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ATRAS

INTRODUCCIÓN

 

1-        «Josué escribió estas palabras en el libro de la Ley de Dios» (24,26): el autor y el libro

 

La tradición judía atribuye a Josué mismo, personaje principal en los relatos, la composición de la obra; en cuanto al tiempo de composición, algunas expresiones que contiene el libro parecerían indicar que la obra fue escrita muy cerca de los acontecimientos allí descritos: que los cananeos habiten Guézer (16,10) se puede sostener solamente antes de que Salomón empezara a reinar sobre Israel (1 Re 9,16); que los jebuseos sigan habitando Jerusalén (15,63) se sostiene solo hasta antes del reinado de David (2 Sm 5,6-9). Algunos relatos “yo” (5,1.6) hacen pensar en un testigo ocular de los sucesos al momento de poner por escrito la obra.

Sin embargo, la lectura del texto deja claro, desde los primeros relatos, que se trata de una obra que reúne materiales de origen variado: algunos pasajes se relacionan más con tradiciones en torno al santuario de Guilgal (Jos 2-9), otros tienen que ver con descripciones que se acercan más a tradiciones sacerdotales, y otros más, a tradiciones teológicas propias del Deuteronomio. La variedad de materiales en la obra deja suponer que la obra fue elaborada por varios autores y sobre la base de diversas tradiciones; hace pensar, también, en varias épocas de composición de los materiales; se perciben desde tradiciones cercanas a los acontecimientos (en torno al s. XII a.C.) hasta elementos que se ubican en el posexilio (en torno a los ss. VI-V a.C.).

 

2-        «De todas las promesas hechas por el Señor, ni una sola ha fallado» (23,14): rasgos teológicos

 

La tierra, prometida y concedida. Uno de los asuntos fundamentales del libro es el de la tierra: prometida a los patriarcas, anhelada desde la salida de Egipto como punto de llegada del camino por el desierto, ahora es entregada a los israelitas para que habiten en ella. En este sentido, el libro de Josué funciona, en el conjunto de los libros bíblicos, como la obra en que desembocan los relatos del Pentateuco: lo que había prometido el Señor a Abrahán (Gn 12,1; 15,7-21), lo cumple ahora por mano de Josué. Pero al mismo tiempo el libro de Josué abre una serie de tradiciones que van desde el establecimiento en la tierra prometida hasta su pérdida en la deportación a Babilonia (2 Re). El libro de Josué tiene su lugar en el conjunto de tradiciones relacionadas con la estancia en la tierra, llamado comúnmente obra histórica deuteronomista, que se extiende precisamente desde Josué hasta 2 Reyes.

 

La fidelidad de Dios. En el libro de Josué, los textos que interpretan todo lo narrado insisten en la fidelidad de Dios: lo que había prometido, lo ha cumplido; ni una sola de sus promesas ha fallado (23,14).

 

            Sentido unitario. Otro de los rasgos de Josué es el concepto de totalidad con que interpreta y relata cada uno de los acontecimientos: todo Israel cruzó el Jordán y entró a la tierra, todo Israel entró en batalla con los diversos pueblos cananeos, todos se reunían y tomaban decisiones; incluso las tribus que ya se habían establecido al oriente del Jordán participan en la conquista del territorio. Todo Israel recibió su parte en la distribución del territorio conquistado, con excepción de la tribu de Leví, cuya porción es el Señor (21,1-42). Pero cuando se lee el capítulo primero del libro de los Jueces se tiene una idea más completa de la situación: ni todo fue tan fácil como aparece en el libro de Josué ni todos participaron simultáneamente en las batallas de conquista ni se logró inmediatamente la posesión de todo el territorio; quizá no todo fue conquistado militarmente, sino que habrá que pensar en un grupo que entró a la tierra, en otros que ya estaban allí, en luchas largas y en asentamientos que tomaron mucho tiempo y muy variadas formas. Incluso el libro mismo de Josué deja abierta esa interpretación (13,1-7).

 

Conquista fulminante e imparable. Cercano al sentido unitario de la conquista está el rasgo de las acciones imparables y rápidas: desde los primeros relatos, los pobladores del territorio cananeo saben que tienen perdida la batalla con el ejército de Israel y se ven dominados por el terror (2,8-11); todas las poblaciones caen en manos de los israelitas, empezando por Jericó (5,13-6,21); ninguna puede resistir a Josué y su ejército. Más aún, no hace falta describir todas las batallas: bastan unos pocos relatos para luego llegar al dato importante: Josué conquistó todo el país. Se trata de una visión épica de los acontecimientos, exaltando el poder de Dios. Además las narraciones fueron escritas siglos después, cuando Israel ya tenía la posesión de la tierra. La realidad de los acontecimientos fue diversa, como ya se señaló en el párrafo anterior.

 

La figura de Josué. Queda claro que el gran personaje de principio a fin de la obra es Josué; Dios le aseguró estar con él en todo lo que emprendiera (1,6-9) y él siempre contó con la ayuda de su Dios. A lo largo de las narraciones, Josué aparece como el continuador de la obra empezada por Moisés y el ejecutor fiel de sus indicaciones (8,31; 14,2); incluso a veces parece como un nuevo Moisés (3,14-16; 5,13-15). La autoridad con que actuaba Moisés pasó a Josué; por eso todo Israel lo obedeció (24,14-28) y su fama se extendió por toda la tierra (6,27).

 

La obra de Dios. Pero en las acciones de Josué está la mano poderosa de Dios; en realidad es Dios el que queda exaltado en el libro de Josué: lo que había prometido, lo cumplió; de lo que les había dicho, nada quedó sin ejecutarse; si un solo israelita perseguía a mil era porque Dios mismo peleaba por su pueblo y les concedía la victoria (23,9-10).

 

La teología deuteronomista. Ante tal poder de Dios, desplegado a favor de Israel, al pueblo le toca mantenerse fiel al pacto establecido; cada uno se debe esforzar por guardar y cumplir fielmente todo lo que está escrito en la Ley de Moisés (23,6-11). El pacto establecido en el Sinaí queda ahora renovado en Siquén (24,14-28).

 

La sección tercera de la obra, dedicada a la interpretación de la conquista y distribución de la tierra (Jos 23-24), propone todo con un sentido muy cercano al que se encuentra en el libro del Deuteronomio: el don de la tierra queda estrechamente unido al compromiso de fidelidad a la alianza establecida entre Israel y su Dios. La tierra es una bendición de Dios que abre la puerta a más bendiciones, a condición de que Israel camine según la voluntad del Señor; la infidelidad, en cambio, abre las puertas a la maldición, cuya expresión más clara está en la pérdida de la tierra y el exilio (23,12-13). Pero el compromiso de Israel es, en Josué, servir a su Dios de todo corazón (24,14-24).

 

3-        «No fue con tu espada ni con tu arco…» (24,12): rasgos literarios y estructura del libro

 

El libro de Josué, simplificando los acontecimientos, narra la conquista militar del territorio, pero su interés va más allá de relatar campañas militares. Los textos que componen la obra son de origen variado y se expresan, además, en estilos muy diversos, que van desde narraciones muy detalladas y con cierta viveza, hasta descripciones lentas y llenas de nombres de ciudades y territorios, pasando por discursos que ofrecen el sentido de lo narrado.

 

Rasgos literarios sobresalientes. Uno de los rasgos de Josué es la presencia de intereses y enfoques que se pueden remitir a la clase sacerdotal: importancia de aspectos cultuales, como los que se notan en el relato de la toma de Jericó (Jos 6), en el de la lectura de la Ley de Moisés (Jos 8), en las descripciones del reparto de la tierra, en general (Jos 13-20), y especialmente en el detallado reporte de las ciudades levíticas (Jos 21). Se percibe también ese rasgo en la importancia del sacerdote Eleazar, que está al lado de Josué al repartir la tierra.

Entre los elementos que la obra tiene está la explicación de lugares, acontecimientos y personas, recurriendo a sus causas: las piedras están ahí porque sirven para recordar que el pueblo cruzó el Jordán (Jos 4); los descendientes de la prostituta Rajab viven entre ellos porque los israelitas hicieron con ella un pacto de ayuda mutua (Jos 6); los gabaonitas también habitan en medio de ellos porque lograron establecer un pacto con Josué y los jefes en Israel (Jos 9); el altar a orillas del Jordán sirve de testigo, para que los que viven al oriente del Jordán se mantengan fieles a Dios y para que los que viven al poniente los sigan considerando hermanos (Jos 22).

Otro elemento que aborda Josué es el referente al anatema, es decir, a la ley que indica que todo despojo de guerra le toca a Dios y que todo ser viviente vencido debe ser aniquilado, para que en el territorio vivan solamente los israelitas y para que, libres del contacto con los otros pueblos y sus costumbres idolátricas, los nuevos dueños de la tierra se mantengan fieles a Dios. El asunto del anatema y el concepto del valor de todos los que no pertenecen a Israel son cuestiones que el libro propone de modo radical, dejando abiertas cuestiones que siguen vigentes, pero que encuentran nueva comprensión al ser iluminadas por la fe cristiana.

 

            La estructura del libro. El libro de Josué se estructura en tres partes: a)- la conquista de la tierra (Jos 1-12); b)- la distribución de la tierra conquistada (Jos 13-21), y c)- la interpretación religiosa del establecimiento en la tierra (Jos 22-24).

Los relatos de la conquista se alargan en la descripción de la victoria sobre dos ciudades, cada una con una marca propia: la conquista de Jericó está marcada por el cumplimiento fiel de las indicaciones dadas por Dios a través de Josué; la conquista de Ay ejemplifica lo que sucede cuando hay pecado en medio de Israel. Pero las narraciones pronto llegan al punto importante: todo el territorio quedó sometido a los israelitas; ahora pueden distribuirlo entre ellos.

Los relatos de distribución de la tierra conquistada dedican amplio espacio a las tribus importantes a lo largo de la obra: Judá, Efraín y Manasés (Jos 14-17); las demás quedan mencionadas, pero con cierta brevedad. La descripción de las ciudades de asilo y las levíticas complementan la distribución de la tierra.

En la tercera parte (Jos 22-24) los relatos adquieren forma de discursos; la interpretación de la conquista y la distribución de la tierra lo requieren. El discurso de despedida de Josué y la renovación de la alianza en Siquén se convierte en un punto relevante en esta sección.

 

            Una organización literaria de Josué es la siguiente:

 

  1. LA CONQUISTA DE LA TIERRA 1-12

 

  1. Preparativos para entrar a la tierra 1-2
  2. El paso del Jordán 3,1-5,12
  3. La conquista de Jericó             5,13-6,27
  4. La campaña contra Ay             7,1-8,29
  5. La lectura de la Ley             8,30-35
  6. La conquista de pueblos y territorios             9,1-12,24

 

  1. EL REPARTO DE LA TIERRA CONQUISTADA 13-21

 

  1. Descripción de las tribus de Transjordania 13,15-33
  2. Descripción de las tres grandes tribus en el territorio de Canaán 14,1-17,18
  3. Descripción de las otras siete tribus en el territorio de Canaán 18,1-19,51
  4. Ciudades de refugio y ciudades levíticas 20,1-21,45

 

III. INTERPRETACIÓN RELIGIOSA DEL ESTABLECIMIENTO

EN LA TIERRA                                                                                            22-24

 

 

  1. LA CONQUISTA DE LA TIERRA[1]­

 

  1. Preparativos para entrar a la tierra [2]

Así como estuve con Moisés, estaré contigo

Jos 3,7; 6,27; Gn 15,17-21; Dt 1,38; 5,32-33; 7,24; 11,22-25; 29,8; 31,23

1 1 Sucedió que, después de la muerte de Moisés, servidor del Señor, el Señor habló a Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés con estas palabras: 2 “Moisés, mi servidor, ha muerto. Ahora, levántate, cruza este Jordán, tú y todo este pueblo, en dirección a la tierra que doy a los israelitas. 3 Les doy a ustedes todo lugar que pisen las plantas de sus pies, de acuerdo con lo que dije a Moisés, 4 desde el desierto y ese Líbano hasta el Río Grande, el Éufrates; toda la tierra de los hititas, hasta el mar Mediterráneo, en el poniente, será territorio de ustedes. 5 Nadie podrá resistir ante ti durante toda tu vida. Así como estuve con Moisés, estaré contigo. No te dejaré ni te abandonaré.

6 Debes ser valiente y fuerte, porque tú harás que este pueblo tome posesión de la tierra que prometí a sus padres que les daría. 7 Pero asegúrate de ser muy fuerte y muy valiente para garantizar que cumplirás toda la Ley que te impuso mi servidor Moisés; no te separes de ella ni a derecha ni a izquierda para que tengas éxito dondequiera que vayas. 8 No se aparte de tu boca este libro de la Ley; al contrario, medita en él de día y de noche, para que te asegures de que cumplirás todo lo que está escrito en él; así harás prósperos todos tus caminos y tendrás éxito. 9 ¿Acaso no te he mandado que seas fuerte y valiente? No te asustes ni desmayes, que contigo está el Señor, tu Dios, dondequiera que vayas”.

