensó que Samuel era el autor de gran parte del primer libro, hasta su muerte (1 Sm 25,1), y que el resto había sido compuesto por Natán y Gad, profetas del rey David (1 Cr 29,29-30).

 

1-         «Cuando Samuel llegó a la ancianidad, nombró jueces de Israel a sus dos hijos» (1 Sm 8,1): situación histórica

 

En 1 y 2 Samuel se narran los finales de la época de los jueces y los orígenes de la monarquía, es decir, la etapa en que este pueblo se empezó a comprender como una sociedad estructurada, se diría con la nomenclatura actual, como un estado nacional, un estado de derecho.

Los relatos abarcan la vida del último juez, Samuel, el inicio de la monarquía en el que tuvo un papel preponderante, y la historia de los dos primeros reyes, Saúl y David, ungidos por él. A nivel cronológico se sitúan en los siglos XI y X a.C., alrededor de los años 1050 al 971 a.C. Detrás de estos relatos parecen estar los siguientes sucesos con una base histórica.

Samuel, profeta y último juez, jugó un papel importante en los inicios de la monarquía. Sin duda alguna, ante la nueva estructura que se estaba gestando, hubo tensiones internas y opiniones encontradas. Pero también parece indiscutible que, en gran parte, la monarquía se debió a la necesidad de unirse las tribus para hacer frente al enemigo común, los filisteos (1 Sm 1-12).

Saúl es un incipiente rey, más al estilo todavía de los jueces. Su reinado es relativamente efímero. Se narran las vicisitudes entre él y David, colaborador en su corte, quien, conforme al texto bíblico, había sido ungido en secreto por Samuel. Saúl muere en una batalla contra los filisteos, tratando de defender a su pueblo (1 Sm 13 a 2 Sm 1).

David (1 Sm 16 a 2 Sm 24), en secreto ungido rey por Samuel, empezó a colaborar en la corte de Saúl; se recuerdan sus dotes musicales y sus habilidades guerreras; el comportamiento de Saúl con David fue tenso y seguramente por considerarlo un rival al trono, llegó a buscar su muerte y perseguirlo como un adversario. A raíz de esta situación David comienza una etapa de vagabundo, huyendo de su amo; aparece de repente como un jefe guerrillero rodeado de todo tipo de gente (1 Sm 22,2; 27,8-12; 30,22) y se refugia entre los filisteos (27,1-29,11). Cuando ellos entablan una batalla contra Israel y mueren en ella Saúl y sus familiares (1 Sm 31 a 2 Sm 1), conforme al texto bíblico, los filisteos no habían permitido a David su presencia en esa guerra (1 Sm 29); de esa manera se muestra que David no tendría nada qué ver con la muerte del rey. Pero en el texto se insiste mucho, directa e indirectamente, en que David no tuvo ninguna responsabilidad en la muerte de Saúl y sus hijos, y posteriormente en la de su familia y sus allegados (2 Sm 1,11-27; 2,4-7; 3,22-39; 4,1-12; 21,1-14); tanta insistencia parecería insinuar que, por lo menos, en el rumor popular corría la voz en torno a cierta responsabilidad de David sobre esos asesinatos, como lo dice Semeí, y David parece aceptarlo (16,5-14). Quizá en el lector puedan quedar interrogantes y sospechas referentes a esta realidad.

Muerto Saúl, David es nombrado rey, primero por los de Judá o del Sur (2 Sm 2,1-4), y luego, siete años después, por los Israel o del Norte (2 Sm 5,1-5). Su realeza se extiende a todo el pueblo. Conquista Jerusalén, enclave jebuseo (5,6-10), y como ciudad neutral que era, la va a convertir en su capital política y religiosa. Por eso lleva allí el arca de la Alianza, símbolo de la unidad religiosa de todas las tribus (2 Sm 6). Quiere construir un Templo a Dios en Jerusalén, pero el Señor no se lo permite; recibe la promesa de que Dios le hará una casa, una dinastía (2 Sm 7). Esa promesa sostuvo siempre la realeza de los descendientes davídicos y, tiempo después, se convirtió en fuente de esperanza mesiánica, de un futuro ungido, sobre todo cuando la monarquía desapareció con el exilio.

David logra vencer a los enemigos de alrededor, sobre todo a los filisteos que tenían el monopolio del fierro, y consigue ensanchar sus fronteras (2 Sm 5,17-25; 8; 10,6-11,24; 12,26-31). La lista de sus oficiales, la organización del ejército y el censo del pueblo muestran el esfuerzo por consolidar su reinado (8,15-18; 20,23-26; 23,8-39). El imperio davídico está en consonancia con el vacío militar, político y económico en que habían dejado a Palestina los grandes imperios.

Su pecado de adulterio y de asesinato marcan su vida (2 Sm 11-12), y parecería que la historia en su familia resiente eso, como se nota en las luchas intrafamiliares por la sucesión al trono (2 Sm 9-20; 1 Re 1-2). Hay asesinatos, violaciones, rebeliones e intrigas, en especial la rebelión de Absalón, autoproclamado rey (2 Sm 15,10; 16,16). La débil unión entre Judá e Israel se debilita; hay tensión entre las diez tribus del norte y la única del sur (15,2.10; 16,15; 18,7; 19,41-20,2). Todo esto es indicio fuerte de que no se había logrado la plena unión entre las tribus.

La figura de David, con sus luces y sombras, fue exaltada e idealizada en la tradición posterior. En los libros bíblicos es difícil llegar con plena certeza al núcleo histórico de todos los acontecimientos, ya que sus autores no tratan de hacer una crónica exacta de los sucesos, sino conservar, de alguna forma, su memoria, interpretando la historia desde el punto de vista de su propia fe y de las comunidades en que se formaron y a las que escribieron.

2-         «El Señor te anuncia que él es el que te hará una casa» (2 Sm 7,11): mensaje teológico

 

La teología de 1 y 2 Samuel la encontramos en las narraciones, en la descripción de los personajes, en la interpretación que de ellos se hace. Ya que más que una historia en el sentido actual, estos libros tratan de enseñar, de decir algo por medio de los acontecimientos.

Samuel, formado a los pies de Elí, recibe un llamado singular de Dios. Aparece como consagrado a Dios, sacerdote, juez, profeta, persona clave en la transición de la judicatura a la monarquía, quien unge a los dos primeros reyes. Es intercesor del pueblo y también la voz crítica de Dios ante la comunidad y su primer monarca, Saúl, mostrando así que el rey y todo Israel están sometidos a la palabra de Dios.

Cuando se narran los comienzos de la monarquía, un tema que está en la base es el de la realeza de Dios (1 Sm 8,7; 12,12). Israel debía tener conciencia clara de que el Señor era su rey, y que, al instituir la realeza humana, esta debía estar subordinada a Dios.

Saúl es el primer rey. Muchos ven su llegada al trono en una cierta similitud a la de los jueces o libertadores. Elegido por Dios para dirigir a su pueblo en esta nueva modalidad, pronto falla; por su desobediencia a la palabra del Señor, Dios mismo lo rechaza como rey (1 Sm 13,8-15; 15,10-23), y, aunque sigue al frente de su pueblo, en secreto es ungido David por orden divina (16,1-13). Gran parte del relato trata de las relaciones de envidia, celo, odio y persecución de Saúl a David. Con esto también se quiere indicar que en Israel el rey debería ser algo diferente de lo que en su medio ambiente eran los demás reyes

El rey por antonomasia es David y no cabe duda que su figura está idealizada, aunque de él se cuenta su pecado de adulterio con Betsabé y la trama para eliminar a Urías, esposo de Betsabé (2 Sm 11-12). Sin embargo, por la promesa de Natán de una dinastía estable (2 Sm 7) queda como el rey ideal. Ya desde sus mismos principios y durante todo su reinado, se muestra su magnanimidad, sagacidad, sencillez y modestia. Está adornado de la ternura que da el ser artista y de la dureza que proporciona el ser un jefe militar. Se insiste en su subordinación completa a Dios. Consulta siempre con cuidado la voluntad del Señor, aceptándola, aunque también aparecen sus pecados y fallas. La tragedia familiar, surgida a raíz de la sucesión al trono, ensombrece su reinado salpicado de la violencia intrafamiliar, manifestada en violaciones, asesinatos, rebeliones e intrigas. No obstante eso, David es el depositario de una promesa dinástica que lo une de una manera especial a Dios: la promesa de Natán fundaba una dinastía eterna. Esto valió a David formar parte de la historia de la salvación, aunque esta promesa se verá tambalear por el veredicto del año 586 a.C., cuando desaparece la casa de David como reinante y se acaba el reino de Judá. En medio de esta realidad dolorosa de la pérdida de la monarquía e independencia política, el pueblo, a partir del exilio, se quedará esperando la fidelidad de Dios en uno de los descendientes de David que, se piensa, hará surgir al Mesías en el momento esperado.

El Mesías Jesús cumplirá abundantemente lo que le faltaba a David. Será el auténtico y buen pastor del pueblo de Israel y de todas las naciones, no por el poder político, sino por su entrega, servicio y donación hasta la muerte. Por esto, para el lector cristiano, muchos rasgos positivos de la figura de David estarán evocando la persona de Jesús. A su luz también descubrimos pastores que, en medio de sus limitaciones, tratan de reflejar las características distintivas de Jesucristo, Buen Pastor, como también contemplamos en otros la ausencia o la distancia tan grande de los rasgos que definen al Buen Pastor.

Junto a la figura de Samuel, Saúl y David, también se destaca en 1 y 2 Samuel la presencia femenina singular e importante. Ana, mujer estéril que invoca a Dios por la maternidad y al recibir a su hijo Samuel, entona su acción de gracias en un cántico, que sirve de inspiración a Lucas para el de María (1 Sm 1-2; ver Lc 1,45-55). Abigail, mujer de Nabal (el “necio”), quien se comporta sabiamente ante David y le ayuda a recapacitar para no tomar venganza de Nabal: muerto este, el rey tomará como esposa a su mujer sabia (1 Sm 25). La mujer nigromante, consultada con engaño por Saúl, para que evocara la presencia de Samuel, que ya había muerto (28,3-25). Betsabé, con quien David cometió adulterio, que en la genealogía de Mateo, viene mencionada como la esposa de Urías, madre de Salomón, antepasada de Jesús el Mesías (2 Sm 11-12; ver Mt 1,6). La mujer de Técoa quien sagazmente convencerá a David para que perdone a su hijo Absalón y pueda volver a Jerusalén (2 Sm 14,1-24). Otra mujer anónima, calificada como inteligente y sagaz, que cuando Joab persigue a Seba, el benjaminita que se había rebelado contra David, en las tratativas con el general y con sus conciudadanos, evita la toma de su ciudad, al entregar la cabeza del rebelde (20,14-22). Ellas son algunas de las principales mujeres que aparecen en estos libros y que juegan un rol significativo en la historia de la salvación.

En estos libros, en general, la intervención divina que guía la historia, sin quitar las responsabilidades humanas, es discreta. Hay grandes discursos que dan el sentido de los acontecimientos, como el de Samuel, cuando ya se ha instituido la monarquía, invitando a vivir la alianza a pesar del pecado cometido al pedir un rey (1 Sm 12); también el de Natán anunciando la promesa dinástica junto con la oración de acción de gracias de David (2 Sm 7). En ocasiones, la misma palabra profética de Samuel (1 Sm 3,11.14.18; 7,3-6; 8; 12; 13,8-15), Natán (2 Sm 7,4-17; 12, 1-15) Gad (1 Sm 22,5; 2 Sm 24,11-19) y un hombre de Dios o profeta anónimo (1 Sm 2,27-36), dan una lectura de la historia con criterios de su fe. En otros momentos, el narrador interviene discretamente para ofrecer su juicio positivo (14,23; 2 Sm 5,10.12; 8,14; 12,24-25) o negativo (1 Sm 28,6; 2 Sm 11.27; 12,15) de algunos acontecimientos y conductas. Dentro de esos juicios hay una teología primitiva que atribuye a Dios lo bueno y lo malo, en una visión muy rudimentaria, que no parece tomar en cuenta la responsabilidad de la persona en el mal que realiza (1 Sm 16,14-16; 18,10; 19,9; 2 Sm 24,1).

 

3-         «Últimas palabras de David» (2 Sm 23,1): aspecto literario

 

La composición de los libros de Samuel fue una obra de arte que recopiló materiales o narraciones sueltas para armarlas en un conjunto coherente, conforme a la literatura hebrea de aquel entonces.

Entre esos materiales, aún no redactados en la forma que tienen ahora, podemos señalar: narraciones sobre Samuel (1 Sm 1-3); la historia del Arca (4,1-7,1; 2 Sm 6); relatos sobre Saúl (1 Sam 9,1-10,16; 11; 13; 14; 31); la historia de la ascensión de David al trono (1 Sm 16,1 a 2 Sm 5,10); la historia de la sucesión del trono de David (2 Sm 9-20; 1 Re 1-2). No son materiales historiográficos en el sentido actual de la palabra, pero sí encierran datos históricos interpretados desde la fe.

Las intervenciones del deuteronomista, no son tan marcadas como aparecen en Jueces y Reyes, pero se dan, como pueden ser parte de las siguientes: el final de Samuel como juez (1 Sm 7); su discurso de despedida al dejar paso al primer rey (1 Sm 12); quizá también algo de la profecía de Natán (2 Sm 7).

Una posible organización literaria de estos libros, fijándose sobre todo en las personas que intervienen, puede ser siguiente:

 

  1. Samuel y el Arca                         1 Sm 1-7

 

  1. Samuel y Elí                         1 Sm 1-3
  2. El Arca y Samuel                         1 Sm 4-7

 

  1. Samuel y Saúl             1 Sm 8-15

 

  1. Nacimiento del reinado 1 Sm 8-12
  2. Comienzos del reinado de Saúl 1 Sm 13-15

 

  • Saúl y David                         1 Sm 16 – 2 Sm 1

 

  1. David 2 Sm 2-20

 

  1. David, rey de Judá y de Israel 2 Sm 2-8
  2. La sucesión al trono 2 Sm 9-20

 

  1. Apéndices 2 Sm 21-24

 

 

 

 

 

 

PRIMER LIBRO DE SAMUEL

 

I.- Samuel y el Arca*­

 

  1. Samuel y Elí*

 

Ana dio a luz a Samuel*

Gn 16,4-5; Nm 6,1-8; Jue 13; Rut 4,15; Lc 1,48

 

1 1 Hubo un hombre llamado Elcaná, que vivía en la ciudad de Ramá, en la región montañosa de Efraín. Era hijo de Yeroján, hijo de Eliú, hijo de Toju, hijo de Suf, un efraimita. 2 Tenía dos esposas, una llamada Ana y la otra, Feniná. Esta tenía hijos, pero Ana no. 3 Este hombre subía cada año de su ciudad a Siló a adorar y ofrecer sacrificios al Señor todopoderoso, donde los dos hijos de Elí, Jofní y Pinjás, oficiaban como sacerdotes del Señor.

 4 Cada vez que Elcaná ofrecía su sacrificio, daba una porción del sacrificio a Feniná y otra a cada uno de sus hijos e hijas; 5 mientras que a Ana le daba una, la mejor, porque la amaba, no obstante que el Señor la había hecho estéril. 6 Su rival acostumbraba provocarla y humillarla, porque el Señor la había hecho estéril. 7 Así sucedía año tras año: siempre que iba Ana a la casa del Señor, Feniná la afligía, de modo que se ponía a llorar y no comía. 8 Entonces su marido le decía: “Ana, ¿por qué lloras y no quieres comer? ¿Por qué estás triste? ¿Acaso no valgo yo más que diez hijos?”.

9 Una vez, después de haber comido y bebido en Siló, Ana se levantó. Mientras tanto, el sacerdote Elí estaba sentado en una silla, junto a la puerta del santuario del Señor. 10 Ella, llena de amargura, oraba al Señor y lloraba desconsoladamente, 11 haciendo el siguiente voto: “Señor todopoderoso, si te dignas atender la humillación de tu servidora y te acuerdas de mí, si no olvidas a tu sierva y le das un retoño varón, lo consagraré al Señor por toda su vida, y nunca se cortará el cabello”.

12 Mientras seguía rezando al Señor, Elí observaba sus labios: 13 Ana hablaba solo para sus adentros, sus labios se movían, pero no se escuchaba sonido alguno. Elí pensó que estaba borracha 14 y le dijo: “¿Hasta cuándo vas a seguir con tu borrachera? ¡Deja ya de beber!”. 15 Ana le contestó: “No, mi señor; soy una mujer afligida y no he tomado vino ni licor, sino que estoy desahogándome ante el Señor. 16 No trates a tu servidora como a una descarada, porque por mi enorme aflicción y congoja he estado hablando hasta ahora”. 17 Elí le respondió: “Puedes irte en paz. Que el Dios de Israel te conceda lo que le pediste”.18 Ella añadió: “Que tu sierva alcance tu favor”. La mujer se fue, comió y no parecía ser ya la misma.

19 Madrugaron, se postraron ante el Señor y regresaron a su casa de Ramá. Elcaná tuvo relaciones con su mujer Ana y el Señor se acordó de ella. Al correr de los días, 20 Ana quedó embarazada, dio a luz un hijo al que le puso por nombre Samuel, diciendo: “al Señor se lo pedí”. 21 Su marido Elcaná fue con su familia a ofrecer el sacrificio anual al Señor y a cumplir su juramento, 22 pero esta vez Ana no fue. Dijo a su marido: “Cuando destete al niño, entonces lo llevaré para presentarlo ante el Señor y para que permanezca allí para siempre”. 23 Su marido Elcaná le respondió: “Puedes hacer como te parezca bien. Quédate hasta que lo destetes. Que el Señor cumpla tu palabra”. La esposa se quedó en su casa y amamantó a su hijo hasta que lo destetó.

24 Luego fue con él al templo en Siló, llevando un becerro de tres años, un saco de harina y un odre de vino. El niño era todavía pequeño. 25 Al sacrificar el becerro, Ana presentó al niño ante Elí, 2 diciendo: “Mi señor, te pido que me escuches, yo soy la mujer que estuvo aquí a tu lado rezando al Señor. 27 Este niño es el que pedía. El Señor me concedió lo que pedí, 28 por esto se lo entrego. Todos los días de su vida será ‘un pedido al Señor’”. Después, ella se postró ante el Señor.

 

 

Ana dirigió su palabra al Señor*

Lc 1, 45-55

2 1 Entonces Ana dirigió su plegaria al Señor:

Mi alma se regocija en el Señor,

            ante Él se agranda mi poder,

             mi boca se ríe de mis enemigos,

            me alegro por tu salvación.

2 No hay santo como el Señor

            –nadie como tú–,

            ni roca como nuestro Dios.

 

3 No multipliquen palabras altaneras,

            ni les broten insolencias de la boca,

            porque el Señor es un Dios sabio;

            él es quien valora las acciones.

 

4 El arco de los valientes se quiebra

            y los débiles se ciñen de valor.

5 Los satisfechos se contratan por un trozo de pan

            y los hambrientos no tienen ya que fatigarse.

            La estéril da a luz siete veces

            y la mujer fecunda se marchita.

 

6 El Señor da la muerte y la vida,

            hunde en el abismo y saca de él.

7 El Señor da la pobreza y la riqueza

            humilla y también enaltece.

 

8 Toma del polvo al débil,

            levanta al pobre de la basura

            para sentarlo con los poderosos

            y darle por herencia un trono glorioso,

            porque del Señor son los pilares de la tierra,

            sobre ellos asentó el mundo.

 

9 Cuida los pasos de sus fieles

            y los malvados perecen en las tinieblas.

–Porque el hombre no triunfa por la fuerza–.

 

10 El Señor aniquila a su adversario,

            contra él truena en el cielo.

            El Señor juzga los confines de la tierra,

            da vigor a su rey,

            exalta la frente de su ungido.

 

11 Elcaná partió a Ramá, a su casa; por su parte, el niño servía al Señor bajo el cuidado del sacerdote Elí.

 

Los hijos de Elí

Lv 3,3-5; 7,29-36

 

12 Los hijos de Elí eran unos desalmados, no respetaban al Señor, 13 ni las obligaciones que tenían los sacerdotes con el pueblo. Si alguno ofrecía un sacrificio, venía el asistente del sacerdote mientras se cocía la carne y tomaba en su mano un tenedor de tres dientes, 14 lo metía en la cacerola, y el sacerdote se apropiaba de todo lo que tomaba con el tenedor,. Así se comportaban con todos los israelitas que acudían a Siló. 15 Más aún, antes de que acabara de quemarse la grasa, venía el asistente del sacerdote y decía al hombre que sacrificaba: “Dame carne para asarle al sacerdote, porque no aceptará de ti carne cocida, sino cruda”. 16 Si el otro le respondía: “Que primero se queme la grasa, después tomarás como deseas”, le replicaba: “No, dámela ahora mismo; si no, la tomaré por la fuerza”. 17 El pecado de los jóvenes era muy grande ante el Señor, porque trataban con desprecio la ofrenda del Señor.

 

Samuel estaba al servicio del Señor

 

18 En cambio, Samuel estaba al servicio del Señor, llevaba puesto un efod de lino. 19 Cada año su madre solía confeccionarle una pequeña túnica que se la llevaba cuando subía con su marido a ofrecer el sacrificio anual. 20 Elí entonces bendecía a Elcaná y a su mujer, diciendo: “El Señor te otorgue una descendencia de esta mujer a cambio de la ofrenda que ha hecho al Señor”. Luego regresaban a su pueblo. 21 El Señor bendijo a Ana que quedó embarazada varias veces y dio a luz tres hijos y dos hijas. El joven Samuel crecía en compañía del Señor.

 

¿Por qué actúan de esta manera?

Éx 38,8

 

22 Elí se hacía cada vez más anciano y se daba cuenta de lo que sus hijos hacían en todo Israel y de que se acostaban con las mujeres que servían a la entrada de la tienda del Encuentro, 23 y les dijo: “¿Por qué actúan de esta manera? Toda la gente me habla del mal que ustedes están haciendo. 24 No, hijos míos, no es grato lo que se oye de ustedes. Hacen pecar al pueblo del Señor. 25 Si un hombre peca contra otro hombre, Dios será juez; pero si uno peca directamente contra Dios, ¿quién podrá interceder por él?”. Pero ellos no hicieron caso a su padre; el Señor había decidido que murieran.