 

Ustedes irán al frente de sus hermanos y los ayudarán

Nm 32,16-33; Dt 3,18-20; 34,9

10 Josué dio órdenes a los líderes del pueblo, diciendo: 11 “Ustedes pasarán por medio del campamento y darán esta orden: ‘Preparen provisiones para ustedes mismos, porque dentro de tres días atravesarán este Jordán para entrar a tomar posesión de la tierra que el Señor, su Dios, les da para que la posean’”. 12 Después Josué dijo a los rubenitas y a los gaditas y a la media tribu de Manasés: 13 “Acuérdense de lo que les ordenó Moisés, servidor del Señor cuando dijo: ‘El Señor su Dios les da descanso y les ha dado esta tierra’. 14 Sus mujeres, sus niños pequeños y sus ganados se quedarán en la tierra que Moisés les dio al otro lado del Jordán, pero ustedes, todos los varones aptos para la guerra, atravesarán, en orden de batalla, al frente de sus hermanos y los ayudarán. 15 Hasta que el Señor conceda descanso a sus hermanos, como a ustedes, y tomen posesión también ellos de la tierra que el Señor, su Dios, les da, entonces regresarán ustedes a la tierra de su propiedad, la que les dio Moisés, servidor del Señor, más allá del Jordán, en el lado oriental, y tomarán posesión de ella”. 16 Ellos respondieron a Josué: “Todo lo que nos has ordenado lo haremos y a dondequiera que nos envíes iremos. 17 Te obedeceremos a ti tal como hemos obedecido en todo a Moisés, a condición de que el Señor esté contigo como lo estuvo con Moisés. 18 Todo aquel que se oponga a tus mandatos y no escuche tus palabras, todo lo que nos ordenes, morirá. Pero tú, debes ser fuerte y valiente”.

 

El Señor ha puesto en nuestras manos toda la tierra

Jos 6,22-25; 9,9-10; 24,11; Dt 2,23-37; 13

2 1 Josué, hijo de Nun, envió secretamente desde Setín a dos hombres como espías; les dijo: “Vayan, vean el territorio y especialmente Jericó”. Ellos fueron y entraron a la casa de una mujer prostituta llamada Rajab, y pasaron la noche allí. 2 Le anunciaron al rey de Jericó: “Debes tener en cuenta que unos hombres de los israelitas han entrado aquí esta noche para explorar el territorio”. 3 El rey de Jericó mandó decir a Rajab: “Entrega a los hombres que se acostaron contigo y que entraron a tu casa, porque han venido a explorar el país”. 4 La mujer tomó a los dos hombres y los escondió. Y dijo: “Es verdad, esos hombres estuvieron conmigo, pero yo no sabía de dónde eran. 5 Al oscurecer, cuando estaba por cerrarse la puerta de la ciudad, esos hombres se marcharon. Yo no supe hacia dónde se fueron. Vayan pronto tras ellos para que los puedan atrapar”. 6 Pero ella los hizo subir al techo y los escondió entre las pilas de leña puestas en orden allí, sobre el techo. 7 Mientras tanto, los hombres fueron tras ellos por el camino del Jordán, que va hacia los vados y cerraron tras de sí la puerta de la ciudad en cuanto salieron en su persecución.

8 Todavía no se habían acostado, cuando ella subió al terrado, donde ellos estaban. 9 Dijo a los hombres: “Sé con certeza que el Señor les ha entregado a ustedes esta tierra, que el terror que inspiran ha caído sobre nosotros y que todos los habitantes de la tierra han perdido el ánimo ante ustedes.10 Porque hemos oído que el Señor secó ante ustedes las aguas del mar Rojo, para que ustedes salieran de Egipto; lo que ustedes hicieron a los dos reyes amorreos, más allá del Jordán, a Sijón y a Og, a quienes consagraron al exterminio. 11 Lo oímos y nuestro corazón flaqueó y todavía ninguno ha podido recobrar el ánimo ante ustedes, porque el Señor, su Dios, es Dios en lo alto de los cielos y en las profundidades de la tierra. 12 Júrenme ahora por Dios que así como yo tuve compasión con ustedes, también ustedes tendrán compasión con la casa de mi padre; además, me van a dar una señal segura de que 13 dejarán con vida a mi padre y a mi madre, a mis hermanos y a mis hermanas y todo lo que les pertenece, y librarán nuestras vidas de la muerte”. 14 Los hombres le dijeron: “Expondremos nuestra vida a la muerte en lugar de la de ustedes, siempre y cuando ustedes no den a conocer nuestro plan; te trataremos con bondad y lealtad cuando el Señor nos entregue esta tierra”.

15 Ella los hizo bajar con una cuerda por la ventana, porque su casa daba a la muralla de la ciudad; ella vivía en la muralla de la ciudad. 16 Les dijo: “Váyanse hacia la montaña, para que no los atrapen los que los persiguen, y ocúltense allí tres días, hasta que ellos hayan regresado; entonces podrán ustedes continuar su camino”. 17 Los hombres le dijeron: “Nos declaramos libres de este pacto que nos has hecho jurar. 18 Cuando nosotros entremos al territorio atarás este cordel escarlata a la ventana por la que nos has hecho descender y reunirás en la casa a tu padre, a tu madre, a tus hermanos y a toda la casa tu padre. 19 Si alguien sale por las puertas de tu casa, su sangre recaerá sobre su cabeza, y nosotros seremos inocentes. Pero si a alguien que esté contigo, dentro de la casa, le ponen la mano encima, su sangre recaerá sobre nosotros. 20 Ahora bien, si delatas nuestro plan, nosotros quedaremos libres de tu pacto, que nos has hecho jurar” 21 Ella dijo: “Que suceda según sus palabras”. Y los dejó partir. Cuando ellos se fueron, ella ató el cordel escarlata a la ventana.

22 Ellos se marcharon, se internaron en la montaña y permanecieron allí tres días, hasta que regresaron los perseguidores. Estos buscaron por todos los caminos, pero no encontraron nada. 23 Y los dos hombres regresaron: bajaron de la montaña, cruzaron y llegaron a donde estaba Josué, hijo de Nun, y le contaron todo lo que les había sucedido. 24 Le dijeron: “Es verdad que el Señor ha puesto en nuestras manos toda la tierra, porque los habitantes del territorio se han descorazonado ante nosotros”.

 

  1. El paso del Jordán [3]

El Señor obrará prodigios en medio de ustedes

Jos 1,5.17; Ex 34,9-11

3 1 Josué se levantó muy temprano; él y todos los israelitas partieron de Setín, llegaron al Jordán y acamparon allí antes de cruzar. 2 Y al completarse tres días, los oficiales atravesaron por en medio del campamento. 3 Dieron órdenes al pueblo con estas palabras: “En cuanto vean el arca de la Alianza del Señor, su Dios, y a los sacerdotes levitas que la cargan, ustedes se pondrán en marcha desde sus puestos e irán detrás de ella, 4 para saber el camino que seguirán, porque ustedes no lo han recorrido antes; pero tendrá que haber distancia entre ustedes y ella, como de unos dos mil codos; no se acerquen a ella”. 5 Josué dijo al pueblo: “Purifíquense, porque mañana el Señor obrará prodigios en medio de ustedes”. 6 Y a los sacerdotes, Josué les dijo: “Levanten el arca de la Alianza y pasen frente al pueblo”. Ellos cargaron el arca de la Alianza y avanzaron en presencia del pueblo. 7 El Señor dijo a Josué: “En este día empiezo a engrandecerte a la vista de todo Israel, y ellos sabrán que así como estuve con Moisés, estaré contigo. 8 Ahora, ordena lo siguiente a los sacerdotes que llevan el arca de la Alianza: ‘Apenas entren a la orilla de las aguas del Jordán, deténganse allí’”. 9 Josué dijo a los israelitas: “Acérquense aquí y escuchen las palabras del Señor, su Dios: 10 en esto sabrán ustedes que en medio de ustedes está el Dios vivo, que ciertamente despojará ante sus ojos a los cananeos, a los hititas, a los jeveos, a los pereceos, a los guergueseos, a los amorreos, a los jebuseos. 11 Miren el arca de la Alianza del Señor de toda la tierra, que atraviesa el Jordán ante los ojos de ustedes. 12 Seleccionen ahora doce hombres de las tribus de Israel; un hombre por cada tribu. 13 Sucederá que, en cuanto las plantas de los pies de los sacerdotes, portadores del arca de la Alianza del Señor, dueño de toda la tierra, se posen en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán quedarán separadas: las aguas que descienden de la parte alta se detendrán formando un solo bloque”.

 

Todo Israel pasaba por tierra seca

Jos 24,11; Ex 14,21-22; 2 Re 2,8

14 Y sucedió que cuando el pueblo empezó a salir de sus tiendas para pasar el Jordán, mientras los sacerdotes portaban el arca de la Alianza en presencia del pueblo, 15 cuando entraron al Jordán los portadores del Arca, en cuanto los pies de los sacerdotes, portadores del Arca, tocaron la orilla de las aguas -porque el Jordán va lleno hasta los bordes durante todo el tiempo de la cosecha-, 16 las aguas que descienden de la parte alta se detuvieron formando un solo bloque, a gran distancia, en Adán, la ciudad que está al lado de Sartán; pero las que descendían al mar de la Arabá, el mar Muerto, quedaron completamente separadas. Y el pueblo cruzó frente a Jericó. 17 Los sacerdotes portadores del arca de la Alianza del Señor estuvieron de pie, pisando tierra seca, en medio del Jordán, mientras que todo Israel pasaba por tierra seca; permanecieron allí hasta que todo el pueblo hubo terminado de pasar el Jordán.

 

Estas piedras son un recuerdo permanente

Jos 4,21-24; 22,22-29

4 1 Sucedió que cuando todo el pueblo hubo terminado de atravesar el Jordán, dijo el Señor a Josué: 2 “Elijan de entre el pueblo doce hombres, uno de cada una tribu; 3 ordénenles lo siguiente: recojan de aquí, de en medio del Jordán, del lugar donde están parados los sacerdotes, doce piedras bien elegidas, tráiganlas y deposítenlas en el lugar en que pasarán la noche”. 4 Josué llamó entonces a los doce hombres que había señalado de entre los israelitas, uno de cada tribu; 5 les dijo: “Pasen frente al arca del Señor, su Dios, que está en medio del Jordán, recoja cada uno de ustedes una piedra y cárguela sobre los hombros, según el número de las tribus de los israelitas, 6 para que ellas se conviertan en señal en medio de ustedes. Así, cuando sus hijos les pregunten: ‘¿qué significan para ustedes estas piedras?’, 7 ustedes les dirán: ‘En presencia del arca de la Alianza del Señor se separaron las aguas del Jordán; cuando ella pasó por el Jordán, las aguas se separaron. Y estas piedras son un recuerdo permanente para los israelitas’”. 8 Y así lo hicieron los israelitas, de acuerdo con lo que Josué había ordenado: sacaron doce piedras de en medio del Jordán, como le había indicado el Señor a Josué, según el número de las tribus de Israel, las llevaron consigo al lugar donde iban a pasar la noche y las depositaron allí. 9 Y Josué erigió las doce piedras en medio del Jordán, donde pisaron los pies de los sacerdotes que portaban el arca de la Alianza; estas permanecen allí hasta el día de hoy.

10 Los sacerdotes que cargaban el arca de la Alianza se detuvieron en medio del Jordán, mientras se cumplía todo aquello que el Señor mandó a Josué que ordenara al pueblo, de acuerdo con lo que Moisés le indicó a Josué. El pueblo se apresuró a cruzar. 11 Y sucedió que en cuanto terminó de pasar todo el pueblo, pasó también el arca del Señor con los sacerdotes delante del pueblo. 12 Y pasaron también los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés, organizados en escuadrones, en presencia de los israelitas, de acuerdo con lo que les había mandado Moisés.13 Como unos cuarenta mil, preparados para la batalla, cruzaron ante el Señor, y se dirigieron hacia las llanuras de Jericó, listos para la guerra. 14 Ese día engrandeció el Señor a Josué ante todo Israel; ellos lo miraron con respeto como habían respetado a Moisés, todos los días de su vida.

15 El Señor dijo a Josué: 16 “Ordena a los sacerdotes que cargan el Arca del Testimonio que suban desde el Jordán”. 17 Y Josué dio la siguiente orden a los sacerdotes: “Salgan del Jordán”. 18 Y sucedió que en cuanto los sacerdotes que llevaban el arca de la Alianza del Señor salieron de en medio del Jordán y las plantas de sus pies tocaron tierra seca, las aguas del Jordán volvieron a su sitio y corrieron por su cauce como antes.

 

Acamparon en Guilgal, al oriente de Jericó

Jos 4,1-9; 22,22-29

19 El pueblo partió del Jordán el décimo día del primer mes. Acamparon en Guilgal, al oriente de Jericó. 20 En Guilgal Josué erigió las doce piedras que habían sacado del Jordán, 21 y dijo a los israelitas: “Cuando, pasado el tiempo, sus hijos les pregunten: ‘¿Qué significan esas piedras?’, 22 ustedes les harán saber que Israel atravesó este Jordán por tierra seca, 23 cuando el Señor su Dios hizo secar las aguas del Jordán ante ustedes para que pasaran, del mismo modo que hizo el Señor su Dios con el mar Rojo, cuando lo secó ante nosotros para que pasáramos; 24 para que todos los pueblos de la tierra reconozcan que la mano del Señor es poderosa, y para que ustedes teman al Señor su Dios todos los días”.

 

Se quedaron sin aliento ante los israelitas

Jos 2,11; Sal 136,16-22

5 1 En cuanto todos los reyes de los amorreos que estaban del otro lado del Jordán y hasta el Mediterráneo, y todos los reyes de los cananeos que habitaban en la costa, oyeron que el Señor secó las aguas del Jordán ante los israelitas, hasta que todos habían cruzado, su corazón se desanimó y se quedaron sin aliento ante los israelitas.

 

Hoy he apartado de ustedes el oprobio de Egipto

Gn 17,1-14; Nm 14,26-38.

2 Entonces, el Señor dijo a Josué: “Fabrícate cuchillos de pedernal y circuncida de nuevo a los israelitas”. 3 Josué fabricó cuchillos de pedernal y circuncidó a los israelitas, en el Monte de los Prepucios. 4 Esta es la razón por la que Josué los circuncidó: todo el pueblo que había salido de Egipto, todos los varones, todos los que eran aptos para la guerra, habían muerto mientras recorrían el desierto, después que salieron de Egipto. 5 Porque todos los que salieron de Egipto ya habían sido circuncidados, pero a todos los que nacieron durante el trayecto por el desierto, después que salieron de Egipto, no los habían circuncidado. 6 Porque durante cuarenta años caminaron los israelitas por el desierto, hasta que todos perecieron, es decir, todos los hombres de guerra, que habían salido de Egipto; aquellos que no escucharon la voz del Señor, y el Señor les juró que no verían la tierra que había prometido a sus padres que nos daría, tierra que mana leche y miel. 7 Pero a los hijos de ellos, que él estableció en su lugar, los circuncidó Josué, porque permanecían incircuncisos, no los habían circuncidado durante el trayecto. 8 Y cuando terminaron todos de ser circuncidados, guardaron reposo en el campamento, hasta que se recuperaron. 9 Dijo el Señor a Josué: “Hoy he apartado de ustedes el oprobio de Egipto”; y llamó a aquel lugar “Guilgal”, hasta el día de hoy.

 

Aquel año comieron de lo que producía la tierra de Canaán

Ex 16; Sal 78,23-29; Jn 6,32-33

 

10 Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron la pascua el día catorce, por la tarde, en los llanos de Jericó. 11 Y a partir del día mismo después de la pascua comieron pan sin levadura y grano tostado. 12 Y al siguiente día de que comieron los productos de la tierra, cesó el maná: ya no hubo maná para los israelitas; aquel año comieron de lo que producía la tierra de Canaán.

 

  1. La conquista de Jericó [4]

El lugar en que estás es lugar santo

Ex 3,1-6; 19,10-13; Nm 22,31; Ap 19,11-16

13 Josué estaba en Jericó, levantó lo ojos y vio a un hombre que estaba frente a él, con la espada desenvainada en su mano. Josué se dirigió hacia él y le preguntó: “¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?” 14 Él respondió: “Nada de eso; más bien, vengo como jefe del ejército del Señor”. Josué cayó rostro en tierra, se postró y le preguntó: “¿Qué tiene que decir mi señor a su servidor?”. 15 El jefe del ejército del Señor dijo a Josué: “Quítate las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es lugar santo”. Y así lo hizo Josué.

 

Pongo en tus manos Jericó

Jos 24,11; Lv 27,28-29

6 1 Jericó permanecía bien cerrada ante los israelitas: nadie salía y nadie entraba. 2 El Señor dijo a Josué: “Mira, pongo en tus manos Jericó, su rey y sus valientes guerreros. 3 Todos los hombres de guerra de entre ustedes marcharán alrededor de la ciudad, hasta rodearla una vez. Así lo harán durante seis días. 4 Siete sacerdotes llevarán siete trompetas de cuerno de carnero delante del Arca. El séptimo día rodearán ustedes siete veces la ciudad, y los sacerdotes harán sonar las trompetas. 5 Al resonar el cuerno de carnero, en cuanto ustedes escuchen el sonido de la trompeta, todo el pueblo lanzará un fuerte grito de guerra; la muralla de la ciudad se desplomará y el pueblo tomará por asalto el lugar, cada uno desde donde esté”.

6 Josué, hijo de Nun, convocó a los sacerdotes y les dijo: “Carguen el arca de la Alianza, y que siete sacerdotes lleven siete trompetas de cuerno de carnero delante del arca del Señor”. 7 Después dijo al pueblo: “Avancen y rodeen la ciudad, y que los que están armados para la batalla, pasen delante del arca del Señor”.

8 Luego que Josué había dado instrucciones al pueblo, los siete sacerdotes que llevaban las trompetas de cuerno de carnero avanzaron delante del Señor e hicieron sonar sus trompetas. El arca de la Alianza del Señor iba detrás de ellos. 9 Y los que estaban preparados para la guerra avanzaban delante de los sacerdotes que tocaban las trompetas, y la retaguardia iba detrás del Arca. Marchaban al ritmo de las trompetas.

10 Josué había ordenado al pueblo lo siguiente: “No griten ni hagan oír sus voces; que no salga ni una palabra de sus bocas, hasta el día en que les indique que griten. Entonces lanzarán el grito de guerra”.

11 El arca del Señor avanzó alrededor de la ciudad, rodeándola una vez; regresaron al campamento y pasaron la noche en el campamento.

12 Josué se levantó de madrugada. Los sacerdotes cargaron el arca del Señor. 13 Los siete sacerdotes que llevaban las siete trompetas de cuerno de carnero delante del arca del Señor avanzaban mientras hacían sonar las trompetas. Los que estaban preparados para la guerra avanzaban delante de ellos. La retaguardia avanzaba detrás del arca del Señor. Avanzaban al ritmo de las trompetas.

14 El segundo día rodearon la ciudad una vez y regresaron al campamento. Durante seis días hicieron lo mismo. 15 El séptimo día se levantaron al rayar el alba y rodearon la ciudad siete veces, según lo indicado. Solamente ese día rodearon la ciudad siete veces. 16 Al llegar la séptima vez, los sacerdotes hicieron sonar las trompetas y Josué ordenó al pueblo: “¡Lancen el grito de guerra, porque el Señor les ha entregado la ciudad!. 17 La ciudad será declarada anatema para el Señor, ella y todo lo que esté en ella; solamente Rajab, la prostituta, quedará con vida, ella y todo el que esté con ella en la casa, porque ella escondió a los exploradores que nosotros habíamos enviado. 18 En cuanto a ustedes, manténganse alejados de lo consagrado al anatema; de lo contrario se convertirían ustedes mismos en anatema si se quedaran con algo, y convertirían al campamento de Israel en anatema acarreándole la ruina. 19 Toda la plata, el oro y los objetos de bronce y de hierro quedarán consagrados al Señor: entrarán al tesoro del Señor”.

20 Cuando hicieron sonar las trompetas, el pueblo gritó con fuerza. Y sucedió que, cuando el pueblo oyó el sonido de las trompetas y lanzó el grito de batalla, se desplomaron las murallas; el pueblo atacó la ciudad, cada uno desde donde estaba, y se apoderaron de ella. 21 Y consagraron al anatema toda la ciudad: pasaron a filo de espada tanto hombres como mujeres, lo mismo jóvenes que viejos, e incluso bueyes, ovejas y asnos.

 

Ella se quedó a vivir en medio de Israel

Jos 2,1-21; Sant 2,14-26

22 Josué dijo a los dos hombres que habían ido a explorar el territorio: “Vayan a la casa de la prostituta y saquen de allí a la mujer y todo lo que le pertenece, de acuerdo con lo que le prometieron”. 23 Los jóvenes exploradores fueron e hicieron salir a Rajab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y todas sus pertenencias; hicieron salir a toda su parentela y les permitieron instalarse fuera del campamento de Israel. 24 Y prendieron fuego a la ciudad, junto con todo lo que había en ella; pero destinaron la plata, el oro y los utensilios de bronce y de hierro al tesoro de la casa del Señor. 25 En cuanto a Rajab, la prostituta, a la casa de su padre y a todos los que estaban allí Josué los dejó con vida; ella se quedó a vivir en medio de Israel, hasta el día de hoy, porque protegió a los mensajeros que Josué había enviado a explorar Jericó.

 

Maldito quien se levante para reconstruir esta ciudad

Jos 1,5; 1 Re 16,34

26 Entonces, Josué pronunció este juramento: “Maldito sea a los ojos del Señor quien se levante para reconstruir esta ciudad, Jericó; pondrá los cimientos sobre su primogénito y colocará sus puertas sobre su hijo menor”.

27 Dios estaba con Josué, y su fama se extendió por toda la tierra.

 

  1. La campaña contra Ay [5]

El anatema está en medio de ti

Jos 6,17-19; 22,13-20; Ex 32,1-14; Jue 20,19-28

7 1 Pero los israelitas fallaron en lo referente al anatema: Acán, hijo de Karmí, hijo de Zabdí, hijo de Zeraj, de la tribu de Judá, se quedó con algo de lo consagrado al anatema. Y la ira del Señor encendió contra los israelitas.

2 Desde Jericó, Josué envió unos hombres a Ay, cerca de Bet Avén, al este de Betel, con las siguientes indicaciones: “Vayan e inspeccionen el territorio”. Ellos fueron e inspeccionaron Ay; 3 regresaron a donde estaba Josué y le dijeron: “No hace falta que vaya todo Israel; con que vayan dos mil o tres mil hombres, los aniquilarán. No fatigues a todo el pueblo por causa de ese lugar, porque son pocos”. 4 Unos tres mil hombres de entre el pueblo fueron allá, pero tuvieron que huir de los hombres de Ay. 5 Los habitantes de Ay les hirieron como treinta y seis hombres, los persiguieron desde la puerta hasta Sebarín y los derrotaron en la bajada. El pueblo se desanimó y su corazón se disolvió como agua.

6 Josué rasgó sus vestiduras y cayó rostro en tierra ante el arca del Señor hasta la tarde; tanto él como los ancianos de Israel echaron ceniza sobre sus cabezas, 7 y Josué dijo: “¡Ay, Señor Dios! ¿Para qué te empeñaste en hacer pasar a este pueblo por el Jordán? ¿Solo para ponernos en las manos de los amorreos? Hubiera estado mejor si hubiéramos decidido quedarnos a vivir del otro lado del Jordán. 8 Permíteme hablar, Señor, aunque ni sé qué decir, ahora que Israel ha vuelto la espalda ante el enemigo. 9 Se enterarán los cananeos y todos los que habitan en el territorio, nos rodearán y borrarán nuestro nombre de la faz de la tierra. Y tú, ¿qué harás por tu gran nombre?”.

10 El Señor respondió a Josué: “¡Levántate! ¿Para qué sigues ahí postrado, rostro en tierra? 11 Israel cometió pecado: han quebrantado la alianza que yo les había impuesto, quedándose con algo del anatema; lo robaron, lo ocultaron y lo han puesto entre sus pertenencias. 12 Así, los israelitas no podrán hacer frente a sus enemigos; darán la espalda ante sus enemigos porque se han convertido ellos mismos en anatema. Yo ya no estaré con ustedes, si no exterminan el anatema de en medio de ustedes. 13 Levántate, purifica al pueblo. Les dirás: ‘Mañana ustedes se purificarán; porque así dice el Señor, Dios de Israel: Israel, el anatema está en medio de ti; no podrás hacer frente a tus enemigos si no quitas el anatema de en medio de ti’. 14 Por la mañana ustedes se presentarán según sus tribus; y la tribu que el Señor haya designado se acercará según sus clanes; y el clan que el Señor haya designado se acercará por familias; y la familia que el Señor haya designado se acercará uno por uno. 15 Y aquel que haya sido designado en lo del anatema será consumido por el fuego, él y todo lo que le pertenece, por haber quebrantado la alianza del Señor, cometiendo sacrilegio en Israel”.

16 Josué se levantó de madrugada y ordenó a los israelitas que se acercaran según sus tribus. Y fue elegida la tribu de Judá. 17 Hizo que se acercaran los clanes de Judá, y la suerte cayó en el clan de Zeraj. Hizo que se acercara el clan de Zeraj, familia por familia, y fue elegida la casa de Zabdí. 18 Ordenó que se acercara su familia, uno por uno, y fue elegido Acán, hijo de Karmí, hijo de Zabdí, hijo de Zeraj, de la tribu de Judá. 19 Y Josué dijo a Acán: “Hijo mío, glorifica al Señor, Dios de Israel, y confiesa; me dirás qué has hecho, no me lo ocultes”. 20 Acán contestó a Josué: “Es verdad que he pecado contra el Señor, Dios de Israel. Esto es lo que hice: 21 entre el botín de guerra vi un manto de Senaar de belleza inigualable, doscientos ciclos de plata y un lingote de oro que pesa cincuenta ciclos; me gustaron y los tomé. Y ahí están, enterrados en medio de la tienda, y, debajo de ellos, la plata”. 22 Josué envió a unos emisarios, que corrieron hacia la tienda. Y efectivamente, ahí estaban las cosas, escondidas en la tienda, y la plata estaba debajo; 23 las tomaron de en medio de la tienda, las trajeron ante Josué y todos los israelitas y las depositaron ante el Señor. 24 Josué tomó a Acán, hijo de Zeraj, la plata, el manto, el lingote de oro, a sus hijos y a sus hijas, su buey y su asno, su rebaño, su tienda y todo lo que le pertenecía; Josué y todo Israel junto con él los hicieron subir al valle de Acor. 25 Y Josué dijo: “¿Por qué nos has traído la desgracia? Que este día el Señor te haga caer en desgracia”. Y todos los israelitas lo apedrearon; les prendieron fuego, los apedrearon, 26 y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que está ahí hasta el día de hoy. Y la ira del Señor se calmó. Por eso ese lugar se llama “valle de Acor” hasta el día de hoy.

 

El Señor, su Dios, pondrá la ciudad en sus manos

Jue 20,26-48

8 1 El Señor le dijo a Josué: “No tengas miedo ni te acobardes. Toma contigo a todo el pueblo apto para la guerra, prepárate y dirígete hacia Ay. Considera que he puesto en tus manos al rey de Ay y a sus pobladores, su ciudad y su territorio. 2 Harás con Ay y con su rey como hiciste con Jericó y con su rey. Ustedes podrán quedarse solamente con sus despojos de guerra y su ganado. Pero debes tender una emboscada a la ciudad”.