26 En cuanto al joven Samuel, crecía siendo apreciado por Dios y por los hombres.

 

Haré surgir un sacerdote fiel

1 Sm 3,11.14

 

27 Un hombre de Dios llegó a visitar a Elí y le dijo: “Así ha dicho el Señor: ‘Ciertamente yo me revelé a la familia de tu padre cuando eran súbditos del Faraón en Egipto. 28 Lo escogí de entre las tribus de Israel para que fuera mi sacerdote, subiera a mi altar, llevará el efod en mi presencia y he concedido a la familia de tu padre participar en las ofrendas de los israelitas. 29 ¿Por qué pisotean ustedes mi sacrificio y la ofrenda que he prescrito para siempre? ¿Por qué tienes más respeto a tus hijos que a mí, dejándolos engordar con lo mejor de todos los sacrificios que mi pueblo Israel me ofrece? 30 Por eso, –oráculo del Señor, Dios de Israel– es verdad que yo había dicho: ‘Tu familia y el clan de tu padre oficiarán ante mí para siempre’, pero ahora –oráculo del Señor– ¡Lejos de mí hacer tal cosa! Porque honraré a los que me honran, pero trataré con desprecio a los que me desprecian. 31 Escucha, llega el tiempo en que haré morir a todos los jóvenes de tu familia y de tu clan, de manera que nadie llegue a viejo. 32 Te sentirás angustiado cuando veas la prosperidad que será otorgada a Israel, pero nadie llegará a anciano en tu familia. 33 Sin embargo, conservaré vivo a uno de tus descendientes que me servirá como sacerdote, hasta que tus ojos se consuman y pierdas toda esperanza. Todos los vástagos de tu familia morirán en la flor de la edad. 34 Te servirá como señal lo que les va a pasar a tus dos hijos, a Jofní y Pinjás, en el mismo día morirán los dos. 35 Haré surgir para mí un sacerdote fiel que hará lo que me agrada, le construiré una casa estable y oficiará siempre en presencia de mi ungido. 36 El que quede de tu familia vendrá a postrarse ante él para conseguir un poco de plata y un trozo de pan y le rogará: ‘Por favor, dame empleo en uno de los oficios sacerdotales para poder comer un pedazo de pan”.

 

Habla, Señor, que tu servidor escucha*

1 Sm 2,27-36; Is 6,1-13; Jr 1,4-11

 

3 1 El joven Samuel oficiaba ante el Señor, guiado por Elí. La palabra del Señor era rara en aquellos días, ya que la visión no era frecuente.

2 En cierta ocasión, Elí estaba en su cuarto sin poder ver, porque sus ojos ya empezaban a debilitarse. 3 Antes de que apagaran la lámpara de Dios, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde se encontraba el arca de Dios. 4 Entonces el Señor llamó a Samuel, y él contestó: “Aquí estoy”. 5 Corrió hacia donde estaba Elí y le dijo: “Aquí estoy, pues me has llamado”. Le respondió: “No te he llamado, vuelve a acostarte”. Samuel fue a acostarse. 6 El Señor volvió a llamarlo otra vez: “Samuel”. Samuel se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: “Aquí estoy, porque me has llamado”. 7 –Samuel aún no conocía al Señor, ni se le había revelado la palabra del Señor–. 8 El Señor volvió a llamar a Samuel por tercera vez. Este se levantó, fue a donde estaba Elí y le dijo: “Aquí estoy, porque me has llamado”. Elí comprendió que el Señor llamaba al joven 9 y dijo a Samuel: “Vuelve a acostarte, y si te vuelve a llamar le dirás: ‘Habla, Señor, que tu servidor escucha’”. Entonces Samuel fue a acostarse en su sitio.

10 El Señor llegó, se detuvo y llamó a Samuel como antes: “Samuel, Samuel”. Samuel: respondió “Habla, Señor, que tu servidor escucha”. 11 Entonces el Señor dijo a Samuel: “Voy a hacer en Israel una cosa que a todo aquel que la oiga, le zumbarán los oídos. 12 En ese momento ejecutaré contra Elí todo lo que amenacé a su familia de principio a fin. 13 Le haré ver que castigaré a su familia para siempre por la maldad que él sabe: porque sus hijos han ofendido al Señor y Elí no los ha corregido.14 Por esta razón juro a la familia de Elí que jamás se expiará el pecado de su familia con ningún sacrificio u ofrenda”.

15 Samuel se quedó acostado hasta el día siguiente y luego fue a abrir las puertas del Templo del Señor. Samuel temía revelar su visión a Elí. 16 Elí llamó a Samuel y le dijo: “Hijo mío, Samuel”. Este le respondió: “Aquí estoy”. 17 Elí le preguntó: “¿De qué te habló el Señor? Te ruego que no me ocultes nada. Que Dios haga caer sobre ti todos estos castigos si me ocultas algo de lo que te habló el Señor”. 18 Samuel le contó todo sin ocultarle nada. “Está bien –dijo Elí–. Es el Señor, que haga lo que le parezca bien”.

19 Samuel crecía, el Señor estaba con él y el Señor no dejó caer por el suelo ninguna de sus palabras. 20 Todo Israel, de Dan a Berseba, se daba cuenta de que Samuel estaba acreditado como profeta del Señor. 21 El Señor siguió apareciéndose en Siló. En realidad, en Siló el Señor se revelaba a Samuel por la palabra del Señor.

4 1 La palabra de Samuel se dirigía a todo Israel.

 

  1. El Arca y Samuel*

Israel fue derrotado por los filisteos*

 

Entonces Israel salió a enfrentar a los filisteos y acampó en Eben Ezer, mientras que los filisteos habían acampado en Afec. 2 Los filisteos se pusieron en orden de batalla ante Israel. Se trabó la batalla e Israel fue derrotado por los filisteos. En el frente, en el campo de batalla, los filisteos mataron a cerca de cuatro mil hombres. 3 Cuando el pueblo regresó al campamento, los ancianos de Israel se pusieron a deliberar: “¿Por qué el Señor nos habrá derrotado hoy ante los filisteos? Tomemos de Siló el arca del Señor para que nos acompañe y nos salve de la mano de los filisteos”. 4 El pueblo mandó por ella a Siló y de allí llevaron el arca de la Alianza del Señor todopoderoso, que está sentado sobre los querubines. Los dos hijos de Elí, Jofní y Pinjás, se encontraban acompañando el arca de la Alianza.

 

El arca de Dios fue capturada

1 Sm 2,34

 

5 Cuando entraba el arca de la Alianza del Señor entró al campamento, todo Israel lanzó un estruendoso grito de guerra y la tierra se puso a temblar. 6 Al oír los filisteos el estruendo del grito, dijeron: “¿Qué es ese grito estruendoso en el campamento de los hebreos?”. Se dieron cuenta de que se debía a que el arca del Señor había llegado al campamento. 7 Entonces los filisteos, llenos de miedo, decían: “¡Pobres de nosotros! Antes no pasaba esto. Dios ha llegado al campamento. ¡Pobres de nosotros! ¿Quién nos librará de esos dioses tan poderosos? Son los mismos dioses que castigaron a Egipto en el desierto con toda clase de calamidades. 9 Filisteos, ¡ánimo, sean hombres, no se sometan a los hebreos como ellos han estado sometidos a ustedes! ¡Sean hombres y a pelear!”. 10 Los filisteos salieron a combatir. Israel fue vencido y cada uno huyó a su tienda. Hubo una gran matanza y cayeron treinta mil hombres. 11 También el arca de Dios fue capturada y los dos hijos de Elí, Jofní y Pinjás, murieron.

 

Elí se rompió la nuca y murió

 

12 Un benjaminita partió aquel mismo día del frente de batalla. Traía la ropa desgarrada y su cabeza cubierta de polvo. 13 Cuando llegó, Elí estaba sentado en una silla cerca del camino, muy atento, porque estaba ansioso por el arca de Dios. El hombre llegó para dar la noticia y toda la ciudad se puso a gritar. 14 Al oír Elí tal gritería, preguntó: “¿Qué es esa gritería?” El hombre fue rápido a dar a Elí la noticia. 15 Elí tenía noventa y ocho años, sus ojos estaban inmóviles, ya no podía ver. 16 Dijo el hombre a Elí: “Yo soy el que ha venido del frente y hoy he huido de allí”. Elí le preguntó: “¿Qué pasó, hijo mío?”. 17 El mensajero contestó: “Israel huyó ante los filisteos, además, hubo una gran matanza entre el pueblo y, lo que es más, murieron tus dos hijos, Jofní y Pinjás, y el arca de Dios fue capturada”. 18 Cuando mencionó el arca de Dios, Elí cayó de la silla hacia atrás, sobre el lado de la puerta, se rompió la nuca y murió, porque ya era viejo y pesado. Había gobernado a Israel por cuarenta años.

 

Ella puso al niño el nombre de Icabod

Gn 35,16-17

 

19 Su nuera, la mujer de Pinjás estaba embarazada y próxima a dar a luz. Cuando oyó la noticia de la toma del Arca y de que su suegro y marido habían muerto, se dobló y dio a luz, porque le sobrevinieron los dolores del parto. 20 Cuando estaba por morir, las que la atendían, la animaban: “No temas, porque has dado a luz un niño”. Pero no respondió ni se dio cuenta. 21 Ella puso al niño el nombre de Icabod, diciendo: “La gloria ha partido de Israel al exilio”. Se refería a la captura del arca de Dios y a la muerte de su suegro y de su marido. 22 Ella había dicho: “La gloria ha partido de Israel al exilio”, porque había sido capturada el arca de Dios.

 

Tomaron los filisteos el arca de Dios*

 

5 1 Entre tanto, los filisteos habían capturado el arca de Dios y la habían llevado de Eben Ezer a Asdod. 2 Los filisteos tomaron el arca de Dios, la llevaron al templo de Dagón y la colocaron junto a Dagón. 3 Al día siguiente los habitantes de Asdod se levantaron y se encontraron con que Dagón estaba caído boca abajo en el suelo ante el arca del Señor; levantaron a Dagón y lo pusieron en su lugar. 4 Al día siguiente se levantaron de mañana y de nuevo Dagón estaba caído boca abajo en el suelo ante el arca del Señor: la cabeza de Dagón y las palmas de sus manos estaban cortadas cerca del umbral de la puerta, solamente había quedado su tronco. 5 Por esta razón todavía hoy los sacerdotes de Dagón y todos los que entran a su templo, no pisan sobre el umbral.

6 El poder del Señor se hizo sentir pesadamente sobre los asdodeos, los devastó e hirió con tumores tanto a Asdod como a su territorio. 7 Al ver lo sucedido, los asdodeos dijeron: “Que el arca del Dios de Israel no se quede entre nosotros, porque su poder es duro tanto contra nosotros como contra nuestro dios Dagón”. 8 Entonces convocaron a una junta a todos los príncipes de los filisteos y les preguntaron: “¿Qué haremos con el arca del Dios de Israel?”. Contestaron: “El arca del Dios de Israel debe ser transferida a Gat”. 9 Llevaron entonces el arca del Dios de Israel a Gat. Pero, en cuanto la llevaron, el Señor castigó la ciudad, provocando un gran pánico. El Señor hirió a los habitantes de la ciudad, chicos y grandes, haciendo que les salieran tumores. 10 Entonces enviaron el arca de Dios a Ecrón. Pero desde que entró el arca de Dios a Ecrón, los ecronitas se pusieron a gritar: “Nos han traído el arca del Dios de Israel para que nos mate a nosotros y a nuestro pueblo”. 11 Convocaron a todos los príncipes de los filisteos y les pidieron: “Devuelvan el arca del Dios de Israel, que regrese a su lugar para que no nos mate a nosotros ni a nuestro pueblo”. Reinaba, en realidad, un pánico mortal en toda la ciudad donde el poder de Dios los había castigado con gran rigor. 12 Los que no morían, eran afligidos de tumores. Y el grito de auxilio de la ciudad subía hasta el cielo.

 

¿Qué debemos hacer con el arca del Señor?*

Sal 76,8

 

6 1 El arca del Señor permaneció siete meses en territorio filisteo. 2 Los filisteos convocaron a los sacerdotes y adivinos para preguntarles: “¿Qué debemos hacer con el arca del Señor? Indíquennos cómo devolverla a su lugar”. 3 Respondieron: “Si van a devolver el arca del Dios de Israel, no la vayan a devolver sin nada, sino manden con ella una ofrenda de reparación; así serán curados y sabrán por qué la mano del Señor no dejaba de castigarlos”. 4 Les preguntaron: “¿qué ofrenda de reparación debemos mandar?” Respondieron: “Cinco tumores y cinco ratas de oro, correspondiendo al número de los príncipes de los filisteos, porque han tenido la misma plaga todos ustedes y sus príncipes. 5 Se harán figuras de sus tumores y de las ratas que están acabando con la tierra y de esta forma glorificarán al Dios de Israel. Tal vez este aligere su mano que castiga a ustedes, a sus dioses y a su país. 6 ¿Por qué se empecinan como lo hicieron los egipcios y el Faraón? ¿Acaso no fue hasta que se burló de ellos, cuando los dejaron ir y se marcharon? 7 Manden hacer, entonces, un carro nuevo y tomen dos vacas que estén criando y que jamás hayan llevado yugo; unzan las vacas al carro haciendo que sus becerros regresen solos al establo. 8 Luego tomen el arca del Señor y acomódenla sobre el carro. Metan en una bolsa, junto a ella, los objetos de oro que le devolverán en reparación y déjenla ir. 9 Fíjense bien, si sube por el camino fronterizo de Bet Semes, él fue quien causó esta desgracia tan grande; si no es así, entenderemos que no es su mano la que nos castigó sino que fue algo accidental”.

 

En dirección a Bet Semes

 

10 Así lo hicieron. Tomaron dos vacas que estaban criando, las ataron al carro, y encerraron a sus becerros en el establo. 11 Pusieron luego sobre el carro el arca del Señor, la bolsa con las ratas de oro y las figuras de sus tumores. 12 Las vacas se encaminaron derecho en dirección a Bet Semes, caminaban mugiendo siempre por el mismo camino, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda, mientras los príncipes de los filisteos las iban siguiendo hasta la región fronteriza de Bet Semes. 13 La gente de Bet Semes estaba cosechando el trigo en el valle. Levantando la vista, vieron el Arca y se alegraron al verla. 14 El carro llegó hasta el campo de Josué, el de Bet Semes, donde hay una gran piedra, y allí se detuvo. Entonces sus habitantes hicieron leña del carro y ofrecieron las vacas en holocausto al Señor. 15 Los levitas descargaron el arca del Señor y la bolsa que estaba con ella, la que contenía los objetos de oro que habían puesto y las colocaron sobre la gran piedra, mientras que la gente de Bet Semes en aquel día ofreció holocaustos e inmoló sacrificios al Señor. 16 Por su parte, los cinco príncipes filisteos habían estado observando y el mismo día regresaron a Ecrón.

17 Lista de los tumores de oro que mandaron como reparación al Señor: uno por Asdod, otro por Gaza, otro por Ascalón, otro por Gat y otro por Ecrón. 18 El número de las ratas de oro correspondía al número de las ciudades filisteas de los cinco príncipes, desde las ciudades fortificadas hasta las aldeas campesinas y hasta la pradera de la gran piedra sobre la cual colocaron el arca del Señor en el campo de Josué, el de Bet Semes, que existe hasta el día de hoy.

 

Los filisteos regresaron el arca del Señor

Sal 76,8

 

19 El Señor castigó a los hombres de Bet Semes porque habían mirado el arca del Señor y mató a setenta hombres de los cincuenta mil que había en el pueblo. El pueblo hizo duelo porque el Señor les había infligido una gran matanza. 20 La gente de Bet Semes decía: “¿Quién podrá estar en la presencia del Señor, de este Dios santo? ¿A quién la enviaremos para que no quede con nosotros?”. 21 Entonces mandaron unos mensajeros a decir a los habitantes de Quiriat Yearín: “Los filisteos regresaron el arca del Señor; bajen y llévenla con ustedes”.

7 1 Los de Quiriat-Yearín fueron, se llevaron el arca del Señor, la colocaron en casa de Abinadab, en la loma, y consagraron a su hijo Eleazar para que custodiara el arca del Señor.

 

Samuel gobernó a Israel durante toda su vida *

Éx 17,10-13; Eclo 46,14-18

2 Pasó mucho tiempo desde el día en que el Arca se instaló en Quiriat Yearín, veinte años, y toda la casa de Israel suspiraba por el Señor. 3 Entonces Samuel dijo a los israelitas: “Si se convierten al Señor de todo corazón, quiten de en medio de ustedes a los dioses extranjeros y las imágenes de Aserá. Sean constantes con el Señor y ríndanle culto para que los libre del poder de los filisteos”. 4 Entonces los israelitas retiraron las imágenes de los Baales y de las Aserás, y dieron culto solo al Señor.

5 Samuel añadió: “Convoquen a todos los israelitas por familias en Mispá para pedir al Señor por ustedes”. 6 Se reunieron en Mispá, sacaron agua y la derramaron en presencia del Señor, ayunaron ese día y confesaron: “Hemos pecado contra el Señor”. Samuel actuó como juez en Mispá ante los israelitas.

7 Cuando los filisteos se enteraron de que los israelitas se habían reunido en Mispá, los príncipes de los filisteos subieron para atacar a Israel. Al darse cuenta los israelitas tuvieron miedo de los filisteos 8 y dijeron a Samuel: “No dejes de invocar por nosotros a nuestro Dios, el Señor, para que nos salve del poder de los filisteos”. 9 Samuel tomó un cordero tierno y lo ofreció entero en holocausto al Señor. Rogó al Señor a favor de Israel y el Señor le respondió. 10 Mientras Samuel ofrecía el holocausto, los filisteos avanzaron para atacar a Israel. Pero el Señor en ese día desencadenó grandes truenos contra los filisteos. Los llenó de pánico y fueron derrotados por Israel. 11 Gente de Israel salió de Mispá, persiguió a los filisteos y los batió hasta más abajo de Betorón. 12 Samuel tomó una piedra que puso entre Mispá y Yesaná, llamándola Eben Ezer, que quiere decir: “Hasta aquí nos ayudó el Señor”.

13 Los filisteos quedaron humillados y no volvieron a internarse en territorio israelita. Durante la vida de Samuel el poder del Señor pesó sobre los filisteos. 14 Les fueron devueltas a Israel las ciudades que los filisteos habían tomado, desde Ecrón hasta Gat. Con respecto a su territorio, Israel lo liberó del poder filisteo. Finalmente, hubo paz entre Israel y los amorreos.

15 Samuel actuó como juez de Israel durante toda su vida. 16 Cada año visitaba Betel, Guilgal y Mispá e impartía justicia en estos lugares. 17 Luego volvía a Ramá porque allí tenía su casa e impartía justicia a Israel. Allí mismo levantó un altar al Señor.

 

II.- Samuel y Saúl*­

  1. Nacimiento del reinado*

 

Nómbranos un rey para que nos gobierne*

Dt 17,14-20; Jue 8,22-23: 9,7-15; 1 Re 21,1-24

 

8 1 Cuando Samuel llegó a la ancianidad, nombró jueces de Israel a sus dos hijos: 2 al mayor Joel y al menor Abías. Ejercían su oficio en Berseba. 3 Sus hijos no se portaban como él; estaban atentos solo al lucro, se dejaban sobornar, eran unos corruptos.

4 Todos los ancianos de Israel se reunieron en asamblea para ir a ver a Samuel en Ramá. 5 Le dijeron: “Mira, tú ya eres anciano y tus hijos no se portan como tú. Por esto, nómbranos un rey para que nos gobierne como se acostumbra entre todos los pueblos”. 6 No le pareció bien a Samuel lo que le habían dicho: “danos un rey para que nos gobierne”, y se puso a invocar al Señor. 7 El Señor le respondió: “Tendrás que hacer caso a todo lo que el pueblo te vaya a pedir, porque no es a ti sino a mí al que rechazan, para que no reine sobre ellos. 8 Te tratan a ti como me han tratado a mí desde el día en que los saqué de Egipto hasta el día de hoy, dejándome para ir a adorar a otros dioses. 9 Ahora bien, les harás caso, pero les advertirás muy claro y les harás saber la manera de actuar del rey que reinará sobre ellos”.

10 Samuel relató al pueblo que le pedía un rey, todo lo que le había comunicado el Señor: 11 “Esta será la manera de actuar del rey que reinará sobre ustedes: a ustedes les quitará sus hijos y los pondrá al frente de sus carros de guerra y de su caballería y algunos deberán correr delante de su carroza; los empleará como jefes de mil y de cien en su ejército, como aradores y segadores, como fabricantes de armamentos y de arneses para sus carros. 13 A ustedes les quitará las hijas para perfumistas, cocineras y panaderas. 14 Les quitará a ustedes los mejores campos, viñedos y olivares para darlos a sus cortesanos 15 Les exigirá el diezmo de los sembradíos y viñas para dárselo a sus ministros y cortesanos. 16 Les quitará los siervos, las siervas, los muchachos más aptos y los asnos de ustedes para emplearlos en sus obras. 17 De los rebaños de ustedes les exigirá un diezmo. ¡Ustedes acabarán siendo sus esclavos! 18 Entonces lanzarán gritos de protesta contra el rey que se han elegido, pero Dios no les hará caso”.

19 El pueblo no quiso hacer caso a Samuel y siguió insistiendo: “De ninguna manera; debemos tener un rey. 20 Seremos también nosotros como todos los pueblos: nos gobernará nuestro rey, que saldrá al frente de nosotros para luchar nuestras batallas”.

21 Después que Samuel oyó las palabras del pueblo, fue a contarlas al Señor. 22 Este le respondió: “Les harás caso y les nombrarás un rey”. Samuel dijo a los ancianos de Israel: “¡Váyase cada uno a su pueblo!”.