3 Josué y todos los hombres de guerra se prepararon para subir a Ay. Josué eligió treinta mil hombres fuertes y valientes, los envió durante la noche 4 y les ordenó: “Pongan atención: ustedes son los que tenderán una emboscada a la ciudad desde atrás; no se alejen mucho de la ciudad, para que puedan estar listos para entrar en acción. 5 Por mi parte, yo, con todo el pueblo que quede conmigo, me acercaré a la ciudad. Y cuando ellos salgan detrás de nosotros, como sucedió la primera vez, nosotros nos daremos a la fuga ante ellos. 6 Saldrán detrás de nosotros hasta alejarse de la ciudad, porque pensarán: huyen de nosotros como la vez anterior, cuando nosotros, efectivamente, tuvimos que huir ante ellos. 7 Y entonces ustedes saldrán de su escondite y tomarán la ciudad, porque el Señor, su Dios, la pondrá en sus manos. 8 Y cuando hayan tomado la ciudad, le prenderán fuego. Harán todo según la orden del Señor. Tengan en cuenta que yo mismo se los ordeno”. 9 Josué los envió y ellos fueron a preparar la emboscada; se quedaron entre Betel y Ay, al poniente de Ay. Josué, que estaba en medio del pueblo, esperó una noche; 10 se levantó muy temprano, pasó revista al pueblo y se puso en marcha; él, junto con los ancianos de Israel, iba al frente del pueblo, hacia Ay. 11 Todos los hombres de guerra que iban con él subieron hasta quedar cerca, se colocaron frente a la ciudad y acamparon al norte de ella; entre ellos y Ay había un valle. 12 Tomó unos cinco mil hombres y los puso en la emboscada, entre Betel y Ay, al poniente de la ciudad. 13 El pueblo estaba en sus puestos: todo el ejército, que estaba al norte de la ciudad, y la retaguardia, que estaba al poniente de la ciudad. Josué pasó aquella noche en medio del valle.

14 Cuando el rey de Ay se enteró de esto, él y todos los hombres de Ay se apresuraron, se levantaron muy temprano y salieron al encuentro de los israelitas, para presentarles batalla en el lugar indicado, frente a la Arabá. Pero él no sabía que se trataba de una emboscada desde detrás de la ciudad. 15 Josué y todos los israelitas fingieron rendirse ante ellos y huyeron en dirección al desierto. 16 Todos los habitantes de Ay fueron llamados a tomar las armas para ir tras ellos; los persiguieron, pero se alejaron de la ciudad. 17 No quedó nadie ni en Ay ni en Betel que no saliera en persecución de Israel; dejaron la ciudad abierta de par en par cuando salieron detrás de los israelitas. 18 El Señor dijo a Josué: “Extiende la lanza que tienes en tu mano y dirígela hacia Ay, porque yo la pondré en tus manos”. Josué extendió la lanza que tenía en su mano en dirección a la ciudad. 19 Cuando él extendió su mano con la lanza, los que estaban emboscados salieron a toda prisa de su escondite, corrieron, entraron en la ciudad, se apoderaron de ella y rápidamente le prendieron fuego.

 20 Los hombres de Ay miraron hacia atrás y vieron que la columna del humo de la ciudad subía hasta el cielo y no supieron hacia dónde huir, si para un lado o para el otro, porque el pueblo que iba huyendo hacia el desierto se volvió contra sus perseguidores. 21 Cuando Josué y todos los israelitas vieron que los emboscados se apoderaban de la ciudad y cómo subía el humo de la ciudad, se volvieron e hirieron a los hombres de Ay. 22 Aquellos salieron de la ciudad hacia ellos y se encontraron en medio de los israelitas, unos de un lado y otros del otro. Los israelitas los hirieron, hasta que no quedó ni sobreviviente ni fugitivo. 23 Capturaron vivo al rey de Ay y lo trajeron ante Josué. 24 Cuando Israel terminó de matar a todos los habitantes de Ay que estaban en el campo, los que los habían perseguido hasta el desierto, y todos ellos habían caído hasta el último, a filo de espada, todo Israel regresó a Ay y la exterminó a filo de espada. 25 Los habitantes de Ay que perecieron ese día, tanto hombres como mujeres, fueron doce mil: todo el pueblo de Ay.

26 Josué no plegó el brazo que había extendido con la lanza, hasta que hubo exterminado a todos los habitantes de Ay. 27 Los israelitas se apoderaron solamente del ganado y de los despojos de guerra de esa ciudad, según la orden que el Señor había dado a Josué. 28 Josué incendió Ay y la convirtió en un montón permanente, en lugar desolado hasta el día de hoy. 29 Colgó de un árbol al rey de Ay y lo dejó ahí hasta la tarde. Al ponerse el sol, Josué mandó que descolgaran el cadáver del árbol e hizo que lo arrojaran a la entrada de la puerta de la ciudad; levantaron sobre él un enorme montón de piedras, que allí está hasta el día de hoy.

 

  1. Lectura de la Ley [6]

Josué escribió allí, sobre las piedras, una copia de la Ley de Moisés

Ex 20,22-26; Dt 11,26-32; 27; 31,9-13

30 Entonces Josué edificó un altar en honor del Señor, Dios de Israel, sobre el monte Ebal, 31 según ordenó Moisés, servidor del Señor, a los israelitas, como está escrito en el libro de la Ley de Moisés: un altar de piedras sin labrar, que no hayan sido tocadas por el hierro. Presentaron sobre él holocaustos en honor del Señor y ofrecieron sacrificios de comunión. 32 Y escribió allí, sobre las piedras, una copia de la Ley de Moisés; la escribió en presencia de los israelitas. 33 Y todos los israelitas, tanto los forasteros como los nativos, sus ancianos, los oficiales y sus jueces, se colocaron a ambos lados del Arca, frente a los sacerdotes levitas que cargaban el arca de la Alianza del Señor; una mitad estaba frente al monte Garizín y la otra frente al monte Ebal, como lo había ya ordenado Moisés, servidor del Señor, para bendecir al pueblo de Israel. 34 Después de esto, él pronunció todas las palabras de la Ley, las bendiciones y las maldiciones, según todo lo que está escrito en el libro de la Ley. 35 De todo lo que ordenó Moisés, no hubo una sola palabra que Josué no haya pronunciado frente a toda la asamblea de Israel, que incluía a las mujeres, a los niños y a los forasteros que habitaban en medio de ellos.

 

  1. La conquista de pueblos y territorios [7]

Serán proveedores de leña y agua para la casa de mi Dios

Dt 7,1-6; 29,10

9 1 Cuando todos los reyes que habitaban más allá del Jordán, en las montañas, en la región baja y en la costa del mar Mediterráneo frente al Líbano; los hititas, los amorreos, los cananeos, los pereceos, los jeveos y los jebuseos, se enteraron de todo esto, 2 se pusieron todos de acuerdo para presentar batalla, juntos, contra Josué y contra Israel.

3 Cuando los habitantes de Gabaón oyeron lo que Josué había hecho a Jericó y a Ay, 4 actuaron con astucia: prepararon provisiones para viaje, pusieron alforjas viejas sobre sus asnos y odres de vino ya muy usados, rotos y remendados; 5 sandalias viejas y remendadas en sus pies y mantos ya muy usados sobre sus hombros; además, todo el pan para el viaje estaba seco y desmoronándose. 6 Fueron a donde estaba Josué, en el campamento de Guilgal, y le dijeron, a él y a los israelitas: “Hemos venido desde tierras lejanas, hagan alianza con nosotros”. 7 Los hombres de Israel dijeron a los jeveos: “¿Cómo podremos establecer alianza con ustedes, si ustedes habitan entre nosotros?” 8 Ellos respondieron a Josué: “Nosotros somos tus servidores”. Josué les preguntó: “¿Quiénes son ustedes y de dónde vienen?” 9 Ellos respondieron: “Tus servidores han venido desde tierras muy lejanas, por causa del nombre del Señor, tu Dios, porque hemos oído hablar de él, de todo lo que ha hecho en Egipto 10 y de todo lo que hizo a los dos reyes amorreos, al otro lado del Jordán: a Sijón, rey de Jesbón, y a Og, rey de Basán, que estaba en Astarot. 11 Nuestros ancianos y todos los habitantes de nuestras tierras nos han dicho: ‘Tomen provisiones para el camino, vayan encontrarse con ellos y díganles: Somos sus servidores, hagan alianza con nosotros. 12 Mira nuestro pan: estaba caliente cuando lo tomamos de nuestras casas como provisión para el camino, el día en que salimos para venir a encontrarlos a ustedes; pero mira: ahora está duro y desmoronándose. 13 Estos son nuestros odres de vino: estaban nuevos cuando los llenamos, pero míralos, ya maltratados; y mira nuestros vestidos y nuestras sandalias: muy gastados por tan largo camino”. 14 Los hombres se fijaron en las provisiones que aquellos traían, pero no consultaron al Señor. 15 Josué estuvo de acuerdo con ellos e hizo alianza con ellos para permitirles vivir en paz; en la asamblea, los jefes confirmaron el juramento.

16 Tres días después de haber hecho alianza con ellos, los israelitas se enteraron de que eran sus vecinos y de que vivían en los alrededores; 17 se pusieron en marcha y al tercer día llegaron hasta las ciudades de aquellos, es decir, hasta Gabaón, Cafirá, Beriot y Quiriat Yearín. 18 Y no los mataron porque los jefes de la asamblea habían hecho juramento con ellos ante el Señor, Dios de Israel. Pero todo Israel estuvo en desacuerdo con los jefes de la asamblea.

19 Los jefes de asamblea dijeron a toda la comunidad: “Nosotros hemos jurado a favor de ellos en el nombre del Señor, Dios de Israel; por eso no podemos hacerles daño. 20 Esto es lo que haremos con ellos: los conservaremos con vida para que no venga sobre nosotros castigo alguno, por causa del juramento que les hicimos”. 21 Los jefes de la asamblea les dijeron: “Que vivan”. Así, ellos se convirtieron en proveedores de leña y agua para toda la asamblea, de acuerdo con lo que los jefes de la asamblea les habían dicho.

22 Josué convocó a los gabaonitas y les dijo: “¿Por qué nos han traicionado diciendo: nosotros vivimos muy lejos de ustedes, cuando habitan en medio de nosotros? 23 Por eso, sean malditos: nunca dejarán de ser esclavos, sino que serán proveedores de leña y agua para la casa de mi Dios”. 24 Ellos respondieron a Josué: “Es que nos informaron bien de todo cuanto ordenó el Señor tu Dios, a Moisés su servidor, para conceder a ustedes toda la tierra y para exterminar a todos los habitantes de la tierra que está ante ustedes, y nos llenamos de gran temor porque nuestras vidas peligran ante ustedes, y por eso hemos hecho todo esto. 25 Y ahora, aquí estamos: en tus manos; debes hacer con nosotros lo que te parezca bueno y recto”. 26 Y él hizo con ellos según lo acordado: los libró de la mano de los israelitas; no los mataron.

27 Desde aquel día, Josué los convirtió en proveedores de leña y agua al servicio de la congregación y del altar del Señor, en el lugar que él eligió, hasta el día de hoy.

 

Esto es lo que el Señor hará con todos sus enemigos

Jos 9,3-27; Jue 1,1-36; 2 Sm 5,6-10; Eclo 46,1-6

10 1 Cuando Adonisédec, rey de Jerusalén, se enteró de que Josué se había apoderado de Ay y la había consagrado al anatema, que había tratado a Ay y a su rey como había hecho con Jericó y su rey, y que los habitantes de Gabaón habían establecido un pacto con Israel y que vivían en medio de ellos, 2 se llenó de miedo, porque Gabaón era una ciudad grande, tanto como una de las ciudades del reino, y porque era más grande aun que la ciudad de Ay, y todos sus hombres eran valientes. 3 Entonces, Adonisédec, rey de Jerusalén, mandó decir a Oán, rey de Hebrón, a Farán, rey de Yarmut, a Yafía, rey de Laquis, y a Debir, rey de Eglón: 4 “¡Vengan, ayúdenme!, destruyamos a Gabaón, porque ha hecho un pacto con Josué y los israelitas”. 5 Los cinco reyes amorreos, el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Yarmut, el rey de Laquis y el rey de Eglón, se aliaron; ellos, con todos sus ejércitos, fueron, acamparon frente a Gabaón y la atacaron.

 

¡Detente, sol, en Gabaón! [8]

 6 Los hombres de Gabaón mandaron decir a Josué que estaba en el campamento de Guilgal: “No te olvides de tender la mano a tus servidores; te pedimos que vengas pronto, nos salves y nos ayudes, porque todos los reyes amorreos que habitan en la montaña se han aliado contra nosotros”. 7 Josué, con todos los hombres de guerra, todos ellos valientes guerreros, subió desde Guilgal. 8 El Señor le dijo a Josué: “No te acobardes ante ellos, porque los he puesto en tus manos; ninguno de ellos podrá resistir ante ti”. 9 Josué cayó sobre ellos de repente, habiendo avanzado desde Guilgal toda la noche. 10 El Señor provocó confusión entre ellos frente Israel, les infligió una severa derrota en Gabaón, los persiguió por el camino que sube a Betorón y los hirió cuando se dirigían a Azecá y Maquedá. 11 Cuando ellos escapaban de Israel, por la bajada de Betorón, el Señor hizo llover sobre ellos enormes piedras, mientras se dirigían a Azecá, y murieron; fueron más los que murieron por la lluvia de piedras, que aquellos a los que los israelitas mataron con la espada. 12 Entonces, el día en que el Señor sometió a los amorreos ante los israelitas, Josué dijo ante el Señor, a la vista de todo Israel:

«¡Detente, sol, en Gabaón,

y tú, luna, en el valle de Ayalón!».

13 Y el sol se detuvo,

y la luna se quedó quieta,

hasta que el pueblo hubo derrotado a sus enemigos.

 

¿Acaso no está escrito eso en el libro del Justo: “El sol se detuvo en medio de los cielos y no se apresuró a caer durante un día entero”. 14 No ha habido un día como ese, ni antes ni después, en el que el Señor haya obedecido la voz de un hombre, porque el Señor peleaba a favor Israel. 15 Entonces Josué, y todo Israel con él, regresó al campamento de Guilgal.