 

Lo ungirás como jefe de mi pueblo*

Eclo 46,13.15; Hch 9,10-16

 

9 1 Había un hombre de Guibeá de Benjamín, llamado Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afíaj; era un benjaminita de buena condición social. 2 Tenía un hijo llamado Saúl, joven y apuesto; no había entre los israelitas uno más apuesto; sobresalía entre los demás de los hombros para arriba. 3 Un día que se le perdieron las burras a Quis, dijo este a Saúl: “Llévate a uno de los criados e irás a buscar las burras”. 4 Anduvo por la montaña efraimita y por la región de Salisá, sin encontrarlas; luego, por la región de Salín y nada; luego anduvieron por la región de Benjamín y tampoco.

5 Al llegar ellos a la región de Suf, Saúl comentó al criado que lo acompañaba: “Regresemos, no sea que mi padre, dejando a un lado lo de las burras, empiece a preocuparse por nosotros”. 6 Este le comentó: “Mira, en este pueblo hay un hombre de Dios; es un hombre famoso; todo lo que dice se cumple exactamente. Vallamos entonces; quizás nos oriente acerca del viaje que hemos emprendido”. 7 Saúl dijo a su criado: “Bien, iremos pero ¿qué llevaremos al hombre de Dios? Ya no hay pan en nuestras bolsas, ni ningún presente que ofrecer al hombre de Dios, ¿qué nos queda?”. 8 El criado respondió otra vez a Saúl: “Mira, traigo algo de plata, la daré al hombre de Dios para que nos oriente sobre nuestro viaje”. 9 En Israel, cuando se iba a consultar a Dios, antes se tenía por costumbre decir: “Vamos a ver al vidente”. Entonces se llamaba vidente al que hoy se llama profeta. 10 Saúl dijo a su criado: “Dices bien, ¡vamos!”.

Fueron al pueblo donde estaba el hombre de Dios. 11 Mientras ellos subían por la cuesta del pueblo, se en encontraron a unas muchachas que habían salido a sacar agua y les preguntaron: “¿Está por aquí el vidente?”.12 Ellas les contestaron: “Sí está. Pero se les adelantó. Vayan rápido; precisamente ha llegado hoy a la ciudad porque hay un sacrificio para el pueblo en el santuario local. 13 Al entrar al pueblo seguramente lo encontrarán antes de que suba al santuario a comer, porque la gente no se pondrá a comer hasta que él llegue, porque él es el que bendecirá el sacrificio; después comerán los invitados. Si ahora suben, lo encontrarán”.

14 Subieron al pueblo. Cuando llegaban al centro del pueblo se encontraron con Samuel que subía al santuario local. 15 El día anterior a la llegada de Saúl, el Señor había revelado a Samuel: 16 “Mañana a esta misma hora te mandaré a un hombre de la región de Benjamín, para que lo unjas como jefe de mi pueblo Israel. Él librará a mi pueblo del poder filisteo, porque he visto la aflicción de mi pueblo y su clamor ha llegado hasta mí”.

17 Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le avisó: “Mira, ese es el hombre del que te dije ‘este es el que gobernará a mi pueblo’”.18 Saúl se acercó a Samuel, en medio de la puerta de la ciudad, y le dijo: “Por favor, ¿me puedes decir dónde está la casa del vidente?”.19 Samuel le contestó: “Yo soy el vidente; sube delante de mí al santuario: hoy comerán conmigo; mañana te dejaré ir y te haré saber todo lo que te preocupa. 20 No te preocupes por las burras perdidas hace tres días, porque han sido encontradas. Además, ¿a quién le pertenece lo que más desea Israel? ¿No es a ti y a la casa de tu padre?”. 21 Saúl respondió: “Yo soy un simple benjaminita, de la más pequeña de las tribus de Israel y mi familia es la menor de todas las familias de la tribu de Benjamín; no entiendo por qué me hablas de esta manera”.

22 Entonces Samuel llevó consigo a Saúl y a su criado, los hizo entrar a la sala y los puso a la cabecera de los invitados, que eran como treinta. 23 Luego Samuel dijo al cocinero: “Tráeme la ración que te di, la que te encargué que apartaras”. 24 El cocinero tomó el muslo y lo que está pegado a él y los puso frente a Saúl. Samuel dijo: “Aquí está lo que se te guardó. Sírvete y cómelo, porque se te ha guardado para esta ocasión cuando invité al pueblo’”. Saúl comió ese día con Samuel.

25 Luego bajaron del santuario de la ciudad y Samuel habló con Saúl en la azotea. 26 Samuel se levantó temprano, al rayar el alba, y llamó a Saúl que estaba en la azotea: “Levántate, que voy a despedirte”. Saúl se levantó, y ambos, él y Samuel, salieron afuera. 27 Iban bajando por la orilla del pueblo, cuando Samuel dijo a Saúl: “Debes decirle al criado que se adelante”. Y él se adelantó. “Tú detente un poco para comunicarte la palabra de Dios”.

10 1 Samuel tomó el recipiente, derramó el aceite sobre su cabeza, lo besó y le dijo: “¡El Señor te ha ungido como jefe de su heredad! 2 Hoy mismo, cuando te separes de mí, encontrarás a dos hombres junto al sepulcro de Raquel, en la frontera de Benjamín, en Salisá, quienes te anunciarán: ‘Se han encontrado las burras que andabas buscando; tu padre ya olvidó el asunto de las burras y está preocupado por ustedes, pensando: ¿Qué voy a hacer por mi hijo?’. 3 Desde allí seguirás más adelante y llegarás a la encina del Tabor, donde te saldrán al encuentro tres hombres que están subiendo a visitar a Dios en Betel, llevando el primero tres cabritos, el segundo tres hogazas de pan y el tercero un odre de vino. 4 Después de saludarte, te ofrecerán dos panes y tú los aceptarás. 5 Más adelante llegarás a Guibeá de Dios, allí donde está la guarnición de los filisteos. Al entrar en la ciudad, te encontrarás con una comunidad de profetas que irán bajando del santuario, precedidos de arpas, tambores, flautas y liras y que irán profetizando en éxtasis. 6 Entonces el espíritu del Señor se apoderará de ti y caerás en éxtasis juntamente con ellos y te convertirás en otra persona. 7 Cuando te hayan acaecido estos signos, harás lo que te parezca bien, porque el Señor está contigo. 8 Bajarás antes que yo a Guilgal, luego bajaré yo mismo a reunirme contigo para ofrecer holocaustos y sacrificios de comunión. Espérame siete días hasta que llegue para señalarte lo que debas hacer”.

9 Apenas Saúl se dio vuelta para separarse de Samuel, Dios le transformó el corazón y ese mismo día sucedieron todos esos signos. 10 Cuando llegaron a Guibeá, le salió al encuentro una comunidad de profetas. Entonces se apoderó de él el espíritu divino y cayó en éxtasis en medio de ellos. 11 Todos sus conocidos, los que lo conocían de antes y los que lo conocían de hacía poco, vieron que hablaba en éxtasis con los profetas y comentaban: “¿Qué le habrá pasado al hijo de Quis? ¿También Saúl anda entre los profetas?”. 12 Uno de ese pueblo contestó: “¿Y quién es el padre de ésos tales?”. Por esto se acuñó el proverbio: “También Saúl anda entre los profetas”.

13 Luego que salió del trance, llegó al santuario. 14 El tío de Saúl les preguntó: “¿Adónde fueron?”. Saúl le respondió: “A buscar las burras, pero al ver que no aparecían, fuimos a consultar a Samuel”. 15 El tío de Saúl le preguntó: “Por favor, te pido que me digas qué les comentó Samuel”. 16 Saúl le contestó a su tío: “Nos contó que ya habían aparecido las burras”. Pero no le contó nada del asunto del reinado del que Samuel había hablado.

 

Cayó la suerte sobre Saúl*

1 Sm 8,11-18; Dt 17,14-20; Jos 7,14-18; Jue 6,8-9;

 

17 Samuel convocó al pueblo en presencia del Señor, en Mispá 18 y dijo a los israelitas: “Así dice el Señor, Dios de Israel: Yo soy el que hice subir a Israel de Egipto y los salvé del poder de los egipcios y de todos los reinos que les han oprimido; 19 ustedes, por el contrario, han rechazado hoy a su Dios que los libra de todas sus desgracias y penas y le han dicho: ‘¡De ninguna manera! ¡Nómbranos un rey!’. Entonces, preséntense ante el Señor por sus tribus y clanes”.

20 Samuel mandó que se acercaran todas las tribus de Israel. La suerte cayó sobre la tribu de Benjamín. 21 Luego mandó que se acercara la tribu de Benjamín por sus clanes y la suerte cayó sobre el clan de Matrí y enseguida cayó la suerte sobre Saúl, hijo de Quis. Entonces lo buscaron, pero no lo hallaron. 22 Consultaron de nuevo al Señor: “¿Ha venido este hombre ya aquí?”. El Señor respondió: “Mírenlo, está escondido entre los bagajes”. 23 Fueron corriendo, lo sacaron de allí y se presentó en medio del pueblo; sobresalía por encima de todos, del hombro para arriba. 24 Entonces Samuel dijo a todo el pueblo: “¿Han visto al que ha elegido el Señor? No hay otro como él en todo el pueblo”. Entonces todo el pueblo gritando aclamó: “¡Viva el rey!”.

25 Después Samuel expuso al pueblo el derecho de la realeza y lo escribió en un libro que puso ante el Señor. Enseguida Samuel despidió al pueblo para que fuera cada uno a su casa. 26 También Saúl se fue a su casa, a Guibeá. Con él fueron los valientes, cuyo corazón había tocado Dios. 27 En cambio, unos malvados se pusieron a decir: “¡Qué nos va salvar este!”. Lo menospreciaron y no le llevaron regalos, pero él no hizo caso.

 

Entronizaron a Saúl ante el Señor*

1 Sm 10,27; Jue 3,10; 19,29

 

11 1 El amonita Najás subió y acampó contra Yabés de Galaad. Los habitantes de Yabés propusieron a Najás: “Si haces un pacto con nosotros, nos someteremos a ti”. 2 Najás el amonita les respondió: “Pactaré con ustedes con la condición de sacarle a cada uno el ojo derecho para que quede en ridículo todo Israel”. 3 Los ancianos de Israel le propusieron: “Danos un plazo de siete días para mandar mensajeros por todo el territorio de Israel. Si no hay quién nos auxilie, nos entregaremos a ti”. 4 Los mensajeros llegaron a Guibeá de Saúl, contaron al pueblo las condiciones impuestas y todo el pueblo se puso a gritar y llorar.

5 En esos momentos Saúl llegaba del campo, detrás de sus bueyes, y preguntó: “¿Qué tiene el pueblo para que esté llorando?”. Le contaron las noticias de los habitantes de Yabés. 6 Al oírlas, el espíritu divino se apoderó de Saúl y se enfureció mucho. 7 Agarró una yunta de bueyes, la descuartizó en pedazos y la envió con los mensajeros por todo el territorio de Israel con esta advertencia: “Así se hará con los bueyes de los que no sigan a Saúl y Samuel”. El temor del Señor invadió a todo el pueblo, de forma que salieron como un solo hombre. 8 Saúl les pasó revista en Bézec; los israelitas eran trescientos mil y los de Judá treinta mil. 9 Dijo a los mensajeros que habían llegado: “Esto dirán a la gente de Yabés de Galaad: ‘Mañana, a la hora en que calienta el sol, llegará la salvación para ustedes’”. Los mensajeros de Yabés regresaron, anunciaron eso a los habitantes de Yabés y estos se alegraron. 10 Dijeron los habitantes de Yabés a Najás: “Mañana nos entregaremos a ustedes para que hagan con nosotros lo que quieran”.

11 A la mañana siguiente Saúl dispuso a la tropa en tres cuerpos; a la madrugada penetraron en medio del campamento y estuvieron batiendo a los amonitas hasta que llegó la hora del calor del día. Los sobrevivientes se dispersaron de manera que no quedaron dos juntos. 12 Entonces el pueblo dijo a Samuel: “¿Dónde están los que decían: ‘acaso Saúl va a poder reinar sobre nosotros?’. Entréganos a esos hombres para matarlos”. 13 Pero Saúl dijo: “Este día no va a morir nadie, porque el Señor ha realizado hoy la salvación de Israel”. 14 Samuel propuso al pueblo: “¡Vengan! Vamos a Guilgal a inaugurar allá la realeza”.

15 Todo el pueblo se fue a Guilgal; allí entronizaron a Saúl ante el Señor y ofrecieron sacrificios de comunión ante el Señor. Después Saúl y todos los israelitas celebraron una fiesta con gran alegría.

 

Les he establecido un rey*

1 Sm 8; 11,1; Éx 2,23-24; 3,7; Jos 24,1-28; Jue 3,12-30; 4-8; 13-16; Eclo 46,19 // 12,22: Rom 11,2

 

12 1 Samuel habló a todo Israel: “He hecho caso de todo lo que me han pedido y les he establecido un rey. 2 Ahora bien, el rey los conducirá de ahora en adelante; yo, por mi parte, he envejecido y estoy canoso, y mis hijos están entre ustedes; desde mi juventud hasta ahora los he conducido. 3 Aquí estoy, ¡testifiquen contra mí ante el Señor y ante su ungido! ¿A quién le he quitado una cabeza de ganado o un burro? ¿A quién he explotado u oprimido? ¿De quién he aceptado soborno para dejarme sobornar? Si es así, se los restituiré”. 4 Respondieron: “Nunca nos explotaste, ni nos oprimiste ni recibiste soborno de nadie”. 5 Después les dijo: “Pongo por testigo al Señor contra ustedes, y hoy es testigo su ungido, de que no hallaron nada en mis manos”. Ellos respondieron: “Sí, es testigo”.

6 Samuel continuó: “Es testigo el Señor que estableció a Moisés y a Aarón y sacó a sus padres de la tierra de Egipto. 7 Presten atención ahora, que voy a presentar una querella ante el Señor por todos los beneficios que el Señor hizo por ustedes y por sus padres. 8 Cuando Jacob entró a Egipto y sus padres gritaron pidiendo ayuda al Señor, este les mandó a Moisés y Aarón para que sacaran a sus padres de Egipto y los instalaran en este lugar. 9 Pero ellos se olvidaron del Señor su Dios y él los vendió a Sísara, general del ejército de Jasor, a los filisteos y al rey de Moab, quienes les hicieron la guerra. 10 Entonces gritaron pidiendo ayuda al Señor: ‘hemos pecado, porque hemos abandonado al Señor y hemos rendido culto a los Baales y las Aserás. Líbranos ahora de nuestros enemigos y te serviremos’. 11 El Señor mandó a Yerubaal, a Badán, a Jefté y a Samuel; les liberó de los enemigos que les rodeaban y pudieron vivir seguros. 12 Pero cuando vieron que el rey amonita Najás venía a atacarlos, me dijeron: ‘no, un rey debe gobernarnos’, a pesar de que el Señor, su Dios, es su Rey.

13 Ahora bien, miren, aquí está el rey que han escogido, que han pedido y que el Señor les ha otorgado, 14 si temen al Señor, le rinden culto y escuchan su voz, si no se rebelan contra la palabra del Señor, si ustedes y el rey que los gobierna, siguen al Señor, su Dios. 15 Pero si no escuchan la voz del Señor y se rebelan contra su mandato, él los castigará a ustedes y a sus padres.

16 Ahora dispónganse a ver el gran portento que Dios va a realizar ante sus ojos. 17 ¿No es verdad que estamos en la cosecha del trigo? Entonces voy a invocar al Señor que mande truenos y lluvia, para que entiendan y reconozcan que han cometido un gran mal al pedir un rey”. 18 Samuel invocó al Señor y este mandó truenos y lluvia en ese mismo día, y toda la gente se llenó de temor ante el Señor y Samuel. 19 Entonces toda la gente dijo a Samuel: “Reza al Señor tu Dios por nosotros, que no muramos, pues hemos colmado la medida de nuestros pecados al pedir un rey”.

20 Samuel les respondió: “No teman, es verdad que cometieron todas estas maldades, pero en el futuro no se aparten del Señor y ríndanle culto con sinceridad de corazón. 21 No se aparten de él para ir detrás de los ídolos que de nada sirven y no pueden liberar, pues no son nada. 22 En cambio, el Señor no rechazará a su pueblo por el honor de su gran nombre, ya que ha querido hacer de ustedes su pueblo. 23 Por mi parte, lejos de mí pecar contra el Señor, dejando de orar por ustedes y de mostrarles el camino bueno y correcto. 24 Teman al Señor y ríndanle culto con sinceridad de corazón. Miren qué grandes cosas ha hecho el Señor por ustedes. 25 Pero si se obstinan en portarse mal, tanto ustedes como su rey perecerán”.

 

  1. Comienzos del reinado de Saúl*

Saúl reinó durante dos años*

1 Sm 10,8; 14,1-15; 15,10-26; 28,16-19; Hch 13,22

 

13 1 Saúl tenía … años al inicio de su reinado y reinó durante dos años sobre Israel. 2 Saúl escogió de Israel a tres mil hombres: dos mil se quedaron en con Saúl Micmás y en el cerro de Betel, y los otros mil, con Jonatán en Guibeá de Benjamín; al resto de la gente la despachó a sus tiendas.

3 Jonatán derrotó al comandante filisteo que estaba en Gueba y los filisteos se enteraron de esto. Entonces, Saúl mandó tocar la trompeta por toda la región, llamando a la guerra a los israelitas. 4 Todo Israel escuchó lo que se decía: “Saúl ha abatido al comandante filisteo y, además, Israel se ha vuelto insoportable para los filisteos”.

El pueblo se reunió con Saúl en Guilgal. 5 Los filisteos, por su parte, se reunieron para pelear contra Israel: contaban con tres mil carros, seis mil jinetes y tanta gente como la arena de la playa. Subieron y acamparon en Micmás, al oriente de Bet Avén. 6 Cuando los israelitas vieron que estaban en apuros, porque la gente se sentía presionada, se escondieron en las cuevas, hendiduras y peñascos, en las fosas y en las cisternas. 7 Más aún, algunos hebreos atravesaron el Jordán en dirección a la tierra de Gad y Galaad.

Saúl permanecía en Guilgal y toda la gente, atemorizada, lo seguía. 8 Esperó siete días el encuentro acordado con Samuel, pero este no llegó a Guilgal y el pueblo empezó a desertar. 9 Entonces Saúl ordenó: “¡Acérquenme el holocausto y los sacrificios de comunión!”. Ofreció el holocausto, 10 y apenas acababa de ofrecerlo, cuando Samuel llegó. Saúl salió a su encuentro para saludarlo. 11 Samuel le preguntó: “¿Qué has hecho?”. Saúl respondió: “Como veía que la gente se dispersaba, que tú no llegabas en el plazo convenido y que los filisteos estaban congregados en Micmás, 12 pensé: ‘los filisteos van a bajar a Guilgal contra mí, sin que haya ganado el favor del Señor’, entonces me he sentido obligado y he ofrecido el holocausto”. 13 Samuel le dijo: “Te has comportado como necio. No cumpliste la orden que el Señor tu Dios te había dado. Si lo hubieras hecho, el Señor habría afianzado para siempre tu realeza sobre Israel. 14 Pero ahora tu realeza no se mantendrá. El Señor se ha buscado un hombre como él lo desea y lo ha constituido jefe sobre su pueblo, porque no cumpliste lo que el Señor te había mandado”.

15 Samuel partió y subió de Guilgal a Guibeá de Benjamín. Saúl, por su parte, pasó revista a la gente que estaba con él; eran unas seiscientas personas. 16 Saúl, su hijo Jonatán y la gente que estaba con ellos permanecían en Guibeá de Benjamín, mientras que los filisteos estaban acampados en Micmás. 17 Salió del campamento filisteo una ofensiva dividida en tres grupos: un grupo se fue por el camino de Ofrá a la región de Sual, 18 otro por el camino de Betorón y el otro por el camino de la frontera, que domina el valle de Seboín, rumbo al desierto.

19 En ese tiempo no había un solo herrero en todo el territorio israelita, porque los filisteos habían decidido que los hebreos no se fabricaran espadas ni lanzas. 20 Por esta razón todos los israelitas tenían que bajar al país filisteo para mandar afilar las rejas de sus arados, sus azadones, sus hachas y guadañas. 21 Afilar una reja de arado o azadón costaba ocho gramos de plata; sacar filo a las hachas y a las garrochas para los bueyes, cuatro gramos. 22 Así, el día de la batalla la gente de Saúl y Jonatán se encontró desprovista de espadas y lanzas; solo Saúl y Jonatán las poseían.

23 Un destacamento filisteo partió hacia el paso de Micmás.

 

Jonatán, con ayuda de Dios, consiguió la victoria

Jue 7,4-7

 

14 1 Un día Jonatán, el hijo de Saúl, dijo a su escudero: “Vamos a pasar hasta el destacamento que está al otro lado”. Pero no lo hizo saber a su padre.

2 Saúl se encontraba en los límites de Guibeá, debajo de un árbol de granadas que está en Magrón; los que lo acompañaban eran unas trescientas personas. 3 Ajías, hijo de Ajitub, hermano de Icabod, hijo de Pinjás, hijo de Elí, sacerdote del Señor en Siló, llevaba el efod. La gente no se había dado cuenta de que Jonatán se había marchado.

4 Entre los desfiladeros por donde Jonatán intentaba llegar hasta el destacamento filisteo, había un picacho rocoso a un lado y otro igual al otro lado, que se llamaban Boses y Sene. 5 Uno de los picachos está al norte, frente a Micmás y el otro está al sur, frente a Guibeá. 6 Jonatán dijo entonces a su escudero: “Acércate, pasemos hasta el destacamento de esos incircuncisos. Tal vez, el Señor actúe en nuestro favor, pues nada impide al Señor dar la victoria con mucha o poca gente”.7 Su escudero le respondió: “Puedes hacer como estás pensando, avanza, estoy a tu disposición”. 8 Jonatán le propuso: “Mira, vamos a pasar donde están esos hombres y haremos que ellos nos vean. 9 Si nos dicen: ‘¡Alto, esperen hasta que lleguemos a donde están!’, nos quedaremos quietos y no subiremos a donde ellos están’. Pero si nos dicen: ‘¡Vengan, suban hasta acá!’, entonces subiremos, porque es una señal de que el Señor nos los ha entregado”.

11 Los dos se dejaron ver por el destacamento filisteo, quienes comentaron: “Miren, los hebreos están saliendo de las cuevas donde se habían escondido”. 12 Los hombres del destacamento llamaron a Jonatán y a su escudero: “¡Suban para acá; tenemos algo que informarles!”. Jonatán comentó a su escudero: “Sube detrás de mí, porque el Señor los entregó en poder de Israel”. 13 Jonatán subió gateando, seguido por su escudero. Los filisteos caían bajo los golpes de Jonatán, mientras su escudero los remataba detrás de él. 14 Esta primera matanza que Jonatán y su escudero hicieron, fue de veinte personas en el espacio de unos doscientos metros cuadrados.

15 El pánico cundió en el campamento filisteo, por la región y entre toda la gente, incluso el destacamento y el grupo de asalto se llenaron de miedo; la tierra tembló y sobrevino un terror extraordinario. 16 Cuando los centinelas de Saúl vieron en Guibeá de Benjamín que la muchedumbre se agitaba e iba de aquí para allá, 17 Saúl dijo a la gente que lo acompañaba: “Pasen revista y vean quién de los nuestros se ha ido”. Pasaron revista, y faltaban justamente Jonatán y su escudero.

18 Entonces Saúl dijo a Ajías: “Tráiganme el arca de Dios”. En aquel tiempo el arca de Dios estaba con los israelitas. 19 Mientras Saúl estaba hablando con el sacerdote, crecía más y más el tumulto en el campamento filisteo. Saúl dijo entonces al sacerdote: “¡No hagas nada!”. 20 Luego Saúl se reunió con todos los que lo acompañaban y se fueron al lugar de la batalla. Allí vieron que los filisteos se atacaban unos a otros y que la confusión era enorme. 21 Los hebreos que desde hacía tiempo estaban al servicio de los filisteos y que habían subido con estos, se habían colocado alrededor del campo. Ellos también se unieron con los israelitas que estaban con Saúl y Jonatán. 22 Y todos los israelitas que se habían escondido en la serranía de Efraín, al darse cuenta de que los filisteos habían empezado a huir, se fueron también tras ellos, combatiéndolos. 23 Aquel día el Señor dio la victoria a Israel.

La batalla se extendió más allá de Bet Avén. 24 Ese día los israelitas estaban agotados, porque Saúl había comprometido al pueblo con esta imprecación: “¡Maldito sea el que coma alimento antes de la tarde, antes de que me haya vengado de mis enemigos!”. Todo el pueblo estaba sin haber probado bocado.

25 Toda la gente llegó al bosque y allí había miel sobre el suelo. 26 La gente llegó al bosque y vio que corría la miel, pero nadie llevaba su mano a la boca para probarla, porque tenía miedo del juramento. 27 Jonatán no había oído el juramento que su padre había impuesto a la gente, alargó la punta del bastón que llevaba en su mano, lo mojó en el panal de miel, luego se la llevó con su mano a la boca: sus ojos se pusieron brillantes. 28 Uno le dijo: “Tu padre ha hecho jurar a la gente: ‘¡Maldito el que hoy tome alimento!’”. El pueblo estaba agotado. 29 Jonatán comentó: “Mi padre ha traído una desgracia al país. Fíjense cómo han brillado mis ojos por esta miel. 30 Si la gente hubiera comido el día de hoy del botín quitado a los enemigos, ¿no es verdad que habría sido mayor el golpe asestado a los filisteos?”.

31 Aquel día batieron a los filisteos desde Micmás hasta Ayalón. El pueblo estaba muy agotado. 32 La gente se lanzó sobre el botín; agarraron ovejas, vacas, becerros, los degollaron en el suelo y la gente comió la carne con su sangre. 33 Cuando le avisaron a Saúl que la gente estaba pecando contra el Señor al comer la carne con su sangre, dijo: “¡Ustedes son infieles! Ahora mismo hagan rodar hacia mí una piedra grande”. 34 Luego dijo: “Dispérsense entre la gente y comuníquenle que cada cual traiga su buey u oveja, que la degüellen aquí y la coman; pero que no pequen contra el Señor comiendo carne con sangre”. Así aquella noche toda la gente llevó el buey que poseía y allí lo degollaron. 35 Saúl edificó un altar al Señor. Este fue el primero que le construyó.

36 Después dijo: “Bajemos a atacar a los filisteos de noche y los saquearemos hasta que despunte el día, sin dejar vivo a nadie”. La gente le contestó: “Puedes hacer como te parezca bien”. Pero el sacerdote dijo: “Consultemos a Dios”. 37 Saúl consultó a Dios: “¿Debo bajar tras los filisteos? ¿Los entregarás en poder de Israel?”. Pero Dios no respondió aquel día.

38 Entonces Saúl dijo: “Acérquense aquí todos ustedes, los jefes del pueblo, investiguen y vean en qué ha consistido el pecado de este día. 39 Porque juro por el Señor, salvador de Israel, que, aunque se trate de mi hijo Jonatán, morirá sin remedio”. De entre el pueblo nadie le respondió nada. 40 Dijo entonces a los israelitas: “Ustedes, pónganse a un lado, y yo y Jonatán nos pondremos al otro”. La gente le respondió a Saúl: “Debes hacer como te parezca bien”.

41 Saúl dijo al Señor: “Dios de Israel, ¿por qué no has respondido hoy a tu servidor? Señor, si la falta está en mí o en mi hijo Jonatán, da Urim; si la falta está en tu pueblo Israel, da Tumim”. Jonatán y Saúl fueron designados por la suerte y el pueblo quedó excluido. 42 Saúl dijo: “Echen la suerte entre mi hijo Jonatán y yo”. Jonatán fue designado por la suerte. 43 Entonces Saúl dijo a Jonatán: “Cuéntame qué hiciste”. Jonatán se lo contó y le dijo: “Sí, he probado un poco de miel con la punta del bastón que llevaba en la mano. Estoy listo para morir”. 44 Saúl dijo: “Que Dios me castigue si no mueres, Jonatán”. 45 El pueblo dijo a Saúl: “¿Acaso va a morir Jonatán que es el que ha conseguido esta gran victoria a Israel? ¡De ninguna manera! Por vida del Señor, no caerá al suelo ningún cabello de su cabeza, porque con ayuda de Dios ha actuado así en este día”. El pueblo salvó a Jonatán y no murió.

46 Saúl dejó de perseguir a los filisteos y estos se fueron a su tierra.

47 Desde que Saúl se convirtió en rey de Israel, hizo la guerra a todos sus enemigos circunvecinos: a Moab, a los amonitas, a Edom, a los reyes de Sobá y a los filisteos, y a dondequiera que iba, salía victorioso. 48 Formó, además, su ejército y derrotó a Amalec, librando a Israel de todos los que lo saqueaban.

49 Los hijos de Saúl fueron Jonatán, Yisví y Melquisúa. Sus dos hijas se llamaban Merob la mayor y Mical la menor. 50 La esposa de Saúl se llamaba Ajinoán, hija de Ajimá. El general en jefe de su ejército se llamaba Abner, hijo de Ner, tío de Saúl. 51 En efecto, Quis, padre de Saúl y Ner, padre de Abner, eran hijos de Abiel.

52 Mientras vivió Saúl hubo guerra encarnizada contra los filisteos. Cuando Saúl encontraba alguien que fuera fuerte y valiente, lo reclutaba para su ejército.

 

Más vale la obediencia que el sacrificio*

1 Sm 13,8-15; Gn 6,7; Éx 17,8-16; Dt 25,17-19; Os 6,6; Am 5,21-25

 

15 1 Samuel dijo a Saúl: “El Señor me envió a ungirte como rey de Israel, su pueblo; por lo cual escucha las palabras del Señor: 2 ‘Así dice el Señor omnipotente: Voy a pedir cuentas de lo que hizo Amalec a Israel, cortándole el paso cuando venía subiendo de Egipto. 3 Ahora debes ir, ataca a Amalec y consagra al exterminio sus pertenencias, no le tengas lástima; matarás hombres y mujeres, niños e infantes, bueyes y ovejas, camellos y burros’”.

4 Entonces Saúl movilizó al pueblo y le pasó revista en Telán: eran doscientos mil hombres de infantería y de parte de Judá, diez mil hombres. 5 Al llegar a la ciudad de Amalec, tendió una emboscada en el arroyo. 6 Mandó esta advertencia a los quenitas: “Váyanse, retírense y salgan de en medio de los amalecitas, no vaya a suceder que los destruya al mismo tiempo que a ellos, ya que ustedes se han portado bien con los israelitas cuando iban subiendo de Egipto”. Los quenitas se separaron de los amalecitas.

7 Saúl derrotó a Amalec desde Javilá hasta la entrada de Suf, al este de Egipto, 8 y capturó vivo a Agag, rey de Amalec. En cuanto al pueblo, lo consagró al exterminio, pasándolo a filo de espada. 9 Pero Saúl y el ejército perdonaron la vida a Agag y también a lo mejor de las ovejas y las cabras, de las vacas y los bueyes, y de las crías de un año, y de los carneros; en una palabra, no quisieron consagrar al exterminio lo que tenía algún valor, sino solo lo que no valía ni servía para nada.

10 La palabra del Señor llegó a Samuel en estos términos: 11 “Me arrepiento de haber puesto a Saúl como rey, porque se ha apartado de mí y no ha cumplido mis mandamientos”. Samuel se entristeció y suplicó al Señor toda la noche.

12 Al día siguiente, Samuel madrugó para ir a ver a Saúl. Le contaron que Saúl se había ido al Carmelo y había levantado allí un monumento. Después había regresado y, dando un rodeo, había descendido a Guilgal. 13 Samuel llegó a donde estaba Saúl, quien le dijo: “El Señor te bendiga. He cumplido la orden del Señor”. 14 Samuel le respondió: “Y ¿qué es ese balido de ovejas y ese mugido de vacas que estoy oyendo?” 15 Saúl respondió: “Las he traído de los amalecitas, pues el pueblo ha perdonado lo mejor de las ovejas y bueyes para ofrecerlos en sacrificio al Señor, tu Dios; lo restante lo hemos consagrado al exterminio”.

16 Entonces Samuel dijo a Saúl: “¡Basta! Deja que te comunique lo que anoche me ha dicho el Señor”. Saúl respondió: “Habla”. 17 Samuel le dijo: “Aunque a tus propios ojos te consideres poca cosa, ¿no has llegado a ser jefe de las tribus de Israel? El Señor te ha enviado en expedición con la siguiente orden: ‘Debes ir y consagrar al exterminio a estos pecadores amalecitas y los atacarás hasta terminar con ellos’. 19 ¿Por qué no has obedecido la voz del Señor? ¿Por qué te has echado sobre el botín, cometiendo el mal a los ojos del Señor?”. 20 Saúl le respondió: “Claro que hice caso a la voz de Dios: he partido en expedición a donde el Señor me había enviado, traje a Agag, rey de Amalec, y consagré al exterminio a los amalecitas. 21 Pero el pueblo tomó del botín las ovejas y los bueyes, lo mejor de lo consagrado al exterminio, para ofrecerlo en sacrificio en Guilgal al Señor tu Dios”. 22 Samuel dijo entonces:

“¿Acaso no le agrada más al Señor la obediencia a su palabra

que los holocaustos y los sacrificios?

Mira, vale más la obediencia que el sacrificio

y la docilidad que la grasa de carneros;

23 porque la rebeldía es como el pecado de adivinación

y la arrogancia es como el crimen de idolatría.

Puesto que has rechazado la palabra del Señor,

él también te rechaza como rey”.

24 Saúl dijo a Samuel: “Es verdad, he pecado porque he transgredido el mandato del Señor y sus órdenes. Es que le he tenido miedo al pueblo e hice caso a su voz. 25 Ahora, por favor, perdona mi pecado y regresa conmigo para adorar al Señor”. 26 “No regresaré contigo –le dijo Samuel–; porque has rechazado la palabra del Señor, él te ha rechazado como rey de Israel”.

27 Cuando Samuel se dio vuelta para marcharse, Saúl agarró el borde de su manto, que se rasgó. 28 Samuel le dijo entonces: “El Señor ha rasgado hoy tu reinado de Israel y se lo ha entregado a uno mejor que tú. 29 Por lo demás, Dios, el esplendor de Israel, no miente ni se desdice, porque no es un ser humano para que se desdiga”. 30 Saúl suplicó: “Es verdad, pequé, pero ahora salva mi honra por favor ante los ancianos de mi pueblo y ante Israel; regresa conmigo para que pueda adorar al Señor tu Dios”. 31 Samuel siguió a Saúl y este adoró al Señor.

32 Después Samuel ordenó: “Tráiganme a Agag, el rey de Amalec”, y Agag se dirigió a él, muy relajado, pensando: ‘seguramente me ha librado de la amargura de la muerte”. 33 Pero Samuel le dijo:

“Como tu espada ha privado a tantas mujeres de sus hijos,

así tu madre se quedará sin su hijo ante las demás mujeres”.

Y Samuel degolló a Agag ante el Señor en Guilgal.

34 Samuel se fue a Ramá, mientras que Saúl subió a su casa de Guibeá de Saúl. 35 Samuel no volvió a ver a Saúl hasta el día de su muerte; pero se lamentaba por Saúl, porque el Señor se había arrepentido de haberlo puesto como rey sobre Israel.

 

III.- Saúl y David*­

Entre sus hijos me he escogido un rey*

1 Sm 9,16-17; 10,1-2; Gn 39,6; Is 11,1; 55, 8-9; Rut 4,17-22

 

16 1 El Señor habló a Samuel: “¿Hasta cuándo te estarás lamentando por Saúl? Por mi parte, ya lo he rechazado como rey de Israel. Llenarás tu recipiente de aceite y partirás. Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he escogido un rey”. 2 Samuel le respondió: “¿Cómo voy a ir? Saúl se dará cuenta y me matará”. El Señor le contestó: “Lleva un becerro contigo y dirás: ‘He venido a ofrecer un sacrificio en honor del Señor’. 3 Invitarás al sacrificio a Jesé y, por mi parte, yo te daré a conocer todo lo que tengas que hacer. Ungirás al que te indique”.

4 Samuel hizo lo que el Señor había ordenado. Al llegar a Belén, los ancianos de la ciudad salieron atemorizados a su encuentro y le preguntaron: “Vienes en son de paz?”. 5 Él respondió: “Vengo en son de paz; vengo a ofrecer un sacrificio en honor del Señor. ¡Purifíquense y celebren hoy conmigo!”. Samuel purificó enseguida a Jesé y a sus hijos, y los invitó al sacrificio.

6 Cuando llegaron, Samuel vio a Eliab y pensó: “Seguro que el Señor está ante su ungido”. 7 Pero el Señor dijo a Samuel: “No te fijes en su apariencia o en su altura, lo he rechazado, pues no se trata de lo que ve el hombre: el hombre mira las apariencias, pero el Señor, el corazón”. 8 Jesé llamó entonces a Abinadab y lo hizo pasar ante Samuel. Este le dijo: “Tampoco a este escogió el Señor”. 9 Luego Jesé hizo pasar a Samá y Samuel dijo: “Tampoco a este escogió el Señor”. 10 Jesé hizo pasar ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé: “El Señor no ha escogido a ninguno de estos”.

11 Samuel preguntó a Jesé: “¿Estos son todos tus hijos?”. Jesé respondió: “Todavía queda el más pequeño; está cuidando el rebaño”. Samuel dijo a Jesé: “Manda a buscarlo, pues no nos sentaremos a comer hasta que él haya llegado”. 12 Jesé mandó a buscarlo y lo trajeron. Era rubio, de bellos ojos y de buena presencia. Entonces el Señor dijo: “Levántate, úngelo, ese es”.13 Samuel tomó el recipiente de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Entonces, desde aquel día, el espíritu del Señor se apoderó de él. Luego Samuel se fue a Ramá.

 

Un hombre hábil para tocar el arpa*

 

14 El espíritu del Señor había abandonado a Saúl y un espíritu malo, procedente del Señor, lo atormentaba. 15 Los servidores de Saúl le propusieron: “Mira, un mal espíritu, procedente de Dios, te está atormentando. 16 Permítenos encargarnos, señor nuestro, de buscarte un hombre que sepa tocar el arpa. Así, cuando te llegue el mal espíritu, el hombre te tocará el arpa y te pondrás bien”. 17 Saúl dijo a sus servidores: “Consíganme, por favor un hombre hábil para tocar el arpa y tráiganmelo”. 18 Comentó uno de los servidores: “Justamente, yo conozco a un hijo de Jesé, el de Belén, que sabe tocar el arpa; es valiente, buen soldado, hábil orador, de buena presencia y el Señor está con él”.

19 Saúl mandó mensajeros a decir a Jesé: “Mándame a tu hijo David, el que cuida las ovejas”. 20 Jesé mandó a su hijo David a la casa de Saúl a con un burro cargado de pan, un odre de vino y un cabrito. 21 David llegó a donde estaba Saúl y entró a su servicio. Saúl lo quiso mucho y lo hizo su escudero. 22 Entonces Saúl mandó este mensaje a Jesé: “Me ha caído bien David. Te pido que se quede a mi servicio”.

23 Así, cuando el mal espíritu, procedente de Dios, acometía a Saúl, David tomaba su arpa, se ponía a tocarla y entonces Saúl se calmaba, se sentía bien y se le retiraba el mal espíritu.

 

David triunfó contra el filisteo*

1 Sm 16,5-13; 21,10; 2 Sm 21,19; Eclo 47,4-5

 

17 1 Los filisteos reunieron su ejército para la guerra. Se concentraron en Socó de Judá y acamparon en Efes Damín, que está entre Socó y Azeca. 2 Saúl y los israelitas se reunieron y acamparon en el valle del Terebinto y se formaron para el combate contra los filisteos. 3 Los filisteos tenían sus posiciones en un cerro y los israelitas en el otro, con un valle de por medio.

4 Del ejército filisteo se adelantó un luchador, de nombre Goliat, originario de Gat, cuya estatura era de unos tres metros. 5 Llevaba sobre su cabeza un casco de bronce y estaba revestido con una coraza de escamas. El peso de la coraza de bronce era de cerca de cincuenta y cinco kilos. 6 Llevaba en las piernas unas botas de bronce y una jabalina de bronce entre sus hombros. 7 El asta de su lanza era como el palo de telar; la punta, de hierro, pesaba siete kilos. Su escudero caminaba delante de él.

8 Goliat se detuvo y gritó a las filas de Israel: “No hace falta que salgan formados a luchar. Yo soy el filisteo, ustedes, los esclavos de Saúl. Elíjanse uno que baje hasta mí. 9 Si es capaz de pelear conmigo y me mata, seremos esclavos de ustedes; pero si yo lo venzo y lo mato, ustedes serán esclavos nuestros y nos servirán”. 10 El filisteo continuó: “Yo mismo hoy lanzo un desafío al ejército israelita: ¡preséntenme un hombre y combatamos!”. 11 Cuando Saúl y todo Israel escucharon esas palabras del filisteo, se consternaron y se llenaron de miedo.

12 David era hijo de un efrateo de Belén de Judá, llamado Jesé, que tenía ocho hijos. Este hombre, en tiempos de Saúl, era ya viejo y de edad avanzada. 13 Sus tres hijos mayores habían ido a la guerra siguiendo a Saúl. Los tres hijos de Jesé que habían ido a la guerra, se llamaban: el mayor Eliab, el segundo Abinadab y el tercero Samá. 14 David era el menor; los tres mayores habían seguido a Saúl, 15 pero David iba y venía de donde estaba Saúl, mientras pastoreaba el rebaño de su padre en Belén.

16 Durante cuarenta días, el filisteo se acercaba desafiante mañana y tarde.

17 Jesé dijo a su hijo David: “Toma esta bolsa de grano tostado y estos diez panes y llévaselos corriendo a tus hermanos al frente. 18 En cuanto a estos diez quesos, llévalos al capitán. Fíjate cómo están tus hermanos y trae una prueba de que están bien. 19 Saúl, tus hermanos y los soldados de Israel están en el valle del Terebinto, luchando contra los filisteos”.

20 David madrugó, dejó el rebaño al cuidado del guardián y se fue con la carga, según el mandato de Jesé. Llegó al campamento cuando el ejército marchaba en orden de batalla y lanzaban el grito de guerra. 21 Israelitas y filisteos se formaron en orden de batalla frente a frente. 22 David dejó su carga al cuidado de los guardianes de las provisiones, corrió hacia las filas y preguntó a sus hermanos qué tal estaban.

23 Mientras hablaba con ellos, un luchador llamado Goliat, oriundo de Gat, subió de entre las filas del ejército filisteo y repitió su discurso de antes. David lo oyó. 24 Al ver a este hombre, todos los hombres de Israel tuvieron mucho miedo y huyeron. 25 Uno comentó: “¿Vieron a ese hombre que se adelanta? Se adelanta a desafiar a Israel. Al que lo mate, el rey lo colmará de riquezas, le dará a su hija y librará de impuestos a la familia de su padre en Israel”.

26 David preguntó a los que estaban con él: “¿Qué le darán al que mate a ese filisteo y salve la honra de Israel? ¿Quién es, en efecto, ese filisteo incircunciso para que haya desafiado al ejército del Dios vivo?”. 27 Los soldados le repitieron lo mismo: “Al que lo mate, le darán ese premio”. 28 Eliab, su hermano mayor, al oírlo hablar con aquella gente, se enfureció contra David y le dijo: “¿A qué viniste acá? ¿A quién has encomendado ese puñado de ovejas en el desierto? Conozco muy bien tu presunción y atrevimiento. A mirar la batalla es a lo que has venido”. 29 David respondió: “¿Y ahora qué he hecho? ¿Uno ya no puede hablar?”. 30 Y, apartándose de su hermano, se fue con otro y le repitió la pregunta. La gente le dio la misma respuesta anterior.

31 Cuando se corrió la voz de lo que decía David, se lo contaron a Saúl quien lo mandó llamar. 32 David dijo a Saúl: “Que nadie se acobarde por ese filisteo; tu servidor irá a pelear contra él”. 33 Saúl le respondió: “No puedes ir a pelear contra ese filisteo, porque tú eres joven y él es un hombre entrenado para el combate desde su juventud”. 34 David le dijo: “Tu servidor era pastor con su padre. Si llegaba a venir un león o un oso y arrebataba alguna oveja del rebaño, 35 salía tras de él, lo golpeaba y se la quitaba de su hocico. Si se me venía encima, lo agarraba de sus pelos, lo golpeaba y lo mataba. 36 Tu servidor ha matado tanto leones como osos. Ese incircunciso filisteo será como uno de ellos por haber desafiado al ejército del Dios vivo”. 37 Y añadió: “El Señor que me ha librado del poder del león y del oso, también me librará del poder de ese filisteo”. Saúl le dijo: “¡Puedes ir, y que el Señor te ayude!”.