16 Los cinco reyes huyeron y se escondieron en la cueva que está cerca de Maquedá. 17 Le avisaron a Josué: “¡Hemos encontrado a los cinco reyes; están escondidos en la cueva de Maquedá!”. 18 Josué ordenó: “Hagan rodar piedras grandes hasta la entrada de la cueva y pongan allí unos hombres para vigilarlos. 19 En cuanto a ustedes, no se detengan: persigan a sus enemigos hasta destruirlos; no les den oportunidad de llegar a sus ciudades, porque el Señor los ha puesto en las manos de ustedes”. 20 Cuando Josué y los israelitas terminaron de exterminarlos, infligiéndoles una terrible derrota, hasta que quedaron aniquilados, y los que lograron sobrevivir huyeron hacia las ciudades fortificadas, 21 todo el pueblo regresó sano y salvo al campamento, a donde estaba Josué, en Maquedá, y nadie más se atrevió a decir algo contra alguno de los israelitas.

22 Josué ordenó: “Abran la entrada de la cueva, saquen de ella a esos cinco reyes y tráiganlos ante mí». 23 Ellos lo hicieron así y le trajeron a los cinco reyes que estaban en la cueva: al rey de Jerusalén, al rey de Hebrón, al rey de Yarmut, al rey de Laquis y al rey de Eglón. 24 Cuando trajeron a esos reyes ante Josué, este convocó a todos y cada uno de los israelitas y dijo a los líderes de entre los hombres de guerra que habían venido con él: “¡Acérquense y pongan sus pies sobre la nuca de estos reyes!”. Ellos se acercaron y pusieron sus pies sobre la nuca de aquellos. 25 Josué les dijo: “No tengan miedo ni se acobarden; llénense de valor y fortaleza, porque esto es lo que el Señor hará con todos sus enemigos, contra los que ustedes presentarán batalla”. 26 Después de esto, Josué los hirió, los mató y los colgó en cinco árboles; ellos permanecieron colgados de los árboles hasta la tarde. 27 Y cuando el sol se ponía, Josué dio la orden; los bajaron de los árboles, los arrojaron a la cueva en la que ellos se habían escondido y colocaron piedras grandes en la entrada de la cueva, las cuales están allí hasta el día de hoy.

 

Conquista de las ciudades del sur

Jos 14,12-15; 15,13-17; Jue 1,10-15

28 Ese día Josué se apoderó de Maquedá y la hirió a filo de espada, incluido su rey; los exterminó, junto con todo ser viviente que había en ella; no quedó sobreviviente alguno; hizo con el rey de Maquedá como había hecho con el rey de Jericó. 29 Después Josué junto con todo Israel fue desde Maquedá a Libná y le presentó batalla. 30 El Señor la entregó también en manos de Israel, junto con su rey; la hirió a filo de espada, junto con todo ser viviente que había en ella; no quedó sobreviviente alguno; hizo con su rey como había hecho con el rey de Jericó. 31 Josué, junto con todo Israel, pasó de Libná a Laquis; acampó cerca de ella y la atacó. 32 El Señor puso Laquis en manos de Israel; este se apoderó de ella el segundo día y la hirió a filo de espada, junto con todo ser viviente que había en ella, como había hecho con Libná. 33 Entonces Jorán, rey de Guézer, subió para apoyar a Laquis, pero Josué lo hirió, a él y a su pueblo, hasta que no quedó sobreviviente. 34 Josué, y todo Israel con él, fue de Laquis a Eglón; acamparon cerca de ella y la atacaron; 35 se apoderaron de ella ese mismo día y la hirieron a filo de espada; ese día destruyeron por completo a todo ser viviente que había en ella, tal como habían hecho con Laquis. 36 Josué, y todo y Israel con él, subió de Eglón a Hebrón y la atacó. 37 La tomaron y la atacaron a filo de espada, tanto a su rey como a sus ciudades, como a todo ser viviente que había en ella; no quedó sobreviviente alguno; así como había hecho con Eglón, la destruyó completamente, a ella y a todo ser viviente que había en ella. 38 Después Josué, y todo Israel con él, volvió a Debir y la atacó. 39 Se apoderó de ella y de su rey y de todas sus poblaciones; las atacaron a filo de espada y consagraron al anatema a todo ser viviente que había en ella; no quedó sobreviviente alguno. Como había hecho con Hebrón, así hizo con Debir y con su rey, lo mismo que antes había hecho con Libná y con su rey.

 

Josué se apoderó de todos esos reyes y de sus territorios

Jos 6,17; 23,10; 24,8-13; Dt 7,1-6

40 Josué conquistó todo el territorio: la montaña, el desierto, las tierras bajas y las laderas, con todos sus reyes. No quedó sobreviviente alguno. Consagró al exterminio a todo ser viviente, tal como lo había ordenado el Señor, Dios de Israel. 41 Josué los venció desde Cades Barnea hasta Gaza, toda la tierra de Gosen hasta Gabaón; 42 se apoderó de todos esos reyes y de sus territorios de un solo golpe, porque el Señor, Dios de Israel, peleaba por Israel. 43 Después regresó Josué, y todo Israel con él, al campamento de Guilgal.

 

Josué se apoderó de Jasor, que era la capital de todos esos reinos

11 1 Cuando Yabín, rey de Jasor, se enteró de todo esto, envió mensaje a Jobab, rey de Madón, al rey de Simerón, al rey de Axaf 2 y a los reyes que habitan en el norte: en la montaña, en el desierto, en la parte sur de Genesaret y en la región baja, y también en la región montañosa de Dor, al lado del Mediterráneo; 3 a los cananeos del oriente y del poniente, a los amorreos y a los hititas, a los pereceos, a los jebuseos de la montaña y a los jeveos de las faldas del Hermón, que habitan en la región de Mispá. 4 Y salieron todos ellos, con sus ejércitos, formando un pueblo numeroso como la arena de las playas marinas, con muchísimos caballos y carros. 5 Todos estos reyes se reunieron, fueron y acamparon junto a las aguas de Merón para pelear contra Israel.

6 Entonces el Señor dijo a Josué: “No temas ante ellos, porque mañana, para esta misma hora, yo habré entregado muertos a todos ellos ante Israel; quebrarás las patas de sus caballos y quemarás sus carros. 7 Y Josué, y todo el pueblo con él, entró en batalla por sorpresa contra ellos cerca de las aguas de Merón, y cayeron sobre ellos. 8 El Señor los entregó en las manos de Israel; ellos los hirieron y los persiguieron hasta Sidón la Grande, hasta Misrefot, al oeste, y hasta el valle de Mispá, que está al oriente; y los hirieron hasta que no les quedó sobreviviente. 9 Josué los trató como había indicado el Señor: quebró las patas de sus caballos y quemó sus carros de guerra.

10 Entonces Josué regresó, se apoderó de Jasor e hirió a espada a su rey, porque Jasor era la capital de todos esos reinos. 11 Hirió a todo ser viviente que había en ella, los consagró al exterminio a filo de espada; no quedó ni uno solo vivo. Y prendió fuego a Jasor. 12 Josué se apoderó de todas las poblaciones de esos reyes, capturó a todos esos reyes, los hirió y los consagró al exterminio a filo de espada, según había ordenado Moisés, servidor del Señor. 13 Pero Israel no quemó ninguna de las ciudades que están sobre las colinas, fuera de Jasor, que fue la única que Josué incendió. 14 Los israelitas se apoderaron de todos los despojos de guerra de esas ciudades, lo mismo que del ganado, pero hirieron a filo de espada a todos los seres humanos hasta exterminarlos; no dejaron vivo a ninguno.

 

Josué tomó posesión de todo ese territorio

Jos 9,3-27; 15,13-14; Ex 34,12-13; Dt 1,28; 7,1-6; Jue 1,10-15

15 De acuerdo con lo que el Señor indicó a Moisés, su servidor, así lo ordenó Moisés a Josué, y así lo hizo Josué. Nada dejó sin hacer de todo lo que había ordenado el Señor a Moisés. 16 Josué tomó posesión de todo ese territorio: la región montañosa y toda la zona desértica, toda la tierra de Gosen, las tierras bajas y la estepa; la montaña de Israel y sus tierras bajas; 17 desde el monte Jalac, que sube hacia Seír, hasta Baal-Gad, que está en el valle del Líbano, a los pies del monte Hermón; capturó a todos sus reyes, los hirió y los mató. 18 Por mucho tiempo Josué estuvo en guerra contra todos esos reyes. 19 Ninguna ciudad hizo alianza con los israelitas; a excepción de los jeveos que habitan en Gabaón, Josué las conquistó a todas medio de guerras, 20 porque el Señor había decidido endurecer sus corazones, haciéndolos entrar en guerra contra Israel, para consagrarlos así, a la destrucción, sin compasión, y exterminarlos, de acuerdo con lo que el Señor había ordenado a Moisés.

 

Destruyó a los anaquitas [9]

Jos 14,12; 15,14; Nm 13,29; Dt 2,21; 9,2

21 Por aquel tiempo Josué fue y destruyó a los anaquitas de la montaña, de Hebrón, de Debir, de Anab y de toda la región montañosa, tanto de Judá como de Israel, con sus ciudades; las consagró al exterminio. 22 No quedaron anaquitas en el territorio de los israelitas, sino solamente en Gaza, en Gad y en Asdod. 23 Y Josué tomó posesión de todo el territorio, de acuerdo con todo lo que había dicho el Señor a Moisés y lo dio en herencia a Israel, según las porciones correspondientes a sus tribus. Y ya no hubo guerra el territorio.

 

Los reyes de la Transjordania vencidos y despojados de sus tierras

Dt 1,28; 2,26-3,17; Nm 21,21-35; 32

12 1 Estos son los reyes del territorio a los que destruyeron los israelitas y a los que despojaron de sus tierras al otro lado del Jordán, en la parte oriental, desde el torrente Arnón hasta el monte Hermón, con toda la Arabá oriental:

2 Sijón, rey de los amorreos, que habitaba en Jesbón, que gobernaba desde Aroer, que está a la orilla del torrente Arnón, la parte central del valle y la mitad de Galaad, hasta el torrente Yaboc, en la frontera de los amonitas, 3 el desierto hasta el lago de Genesaret en el lado oriental, y hasta el mar del desierto, el mar Muerto, en el lado oriental, en dirección a Bet Yesimot; y al sur al pie de las laderas de Pasga. 4 Y el territorio de Og, rey de Basán, descendiente de los refaítas, que vivía en Astarot y Edreí 5 y gobernaba en la región montañosa del Hermón, en Salcá y en todo Basán, hasta la frontera de los guesuritas y de los macatitas; y en la mitad de Galaad hasta la frontera de Sijón, el rey de Jesbón. 6 Moisés, el servidor del Señor, y los israelitas, los habían vencido; y Moisés, el servidor del Señor, había dado esos territorios en posesión a los rubenitas y a los gaditas y a la media tribu de Manasés.

 

Estos son los reyes del territorio a los que venció Josué

Jue 1,22-36

7 Estos son los reyes del territorio a los que venció Josué, junto con los israelitas, desde el Jordán, hasta el Mediterráneo: desde Baal-Gad, en el valle del Líbano, hasta el monte Jalac, que sube hasta Seír. Josué dio en herencia esas tierras a las tribus de Israel según lo que les correspondía: 8 la región montañosa y las tierras bajas; la Arabá y las laderas, el desierto y el Négueb, donde habitaban los hititas, los amorreos, los cananeos, los pereceos, los jeveos y los jebuseos.

9 El rey de Jericó, uno; el rey de Ay, que está junto a Betel, uno; 10 el rey de Jerusalén, uno; el rey de Hebrón, uno; 11 el rey de Yarmut, uno; el rey de Laquis, uno; 12 el rey de Eglón, uno; el rey de Guézer, uno; 13 el rey de Debir, uno; el rey de Gueder, uno; 14 el rey de Jormá, uno; el rey de Arad, uno; 15 el rey de Libná, uno; el rey de Adulán, uno; 16 el rey de Maquedá, uno; el rey de Betel, uno; 17 el rey de Tafuaj, uno; el rey de Jéfer, uno; 18 el rey de Afec, uno; el rey de Sarón, uno; 19 el rey de Madón, uno; el rey de Jasor, uno; 20 el rey de Simerón-Merón, uno; el rey de Axaf, uno; 21 el rey de Tanac, uno; el rey de Meguido, uno; 22 el rey de Cades, uno; el rey de Yocneán del Carmelo, uno; 23 el rey de Dor, de las montañas de Dor, uno; el rey de Goyín de Galilea, uno; 24 el rey de Tirsá, uno. En total treinta y un reyes.

 

  1. EL REPARTO DE LA TIERRA CONQUISTADA[10]­

 

Esta es la tierra que falta conquistar

Jue 3,1-6

13 1 Josué ya era anciano, entrado en años, y el Señor le dijo: “Tú ya eres anciano y entrado en años, pero queda todavía mucho territorio por tomar en posesión. 2 Esta es la tierra que falta conquistar: todos los distritos de los filisteos y todos los de los guesuritas, 3 desde Sijor, que está en la frontera de Egipto, hasta los límites de Ecrón, hacia el norte, considerada como perteneciente a los cananeos; los cinco principados de los filisteos: Gaza, Asdod, Ascalón, Gat y Ecrón, además de los jeveos; 4 en el sur, todo el territorio de los cananeos, y la cueva que está en dirección a los sidonios, hasta Afec y hasta la frontera de los amorreos; 5 además, el territorio de los gueblitas y todo el Líbano oriental, desde Baal-Gad, a los pies del Monte Hermón, hasta la entrada de Jamat; 6 todos los habitantes de la región montañosa, desde el Líbano hasta los hornos de cal, y todos los sidonios. Yo los expulsaré en presencia de los israelitas. Te toca repartir en Israel de acuerdo con la porción que les corresponde, tal como te lo he mandado”.

 

Distribuye esta tierra

Jos 13,33; Nm 18,20-24; 32; Dt 3,12-17; 18,2

7 “Por tu parte, distribuye esta tierra, según la porción que les corresponde, entre las nueve tribus y la media tribu de Manasés, 8 del mismo modo que los rubenitas y los gaditas tomaron posesión de su heredad, la que les dio Moisés más allá del Jordán, en la región oriental”.