38 Saúl vistió a David con su ropa, puso sobre su cabeza un casco de bronce y lo vistió con una coraza. 39 Sobre su ropa, David se ciñó la espada de Saúl y en vano intentó caminar, porque no estaba entrenado. Le dijo a Saúl: “No puedo caminar con estas cosas porque no estoy entrenado”. Y se las quitó de encima, 40 agarró el bastón, escogió cinco piedras lisas del arroyo, se las echó en el morral, y con el morral y su honda se acercó al filisteo. 41 El filisteo se puso en marcha, precedido por su escudero. Caminaba y se acercaba a David.

42 El filisteo miró y al divisar a David, lo despreció: era un muchacho rubio y de buena presencia. 43 El filisteo dijo a David: “¿Acaso soy un perro para que salgas a mi encuentro con bastones?”. Y maldijo a David invocando a sus dioses. 44 El filisteo dijo a David: “Acércate, echaré tu carne a las aves del cielo y a los animales del campo”. 45 David respondió al filisteo: “Tú vienes contra mí armado de espada, lanza y jabalina; yo voy contra ti en el nombre del Señor todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel que tú has desafiado. 46 Hoy mismo, el Señor te entregará en mi poder: te mataré, arrancaré la cabeza de tus hombros y hoy mismo echaré los cadáveres del ejército filisteo a las aves del cielo y a los animales de la tierra. Toda la tierra sabrá que hay un Dios a favor de Israel. 47 Y toda esta asamblea sabrá que no es con la espada ni con la lanza con la que el Señor salva, pues el Señor es el dueño de la guerra y él los entregará en nuestro poder.

48 Cuando el filisteo se puso a caminar y se acercó en dirección a David, este corrió rápidamente hacia la línea de batalla filistea para enfrentarlo; 49 extendió su mano hacia el morral, sacó una piedra, disparó la honda y le pegó en la frente al filisteo; la piedra se le clavó en la frente y cayó boca abajo en tierra. 50 Así David triunfó contra el filisteo con la honda y la piedra; lo mató sin empuñar espada. 51 Luego David corrió, se paró sobre él, le quitó su espada, la desenvainó y lo remató cortándole la cabeza.

Al ver los filisteos que había muerto su luchador, emprendieron la fuga. 52 Entonces los soldados de Israel y de Judá lanzaron el grito de guerra, persiguieron a los filisteos hasta la entrada del valle y hasta las puertas de Ecrón; los cadáveres de los filisteos quedaron tirados por el camino de Saraín hasta Gat y Ecrón. 53 Los hijos de Israel dejaron de perseguir a los filisteos y regresaron a saquear el campamento. 54 David tomó la cabeza del filisteo y la llevó a Jerusalén y, en cuanto a sus armas, las guardó en su tienda.

55 Cuando Saúl vio a David que salía a enfrentar al filisteo, preguntó a Abner, general del ejército: “Abner, ¿de quién es hijo ese muchacho?”. Abner respondió: “Por tu vida, majestad, te aseguro que no sé”. 56 Entonces el rey le dijo: “Pregunta de quién es hijo ese muchacho”.

57 Al regresar David de matar al filisteo, Abner se lo llevó a Saúl para presentárselo, llevando aquel la cabeza del filisteo en la mano. 58 Saúl le preguntó: “¿De quién eres hijo, muchacho?”. David respondió: “Tu servidor es hijo de Jesé el de Belén”.

 

Saúl miraba con desconfianza a David*

1 Sm 16,14; 19,1-7.9; 20,30; 21,12; 29,5; 2 Sm 1,26

 

18 1 Cuando David acabó de hablar con Saúl, Jonatán se encariñó con David y llegó a quererlo como a sí mismo. 2 Saúl retuvo a David con él desde aquel día y no lo dejó regresar a su casa. 3 Jonatán y David hicieron un pacto, porque Jonatán lo amaba como a sí mismo. 4 Se quitó el manto que llevaba, se lo regaló a David y también su ropa, la espada, el arco y el cinto. 5 David tenía éxito en todos los encargos que Saúl le encomendaba y Saúl lo puso al frente de su ejército. Esto agradó a todo el pueblo y a los mismos ministros de Saúl.

6 Cuando regresaba la tropa, después que David había matado al filisteo, las mujeres salieron al encuentro del rey Saúl desde todas las ciudades de Israel, cantando y bailando con tambores, gritos de alegría y platillos. 7 Las mujeres cantaban al compás del baile y decían:

“Saúl mató a sus mil;

David a sus diez mil”.

8 Saúl se enojó y disgustó mucho por esas palabras, pues pensaba: “A David le atribuyen diez mil y a mí solo mil. Lo único que le falta es reinar”. 9 Desde ese día Saúl miraba con desconfianza a David.

10 A partir del día siguiente, un espíritu maligno procedente de Dios se apoderó de Saúl. Este se puso frenético dentro de su casa, mientras David estaba tocando el arpa como lo hacía diariamente. Saúl tenía en su mano la lanza. 11 “Voy a clavar a David contra la pared”, pensó Saúl, y le arrojó la lanza, pero este la esquivó dos veces.

12 Saúl empezó a tener miedo de David porque el Señor se había alejado de él y estaba con David. 13 Por esto lo apartó de su lado, nombrándolo jefe de mil. David siempre iba al frente de su tropa 14 y tenía éxito en todo lo que emprendía, pues el Señor estaba con él. 15 Al ver Saúl que todo le salía muy bien a David, le tuvo más miedo. 16 Por el contrario, Israel y Judá querían a David, porque siempre que andaba en campaña, iba al frente de su tropa.

17 Saúl propuso a David: “Te daré como mujer a mi hija Merob, con tal de que seas un valiente soldado y combatas las batallas del Señor”. Saúl pensaba: “que no sea yo el responsable de su muerte, sino los filisteos”. 18 David le respondió: “¿Quién soy yo y quién es mi familia en Israel para convertirme en yerno del rey?”. 19 Pero cuando llegó el tiempo de casar a Merob, hija de Saúl, con David, esta fue dada en matrimonio a Adriel, el de Mejolá.

20 Sin embargo, Mical, hija de Saúl, estaba enamorada de David. Se lo contaron a Saúl y esto le pareció bien. 21 Saúl pensó: “Se la daré para que le sirva de trampa y así lo maten los filisteos”. Por segunda vez Saúl le dijo a David: “Hoy tú serás mi yerno”.

22 Saúl dio el siguiente encargo a sus oficiales: “Hablen privadamente con David y díganle: ‘Mira, le caes bien al rey y todos los oficiales te estiman, es un buen momento para que te hagas yerno del rey”. 23 Los oficiales le dijeron todo esto a David, pero este replicó: “Yo soy un hombre pobre y de condición humilde”. 24 Los oficiales de Saúl le notificaron lo que les había dicho David. 25 Saúl les dijo: “Díganle esto a David: ‘El rey no quiere dote, sino cien prepucios de filisteos para vengarse de sus enemigos”. Lo que Saúl quería era que David muriera por manos filisteas.

26 Los oficiales de Saúl comunicaron a David esa propuesta, cosa que le pareció bien para convertirse en yerno del rey. Antes de cumplirse el plazo, 27 David y sus hombres fueron y mataron a doscientos hombres. David llevó los prepucios al rey y los entregó como pago para convertirse en yerno del rey. Saúl, por su parte, le dio por mujer a su hija Mical. 28 Saúl se convenció plenamente de que el Señor estaba con David y también que su hija Mical lo amaba. 29 Saúl entonces le tuvo más miedo y fue su enemigo mientras vivió.

30 Los comandantes filisteos solían salir a campaña. Cada vez que salían, David tenía más éxito que cualquiera de los oficiales de Saúl, por lo que David se hizo muy famoso.

 

Que el rey no haga mal a su servidor David*

 

19 1 Saúl comunicó a su hijo Jonatán y a sus oficiales su intención de matar a David. Pero Jonatán, hijo de Saúl, que quería mucho a David, 2 fue a avisarle: “Mi padre Saúl quiere matarte. Mañana por la mañana debes tener cuidado, escóndete en algún lugar secreto y permanece allí oculto. 3 Yo saldré, estaré junto a mi padre en el campo donde tú estés escondido y le hablaré de ti. Si hay algo, te lo haré saber”.

4 Jonatán habló bien a su padre en favor de David: “Que el rey no haga mal a su servidor David. Él nunca te ha ofendido, sino, al contrario, lo hecho por él te ha sido de gran ayuda. 5 Arriesgó su vida, mató al filisteo y el Señor dio una gran victoria a Israel. Cuando lo viste, te alegraste. ¿Por qué, entonces, vas a actuar derramando la sangre de un hombre inocente, matando a David sin motivo alguno?”. 6 Saúl le hizo caso a Jonatán y juró: “Por la vida del Señor, no morirá”. 7 Luego Jonatán mandó llamar a David y le contó todo. Llevó a David a donde estaba Saúl y David estuvo a su servicio como antes.

 

 

David esquivó el golpe de Saúl

1 Sm 16,14-16; 18,10-11

 

8 Cuando se reanudó la guerra, David atacó a los filisteos y les causó una gran derrota, haciéndolos huir. 9 Cierto día un espíritu maligno procedente del Señor se apoderó de Saúl. Este se encontraba sentado en su casa con su lanza en la mano y David estaba allí tocando su arpa. 10 Saúl trató de clavar con su lanza a David contra la pared, pero David esquivó el golpe de Saúl y la lanza de Saúl se clavó en la pared. David huyó y logró escapar aquella noche.

 

Mical descolgó a David por la ventana

 

11 Al día siguiente Saúl despachó emisarios a la casa de David para que la vigilaran y mataran a David. Mical, esposa de David, le advirtió: “Si no escapas esta noche, mañana estarás muerto”. 12 Mical lo descolgó por la ventana. David se fue huyendo y logró escapar.13 Luego Mical tomó un ídolo familiar, lo puso sobre la cama; en la cabecera puso una piel de cabra y cubrió todo con un cobertor.

14 Cuando Saúl envió emisarios para apresar a David, Mical les dijo que estaba enfermo. 15 Saúl despachó a los emisarios a que fueran a ver a David con este encargo: “Tráiganmelo en la cama y allí lo mataré”. 16 Entraron los emisarios y vieron que el ídolo familiar estaba en la cama y en la cabecera, una piel de cabra. 17 Saúl dijo entonces a Mical: “¿Por qué me engañaste de este modo y dejaste escapar a mi enemigo?”. Ella respondió: “Me dijo que me mataría si no lo ayudaba a escapar”.

 

Saúl despachó emisarios a que apresaran a David

1 Sm 10,10-12

 

18 David huyó, se puso a salvo, se fue a refugiar con Samuel en Ramá y le contó todo lo que Saúl le había hecho. Entonces él y Samuel se fueron a Nayot. 19 Se le informó a Saúl que David estaba en Nayot de Ramá. 20 Saúl envió emisarios para que apresaran a David. Al ver al grupo de profetas profetizando y a Samuel de pie en medio del grupo, irrumpió el espíritu de Dios sobre los emisarios de Saúl y también estos se pusieron a profetizar. 21 Se le informó a Saúl, quien despachó a otros emisarios y se pusieron también ellos a profetizar. Por tercera vez Saúl envió emisarios y también estos se pusieron a profetizar.

22 Saúl mismo partió también para Ramá y cuando llegó a la gran cisterna que hay en Socó, preguntó: “¿Dónde están Samuel y David? Le contestaron: “En Nayot de Ramá”. 23 Partió para allá, a Nayot de Ramá, y también irrumpió sobre él el espíritu divino y se fue andando y profetizando hasta la entrada de Nayot de Ramá. 24 También él se quitó su ropa, se puso a profetizar frente a Samuel, y estuvo desnudo, tendido en el suelo, todo aquel día y toda la noche. De aquí el dicho: “¿Conque Saúl está también entre los profetas?”.

 

Jonatán hizo un pacto con la familia de David*

1 Sm 18,1-3; 19,1-7; 23,16-18; 2 Sm 9,1-13; 21,7

 

20 1 David huyó de Nayot de Ramá y fue a quejarse a Jonatán: “¿Qué he hecho? ¿Cuál es mi falta? ¿Qué pecado he cometido contra tu padre para que trate de matarme?”.2 Jonatán le respondió: “¡De ninguna manera morirás! Mi padre no hace nada, importante o no, sin notificármelo. ¿Por qué habría de encubrirme este asunto? No puede ser”. 3 Pero David le aseguró con juramento: “Ciertamente tu padre sabe que te caigo bien y pensará: ‘que no se entere de esto Jonatán para que no se entristezca’. Pero te juro, por vida del Señor, y por vida tuya, que estoy a un paso de la muerte”.

4 Jonatán respondió a David: “Haré lo que quieras”. 5 David le replicó: “Mañana es luna nueva y se supone que yo voy a sentarme a comer con el rey. Pero si me permites, iré a ocultarme en el campo hasta la tarde de pasado mañana. 6 Si tu padre nota mi ausencia, le dirás: ‘David me pidió con insistencia que le dejara ir a su pueblo de Belén, porque se celebraba allí el sacrificio anual para todo el clan’. 7 Si dice: ‘Está bien’, estaré a salvo. Pero si se enoja, entonces entenderás que está decidido a hacerme el mal. 8 Debes hacerme este favor y guardar el pacto sagrado que hice contigo. Pero si soy culpable, mátame tú mismo. ¿Para qué llevarme con tu padre?”. 9 Jonatán respondió: “¡Ni lo pienses! Si me doy cuenta claramente de que mi padre está decidido a hacerte el mal, ¿acaso no te lo voy a decir?”. 10 Preguntó entonces David: “¿Quién me hará saber si tu padre te contesta airadamente?”. 11 Jonatán respondió: “Vamos afuera al campo”.

Ambos salieron al campo. 12 Jonatán dijo a David: “Por el Señor, Dios de Israel, te juro que a esa hora, mañana o pasado mañana, averiguaré las intenciones de mi padre para contigo y, si son buenas, te lo haré saber. 13 Si él tiene intenciones de dañarte, que el Señor me castigue si no te lo hago saber y te dejo ir sano y salvo. Que el Señor esté contigo, como lo estuvo con mi padre. 14 Si todavía yo vivo, te portarás conmigo con la bondad propia del Señor. Si yo muero 15, te portarás siempre bondadosamente con mi familia, aun cuando el Señor borre de la faz de la tierra a los enemigos de David, uno por uno”. 16 Así Jonatán hizo un pacto con la familia de David, y este dijo: “Que el Señor pida cuentas a mis descendientes si no guardan esta alianza”. 17 De nuevo Jonatán hizo jurar a David por la amistad que le tenía, porque lo amaba como a sí mismo.

18 Después Jonatán le dijo: “Mañana es luna nueva y se notará tu ausencia, pues tu asiento estará vacío. 19 Al tercer día, descenderás y te irás entonces al lugar en que te habías escondido el día de aquel suceso y te sentarás cerca de la piedra que señala el camino. 20 Yo, por mi parte, voy a lanzar tres flechas para ese lado como si tirara al blanco. 21 Entonces mandaré al criado, diciéndole que vaya a buscar esas flechas. Si le digo: ‘Mira, las flechas están más acá, recógelas’, entonces puedes venir, quiere decir que estás a salvo, no hay peligro, te lo juro por el Señor. 22 Pero si le digo: ‘Las flechas están más allá’, entonces deberás alejarte, porque el Señor te manda que te vayas. 23 Respecto al compromiso que hemos hecho tú y yo, ¡sea testigo el Señor para siempre entre nosotros!”.

24 David se escondió en el campo. Llegó la fiesta de la luna nueva y el rey se sentó a la mesa a comer. 25 El rey se ubicó en su asiento como acostumbraba hacerlo, junto a la pared. Jonatán se colocó enfrente. Abner se sentó junto a Saúl y el sitio de David quedó vacío. 26 Saúl no dijo nada ese día, porque pensó: “Será por casualidad. No estará puro, y no se habrá purificado”.

 27 Al día siguiente de la luna llena, el segundo día, el lugar de David permaneció vacío y Saúl preguntó a Jonatán: “¿Por qué no habrá venido a comer ni hoy ni ayer el hijo de Jesé?”. 28 Jonatán contestó: “Me pidió con insistencia que le dejara ir a Belén. 29 Me dijo: ‘déjame ir, por favor, porque nuestra familia tiene un sacrificio familiar en el pueblo y mi propio hermano me lo ha ordenado. Si eres mi amigo, déjame ir a ver a mis hermanos’. Por esta razón no ha venido a la mesa del rey”.

30 Saúl entonces se llenó de ira contra Jonatán y le dijo: “¡Hijo de una pervertida! Ya sabía que has tomado partido por el hijo de Jesé para vergüenza tuya y de tu desvergonzada madre. 31 No te das cuenta de que mientras el hijo de Jesé viva sobre la tierra, no afianzarás tu reinado. Ahora, manda que me lo traigan rápidamente porque merece la muerte”. 32 Jonatán respondió a su padre Saúl: “¿Por qué merece la muerte? ¿Qué ha hecho? 33 Saúl empuñó la lanza contra Jonatán para matarlo. Entonces Jonatán reconoció que su padre realmente estaba decidido a matar a David. 34 Enseguida, Jonatán se levantó de la mesa muy enojado y ese segundo día de la luna nueva no comió nada. Él estaba triste porque su padre había insultado a David.

35 A la mañana siguiente, Jonatán salió al campo según lo acordado con David. Un muchacho joven lo acompañaba. 36 Dijo al muchacho: “Corre a recoger las flechas que voy a lanzar”. Mientras el muchacho iba corriendo, Jonatán lanzó la flecha más allá de él. 37 Cuando el muchacho llegó donde estaba la flecha lanzada por Jonatán, este le gritó: “La flecha está más allá, ¿no es cierto?”. 38 Le volvió a gritar al muchacho: “Corre rápido, sin parar”. El muchacho recogió la flecha y regresó con su señor, 39 sin sospechar nada; solo Jonatán y David lo sabían.

40 Jonatán dio sus armas al muchacho y le dijo: “Debes llevarlas a la ciudad”. 41 Cuando el muchacho se fue, David salió del lado sur y se postró tres veces con el rostro en tierra; luego se abrazaron ambos, llorando mucho; el llanto de David fue más intenso. 42 Jonatán dijo a David: “Puedes ir tranquilo, porque los dos hemos jurado en nombre del Señor: que él sea testigo entre tú y yo, y entre mi descendencia y la tuya para siempre”.

 

El sacerdote le dio pan consagrado*

1 Sm 18,7; 29,5; Éx 25,30; Lv 24,5-9; Mt 12,3-4

 

21 1 David se levantó y se fue; Jonatán, por su parte, entró en la ciudad.

2 David llegó a Nob donde estaba el sacerdote Ajimélec. Este salió con miedo al encuentro de David y le preguntó “¿Por qué andas solo sin escolta?”. 3 David respondió al sacerdote Ajimélec: “El rey me ha encargado un asunto y me ha recomendado no decir nada de lo que me encargó. En cuanto a los muchachos, los he citado a tal sitio. 4 Ahora, pues, ¿con qué provisiones cuentas? Dame cinco panes si los tienes a la mano o lo que encuentres”.5 El sacerdote le respondió: “No tengo a la mano pan ordinario, solo pan consagrado; puedes disponer de él si tus hombres no han tenido recientemente relaciones sexuales”. 6 David contestó al sacerdote: “Claro que no han tenido relaciones sexuales. Cuando tengo que salir a una expedición, mis hombres se conservan ritualmente puros. ¡Cuánto más ahora que estamos en una misión especial!”.

7 Entonces el sacerdote le dio pan consagrado, porque no había allí sino los panes de la ofrenda, que se habían retirado de la presencia del Señor para ser reemplazados por pan fresco.

8 Se encontraba allí un siervo de Saúl, retenido ante el Señor, de nombre Doeg, edomita, mayoral de los pastores de Saúl. 9 David dijo a Ajimélec: “¿No tienes a tu disposición una lanza o espada? Como la orden del rey era urgente, no tomé conmigo una espada ni otra arma”.10 El sacerdote respondió: “La espada del filisteo Goliat a quien mataste en el valle del Terebinto, está aquí, envuelta en una tela, detrás del efod. Si la quieres, tómala. David dijo: “¡Qué mejor que esta! ¡Dámela!”.

11 David se fue huyendo aquel día de Saúl y llegó a encontrarse con Aquis, rey de Gat. 12 Pero los oficiales de Aquis le dijeron: “¿No es este David, el rey del país? ¿No es este del que cantaban las mujeres mientras bailaban:

‘Saúl mató a sus mil,

David a sus diez mil?’”.

13 David se puso a pensar sobre estas palabras y tuvo mucho miedo de Aquis, rey de Gat. 14 Entonces se hizo el loco ante ellos: actuaba como tonto cuando trataban de aprehenderlo, pintaba garabatos sobre las hojas del portón y dejaba que la baba le corriera por la barba. 15 Aquis decía entonces a sus servidores: “¿No ven que está loco? 16 ¿Acaso me faltan locos para que me traigan a este a hacer locuras? ¿A qué viene a mi palacio?”.

 

Mata a los sacerdotes*

1 Sm 21,2-10

 

22 1 David partió de allí y se refugió en la cueva de Adulán. Cuando sus hermanos y los familiares de su padre se enteraron, bajaron allá para unírsele. 2 También se juntó con David toda clase de gente que tenía problemas, todos los deudores insolventes y todos los descontentos y así David se convirtió en su jefe. Andaban con él cuatrocientos hombres.

3 David partió de allí para Mispá de Moab y dijo al rey de Moab: “Permite que mi padre y mi madre se queden entre ustedes hasta que yo sepa qué hará Dios conmigo”. 4 Los condujo ante el rey de Moab y residieron con él todo el tiempo que David estuvo en el refugio. 5 Pero el profeta Gad advirtió a David: “No te quedes en el refugio. Dirígete al interior de la tierra de Judá”. David partió y se internó en el bosque de Járet.

6 Saúl se enteró de que David y los hombres que lo acompañaban habían sido reconocidos. El rey estaba en Guibeá, sentado bajo el tamarisco que está en lo alto, con su lanza en la mano, rodeado de sus oficiales. 7 Saúl les dijo: “¡Óiganme, benjaminitas! ¿Piensan que el hijo de Jesé les va a dar a todos ustedes campos y viñas? ¿Hará de ustedes jefes de mil o de cien? 8 Porque ustedes conspiran contra mí y nadie me revela nada, mientras mi propio hijo hace una alianza con el hijo de Jesé. Nadie de entre ustedes tiene compasión de mí y me advierte de que mi hijo ha puesto a mi servidor contra mí para tenderme emboscadas, como ahora lo está haciendo”. 9 El edomita Doeg, que estaba al frente de los servidores de Saúl, respondió: “Yo vi al hijo de Jesé cuando fue a Nob donde está Ajimélec, hijo de Ajitob. 10 Este consultó al Señor por David, le proporcionó víveres y le dio la espada del filisteo Goliat”.

11 El rey mandó llamar al sacerdote Ajimélec, hijo de Ajitob, y a toda la familia de su padre, sacerdotes de Nob. Todos se presentaron ante el rey. 12 Saúl dijo: “Escúchame, hijo de Ajitob”. Él respondió: “A tus órdenes, mi Señor”. 13 Saúl le preguntó: “¿Por qué has conspirado contra mí, tú y el hijo de Jesé, dándole pan, espada y consultando a Dios por él, para que se pusiera contra mí y me tendiera emboscadas como lo está haciendo ahora?”. 14 Ajimélec respondió al rey: “¿Quién entre tus oficiales es más fiel que David, yerno del rey, jefe de su guardia personal y honrado en tu familia? 15 ¿Acaso hoy empecé a consultar a Dios por él? ¡De ninguna manera! Que el rey no impute alguna culpa a su servidor y a la familia de mi padre, porque tu servidor no sabía absolutamente nada de esto”. 16 El rey dijo: “Tendrás que morir sin remedio Ajimélec, tú y la familia de tu padre”.

17 Luego el rey dijo a su escolta, los que estaban de pie junto a él: “Traigan a los sacerdotes del Señor y mátenlos. Conspiraron con David, pues sabían que él andaba huyendo y no me lo avisaron”. Pero los oficiales del rey rehusaron alzar la mano para matar a los sacerdotes del Señor. 18 Entonces el rey dijo a Doeg: “Acércate tú y mata a los sacerdotes”. El edomita Doeg se acercó y mató a los sacerdotes. Aquel día dio muerte a ochenta y cinco hombres, que llevaban el efod de lino. 19 En cuanto a Nob, la ciudad de los sacerdotes, la pasó a filo de espada: hombres y mujeres, muchachos y niños de pecho, bueyes, burros y ovejas.

20 Se salvó solo un hijo de Ajimélec, hijo de Ajitub. Se llamaba Abiatar. Huyó tras de David. 21 Abiatar informó a David que Saúl había masacrado a los sacerdotes del Señor. 22 David dijo a Abiatar: “Yo sabía aquel día, cuando el edomita Doeg estaba allí, que él iba a informarle a Saúl. Yo soy el que ha causado la muerte de toda la familia de tu padre. 23 Quédate conmigo. No temas, porque el que atente contra mi vida, atenta contra la tuya. Conmigo estarás seguro”.

 

David consultó al Señor*

1 Sm 20,11-17; 22,20-23

 

23.1 Informaron a David lo siguiente: “Mira, los filisteos están atacando Queilá y están saqueando los sembrados”. 2 David consultó al Señor: “¿Debo ir a batir a esos filisteos?”. El Señor respondió a David: “Debes ir, combatirás a los filisteos y librarás a Queilá”. 3 Los hombres de David le dijeron: “Mira, aquí en Judá andamos con miedo, cuanto más si vamos a Queilá contra los escuadrones filisteos”. 4 David volvió a consultar al Señor. El Señor le contestó: “Marcha, baja a Queilá porque entrego en tu poder a los filisteos”.

5 David partió con sus hombres a Queilá. Combatió a los filisteos, se llevó sus ganados y les infligió una gran matanza. Así liberó David a los habitantes de Queilá. 6 Cuando Abiatar, hijo de Ajimélec, huyó con David a Queilá, se llevó el efod consigo.

7 Se notificó a Saúl que David había entrado a Queilá, y Saúl comentó: “Dios lo ha entregado en mi poder, porque él mismo se ha encerrado al meterse en una ciudad con puertas y cerrojos”. 8 Saúl movilizó a todo el pueblo para bajar a Queilá y sitiar a David y a sus hombres. 9 Cuando David se dio cuenta de que Saúl estaba planeando atacarlo, dijo al sacerdote Abiatar: “Tráeme el efod”. 10 David consultó: “Señor, Dios de Israel, tu servidor se ha dado cuenta de que Saúl piensa venir a Queilá para destruir la ciudad por causa mía. 11 ¿Los notables de Queilá me entregarán en su poder? ¿Bajará Saúl, como ha oído tu servidor? Señor, Dios de Israel, dígnate comunicarlo a tu servidor”. El Señor dijo: “Bajará”. 12 David preguntó: “Los notables de Queilá, ¿me entregarán a mí y a mis hombres?”. El Señor respondió: “Te entregarán”.

13 David se puso en camino con sus hombres; eran cerca de cuatrocientos. Salieron de Queilá y anduvieron errantes de un lado a otro. Al informar a Saúl que David había escapado de Queilá, abandonó la expedición. 14 David permaneció en el desierto, en los refugios; se quedó en la parte montañosa del desierto de Zif. Durante todo este tiempo, Saúl andaba tras de él, pero Dios no lo entregó en su poder.

15 David tuvo miedo porque Saúl había salido en campaña para tratar de matarlo. David se encontraba en el desierto de Zif, en Jorés. 16 Jonatán, hijo de Saúl, se puso en camino. Fue a encontrar a David en Jorés y le dio ánimo en nombre de Dios. 17 Le dijo: “No tengas miedo, el poder de mi padre Saúl no te alcanzará. Tú serás el que va a reinar sobre Israel; yo, por mi parte, seré tu segundo. Hasta mi padre se da cuenta de esto”. 18 Hicieron los dos un pacto ante el Señor. David permaneció en Jorés, mientras que Jonatán se volvía a su casa.

 

Saúl persiguió a David

1 Sm 26,1

 

19 Algunas personas de Zif fueron a Guibeá, donde estaba Saúl, para informarle: “David está escondido entre nosotros en los refugios de Jorés, en la colina de Jaquilá, que está al sur de la estepa. 20 Por lo tanto, majestad, puedes bajar cuando quieras. Nosotros lo entregaremos en poder del rey”. 21 Saúl dijo: “Que el Señor los bendiga a ustedes porque han sido bondadosos conmigo. 22 Vayan, entonces, asegúrense bien, hagan un reconocimiento y vean el lugar por donde anda. ¿Quién lo ha visto allí? Porque se me ha dicho que es muy astuto. 23 Observen y reconozcan todos los escondrijos donde suele ocultarse. Cuando estén seguros, vuelvan a verme y yo partiré con ustedes. Si se encuentra en la región, lo buscaré entre todos los clanes de Judá”.

24 Ellos se pusieron en camino y partieron para Zif, adelantándose a Saúl. David y sus hombres estaban en el desierto de Maón, en la llanura, al sur de la estepa. 25 Saúl partió con sus hombres en su búsqueda, pero avisaron a David, quien entonces bajó a la Roca y se instaló en el desierto de Maón. Saúl se enteró y persiguió a David por el desierto de Maón. 26 Saúl caminaba por un lado de la montaña; David y sus hombres, por la otra. David trataba de alejarse de Saúl, mientras que este con sus hombres querían acorralar a David y a sus hombres para capturarlos. 27 Entonces llegó un mensajero que le anunció a Saúl: “Regresa inmediatamente, porque los filisteos han atacado el país”. 28 Saúl dejó, pues, de perseguir a David y se marchó al encuentro de los filisteos. Esta es la razón por la que este lugar se llama la Roca de las separaciones.

 

Yo no levantaré la mano contra ti*

1 Sm 26; 2 Sm 1,14

 

24 1 David subió de allí y se instaló en los peñascos de Engadi. 2 Cuando Saúl volvió de perseguir a los filisteos, le avisaron: “David se encuentra actualmente en el desierto de Engadi”. 3 Entonces Saúl tomó tres mil hombres escogidos de todo Israel y se fue en busca de David y sus hombres hacia los peñascos de las cabras monteses. 4 Llegó a los rediles de ovejas que están junto al camino. Allí hay una cueva donde Saúl entró para hacer sus necesidades. David y sus hombres estaban sentados en el fondo de la cueva. 5 Los hombres de David le dijeron: “¡Es tu oportunidad! El Señor te ha dicho: ‘Mira, voy a entregar en tu poder a tu enemigo y tú harás con él como te parezca’”. David se levantó y sin hacer ruido cortó el borde del manto de Saúl. 6 Después le entraron remordimientos por haber cortado el borde del manto de Saúl 7 y dijo a sus hombres: “Líbreme el Señor de hacerle un mal a mi señor, porque él es el ungido del Señor”. 8 Con estas palabras detuvo David a sus hombres y no los dejó lanzarse sobre Saúl. Este se levantó para dejar la cueva y prosiguió su camino.

9 Enseguida se levantó David, salió de la cueva y se puso a gritar detrás de Saúl: “Majestad”. Saúl se dio vuelta, David se postró rostro en tierra. 10 Entonces le dijo a Saúl: “¿Por qué haces caso de gente que te dice: ‘David anda buscando matarte?’. 11 Hoy mismo has podido ver con tus ojos que el Señor te había entregado en mi poder en la cueva. Me aconsejaban que te matara, pero he tenido piedad de ti y me he dicho: ‘No levantaré la mano contra mi señor, porque es el ungido del Señor’. 12 Mira, padre mío, mira en mi mano el borde de tu manto. Pude haberte matado, pero en lugar de esto solo corté este borde. Esto te debe convencer de que no hay malicia en mí, ni intentos de rebeldía ni he pecado contra ti. Al contrario, tú eres el que me anda acechando para quitarme la vida. 13 ¡Que el Señor juzgue entre tú y yo! ¡Que el Señor me vengue de ti! Yo, por mi parte, no levantaré la mano contra ti. 14 Como dice el viejo proverbio: ‘De los malos sale la maldad’; pero yo no levantaré la mano contra ti. 15 ¿Contra quién ha salido en campaña el rey de Israel? ¿A quién andas persiguiendo? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga? 16. Que el Señor juzgue y pronuncie su sentencia entre nosotros. Que él examine mi causa, me defienda y me haga justicia librándome de tu mano”.

17 Cuando David hubo terminado de dirigir estas palabras a Saúl, este dijo: “¿Es esa tu voz, hijo mío, David?”. Saúl alzó la voz y lloró. 18 Dijo a David: “Tú eres más justo que yo, porque tú me has hecho el bien, mientras que yo, el mal. 19 En cuanto a ti, hoy has mostrado la bondad con que has actuado conmigo, dado que el Señor me había entregado en tus manos y, con todo, no me has matado. 20 ¿Cuándo sucede que un hombre encuentra a su enemigo y le deja seguir tranquilamente su viaje? Que el Señor te pague en bienes por lo que has hecho hoy por mí. 21 Ahora, yo sé muy bien que tú serás rey de Israel y que ciertamente reinarás y tendrás en tus manos el reino de Israel. 22 Júrame por el Señor que no suprimirás mi posteridad y que no borrarás mi nombre de la familia de mi padre”.

23 David lo juró a Saúl. Saúl se fue a su casa, mientras que David y sus hombres subieron a su refugio.

 

¡Bendita sea tu sensatez!*

1 Sm 18,20-21.27; 28,3; 2 Sm 3,13-14

 

25 1 Samuel murió y todo Israel se reunió, lo lloró y lo sepultaron en su casa, en Ramá.

David se puso en camino y se fue al desierto de Parán.

2 Había en Maón un hombre que tenía su hacienda en el Carmelo. Este hombre era muy rico. Tenía tres mil ovejas y mil cabras. Por entonces se encontraba en el Carmelo, esquilando a sus ovejas. 3 El hombre se llamaba Nabal; su mujer, Abigaíl. La mujer era sensata y muy linda, pero el esposo era rudo y de malos modales. Era de la descendencia de Caleb.

4 Al enterarse David en el desierto de que Nabal estaba esquilando a sus ovejas, 5 envió a diez muchachos con el siguiente encargo: “Suban al Carmelo. Vayan donde está Nabal a saludarlo de mi parte; 6 díganle: ‘¡Salud! Que estés bien, que esté bien tu familia y seguras tus posesiones. 7 He sabido que estás esquilando. Tus pastores han andado en compañía de nosotros, no los hemos molestado. Durante su estadía en el Carmelo, nada les ha faltado de sus pertenencias. 8 Pregunta a los muchachos y te lo dirán. Ojalá recibas bien a mis muchachos, ya que hemos llegado en un día de fiesta. Te ruego entregues a tus siervos y a tu hijo David lo que tengas a mano”.

9 Los muchachos de David comunicaron ese mensaje a Nabal en nombre de David, luego se quedaron esperando. 10 Nabal respondió a los servidores de David: “¿Quién es David? ¿Quién es el hijo de Jesé? Abundan hoy en día los que huyen de sus amos. 11 ¿Voy yo a tomar de mi pan, agua y la carne que he sacrificado para mis esquiladores para darlo a gente desconocida?”.

12 Los muchachos de David, dieron vuelta, regresaron por su camino, llegaron y comunicaron a David exactamente lo que había dicho Nabal. 13 David dijo entonces a sus hombres: “¡Cíñase cada uno su espada!”. Cada uno se ciñó su espada. También David se la ciñó. Alrededor de cuatrocientos hombres subieron con David, quedándose doscientos al cuidado de sus pertenencias.

14 Uno de los servidores de Nabal avisó a Abigaíl, la esposa de Nabal: “David ha enviado del desierto mensajeros para felicitar a nuestro amo y este los ha ofendido. 15 Sin embargo, estos hombres se han portado muy bien con nosotros. No hemos sido molestados y no se nos ha perdido nada en el tiempo en que hemos andado apacentando al ganado entre ellos. 16 Han sido para nosotros una defensa, noche y día, durante todo el tiempo en que hemos estado apacentando a las ovejas. 17 Por favor, mira qué puedes hacer, porque ya está decidida la ruina de nuestro amo y la de toda su familia. En cuanto al amo, tiene tan mal carácter que no se le puede hablar”.

18 Abigaíl inmediatamente tomó doscientas piezas de pan, dos odres de vino, cinco carneros ya preparados, cinco bolsas de grano tostado, cien racimos de pasas y doscientos pastelitos de higos, y los mandó cargar en burros. 19 Ella ordenó a sus servidores: “Vayan adelante, que yo los sigo”. Pero no dijo nada a su esposo Nabal.

20 Mientras ella, sentada en su burro, iba bajando por un recodo de la montaña, David y sus hombres bajaban en la misma dirección, de manera que ella se encontró con ellos. 21 David, por su parte, había comentado: “En vano protegí todo lo que ese tal tenía en el desierto y nada le ha desaparecido de lo que le pertenecía. Me ha pagado mal por bien. Que Dios me castigue si de aquí a mañana dejo con vida un solo varón de ellos”.

23 Cuando Abigaíl vio a David, se apeó rápidamente del burro, se postró con el rostro en tierra ante David 24 y echándose a sus pies, le dijo: “¡Por favor, señor, escúchame! ¡Yo soy la única culpable, señor! Que tu servidora te pueda hablar, escucha las palabras de tu servidora. 25 No tomes en cuenta a ese bruto de Nabal, pues realmente hace honor a lo que dice su nombre; así es, necio es su nombre y realmente la necedad lo acompaña. Pero yo, tu servidora, no había visto a los muchachos que habías enviado. 26 Ahora, señor mío, por vida del Señor y por tu propia vida, es el Señor el que te ha impedido derramar sangre y triunfar por tu propia mano. Pero, ahora, que a tus enemigos y a los que tratan de hacerte el mal, les suceda como a Nabal. 27 Te ruego, por favor, que este regalo que te traigo lo des a los hombres que te acompañan. 28 Perdóname, por favor, el mal que tu servidora haya hecho, porque el Señor seguramente te constituirá una dinastía estable, porque tú, mi señor, estás combatiendo las batallas del Señor y no harás nada malo mientras vivas. 29 Si alguno trata de perseguirte y atentar contra tu vida, la vida de mi señor está bien resguardada en la bolsa de los vivientes cerca del Señor, tu Dios. En cuanto a tus enemigos, los lanzará fuera como el que lanza piedras con una honda. 30 Y cuando el Señor te haya dado todas las buenas cosas que te ha prometido y te haya establecido como jefe de Israel, 31 entonces no tendrás por qué sentir vergüenza o remordimiento, señor, por haber derramado sangre sin razón o por haberte vengado por tu cuenta. Y cuando Dios te haya bendecido, señor, por favor, no me olvides”.

32 David respondió a Abigaíl: “¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que te ha enviado hoy a mi encuentro! 33 ¡Bendita sea tu sensatez y bendita seas tú que me has detenido este día de llegar hasta al asesinato y de tomar venganza por mi cuenta! 34 ¡Por la vida del Señor, Dios de Israel, que me ha impedido dañarte! Si no hubieras llegado inmediatamente a mi encuentro, antes del amanecer no le habría quedado a Nabal ni un solo hombre”. 35 David aceptó lo que ella le traía y le dijo: “Regresa tranquila a tu casa. Ya ves que te he escuchado y aceptado tu petición”.

36 Cuando Abigaíl llegó a donde estaba Nabal, este se encontraba celebrando en su casa un banquete regio. Estaba muy alegre y completamente borracho; ella no le contó absolutamente nada hasta el amanecer. 37 Por la mañana, cuando se le había quitado a Nabal la borrachera, su mujer le contó lo acaecido. Sufrió un ataque al corazón y quedó paralizado. 38 Unos diez días después, el Señor hirió a Nabal y murió.

39 Cuando David supo que Nabal había muerto, exclamó: “¡Bendito sea el Señor que ha defendido mi causa de la afrenta que Nabal me había hecho! Ha guardado a su servidor del mal. ¡El Señor ha hecho recaer la malicia de Nabal sobre su propia cabeza!”.

Después David envió mensajeros a que pidieran a Abigaíl ser su esposa. 40 Los enviados de David fueron al Carmelo a ver a Abigaíl. Le dijeron: “David nos ha mandado a ti para pedirte que seas su esposa”. 41 Ella se levantó y se postró rostro en tierra y dijo: “Tu servidora es una esclava, dispuesta a lavar los pies de los siervos de mi señor”. 42 Se levantó rápido y montó en su burro. Acompañada por sus cinco sirvientas que la seguían, se fue con los servidores de David y se casó con él.

43 David se había casado con Ajinoán de Jezrael. Ambas fueron sus esposas. 44 Saúl había dado a su hija Mical, que era esposa de David, a Paltí, hijo de Lais, originario de Galín.

 

David, hijo mío, ya no te haré ningún mal*

1 Sm 24; 23,19; 2 Sm 1,14

 

26 1 Los de Zif vinieron a Guibeá a avisar a Saúl: “David se esconde en el cerro de Jaquilá, frente al desierto”. 2 Saúl se puso en camino. Bajó al desierto de Zif, con tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a David en el desierto de Zif. 3 Saúl acampó en el cerro de Jaquilá, que está enfrente del desierto, al borde del camino. David habitaba en el desierto. Cuando David se dio cuenta de que Saúl había venido a perseguirlo al desierto, 4 despachó unos espías y comprobó que realmente Saúl se encontraba allí.

5 Entonces David se puso en marcha, llegó al lugar donde acampaba Saúl y se fijó en el sitio en que estaban acostados Saúl y Abner, hijo de Ner, jefe de su ejército. Saúl estaba acostado en el centro del campamento y la tropa acampaba alrededor de él. 6 David tomó la palabra y dijo al hitita Ajimélec y a Abisay, hijo de Seruyá, hermano de Joab: “¿Quién quiere bajar conmigo al campo de Saúl?”. Respondió Abisay: “Yo bajaré contigo”.

7 David y Abisay llegaron de noche cerca de la tropa. Saúl estaba acostado, dormido en el centro del campamento. Su lanza estaba clavada en la tierra, junto a su cabecera. Abner y la tropa dormían alrededor de él.8 Abisay dijo a David: “Hoy Dios ha entregado en tu poder a tu enemigo. Permíteme clavarlo en el suelo con mi lanza de un solo golpe. No necesitaré darle otro”. 9 Pero David le dijo: “No lo vayas a matar, porque ¿quién puede levantar la mano contra el ungido del Señor y quedar impune?”. 10 Y añadió: “Por vida del Señor, él será el que lo mate; o le llegará su día y morirá o bajará al combate y perecerá. 11 Líbreme el Señor de alzar la mano contra el ungido del Señor. Ahora, toma la lanza que está en su cabecera y el jarro de agua y vámonos”. 12 David tomó la lanza y el jarro de agua de la cabecera de Saúl y se fueron. Nadie vio, ni supo ni se despertó. Todos estaban dormidos; un sopor enviado por el Señor había caído sobre ellos.

13 David pasó al otro lado. Se puso de pie en la cumbre del cerro, a buena distancia. Había entre ellos un espacio considerable 14 y se puso a gritar en dirección de la tropa y de Abner, hijo de Ner: “Abner, ¿no me respondes?” Abner respondió: “¿Quién eres tú que te atreves a gritar al rey?”.15 David le dijo: “¿Acaso no eres todo un hombre y no es cierto que nadie se compara contigo en Israel? ¿Por qué no has cuidado a tu señor, el rey? Precisamente ahora una persona de la tropa ha ido a matar a tu señor, el rey. 16 ¡No está bien lo que has hecho! ¡Por la vida del Señor que ustedes merecen la muerte, porque no han cuidado a su señor, el ungido del Señor! Fíjate bien dónde están la lanza del rey y el jarro de agua que estaba en su cabecera.