Moisés, servidor del Señor, había repartido 9 desde Aroer, que está a orillas del torrente Arnón y la ciudad que está en medio del valle del torrente, toda la llanura de Mádaba hasta Dibón; 10 todas las poblaciones de Sijón, rey de los amorreos, que reinó en Jesbón, hasta la frontera de los amonitas; 11 Galaad y los territorios de las guesuritas y los macatitas; toda la región montañosa del Hermón y todo el territorio de Basán, hasta Salcá; 12 todo el reino de Og, en Basán, que reinó en Astarot y en Edreí y que era sobreviviente de los refaítas, a los que Moisés había vencido y expulsado. 13 Pero los israelitas no expulsaron a los guesuritas y a los macatitas, por lo cual Guesur y Maacat habitan en medio de Israel hasta el día de hoy. 14 Solamente a la tribu de Leví no le dio heredad. Los holocaustos presentados al Señor, Dios de Israel, son su heredad, de acuerdo con lo que él les había dicho.

 

  1. Descripción de las tribus de Transjordania [11]

Esta fue la heredad de los hijos de Rubén

Gn 49,3-4; Nm 32; Dt 33,6

15 Moisés había entregado a la tribu de Rubén, según sus clanes, lo siguiente: 16 fue para ellos el territorio que va desde Aroer, en la ribera del torrente Arnón y la ciudad que está en medio del valle del torrente y toda la llanura hasta Mádaba; 17 el territorio de Jesbón y todas sus poblaciones, que están en la llanura; Dibón, Bamot Baal, Bet Baal-Maón, 18 Yasá, Quedemot y Mefat; 19 Quiriat Yearín, Sibmá, Séret Sajar, en la montaña y en el valle; 20 Bet Fegor, las colinas de Fasga y Bet Yesimot, 21 todas las poblaciones de la llanura y todo el reino de Sijón, rey de los amorreos, que reinaba en Jesbón, a quien Moisés había derrotado; y los príncipes de Madián: Eví, Requén, Sur, Jur y Rebe, sometidos a Sijón, que habitaban en el territorio. 22 Los israelitas habían matado a filo de espada a Balaán, hijo de Beor, el adivino, lo mismo de que a los demás. 23 De este modo, el territorio de los hijos de Rubén se extendía hasta el Jordán. Esta fue la heredad de los hijos de Rubén, según sus clanes, con sus ciudades y sus poblaciones cercanas.

 

Esta fue la heredad de los hijos de Gad

Gn 49,19; Nm 32; Dt 33,20-21

24 Moisés había entregado a la tribu de Gad, a los gaditas, según sus clanes, lo siguiente: 25 fue para ellos el territorio de Yézer, y todas las poblaciones de Galaad y la mitad del territorio de los amonitas, hasta Aroer, que está frente a Rabá; 26 desde Jesbón hasta Ramat Mispé y Betonín, y desde Majanain hasta la frontera con Debir. 27 En el valle: Bet Aram y Bet Nimrá, Sucot y Safón, y el resto del reino de Sijón, rey de Jesbón. El Jordán servía de frontera, hasta la orilla del lago de Genesaret, más allá del Jordán, en la región oriental. 28 Esta fue la heredad de los hijos de Gad, según sus clanes, con sus ciudades y sus poblaciones cercanas.

 

Esto fue para la media tribu de los hijos de Manasés

Gn 49,22-26; Dt 33,13-17

29 Moisés había dado a la media tribu de Manasés lo siguiente: fue para la media tribu de los hijos de Manasés, según sus clanes, 30 el territorio que se extiende desde de Majanain, todo el territorio de Basán, todo el reino de Og, rey de Basán, y todos las poblaciones de Yaír que están en Basán: sesenta ciudades. 31 La mitad de Galaad, de Astarot y de Edreí y las ciudades del reino de Og, que estaba en Basán, fue para la mitad de los hijos de Maquir, hijo de Manasés, según sus clanes.

 

Esto es lo que Moisés asignó en las estepas de Moab

Jos 13,14; Nm 18,20-24; 35,1-8

32 Esto es lo que Moisés asignó en las estepas de Moab, más allá del Jordán, al oriente de Jericó. 33 A la tribu de Leví, en cambio, no le asignó heredad; el Señor, Dios de Israel, fue su heredad, según les había dicho.

 

  1. Descripción de las tres grandes tribus en el territorio de Canaán [12]

Los israelitas recibieron como herencia en el territorio de Canaán

Jos 13,14.33; 21,1-42; Gn 48,1-6; Nm 34,1-15; 35,1-8

14 1 Esto es lo que los israelitas recibieron como herencia en el territorio de Canaán; la heredad que Eleazar, el sacerdote, y Josué, hijo de Nun, así como los jefes de tribu de los israelitas, les asignaron, 2 echando las suertes, según ordenó el Señor por medio de Moisés, a favor de las nueve tribus y media, 3 porque Moisés ya había entregado su heredad a dos tribus y media al otro lado del Jordán. Pero a los levitas no les dio heredad en medio de ellos. 4 Los hijos de José formaban dos tribus: Manasés y Efraín. Pero en ese territorio no dieron heredad a los levitas, sino solo poblaciones para habitar y lugares de pastoreo circundantes para sus ganados y sus posesiones. 5 Los israelitas hicieron conforme había ordenado el Señor a Moisés al repartir el territorio.

La heredad de Caleb, hijo de Jefoné

Jos 15,13-19; Nm 13-14; Dt 1,19-33; Jue 1,10-21; Eclo 46,7-10

6 Los hijos de Judá se acercaron a Josué en Guilgal. Caleb, hijo de Jefoné, el quineceo, le dijo: “Tú sabes lo que el Señor dijo a Moisés, el hombre de Dios, acerca de ti y de mí en Cadés Barnea; 7 yo tenía cuarenta años cuando Moisés, servidor del Señor, me envió desde Cadés Barnea para explorar el territorio; yo lo puse al tanto de todo, con toda sinceridad. 8 Pero mis hermanos, que habían ido conmigo, desanimaban al pueblo, mientras que yo me mantuve fiel al Señor, mi Dios. 9 Ese día Moisés hizo este juramento: ‘Ciertamente, la tierra que tus pies han recorrido será tu heredad perpetua, para ti y para tus hijos, porque te mantuviste fiel al Señor, mi Dios’. 10 El Señor me ha conservado la vida, como lo había prometido. Ya han transcurrido cuarenta y cinco años desde que el Señor declaró estas cosas a Moisés, cuando Israel iba por el desierto. Pero aquí estoy, con ochenta y cinco años; 11 sigo tan fuerte como el día en que Moisés me envió; tengo el mismo vigor que tenía entonces para entrar en batalla, para ir y venir. 12 Dame, entonces, esta región montañosa, de acuerdo con lo que dijo el Señor aquel día. Tú sabes, desde entonces, que ahí habitan los anaquitas, en ciudades grandes y fortificadas. Si el Señor está conmigo, los expulsaré, como ha dicho el Señor”. 13 Josué bendijo a Caleb, hijo de Jefoné, y le dio Hebrón como heredad. 14 Por eso Hebrón se convirtió en la heredad de Caleb, hijo de Jefoné, el quineceo, hasta el día de hoy; por haber seguido fielmente al Señor, Dios de Israel. 15 El nombre anterior de Hebrón era Quiriat Arbá; Arbá fue el hombre más alto entre los anaquitas. Y no hubo más guerras en el territorio.

 

Estos fueron los límites de los territorios de los hijos de Judá

Gn 49,8-12; Nm 13-14; Jue 1,1-26

15 1 La porción de la tribu de los hijos de Judá, según sus clanes, se extendía hacia el territorio de Edom, al sur del desierto de Sin, en la parte más sureña; 2 su frontera sur empezaba en los límites del mar Muerto, en su extremo más sureño; 3 se extendía, por el sur, hacia la cuesta de Acrabín, atravesaba Sin y subía por el sur de Cadés Barnea; pasaba por Esrón y subía hacia Adar, rodeando Carcá; 4 pasando por Asmón, se dirigía al torrente de Egipto para llegar hasta el Mediterráneo. Esa era la frontera sur. 5 El mar Muerto era la frontera oriental hasta la desembocadura del Jordán; y la frontera norte empezaba desde el extremo del mar que da a la desembocadura del Jordán. 6 La frontera subía por Bet Joglá y pasaba por el norte de Bet Arabá; seguía por la Piedra de Boán, un hijo de Rubén, 7 y subía por los límites de Debir, desde el valle de Acor hacia el norte, hasta Guilgal, que está frente a la subida de Adumín, al sur del torrente; pasaba por las aguas de Ain Semes y llegaba a los límites de Ain Roguel. 8 Seguía por el valle de Ben Hinón, por el lado sur de los jebuseos, es decir, de Jerusalén. La frontera seguía su recorrido hasta la cima de la montaña que está frente al valle de Hinón, en dirección al poniente, en el extremo norte del valle de los refaítas. 9 La frontera giraba desde la cima de la montaña hacia las fuentes de Neftoá, para dirigirse a las ciudades de la montaña de Efrón, girando luego hacia Balá, es decir, Quiriat Yearín; 10 giraba desde la subida occidental hasta la montaña de Seír y pasaba por la parte norte de la montaña de Yearín, es decir, por Quesalón; bajaba hasta Bet-Semes, pasando por Timná. 11 La frontera continuaba su recorrido hacia el extremo norte de Ecrón y luego giraba hacia Sicrón; pasaba por el monte Balá y se dirigía a Yabneel para luego desembocar hacia el poniente. 12 El mar Mediterráneo era el límite occidental. Estos fueron los límites de los territorios de los hijos de Judá, según sus clanes.

13 De acuerdo con la orden del Señor a Josué, a Caleb, hijo de Iefuné, se le asignó una parte en medio de los hijos de Judá. Esa parte era Quiriat Arbá – la ciudad del padre de los anaquitas, es decir, Hebrón. 14 Caleb expulsó de allí a los tres hijos de Anac: Sesay, Ajimón y Talmay; 15 luego marchó contra los habitantes de Debir, que antes se llamaba Quiriat Sefer. 16 Caleb dijo: a aquel que conquiste Quiriat Sefer y se apodere de ella le daré por esposa a Axá, mi hija. 17 La conquistó Otoniel, hijo de Quenaz, hermano de Caleb; y Caleb le dio por esposa a Axá, su hija. 18 Cuando llegó, él la incitó a pedir un campo de su padre; ella se bajó del burro y Caleb le preguntó: “¿Qué quieres?” 19 Ella respondió: “Dame un regalo: ya que me has dado el Négueb, dame también las fuentes de agua”. Y él le dio las fuentes de arriba y las fuentes de abajo.

 

Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Judá

Jue 1,8.21; 2 Sm 5,6-12

20 Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Judá, según sus clanes: 21 las poblaciones más lejanas de la tribu de los hijos de Judá, en el sur, en la frontera con Edom son: Cabsel, Eder, Yagur, 22 Quiná, Dimoná, Adadá, 23 Cadés, Jasor, Yetnán, 24 Cif, Telem, Balot, 25 Jasor, Jadatá, Cariot Jerón, es decir Jasor, 26 Amán, Semá, Moladá, 27 Jsargadá, Jesmón, Bet Pelet, 28 Jasarsual, Berseba con sus aldeas, 29 Balá, Iyín, Esen, 30 Eltolad, Quesil, Jormá, 31 Siceleg, Madmaná, Sansaná, 32 Lebaot, Seljín y Ain Rimón. En total, veintinueve ciudades con sus poblados cirdundantes.

33 En las tierras bajas: Estaol, Sorá, Asena, 34 Sanoj, Ain Ganín, Tafuaj, Enain, 35 Yarmut, Adulán, Socó, Azeca, 36 Sarain, Aditain, Guedera, Guederotain. Catorce ciudades con sus poblados circundantes.

37 Senán, Jasadá, Migdal Gad, 38 Dileán, Mispá, Yoctel, 39 Laquis, Boscat, Eglón, 40 Cabón, Lajmás, Quitlís, 41 Guiderot, Bet Dagón, Nahamá, Maquedá. Dieciséis ciudades con sus poblados circundantes.

42 Libná, Eter, Asán, 43 Jefté, Esná, Nesib, 44 Queilá, Aczib, Maresá. Nueve ciudades con sus poblados circundantes.

45 Ecrón con sus poblados y sus territorios circundantes. 46 De Ecrón hacia el poniente, todas las poblaciones cercanas a Asdod, con sus poblados circundantes: 47 Asdod, con sus poblaciones y sus territorios circundantes; Gaza con sus poblaciones y sus territorios circundantes, hasta el torrente de Egipto, con el mar Mediterráneo como su frontera.

48 En la región montañosa: Samir, Yatir, Sucot, 49 Daná, Quiriat Saná, es decir, Debir; 50 Anab, Estemoa, Anín, 51 Gosen, Jolón, Guilo. Once ciudades con sus poblados circundantes.

52 Arab, Dumá, Esán, 53 Yanín, Bet Tapnaj, Afecá, 54 Jumtá, Quiriat Arbá, es decir, Hebrón, Sior. Nueve ciudades con sus poblados circundantes.

55 Maón, Carmel, Zif, Jutá, 56 Jezrael, Yocdán, Zanoj, 57 Acaín, Guibéa, Timná. Diez ciudades con sus poblados circundantes.

58 Jaljul, Bet Sur, Guedor, 59 Maarat, Bet Anot, Eltecón. Seis ciudades con sus poblados circundantes.

Tecoa, Efrata, es decir, Belén, Fegor, Etán, Colón, Tatán, Sores, Caren, Galín, Béter, Manoj. Once ciudades con sus poblados circundantes.

60 Quiriat Baal, es decir, Quiriat Yearín, y Rabá. Dos ciudades con sus poblados circundantes.

61 En el desierto: Bet Arabá, Midín, Secacá, 62 Nebsán, la ciudad de sal y Enguedi. Seis ciudades con sus poblados circundantes.