17 Saúl reconoció la voz de David y dijo: “¿No es esa tu voz, hijo mío, David?”. David respondió: “Es mi voz, majestad”. 18 Y prosiguió: “¿Por qué mi señor persigue a su servidor? ¿Qué he hecho? ¿Qué mal hay en mis manos? 19 ¡Que su majestad se digne escuchar las palabras de su servidor! Si el Señor es el que te incita contra mí, una ofrenda a él cambiará su parecer. Pero si son los hombres, sean malditos ante el Señor, porque me han echado fuera de la herencia del Señor, diciéndome: ‘Debes ir a rendir culto a otros dioses’. 20 Que mi sangre no caiga en tierra, lejos del rostro del Señor, pues el rey de Israel se ha puesto en campaña para buscar a una simple pulga como se persigue a la perdiz en los cerros”.

21 Saúl respondió: “He actuado mal. Regresa, David, hijo mío, ya no te haré ningún mal, porque esta noche me has respetado la vida. Me he comportado como un loco. Me he equivocado completamente”. 22 David respondió: “Aquí está tu lanza, majestad. Que cruce uno de los muchachos y la recoja. 23 El Señor dará a cada uno según su justicia y fidelidad, porque hoy el Señor te había entregado en mis manos y no he querido alzar la mano contra el ungido del Señor. 24 Como hoy he respetado tu vida, así el Señor me haga lo mismo y me libre de todas las adversidades”.25 Saúl dijo a David: “¡Bendito seas, David, hijo mío! Tendrás éxito en todo lo que emprendas”.

David prosiguió su camino, mientras que Saúl volvió a su casa.

 

David vivió en territorio filisteo*

1 Sam 21,11-16; 25,42-43

 

27 1 David se puso a pensar: “Un día cualquiera Saúl me matará. No me queda otro remedio que escaparme al país de los filisteos. Entonces Saúl dejará de buscarme por todo el territorio de Israel y así me escaparé de su poder”. 2 David y sus seiscientos hombres se pasaron al lado de Aquis, hijo de Maón, rey de Gat. 3 David se instaló con sus hombres allí en Gat con Aquis, cada uno con su familia; David con sus dos mujeres: Ajinoán de Jezrael y Abigaíl, mujer de Nabal, el del Carmelo. 4 Se le informó a Saúl que David había huido a Gat y este dejó ya de buscarlo.

5 David dijo a Aquis: “Si me estimas, que se me designe un lugar en una de las aldeas del campo, para que habite allí, porque no hay razón para vivir contigo en la ciudad real. 6 Aquel mismo día, Aquis le asignó Sicelag. Por esto Sicelag desde entonces ha pertenecido a los reyes de Judá. 7 David vivió en territorio filisteo por dieciséis meses.

8 Durante este tiempo, David y sus hombres subían y saqueaban a los guesuritas, guerzitas y amalecitas, ya que estos habitaban en la región de Telán, en dirección al pueblo de Sur, hasta Egipto. 9 David castigaba la región, no dejaba con vida ni hombre ni mujer, y se apoderaba de ovejas, bueyes, asnos y camellos, y aun de ropa. Luego regresaba a donde estaba Aquis. 10 Cuando este le preguntaba: “¿Dónde han saqueado esta vez?”. David le respondía: “En el Négueb de Judá”; o bien: “en el Négueb de Yerajmeel”; o bien: “en el Négueb de los quenitas”. 11 David no dejaba con vida ni hombre ni mujer para no tener que llevar a nadie a Gat, porque pensaba: “No vayan a contar de nosotros y digan: ‘Así hizo David’”. Así fue la manera de actuar de David mientras vivió en territorio filisteo.

12 Aquis confiaba en David, pensando: “En verdad David se ha hecho odioso a su pueblo Israel y será mi vasallo para siempre”.

 

Haz que se me aparezca Samuel*

1 Sm 13,13-14; 15,23-29; 25,1; Eclo 46,20

 

28 1 Por aquellos días los filisteos reunieron sus tropas para entrar en campaña y combatir a Israel. Aquis dijo a David: “Te comunico que tú y tus hombres deberán salir conmigo en campaña”. 2 “Desde luego –respondió David– te darás cuenta de lo que tu servidor es capaz de hacer”. Aquis le dijo: “Bien, te nombraré mi guardia personal permanente”.

3 Samuel había muerto. Todo Israel había hecho duelo por él y lo habían enterrado en su ciudad de Ramá. Saúl, por su parte, había expulsado del país a los nigromantes y adivinos.

4 Los filisteos se reunieron y se fueron a acampar a Sunán; Saúl reunió a todo Israel y acamparon en Gelboé. 5 Al ver Saúl el campamento de los filisteos, tuvo miedo y se asustó mucho. 6 Saúl consultó al Señor, pero el Señor no le respondió, ni por sueños ni por las suertes sagradas ni por los profetas. 7 Entonces Saúl ordenó a sus oficiales: “Búsquenme a una nigromante para ir a consultarla”. “Mira, hay una nigromante en Endor”, le contestaron sus oficiales.

8 Saúl se disfrazó y se vistió con otra ropa. Se fue de noche con dos acompañantes y llegaron a donde estaba la mujer. Saúl le dijo: “Consulta a los espíritus por mí, te lo ruego. Adivíname el porvenir invocando a los muertos y que se me aparezca el que yo te diga”. 9 La mujer le respondió: “Tú sabes bien lo que ha hecho Saúl: ha expulsado del país a los nigromantes y adivinos, ¿por qué, entonces, estás poniendo una trampa a mi vida para que me maten?”. 10 Saúl le juró por el Señor: “¡Por vida del Señor, tú no correrás ningún riesgo en este asunto!”. 11 La mujer le preguntó: “¿A quién quieres que te haga aparecer?”. Contestó Saúl: “Que se me aparezca Samuel”.

12 Cuando la mujer vio a Samuel, lanzó un fuerte grito y le dijo a Saúl: “¿Por qué me has engañado? ¡Tú eres Saúl!”. 13 Pero el rey le dijo: “No tengas miedo. ¿Qué estás viendo?”. Ella le contestó: “Estoy viendo un espíritu que está subiendo de la tierra”. 14 Saúl le preguntó: “¿Qué aspecto tiene?”. Ella dijo: “Es un anciano que sube envuelto en un manto”. Saúl se dio cuenta de que era Samuel, se inclinó con el rostro en tierra y se postró.

15 Samuel dijo a Saúl: “¿Por qué me has perturbado? ¿Por qué me hiciste volver?”. Saúl le respondió: “Tengo una gran angustia: los filisteos me están haciendo la guerra, Dios me ha abandonado y no me quiere responder más, ni por medio de los profetas ni por sueños. Por esto te he llamado para que me digas qué debo hacer”. 16 Samuel dijo: “¿Por qué me llamas si el Señor te ha abandonado y se ha convertido en tu enemigo? 17 El Señor ha ejecutado lo que te había anunciado por mi medio: ha quitado el reino de tu mano y lo ha entregado a otro, a David. 18 Por no haber obedecido la voz del Señor y no haber ejecutado su castigo contra Amalec, por eso el Señor te ha hecho hoy esto. 19 Y, además, el Señor entregará a Israel, junto contigo, en poder de los filisteos. Mañana tú y tus hijos estarán conmigo y el Señor entregará también al ejército de Israel en poder de los filisteos”.

20 Saúl se desplomó inmediatamente en tierra, quedando tendido cuan largo era, aterrorizado por lo que Samuel le había dicho. Además, no tenía fuerza porque no había comido nada en todo aquel día y aquella noche. 21 La mujer fue hacia Saúl y viendo que estaba tan confundido, le dijo: “Tu servidora te ha obedecido y ha arriesgado su vida por darles crédito a las palabras que me dijiste. 22 Ahora te suplico que me hagas caso; te voy a traer un bocado de pan para que comas y así tengas fuerza para ponerte en camino”. 23 Saúl rehusó y le dijo: “No quiero comer”. Pero sus oficiales y la mujer le insistieron y les hizo caso. Se levantó del suelo y se sentó en la cama. 24 La mujer tenía en la casa un ternero gordo, se apresuró a matarlo, tomó harina refinada, la amasó e hizo unos panes sin levadura. 25 Se los sirvió a Saúl y a sus servidores, quienes comieron y aquella misma noche se fueron.

 

No lo dejes ir a la guerra con nosotros*

1 Sm 18,7; 21,12; 2 Sm 14,17.20; 19,28

 

29 1 Los filisteos reunieron sus tropas en Afec, mientras que Israel acampaba en la fuente que está cerca de Jezrael. 2 Los jefes de los filisteos desfilaban con unidades de quinientos y de mil. Por su parte, David y sus hombres iban en la retaguardia con el rey Aquis. 3 Los jefes de los filisteos preguntaron: “¿Qué están haciendo esos hebreos aquí?”. Aquis respondió: “Este es David, un oficial de Saúl, rey de Israel. Él lleva conmigo días, más aún, años, y en todo este tiempo no he encontrado nada reprobable en su proceder, desde el día que cayó entre nosotros hasta hoy”.

4 Pero los jefes de los filisteos se enojaron con Aquis y le dijeron: “Manda de regreso a ese hombre a la aldea que le asignaste. No lo dejes ir a la guerra con nosotros, porque puede volverse contra nosotros durante la batalla. 5 ¿Qué medios empleará para reconciliarse con su señor? ¿No será presentando las cabezas de nuestros hombres?¿No es acaso este David, del que cantaban las muchachas:

‘Saúl mato a sus mil

David a sus diez mil?’”.

6 Aquis mandó llamar a David y le dijo: “Por vida del Señor, tú has sido leal conmigo; me gustaría mucho que me acompañaras y combatieras en esta guerra; no he encontrado en ti ninguna falta desde el día en que viniste a mí hasta hoy; con todo, no eres bien visto por los jefes filisteos. 7 Regresa en paz y no hagas nada que pueda ser malinterpretado por los jefes filisteos”.

8 David respondió: “Pero, ¿qué he hecho? ¿Qué has encontrado en tu servidor desde el día en que empecé a servirte? ¿Por qué no puedo ir contigo y pelear contra los enemigos de mi señor, el rey?”. 9 Aquis le respondió: “Reconozco que has sido leal conmigo, como un ángel de Dios, pero los otros reyes han dicho que tú no puedes venir con nosotros a la batalla. 10 Por consiguiente, tú y los servidores de tu señor, que han venido contigo, se levantarán temprano e irán al lugar que les he asignado. No le des vuelta pensando malamente, puesto que cuentas con mi confianza. Váyanse tan pronto como amanezca”.

11 Así pues, David y sus hombres se levantaron temprano para regresar al país filisteo, mientras que los filisteos subieron a Jezrael.

 

David recuperó todo lo que se habían llevado*

1 Sm 23,9-13; 25,40-43; 27,3; 2 Sm 2,2; Nm 31,27

 

30 1 Al tercer día, cuando David y sus hombres llegaron a Sicelag, los amalecitas ya habían realizado una incursión en el Négueb y en Sicelag. Habían saqueado Sicelag y la habían incendiado. 2 Sin matar a nadie, habían capturado a las mujeres que allí se encontraban, a chicos y grandes; se los habían llevado cautivos y después habían retomado su camino. 3 David y sus hombres llegaron al pueblo y vieron que había sido incendiado y que sus mujeres, sus hijos y sus hijas habían sido hechos prisioneros. 4 David y su gente se pusieron a llorar a gritos hasta que se les acabaron las fuerzas. 5 También las dos esposas de David, Ajinoán de Jezrael y Abigaíl, la esposa de Nabal, el del Carmelo, habían caído prisioneras.

6 David se vio en grandes apuros, porque todos llenos de amargura por sus hijos e hijas, hablaban de apedrearlo. Pero David, confortado por el Señor, su Dios, 7 ordenó al sacerdote Abiatar, hijo de Ajimélec: “Acércame el efod”. Abiatar se lo acercó. 8 y David consultó al Señor: “¿Si persigo a esa banda, llegaré a capturarla?”. El Señor le respondió: “Persíguelos. Los alcanzarás y liberarás a los tuyos”. 9 David partió con seiscientos de sus compañeros y llegaron al arroyo Besor; algunos se quedaron rezagados. 10 David continuó la persecución con cuatrocientos hombres, porque doscientos estaban demasiado cansados para cruzar el arroyo Besor y se quedaron.

11 Encontraron a un egipcio en el campo y se lo llevaron a David. Le dieron alimento para comer, agua para beber, 12 un pastelito de higos y dos racimos de pasas, y después de haber comido, el hombre recobró sus fuerzas. En efecto, no había tomado pan ni bebido agua desde hacía tres días y tres noches. 13 David le preguntó: “¿A quién perteneces? ¿De dónde eres?”. Él respondió: “Soy un joven egipcio, esclavo de un amalecita. Mi amo me ha abandonado porque yo estaba enfermo hace ya unos tres días. 14 Nosotros somos los que hemos realizado la incursión contra el Négueb de los quereteos, contra el de Judá y contra el Négueb de Caleb; y hemos incendiado Sicelag”. 15 Le dijo David: “¿Me conducirías tú hacia esa banda?”. Él respondió: “Si me juras por Dios que no me vas a matar, ni me vas a entregar en poder de mi amo, te conduciré hacia esa banda”.

16 Él lo condujo. Allí estaban desparramados por toda la extensión de la región, comiendo, bebiendo, festejando con todo el gran botín que habían tomado en el país filisteo y en el de Judá. 17 David los atacó desde el alba hasta el día siguiente. Nadie se salvó, fuera de cuatrocientos jóvenes que lograron montar en los camellos y escaparse. 18 David recobró todo lo que los amalecitas habían robado y liberó a sus dos mujeres. 19 Nada faltó, ni chico ni grande, hijos o hijas, ni nada del botín: David recuperó todo lo que se habían llevado. 20 David tomó todas las ovejas y vacas, el ganado pequeño y grande. Los que iban por delante arreando al ganado, gritaban: “¡Este es el botín de David!”.

21 Cuando David llegó a donde estaban los hombres que, demasiado cansados para seguirlo, se habían quedado en el arroyo Besor, estos salieron a su encuentro. David se acercó a ellos y los saludó. 22 Entonces, entre los hombres que habían acompañado a David, algunos malvados y mezquinos se pusieron a decir: “Puesto que no nos han acompañado, no les daremos nada del botín que hemos recuperado, a excepción de su mujer y los hijos de cada uno”. 23 Pero David dijo: “No actúen así, hermanos míos, con lo que el Señor nos ha dado, ya que él nos ha protegido y ha entregado en nuestro poder la banda que nos había atacado. 24 ¿Quién estará de acuerdo con la propuesta de ustedes? Partes iguales les tocarán tanto al que baja al combate como al que se queda guardando el bagaje”. 25 A partir de ese día quedó establecida esta ley y costumbre en Israel hasta hoy.

26 Cuando David llegó a Sicelag, envió parte del botín a los ancianos de Judá, sus compatriotas, con este menaje: “Aquí tienen como presente una parte del botín capturado a los enemigos del Señor”. 27 Envió también a los de Betul, Ramá del Négueb, Yatir, 28 Aroer, Sifmot, Estemoa, 29 Racal, a las ciudades de Yerajmeel, a las ciudades de los quenitas, 30 a los de Jormá, Borasán, Atac, 31 Hebrón y a todos los lugares por donde habían estado David y sus hombres.

 

Saúl y sus hijos habían muerto*

2 Sm 1,1-16; 1 Cr 10,1-14

 

31 1 Los filisteos combatían contra Israel. Los hombres de Israel huyeron delante de los filisteos. Las víctimas yacían sobre el monte Gelboé. 2 Los filisteos presionaban a Saúl y sus hijos y mataron a Jonatán, a Aminadab y a Malquisúa, hijos de Saúl. 3 El peso del combate cayó entonces sobre Saúl. Los arqueros lo descubrieron y él tembló de miedo a la vista de los arqueros. 4 Saúl dijo a su escudero: “Desenvaina tu espada y traspásame, no sea que lleguen esos incircuncisos, me traspasen y se burlen de mí”.

Pero su escudero no quiso, porque tenía mucho miedo. Saúl tomó su espada y se echó sobre ella. 5 Su escudero vio que Saúl estaba muerto y se echó también sobre su espada y murió con él. 6 Así murieron juntos, el mismo día, Saúl, sus tres hijos, su escudero y toda su gente.

7 Cuando los israelitas que estaban en el valle y en la otra parte del Jordán vieron la fuga de los otros israelitas, y que Saúl y sus hijos habían muerto, abandonaron las ciudades y huyeron. Los filisteos llegaron y las habitaron.

8 Al día siguiente, los filisteos fueron a despojar a las víctimas. Encontraron a Saúl y a sus hijos tendidos en el monte Gelboé. 9 Degollaron a Saúl y lo despojaron de sus armas. Luego hicieron propagar la noticia por el país de los filisteos, en los templos y entre el pueblo. 10 Colocaron las armas de Saúl en el templo de Astarté y colgaron el cadáver en la muralla de Betsán.

11 Cuando los vecinos de Yabés de Galaad se enteraron de lo que habían hecho los filisteos con Saúl, 12 los más valientes se pusieron en marcha, caminaron toda la noche y quitaron de la muralla de Betsán los cuerpos de Saúl y de sus hijos. Llegados a Yabés, los quemaron allí. 13 Recogieron sus huesos, los sepultaron bajo el tamarisco de Yabés y guardaron un ayuno de siete días.

 

* ­ 1,1-7,17. Esta primera parte se concentra en la figura de Samuel: su nacimiento, consagración, vocación y actividad como juez de Israel. Junto a él aparece la persona de Elí y sus hijos. Luego es fundamental el tema del arca de la Alianza, conservada en Siló, robada por los filisteos, a quienes les causó estragos, y después devuelta a los israelitas.

*1,1-4,1a. La primera sección está constituida por los tres primeros capítulos que forman una unidad culminando en el capítulo tres, donde se tiene la vocación de Samuel como profeta y sucesor de Elí. Los dos primeros capítulos son una preparación a ello.

* 1,1-28. En la escena del nacimiento de Samuel, que es consagrado a Dios, un personaje importante es Ana. Su problema es la esterilidad (nota a Gn 11,30). En ese tiempo los hijos daban fama en la comunidad y ofrecían la seguridad para los años de la vejez. La primera reacción de Ana es el inmovilismo al entregarse a la tristeza y al llanto. Su solución empieza cuando deja de lado estas quejas y se pone en el camino de Dios. Esta medida le traerá la alegría de vivir, reflejada en el cambio del rostro. Dios solucionará su problema de una manera que ella no se había imaginado. Que ella, en su esterilidad, engendre a un hijo, es señal del don divino que hace surgir la vida donde parecería imposible. Dios escucha la oración de Ana que consagra a su hijo Samuel al servicio del santuario.

* 2,1-36. Se comienza con el canto de Ana (2,1-10), que es un bello poema de alegría y alabanza al Dios santo, poderoso, sabio, fiel y justo, que trastorna los esquemas humanos en favor de los débiles e indigentes. Esta plegaria poética sirvió de base al canto de alabanza de la virgen María (Lc 1,46-55). Luego el texto se concentra en los hijos de Elí y en Samuel (1 Sm 2,11-36). Son contrafiguras. Se pinta un cuadro en blanco y negro. Aparece la corrupción como medio de vida de los hijos de Elí, a la que responde la entrega de Samuel al servicio del Señor. Un hombre de Dios interviene proféticamente con un oráculo de juicio; pero en medio de la condena hay una esperanza de un sacerdote fiel, que se aplicará después a Sadoc (2 Sm 8,17).

* 3,1-4,1a: El relato de la vocación de Samuel, joven destinado a una gran misión, está enmarcado en dos diálogos entre él y Elí. Junto a la visión hay palabras. Se subraya la disponibilidad del elegido y la necesidad de discernir la voz de Dios; lo mismo que la revelación otorgada a Samuel profeta. La palabra de Dios que va a comunicar Samuel es de juicio y condena a Elí y su familia, no obstante que el sacerdote Elí había propiciado su crecimiento al servicio de Dios. El relato concluye con un contraste entre el inicio y el final con relación a la palabra y la visión, antes escasas, ahora frecuentes.

*4,1b-7,17. Esta segunda sección tiene dos partes: a)- 4,1b-7,1 deja a un lado la persona de Samuel y se centra en el tema del arca de la Alianza (abordado luego en 2 Sm 6,1-23 y 1 Re 8,1-13). Desde el principio el autor critica sutilmente la falsa confianza puesta en el Arca, un simple objeto religioso, y no en el Señor, de donde viene la salvación (4,3); b)- 7,2-17 vuelve a la persona de Samuel y presenta su actividad como profeta que llama a la conversión e intercede por los suyos, y como juez que gobierna sobre Israel.

* 4,1b-22. El “personaje” importante es el arca de la Alianza, una caja pequeña de madera donde estaban las tablas de la alianza pactada en el Sinaí. Representa la presencia poderosa de Dios en medio de su pueblo y simboliza también su trono. 1 Sm 4 está dividido en cuatro parágrafos, con tres apariciones de la palabra Arca en cada uno. El primer parágrafo (4,1b-4) habla de las circunstancias que provocaron la salida del arca de Dios. El segundo (4,5-11), cómo cayó en manos de los filisteos. Los dos últimos (4,12-18 y 4,19-22) narran las consecuencias de la pérdida del Arca para los descendientes de Elí: a su muerte y la de sus hijos sigue el nacimiento del nieto de Elí que, aunque asegura la continuación del sacerdocio y facilita el cumplimiento del oráculo del hombre de Dios de 1 Sm 2,27-36, recibe el nombre de Icabod («¿Dónde está la gloria?»), porque el Arca ha sido capturada.

 

* 5,1-12. Las tres etapas del viaje del Arca, capturada por los filisteos, en sus ciudades de Asdod, Gat y Ecrón, corresponden a tres parágrafos (1 Sm 1-5; 6-9; 10-12), donde se menciona cuatro veces en cada uno el nombre del Arca. Además, en el último parágrafo la palabra muerte aparece cuatro veces, indicando con esto que el Arca ha traído muerte a la tierra de los filisteos. Dagón, divinidad principal filistea, caído de bruces ante el arca del Señor, sugiere la superioridad del Dios de Israel sobre esta divinidad. El paso del Arca por las tres ciudades provocó una epidemia que consistía, según el texto griego, en una enfermedad de las sentaderas y, según el texto hebreo, en tumores. Estos podrían entenderse como hemorroides. Añadiría un motivo de risa entre los lectores originales. Conforme a una tradición, la tierra fue castigada con una multiplicación de ratas (6,5).

* 6,1-7,1. Como el capítulo anterior, también este se divide en tres parágrafos (6,1-9; 6,10-18 y 6,19-7,1) correspondiendo al desplazamiento del Arca en los tres lugares y en cada parágrafo se nombra cuatro veces el Arca. Los filisteos, para librarse del poder del Señor que los castigó, ofrecen una reparación que consiste en cinco tumores y ratas de oro, que ponen a un lado del Arca devuelta a los israelitas. El número cinco alude a las cinco ciudades principales de los filisteos y a sus cinco príncipes (6,4.17; Jos 13,3; Jue 3,3).

 

* 7,2-17. Reaparece Samuel en varias de sus facetas: profeta, intercesor, sacerdote y juez. Como profeta llama a la conversión exigiendo dejar a un lado la idolatría, los Baales y las Aserás, divinidades cananeas, incompatibles con el Dios de Israel. Como intercesor y sacerdote, pide por el pueblo pecador. Dios interviene provocando pánico en los enemigos por medio de fenómenos naturales; es el Señor el que pelea por su pueblo. De aquí se desarrollará una veta judeocristiana que ve en la oración una manera de conseguir algo de Dios, o mejor, de hacerse uno apto para que Dios intervenga. Samuel actúa también como juez o gobernador de su pueblo.

* ­ 8,1-15,35. Esta segunda parte del libro se concentra en el protagonismo de Samuel y Saúl. La primera sección (1 Sm 8-12) es la institución de la monarquía, con el primer rey que es Saúl. La segunda sección (1 Sm 13-15) relata la efímera monarquía de Saúl, quien por su desobediencia, será rechazado por Dios, como se lo comunica Samuel.

*8,1-12,25. Estos cinco capítulos hablan en cinco escenas de la institución del reinado y de su primer rey. De hecho la palabra “rey” aparece constantemente. La primera escena (1 Sm 8) y la quinta (1 Sm 12) se corresponden, dando una valoración negativa de la monarquía. La segunda (9,1-10,16) y la cuarta, (1 Sm 11) en cambio, tienen una actitud entusiasta ante el reinado. La tercera (10,17-27) la tuvo positiva, insinuando que el pueblo es el que eligió el rey, pero después, con la adición de 1 Sam 10,18-19a, se cambió en una actitud negativa. Es interesante que en la Biblia se conserven visiones contrastantes ante la misma realidad conforme al enfoque de cada línea de pensamiento.

* 8,1-22. La monarquía surge por iniciativa del pueblo que pierde su identidad original (Éx 19,5-6) y quiere ser como las demás naciones (Gn 3,5; Ez 20,32-33). Dios ve la institución monárquica como una idolatría, al rechazarlo a él como rey, y como una pérdida de la libertad. Los israelitas querían justicia, pero en el rey encontrarán lo contrario: les quitará sus bienes y perderán su libertad. Ante esta experiencia pedirán auxilio, pero el Señor no les hará caso, ya que ellos fueron los que se eligieron el rey. El reinado no pertenece a la estructura del pueblo de Dios.

* 9,1-10,16. Esta segunda escena (nota a 8,1-12,25) contempla el liderazgo de Saúl sobre Israel como querido por Dios; evita hablar del reinado, solo al final (10,16) aparece esta palabra, y más bien menciona al jefe que gobernará sobre Israel. Es una hermosa narración que relata la vocación de un joven de cualidades excepcionales que, yendo a buscar las burras de su padre, se encuentra de improviso con lo que después se convertirá en un reino. El relato está articulado en cuatro jornadas, dejando la tercera para la unción de Saúl como jefe, tal como lo había ordenado el Señor. La unción como jefe se ve como un acto liberador de Dios en favor de su pueblo, como lo fue el éxodo (Éx 3,7-9). Los signos que da Samuel a Saúl tienen su sentido: Saúl es ungido por Samuel sin ningún testigo; después encuentra sucesivamente a dos personas, luego a tres y finalmente a una comunidad de profetas; como a ellos, también a Saúl le invadirá el espíritu divino. Ya desde que se había despedido de Samuel, Dios había transformado el corazón de Saúl.

* 10,17-27. Después de la unción secreta de Saúl, sigue el hacerla pública en esta escena central con tres partes (nota a 8,1-12,25). En la primera (10,17-19) Samuel, en nombre de Dios, rechaza la monarquía, mostrando que mientras el Señor había actuado en favor de los israelitas, ellos hicieron mal al elegir un rey. No obstante, en la segunda parte (10,20-24) se narra la elección divina. En efecto, en la Biblia echar suertes significa que es Dios quien designa a la persona o tribu (14,38-42; Jos 7,16-18; 14,2; 18,10; Hch 1,26). Saúl se encuentra escondido, resaltando así su condición modesta y sin ambiciones; la aclamación entusiasta del pueblo enfatiza la aceptación de la elección divina. En los versos finales (1 Sm 10 25-27) se relatan las secuencias de la designación del rey. Quienes siguen a Saúl han sido tocados en su corazón por Dios; sin embargo, otros se oponen a su elección.

* 11,1-15. Generalmente se reconoce en esta cuarta escena (nota a 8,1-12,25) la versión más antigua de la ascensión de Saúl al reinado, teniendo rasgos similares a las de los jueces libertadores de Israel. Ante la amenaza de los amonitas, la acción del descuartizamiento de los bueyes por parte de Saúl tiene un fuerte valor simbólico de advertencia a quienes no sean solidarios en la guerra común. Se produce la victoria contra los enemigos lograda por el Señor a través de Saúl, invadido por el espíritu de Dios, como antes había sucedido con los jueces (Jue 3,10; 6,34; 11,29; 14,6). Luego sigue la entronización de Saúl ante el Señor en Guilgal en un ambiente festivo, sin que Saúl permita la venganza hacia sus adversarios.

* 12,1-25. La quinta escena es el discurso de despedida de Samuel invitando a vivir la alianza. En la primera parte (vv. 1-5), el último juez, ya anciano, da paso al rey, como ellos lo habían pedido, no sin antes aclarar que siempre ha actuado bien con ellos. En la segunda parte (vv. 6-25) recuerda los beneficios de Dios por su pueblo y la ingratitud de este al pedir un rey ante la amenaza de la guerra. No obstante el pecado, reconocido por el pueblo, Dios está dispuesto al perdón con tal de que ellos guarden la alianza. Samuel seguirá como un profeta con la misión de interceder por ellos y de mostrarles siempre el camino recto comunicándoles la palabra de Dios. Dios muestra su amor al pueblo, pero si este no es fiel a la alianza, queda la amenaza de perecer ellos con su rey. La última frase de este bloque sobre la institución de la realeza le da un tinte negativo a esta institución, al anticipar el drama del exilio y del final de la monarquía.

 

*13,1-15,35. Es el relato del reinado efímero de Saúl, que se enfrenta ante el peligro de los filisteos y amalecitas. Por su desobediencia (13,8-14; 15,9-29), va a ser rechazado por Dios. Aunque su muerte es narrada hasta 1 Sm 31, ya desde el capítulo 16, David será ungido en secreto y de alguna forma empieza a ser el protagonista del relato eclipsando la figura de Saúl.

* 13,1-14,52. 1 Sm 13 y 14 están muy relacionados. Al comienzo (13,1) está colocada la fórmula de inicio del reinado, como aparece en Reyes y, al final (14,47-52), se tiene un resumen de las guerras y personajes cercanos a Saúl. El escritor puso “x años”, porque ignoraba la edad de Saúl al principio de su reinado; como parece ignorar el tiempo de su gobierno, que lo deja en solo dos años. El relato tiene cuatro partes: la primera (13,2-23) describe la situación desesperada en que se encuentra Israel; la segunda (14,1-23) relata la hazaña de Jonatán; la tercera (14,24-46) habla de la guerra entre Israel y los filisteos, y la cuarta (14,47-52) es un resumen. Históricamente la realeza tuvo su razón histórica por la necesidad de defenderse de los enemigos, sobre todo de los filisteos, poderosos en el monopolio del tratamiento del hierro, con lo que sometían a los demás pueblos, como sigue sucediendo hoy día de parte de los países poderosos con los débiles. En este contexto aparecen las primeras acciones de Saúl y de su hijo Jonatán, con medios bélicamente débiles en contra de los filisteos. El autor enfatiza que la victoria, en definitiva, depende de Dios. En el texto (13,8-14) se relata lo que es visto como la desobediencia de Saúl de no esperar a Samuel para el sacrificio (10,8), aunque este llegó tarde. Esta desobediencia y, sobre todo, la referida 1 Sm 15 son las causas del rechazo de Dios a Saúl como rey. También el texto narra cómo el pueblo salvó a Jonatán ante su falta involuntaria, ya que él, con la ayuda de Dios, había salvado al pueblo (14,45). Saúl se había equivocado al imponer ayuno a los israelitas que, ante la batalla, necesitaban alimentarse (14,24). Sobre los urim y umim (14,41) ver notas a Lv 8,8 y Nm 27,12.

 

* 15,1-35. En el contexto de la guerra contra los amalecitas se narra la desobediencia de Saúl y del ejército, que se quedan con lo más preciado del botín, aun cuando se pretendía ofrecerlo a Dios. En efecto, el exterminio era una práctica antigua ligada a la institución de la guerra sagrada; de acuerdo con esta, el Señor es el que, en realidad, pelea; por lo mismo, la victoria se debe a él, de allí que se destruya todo en su honor. El rey debe obedecer al Señor y no ceder a los deseos egoístas del pueblo. Samuel interviene y declara que Dios no quiere los sacrificios, sino la obediencia a su palabra. Por eso Saúl es rechazado, quien al rasgarle el manto a Samuel (1 Re 11,30-32), simbólicamente revela lo que ha sucedido con su propio reinado, que ha quedado desgarrado y va a dar paso a otro rey, como lo presenta el siguiente capítulo.

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* ­ 1 Sm 16,1-2 Sm 1. Toda esta parte presenta la realidad de dos reyes en Israel, uno público, Saúl, y otro secreto y oculto, David. El texto anterior (1 Sm 15,1-35) y este (16,1-13) forman un díptico donde el narrador cuenta cómo y por qué Saúl fue destituido, y David, encumbrado. Las dos partes están estrechamente relacionadas. La primera es un presupuesto de la segunda. El personaje Samuel desaparece en adelante como actor principal. El paso del reinado de Saúl a David se hará en tres etapas: en la primera (15,1-16,13), David será el rey a los ojos del Señor; en la segunda (16,14-27,12), estará la coexistencia de ambos reyes; y en la tercera, culminando con la muerte de Saúl (28,1-31,12 junto con 2 Sm 1), David, rey nombrado, se convertirá en rey efectivo. Desde 1 Sm 16,1 hasta 2 Sm 5,10 se puede considerar como la historia de la ascensión de David al trono; se abre con la unción por parte de Samuel (1 Sm 16,1-13) y concluye con la narración de la unción de David por los ancianos de Israel y el juicio favorable del narrador que ve en todo esto la acción de Dios (2 Sm 5,1-10).

* 16,1-13. En sustitución de Saúl, Dios elige a David, el hijo menor de Jesé. Erróneamente Samuel piensa que la estatura calificaría a Eliab para el reinado, como fue el caso con Saúl (9,2; 10,23), pero de nuevo se manifiesta la tendencia del Señor en escoger lo humilde. El hecho de que el menor, David, haya sido pastor desde su infancia, lo calificará después para su futura función de pastor de Israel. La unción se realiza en secreto, ya que Saúl aún sigue reinando; el espíritu del Señor acompaña a David. Siglos después, de Jesús, descendiente de David, viene presentado su nacimiento en Belén (Mt 2,1; Lc 2,1-20).

* 16,14-23. En contraste con David que posee el espíritu de Dios, a Saúl le acecha un espíritu malo de parte de Dios. Esta última afirmación refleja una mentalidad primitiva, donde lo bueno y lo malo se adjudica a Dios (18,10; 19,9; Jue 9,23; 1 Re 22,23). El texto explica cómo ha llegado David a formar parte de la corte de Saúl. Empezó David como músico en la corte, tocando el arpa. El sonido de las cuerdas insinúa la presencia del espíritu bueno que aleja de Saúl al espíritu malo. De esta habilidad para tañer, la tradición construirá el retrato de David como compositor de salmos, composiciones poético–religiosas que se acompañaban con instrumentos de cuerda.

* 17,1-58. Relato popular con tintes legendarios que resalta el poder del Dios de Israel. Ofrece además el perfil propio de David: su enorme amor y confianza en el Señor, su valor a toda prueba y su sencillez. Su pequeño discurso al filisteo (17,45-47) da el sentido al lector de lo que se está contando: el antiguo tema de que Dios actúa por los pequeños y los sencillos, para que se vea que él es el que da la victoria. El relato es un aliento para Israel que es pequeño y a menudo es amenazado por sus enemigos que son poderosos, pero Dios está siempre ayudándolos. Se anticipa el dicho paulino: «Cuando soy débil, ¡entonces soy fuerte!» (2 Cor 12,10).

* 18,1-30. Se presenta la amistad profunda entre David y Jonatán (20,30; 2 Sm 1,26). Se narra la ascensión rápida y exitosa de David en la vida pública y la buena fama que iba adquiriendo. Aparece, en contrapartida, la envidia de Saúl, que lo lleva a tratar de asesinar a David; casi al final (18,29), se subraya el inicio de la constante enemistad por parte de Saúl hacia David, tal como aparece en el resto del relato. Se habla, además, del matrimonio que Saúl quiere de David con sus hijas, primero con Merob y luego con Mical (Gn 29,15-30), con tal de que salga al frente de la batalla y así muera a manos de los filisteos, logrando su eliminación. El narrador muestra el amor de Mical por David, pero no el de David por Mical por lo que se puede pensar que su matrimonio con Mical se debe a sus pretensiones por la corona.

 

* 19,1-24. Este capítulo contiene pequeños relatos sobre distintos intentos de Saúl por matar a David. Ahora la lucha es abierta. Jonatán y Mical, hijos de Saúl, tratan por todos sus medios de ayudar a David. Lo mismo hace Samuel logrando que los diversos emisarios de Saúl y el mismo rey caigan en éxtasis profético y, por el momento, dejen de perseguir a David.

* 20,1-42. El capítulo se divide en tres partes: a)- diálogo y alianza entre Jonatán y David (20,1-23); b)- la fiesta de la luna llena y el diálogo entre Saúl y Jonatán (20,24-34), y c)- la señal de Jonatán a David para que huya (20,35-42). Se afirma claramente la intención injusta de Saúl de matar a David y la inocencia de este. Como antes Mical, hija de Saúl, salvó a David, ahora Jonatán, hijo del mismo rey, salvará a David. La alianza entre David y Jonatán los compromete en vida y con su posteridad. La fidelidad de David será ilustrada en su actitud con Meribaal, hijo de Jonatán (2 Sm 9,1-13; 21,7).

* 21,1-16. Ante la necesidad de huir de Saúl, David empieza su vida errante en Nob, Gat (1 Sm 21), Adulán (1 Sm 22), Queilá, el desierto de Maón (1 Sm 23), Engadi (1 Sm 24), el Carmelo (1 Sm 25) y por último en Zif (1 Sm 26). Este episodio de Nob es muy importante, ya que muestra que el sacerdocio legítimo, representado por Ajimélec, descendiente de Elí, se puso de parte de David. Primero, Saúl fue abandonado por Samuel y ahora lo será por el sacerdocio; ya no le queda manera de comunicarse con Dios (28,6.15). La escena de los panes consagrados que come David, manjar reservado a los sacerdotes (Lv 24,5-9), sirve a Jesús para relativizar la ley y ver que debe estar al servicio del ser humano y no esclavizarlo (ver Mt 12,1-8; Mc 2,23-28; Lc 6,1-5). La espada de Goliat, como símbolo, convierte a David en el liberador de Israel, mientras que Saúl caerá en manos de los filisteos. El fingimiento de David ante Ajimélec, haciéndose pasar por emisario del rey, como el comportarse como loco en Gat, muestran la astucia de David, quien aprenderá del enemigo filisteo, desde dentro, sus debilidades y fortalezas, para después derrotarlo. Dios está detrás y lleva a David por caminos que él no podría haber emprendido si no fuera por la necesidad.

* 22,1-23. David se convierte en jefe de banda, un guerrillero, que en la antigüedad era tenido como un gran honor, por lo que después se convertiría en rey. El papel del profeta Gad (2 Sm 24,11-19) es igual al que tenía Ajimélec: ser transmisor de la voluntad divina. David se guiará por lo que Dios quiere, mientras que Saúl es conducido por el espíritu malo. El episodio del asesinato de los sacerdotes de Nob muestra la total ruptura de Saúl con el sacerdocio y su obcecación que lo llevó a enemistarse con la religión, es decir, con el Dios de Israel. El único sacerdote sobreviviente, Abiatar, acompañará a David y, después, ya viejo, será desterrado a Anatot (1 Re 2,26-27). Tal vez fue de los antepasados del profeta Jeremías (Jer 1,1).

* 23,1-28. Noticias sobre la actividad de David en Queilá, huyendo de Saúl y combatiendo a los filisteos, de acuerdo a la consulta que hace al Señor. Saúl lo persigue, olvidándose de su encomienda principal: vencer a los filisteos. David experimenta la protección divina en medio de los peligros a los que está sujeto, como le hace ver Jonatán.

* 24,1-23. Al escapar David de Saúl, este cae dos veces en poder de aquel (1 Sm 24 y 26). Aunque David tiene la posibilidad de eliminar a su enemigo, no lo hace, por respeto al ungido del Señor. En sus acciones aparece por un lado su inocencia y, por otro, su reticencia a hacerse justicia por su mano, mostrando así una gran confianza en Dios. En estas narraciones, el autor ofrece su interpretación en los discursos que pone en boca de David y de Saúl. Este reconoce su maldad y la inocencia de David quien llegará a ser el rey de Israel.

* 25,1-44. Una noticia escueta de la muerte de Samuel, último juez y quien ungió a los dos primeros reyes (28,3). El relato muestra que David se conduce como un bandolero, exigiendo paga a Nabal por su protección no pedida. Luego la narración hay que leerla de manera simbólica. Opone dos realezas concurrentes: la primera, malvada e ineficaz, está condenada por el Señor, como lo fue la de Saúl; la segunda, por el contrario, es benéfica y con gran porvenir, como será la de David. Nabal y su conducta representan la figura de Saúl y de su actividad. Por el contrario Abigaíl, su esposa, se muestra sabia y prudente, y de alguna forma representa a David, de quien pasará a ser su esposa, muerto su primer marido. El relato tiene, además, un tono moralizante: insiste en el castigo del culpable por mano del Señor (25,29-31.39).

* 26,1-25. Nuevo episodio del perdón de David a Saúl (1 Sm 24). El acento es puesto sobre el carácter intocable del ungido del Señor (26,9-11). Aunque Saúl pertenezca al campo enemigo, aun si está enfermo de violencia, es el elegido del Señor y nadie puede atacarlo sin quedar impune; no es su persona, sino lo que representa. Detrás está el sentido de autoridad en el pueblo de Dios. Luego, se pone énfasis en la generosidad de David y la confesión de culpa de Saúl (26,17-25). Así queda patente la justicia divina, que ha rechazado a Saúl y puesto en el trono a David.

* 27,1-12. Para librarse de la persecución de Saúl, David juega un papel ambivalente al refugiarse en territorio filisteo. El narrador no recrimina a David sus mentiras o su violencia. Recalca su habilidad, ya que siendo un mercenario de los filisteos, no ha atacado nunca a Israel o a los de Judá.

* 28,1-25. Un capítulo impresionante donde aparece la tragedia de Saúl. Samuel es el que lo había llamado del anonimato a ser rey de Israel; ahora el mismo profeta, pero ya muerto, desde la tumba, le repite el designio irremediable de Dios: morirá en poder de los que él debería haber destruido; otro ocupará su lugar (13,13-14; 15,1-31). Es discutida la palabra que se ha venido traduciendo como «nigromante». Se trata de gente que emplea medios naturales, animales o humanos, para entrar al terreno divino con el fin de consultar a dioses u obtener un efecto determinado; estas acciones están prohibidas por la Ley (Lv 19,31; 20,6; Dt 18,11).

 

* 29,1-11. Afec es el lugar limítrofe con Israel, donde los filisteos acostumbraban reunir su ejército, cuando luchaban contra los habitantes de la montaña (4,1). Cerca estaba la fuente más importante de agua de toda la región. El predominio del discurso sobre la narración muestra el interés del autor por dar una interpretación. El texto manifiesta una tendencia apologética: defiende a David de la acusación de haber participado con los filisteos en la lucha contra su pueblo. De aquí el discurso de los jefes filisteos que impiden la participación de David en la guerra contra Saúl, quien caerá muerto en la batalla contra ellos (1 Sm 31-2 Sm 1).

* 30,1-31. David vence a los amalecitas que los habían atacado primero. En lo referente a la distribución del botín, el relato se puede leer teniendo en cuenta el paralelo de Gn 14. Como el patriarca Abrahán muestra su generosidad sin tomar para él nada del botín (Gn 14,21-24), así David se comporta, no tomando nada para él, sino repartiéndolo entre los que fueron a la guerra, los que se quedaron extenuados, y los ancianos de Judá. El Señor lo recompensará, dándole el trono.

 

* 31,1-13. Sin decir el por qué o cómo, el narrador se planta enfrente de la batalla, que continúa lo presentado en 28,1-2. De los desiertos del sur pasa a los floridos montes de Gelboé. El relato de la muerte del rey Saúl es corto (versión ligeramente diferente en 2 Sm 1,1-16). El suicidio era algo prohibido en el pueblo de Dios, pero se podía aceptar para evitar ser capturado o humillado, como sucede en esta narración. Los habitantes de Yabés tenían muy buenas relaciones con los benjaminitas (Jue 21,8-14) y, en especial, con Saúl (1 Sm 11,1-11). De aquí esta última muestra de agradecimiento al rendir a los caídos los últimos honores.

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