63 Pero los hijos de Judá no pudieron expulsar a los jebuseos, habitantes de Jerusalén; por eso los jebuseos están en Jerusalén, en medio de los hijos de Judá, hasta el día de hoy.

 

La heredad de los hijos de José

Gn 49,22-26; Dt 33,13-17

16 1 La heredad de los hijos de José iba desde el Jordán, a la altura de Jericó, hacia las fuentes de Jericó, que están en el lado oriental; luego subía por el desierto, desde Jericó, por la región montañosa de Betel; 2 recorría desde Betel hasta Luz, pasaba por la frontera de los arqueos de Atarot, 3 y bajaba, en dirección al poniente, hasta la frontera de los jafletitas, en los límites de Betorón de Abajo y Guézer, hasta llegar al mar. 4 Recibieron su heredad Manasés y Efraín, los hijos de José:

 

Estas fueron las fronteras de los hijos de Efraín

Gn 49,22-26; Dt 33,13-17; Jue 1,29

5 Esta es la heredad de Efraín, según sus clanes: al oriente, desde Atarot Adar hasta Betorón de arriba. 6 La frontera iba hasta el mar; luego, hacia el norte, hasta Micmetá; de ahí giraba hacia el oriente hasta Taanat-Siló; recorriendo esa población, al oriente de Janoj, 7 bajaba hasta Atarot y Naratá, llegando hasta Jericó, en el Jordán. 8 Desde Tafuaj se dirigía al poniente por el torrente de Caná en dirección al mar. Estas fueron las fronteras de los hijos de Efraín, según sus clanes, 9 junto con las ciudades reservadas para los hijos de Efraín en medio de la heredad de los hijos de Manasés; todas las ciudades incluían sus poblados circundantes. 10 Pero no expulsaron a los cananeos que habitan en Guézer; por eso los cananeos habitan en medio de Efraín hasta el día de hoy, aunque sometidos a trabajos forzados.

 

Esta es la porción que le tocó a la tribu de Manasés

Gn 49,22-26; Nm 27,1-11; Dt 33,13-17; Jue 1,27-28

17 1 Esta es la porción que le tocó a la tribu de Manasés, el primogénito de José: a Maquir, el primogénito de Manasés y padre de Galaad, hombre hábil en la guerra, le tocó Galaad y Basán. 2 También a los demás hijos de Manasés les tocó una parte, según sus clanes: a los hijos de Abiezer y a los de Elec, a los hijos de Esriel y a los de Siquén, a los hijos de Jefer y a los de Samidá; estos eran los hijos varones de Manasés, hijo de José, según sus clanes.

3 Selofjad, hijo de Jefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, no tuvo hijos sino solamente hijas. Sus nombres eran: Majlá, Noá, Joglá, Milcá y Tirsá. 4 Ellas se presentaron ante el sacerdote Eleazar, ante Josué, hijo de Nun, y ante los principales y les dijeron: el Señor ordenó a Moisés que nos asignaran heredad entre nuestros hermanos; y les asignaron una porción, en medio de los hermanos de su padre, de acuerdo con la orden del Señor. 5 De este modo, a Manasés le tocaron diez porciones, además del territorio de Galaad y Basán, que está al otro lado del Jordán, 6 porque las hijas de Manasés recibieron heredad entre los hijos de este. El territorio de Galaad fue para los demás hijos de Manasés.

7 La frontera de Manasés iba desde Aser, a la altura de Micmetá, frente a Siquén, hacia el sur, hasta la fuente de Tafuaj. 8 El territorio de Tafuaj pertenecía a Manasés, pero la población de Tafuaj, en los límites con Manasés, era de los hijos de Efraín. 9 La frontera bajaba hasta el torrente de Caná; más al sur del torrente había ciudades que pertenecían a Efraín y que estaban en medio de las ciudades de Manasés. La frontera de Manasés estaba al norte del torrente y llegaba hasta el mar Mediterráneo. 10 A Efraín le tocaba la parte sur, a Manasés la parte norte, y el mar era la frontera para los dos. Manasés limitaba al norte con Aser y al oriente con Isacar. 11 Pero había ciudades dentro de Isacar y de Aser que pertenecían a Manasés: Betsán con sus poblados, Yibleán con sus poblados, los habitantes de Dor con sus poblados, los de Endor con sus poblados; los habitantes de Tanac y Meguido con sus poblados, a lo largo de tres colinas. 12 Los hijos de Manasés no pudieron expulsar a los habitantes de esas poblaciones, de modo que los cananeos se quedaron a vivir en esa región. 13 Cuando los israelitas se hicieron fuertes, sometieron a los cananeos a trabajos forzados, pero no pudieron expulsarlos.

 

Ustedes expulsarán a los cananeos

Jue 1,19

14 Los hijos de José dijeron a Josué: “¿Por qué nos has dado en herencia una sola porción, si nosotros formamos un pueblo numeroso, ya que hasta ahora nos ha bendecido el Señor?”. 15 Josué les respondió: “Si ustedes son un pueblo tan numeroso que les queda muy estrecha la montaña de Efraín, suban al bosque y hagan espacio para habitar allí, en el territorio de los pereceos y los refaítas”. 16 Los hijos de José respondieron: “La montaña no es suficiente para nosotros. Además, todos los cananeos que habitan en la llanura tienen carros de hierro, lo mismo que los que habitan en Betsán y sus poblaciones y los del valle de Jezrael”. 17 Josué respondió a Efraín y Manasés, hijos de José: “Ustedes forman un pueblo numeroso y fuerte, pero no es solamente una la heredad que les toca, 18 sino que también la montaña es para ustedes; es un bosque pero lo limpiarán y les pertenecerá hasta sus límites más lejanos, porque ustedes expulsarán a los cananeos aunque ellos tengan carros de hierro y sean fuertes”.

 

  1. Descripción de las otras siete tribus en el territorio de Canaán [13]

Repartirán el territorio en siete porciones

Ex 33,7-11

18 1 Cuando el territorio estaba ya sometido a ellos, toda la comunidad de los israelitas se reunió en Siló y levantó allí la tienda del encuentro. 2 todavía quedaban siete tribus de entre los israelitas que no habían recibido su porción de la heredad. 3 Josué dijo a los israelitas: “¿Hasta cuándo seguirán sin ánimos de entrar y tomar posesión de la tierra que les ha concedido el Señor, Dios de sus padres? 4 Elijan de entre ustedes tres hombres por tribu; yo los enviaré y ellos se pondrán en marcha, recorrerán el territorio y harán una descripción de él para hacer el reparto de heredades; luego regresarán a mí. 5 Repartirán el territorio en siete porciones. Judá permanecerá dentro de sus fronteras, al sur, y los de la casa de José permanecerán en sus fronteras, al norte. 6 Ustedes harán una descripción del territorio en siete partes, me traerán aquí esa descripción y aquí mismo yo haré un sorteo delante del Señor, nuestro Dios. 7 Los levitas no tienen parte entre ustedes porque su sacerdocio ante el Señor es su herencia. Las tribus de Gad y Rubén y la media tribu de Manasés ya han recibido, más allá del Jordán, en el oriente, la porción que les entregó Moisés, el servidor del Señor”.

8 Cuando los hombres que debían salir a describir la tierra se preparaban para partir, Josué les dio la siguiente orden: “Vayan, recorran el territorio y descríbanlo; luego vuelvan a mí y aquí mismo, en Siló, yo echaré las suertes delante del Señor”. 9 Ellos fueron, recorrieron el territorio y describieron por escrito, en un libro, las poblaciones, distribuyéndolas en siete porciones; luego regresaron al campamento de Siló, donde estaba Josué. 10 En Siló, Josué echó las suertes delante del Señor, y allí mismo repartió el territorio entre los israelitas de acuerdo con las porciones correspondientes.

 

Esta es la heredad de los hijos de Benjamín

Gn 49,27; Dt 33,12

11 Cayó la suerte en la tribu de los hijos de Benjamín, según sus clanes; las fronteras de su territorio estaban entre el de los hijos de Judá y el de los hijos de José. 12 Su frontera norte partía del Jordán y subía por la pendiente norte de Jericó, cruzaba la región montañosa hacia el poniente y se dirigía al desierto de Bet Avén; 13 desde ahí iba en dirección a Luz, por la parte sur, es decir, por Betel, y bajaba por Atarot Adar, por la región montañosa que está al sur de Betorón de Abajo. 14 Por la parte occidental, la frontera giraba hacia el sur, desde la montaña que está frente a Betorón, al sur, y se dirigía hacia Quiriat Baal, es decir, Quiriat Yearín, que pertenecía a los hijos de Judá. Esa era su frontera occidental.

15 Por la parte sur, iba desde los límites de Quiriat Yearín, en dirección al poniente, hasta la fuente de agua de Neftoa; 16 la frontera bajaba hasta el límite de la montaña que está frente al valle de Ben Hinón, en la parte norte de los llanos de los refaitas; bajaba más, hacia el sur, hacia el valle de Hinón, en la frontera con los jebuseos, hasta Ain Roguel; 17 giraba desde el norte y se dirigía hacia Ain Semes, iba hacia Guelilot, que está frente a la subida de Adumín, y bajaba hasta la Piedra de Boán, el hijo de Rubén; 18 pasaba por el lado norte que está frente a Bet Arabá, y bajaba hasta el Arabá. 19 La frontera pasaba por el límite norte de Bet Joglá y llegaba hasta el extremo norte del mar Muerto, en la desembocadura sur del Jordán. Esa era su frontera por el sur. 20 El Jordán era su frontera por el occidente. Esta es la heredad de los hijos de Benjamín, según sus clanes, con las fronteras que lo rodeaban.

21 Las poblaciones de la tribu de los hijos de Benjamín, según sus clanes, eran: Jericó, Bet Joglá, Emec Casís, 22 Bet Arabá, Semarain, Betel, 23 Avín, Afara, Ofra, 24 Quefar, Emoná, Ofni, Gaba. Doce ciudades con sus poblados circundantes.

25 Gabaón, Ramá, Berot, 26 Mispá, Cafirá, Mosa, 27 Requen, Yirfel, Taralá, 28 Sela Elef, Yebús, es decir, Jerusalén, Guibeá y Quiriat Yearín. Catorce ciudades con sus poblados circundantes. Esta fue la heredad de los hijos de Benjamín, según sus clanes.

 

Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Simeón

Gn 49,5-7; 1 Cr 4,24-43

19 1 La segunda porción le tocó a Simeón, a la tribu de los hijos de Simeón, según sus clanes. Su heredad estaba en medio de la heredad de Judá 2 e incluía Berseba, Semá, Moladá, 3 Jasarsual, Balá, Asén, 4 Eltolad, Betul, Jormá, 5 Siceleg, Bet Marcabot, Jasarsusá, 6 Bet Lebaot y Saujén. Trece ciudades con sus poblados circundantes. 7 Aín, Rimón, Atar y Asán. Cuatro ciudades con sus poblados circundantes 8 y todas las poblaciones que están alrededor de esas ciudades, hasta Balat Ber, es decir, Ramat del Négueb. Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Simeón, según sus clanes. 9 La heredad de los hijos de Simeón estaba en medio de la de los hijos de Judá. Los hijos de Simeón heredaron en medio de ellos porque la heredad de los hijos de Judá era muy extensa.

Esta es la heredad de los hijos de Zabulón

Gn 49,13; Dt 33,18-19; Jue 1,30

10 La tercera porción le tocó a los hijos de Zabulón, según sus clanes; la frontera de su heredad se extendía hasta Sarid. 11 Su frontera occidental subía hacia Maralá, llegaba a Debaset y hasta el torrente que está frente a Yocneán; 12 desde Sarid regresaba, por el lado oriental, hacia la salida del sol, hasta los límites de Quislot Tabor, iba hacia Dobrat y subía a Yafiá; 13 desde ahí atravesaba Guita Jefer e Itacasín, en dirección al oriente, y se dirigía hacia Remón, rodeando Noa; 14 luego, por el lado norte, giraba hacia Janatón, y se dirigía al valle de Jiftael, 15 a Catat, Nalal, Simrón, Yidalá y Belén. Doce ciudades con sus poblados circundantes. 16 Esta es la heredad de los hijos de Zabulón, según sus clanes; esas eran sus ciudades con sus poblados circundantes.

 

Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Isacar

Gn 49,14-15; Dt 33,18-19

17 La cuarta porción le tocó a los hijos de Isacar, según sus clanes; 18 su territorio comprendía Jezrael, Quesulot, Sunén, 19 Jafarain, Sión, Anajarat, 20 Rabit, Quesyón, Abes, 21 Rémet, Ain Ganin, Ain Jadá y Bet Fases. 22 La frontera llegaba hasta el Tabor, Sajesima y Bet Semes, y terminaba en los límites del Jordán. Dieciséis ciudades con sus poblados circundantes. 23 Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Isacar, según sus clanes; esas eran las ciudades con sus poblados circundantes.

 

Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Aser

Gn 49; Dt 33,24-25; Jue 1,31-32

24 La quinta porción le tocó a los hijos de Aser, según sus clanes; 25 su territorio comprendía Jelcat, Jalí, Beten, Axaf, 26 Elmelec, Amad y Mesal; por el lado occidental, la frontera alcanzaba hasta el Carmelo y Sijor Libná; 27 por el lado oriental giraba hacia Bet Dagón y llegaba hasta el norte de Zabulón y el valle de Jiftael; seguía por Bet Emec y Niel e iba, por el lado izquierdo, a Cabul, 28 Abdón, Rejob, Jamón y Caná, hasta llegar a Sidón la Grande; 29 giraba en dirección a Ramá, hasta la fortaleza de Tiro; volvía a girar, hacia Josá, para desembocar en el Mediterráneo, a la altura de Mejebel y Aczibá, 30 Umá, Afec y Rejob. Veintidós ciudades con sus poblados circundantes. 31 Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Aser, según sus clanes; esas eran sus ciudades con sus poblados circundantes.

 

Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Neftalí

Gn 49,21; Dt 33,23; Jue 1,33

32 La sexta porción le tocó a los hijos de Neftalí, según sus clanes; 33 su territorio se extendía desde Jelef, a la altura de la encina de Senanín, pasando por Adamí Néqueb y Yabneel, hasta llegar a Lecún y el Jordán; 34 giraba hacia el poniente en dirección a Aznot Tabor, desde ahí se dirigía a Jucoc y llegaba hasta Zabulón en el sur, hasta Aser en el occidente, y hasta Judá, a la altura del Jordán, en el oriente. 35 Sus poblaciones fortificadas eran: Asedín, Ser, Jamat, Recat, Genesaret, 36 Ademá, Ramá, Jasor, 37 Cadés, Edreí, Ain Jasor, 38 Yerón Migdalel, Joren, Bet Anat, Bet Semes. Diecinueve ciudades con sus poblados circundantes. 39 Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Neftalí, según sus clanes, las ciudades con sus poblados circundantes.

 

Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Dan

Gn 49,16-17; Dt 33,22; Jue 1,34; 18

40 La séptima porción le tocó a la tribu de los hijos de Dan, según sus clanes. 41 Su territorio comprendía: Sorá, Estaol, Ir Semes, 42 Selebín, Ayalón, Yitlá, 43 Elón, Timná, Ecrón, 44 Elteque, Guibatón, Balat, 45 Yud, Bené Barac, Gat Rimón, 46 Meyarcón y Racón, con el territorio que está frente a Jafa.

47 Pero el territorio de los hijos de Dan se extendía todavía más, porque los hijos de Dan subieron a hacer la guerra contra Lesen, se apoderaron de ella, la destruyeron y pasaron a filo de espada a sus habitantes, se establecieron en ella y la llamaron Dan, en memoria de su antepasado. 48 Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Dan, según sus clanes; esas fueron sus ciudades y los poblados circundantes.

 

Dieron una heredad a Josué

Jos 24,30; Jue 2,9

49 Cuando terminaron de repartir el territorio y de marcar sus fronteras, los israelitas dieron una heredad a Josué, hijo de Nun, en medio de ellos. 50 Según la orden del Señor, le concedieron la ciudad que había pedido: Timná Séraj, en la montaña de Efraín. Josué reconstruyó la ciudad y se estableció en ella.

 

Así completaron el reparto del territorio

Jos 13,7-14; Nm 34,16-19

51 Estas son las porciones que Eleazar, el sacerdote, y Josué, hijo de Nun, junto con los demás dirigentes, distribuyeron por sorteo a las tribus de los israelitas, en Siló, delante del Señor, a la entrada de la tienda del encuentro. Así completaron el reparto del territorio.

 

  1. Ciudades de refugio y ciudades levíticas [14]

Designen ciudades de refugio

Ex 21,12-17; Nm 35,9-34; Dt 19,1-13

20 1 El Señor dijo a Josué: 2 “Ordena lo siguiente a los israelitas: designen ciudades de refugio, de las que les hablé por medio de Moisés, 3 para que el homicida que haya matado a alguien por descuido y sin intención de hacerlo, se refugie allí y pueda escapar del vengador de sangre. 4 El homicida huirá hacia una de esas ciudades, la más cercana; se detendrá a la entrada de la puerta de la ciudad y expondrá su caso, en privado, a los ancianos de esa ciudad; ellos lo recibirán en la ciudad y le proporcionarán un lugar para que permanezca entre ellos. 5 Si el vengador de sangre lo persigue, ellos no se lo entregarán, porque el homicida mató a su hermano sin premeditación y sin haberlo odiado de antemano. 6 El homicida permanecerá allí hasta cuando comparezca ante la asamblea para ser juzgado, o hasta la muerte del sumo sacerdote que por entonces esté en funciones; entonces podrá regresar a su ciudad, a su casa, al lugar del cual huyó”.

7 Reservaron las siguientes ciudades: Cadés de Galilea, en las montañas de Neftalí; Siquén, en las montañas de Efraín; Quiriat Arbá, es decir, Hebrón, en las montañas de Judá. 8 Al otro lado del Jordán, al oriente de Jericó, reservaron: Bosor en el desierto, en las llanuras de la tribu de Rubén; Ramot de Galaad, de la tribu de Gad, y Golán, en Basán, de la tribu de Manasés. 9 Estas fueron las ciudades designadas para todos los israelitas y los extranjeros que habitaban en medio de ellos, para que pudieran refugiarse ahí los que habían matado a alguien por descuido y no murieran a manos del vengador de sangre sin haber comparecido ante la asamblea.

 

Todas las ciudades de los levitas sumaban cuarenta y ocho

Nm 18,20-24; 35,1-8; 1 Cr 6,39-66

21 1 En Siló, tierra de Canaán, los jefes de familia de los levitas se presentaron ante el sacerdote Eleazar, ante Josué, hijo de Nun, y ante los jefes de familia de las tribus de Israel, 2 y les dijeron: “El Señor ordenó por medio de Moisés que nos dieran ciudades donde pudiéramos establecernos, lo mismo que tierras de pastoreo para nuestros ganados”. 3 Entonces, los israelitas dieron, de su propia heredad, las siguientes ciudades, con sus correspondientes tierras de pastoreo, de acuerdo con la orden del Señor:

4 La suerte cayó sobre los clanes de los queatitas. A los hijos del sacerdote Aarón, que eran de los levitas, les tocaron en suerte trece ciudades de la tribu de Judá, de la tribu de Simeón y de la tribu de Benjamín. 5 A los demás hijos de Queat les tocaron en suerte diez ciudades de los clanes de la tribu de Efraín, de la tribu de Dan y de la media tribu de Manasés. 6 A los hijos de Guersón les tocaron en suerte trece ciudades de los clanes de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser, de la tribu de Neftalí y de la media tribu de Manasés, en el territorio de Basán. 7 A los hijos de Merarí, según sus familias, les tocaron doce ciudades de la tribu de Rubén, de la tribu de Dan y de la tribu de Zabulón. 8 Los israelitas dieron por sorteo esas ciudades y sus correspondientes tierras de pastoreo a los levitas, de acuerdo con lo que había mandado el Señor por medio de Moisés.

9 De la tribu de los hijos de Judá y de la tribu de los hijos de Simeón dieron las siguientes ciudades, mencionadas por su nombre; 10 a los hijos de Aarón, del clan de Queat, de los hijos de Leví, a los que les tocó el primer sorteo, les dieron: 11 Quiriat Arbá, es decir, Hebrón – Arbá fue el padre de Anac-, en la montaña de Judá, con sus tierras de pastoreo alrededor; 12 los campos de la ciudad y sus poblados ya habían sido entregados en propiedad a Caleb, hijo de Jefoné. 13 A los hijos del sacerdote Aarón les dieron Hebrón, la ciudad de refugio para los homicidas, con sus tierras de pastoreo, y Libná, con sus tierras de pastoreo; 14 Yeter, con sus tierras de pastoreo, y Estemoa, con sus tierras de pastoreo; 15 Jolón, con sus tierras de pastoreo, y Debir, con sus tierras de pastoreo; 16 Asán, con sus tierras de pastoreo, Yutá, con sus tierras de pastoreo, y Bet Semes, con sus tierras de pastoreo; nueve ciudades de esas dos tribus. 17 De la tribu de Benjamín: Gabaón, con sus tierras de pastoreo, y Guibeá, con sus tierras de pastoreo; 18 Anatot, con sus tierras de pastoreo, y Almón, con sus tierras de pastoreo. Cuatro ciudades. 19 En total, trece ciudades para los sacerdotes, hijos de Aarón, con sus tierras de pastoreo.

20 A las demás familias levíticas de los hijos de Queat les tocaron en suerte ciudades de la tribu de Efraín; 21 les dieron Siquén, ciudad de refugio para los homicidas, con sus tierras de pastoreo, en la montaña de Efraín, y Guézer, con sus tierras de pastoreo; 22 Quibsain, con sus tierras de pastoreo, y Betorón, con sus tierras de pastoreo; cuatro ciudades. 23 De la tribu de Dan: Elteque, con sus tierras de pastoreo, y Guibetón, con sus tierras de pastoreo; 24 Ayalón, con sus tierras de pastoreo, y Gat Rimmón, con sus tierras de pastoreo; cuatro ciudades. 25 De la media tribu de Manasés: Tanac, con sus tierras de pastoreo, y Gat Rimmón, con sus tierras de pastoreo; dos ciudades. 26 En total, diez ciudades con sus tierras de pastoreo para las demás familias de Queat.

27 A los hijos de Guersón, según sus familias, les tocaron, de la media tribu de Manasés: Golán, en Basán, ciudad de refugio para los homicidas, con sus tierras de pastoreo, y Astarot, con sus tierras de pastoreo; dos ciudades. 28 De la tribu de Isacar: Quisión, con sus tierras de pastoreo, y Dobrat, con sus tierras de pastoreo; 29 Yarmut, con sus tierras de pastoreo, y Ain Ganim, con sus tierras de pastoreo; cuatro ciudades. 30 De la tribu de Aser: Mesal, con sus tierras de pastoreo, y Abdón, con sus tierras de pastoreo; 31 Jelcat, con sus tierras de pastoreo, y Rejob, con sus tierras de pastoreo; cuatro ciudades. 32 De la tribu de Neftalí: Cadés de Galilea, ciudad de refugio para los homicidas, con sus tierras de pastoreo; Jamot Dor, con sus tierras de pastoreo, y Cartán, con sus tierras de pastoreo; tres ciudades. 33 En total, trece ciudades para los guersonitas, según sus familias, con sus tierras de pastoreo.

34 Para las demás familias levíticas de los hijos de Merarí, de la tribu de Zabulón, fueron: Yocneán, con sus tierras de pastoreo, y Cartá, con sus tierras de pastoreo; 35 Dimná, con sus tierras de pastoreo, y Nalol, con sus tierras de pastoreo; cuatro ciudades. 36 De la tribu de Rubén: Besor, con sus tierras de pastoreo, y Yasá, con sus tierras de pastoreo; 37 Quedemot, con sus tierras de pastoreo, y Mefat, con sus tierras de pastoreo; cuatro ciudades. 38 De la tribu de Gad: Ramot de Galaad, ciudad de refugio para los homicidas, con sus tierras de pastoreo, y Majanain, con sus tierras de pastoreo; 39 Jesbón, con sus tierras de pastoreo, y Yazer, con sus tierras de pastoreo; cuatro ciudades. 40 Todas estas fueron las ciudades destinadas a los hijos de Merarí, según sus familias, es decir, de las demás familias de los levitas; su porción fue de doce ciudades.

41 Todas las ciudades de los levitas en medio del territorio que pertenecía a los israelitas sumaban cuarenta y ocho, con sus respectivas tierras de pastoreo. 42 Cada una de esas ciudades comprendía la ciudad misma, más las tierras de pastoreo que estaban alrededor. Así era en todos los casos.

 

El Señor entregó a Israel toda la tierra; ellos se establecieron en ella

Jos 23; 24,12-13; Is 55,11; Sal 136,21-22

43 El Señor entregó a Israel toda la tierra que había prometido dar a sus padres; ellos la tomaron en posesión y allí se establecieron; 44 el Señor les concedió reposo en medio de los pueblos que estaban en derredor, según lo que había prometido a sus padres; ninguno de sus enemigos pudo oponerse, porque el Señor puso a todos sus enemigos en sus manos. 45 Nada quedó sin cumplirse de todas las buenas palabras que el Señor prometió a los israelitas; todas se cumplieron.

 

III. INTERPRETACION RELIGIOSA

DEL ESTABLECIMIENTO EN LA TIERRA[15]­

Amar al Señor, su Dios, y caminar por sus sendas

Jos 1,12-18; 13,7-33; Nm 32; // 22,5: Mt 22,37; Mc 12,29-30.33

22 1 Entonces Josué convocó a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés 2 y les dijo: “Ustedes han cumplido todo lo que les ordenó Moisés, servidor del Señor, y también me han obedecido a mí en todo lo que yo les he ordenado; 3 hasta este día, no han dejado solos a sus hermanos en todos estos largos años, sino que han cumplido todo lo que el Señor, su Dios, les había mandado. 4 Ahora que el Señor, su Dios, ha dado ya descanso a sus hermanos, según les había prometido, ustedes pueden regresar a sus tiendas, al territorio que les pertenece, el que les dio Moisés, servidor del Señor, más allá del Jordán. 5 Pero pongan todo su interés en cumplir los mandatos y la Ley que les ordenó Moisés, servidor del Señor: amar al Señor, su Dios, y caminar por sus sendas, obedecer sus mandatos, mantenerse unidos a él y servirlo con todo su corazón y con toda su alma”. 6 Josué los bendijo y los despidió. Ellos se fueron a sus tiendas.

7 Moisés le había dado territorio en Basán a la media tribu de Manasés; a la otra media tribu Josué le dio territorio con sus hermanos en la parte occidental del Jordán; también a estos los bendijo y los despidió. 8 Les dijo: “Llenos de riquezas, con mucho ganado, con plata y oro, con hierro y bronce, y con muchos vestidos, vuelvan a sus tiendas y repartan entre sus hermanos el botín tomado de sus enemigos”.

 

No tenemos intención de rebelarnos contra el Señor

Jos 1,10-18; Gn 31,48-52; Lv 1-3; Nm 25; Dt 4,3

9 Los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés regresaron desde Siló, en territorio de Canaán, donde estaban los israelitas, y se dirigieron a la tierra de Galaad, a los territorios que les pertenecían, donde ya antes se habían establecido, según la orden que el Señor dio por medio de Moisés. 10 Llegaron a la región del Jordán, todavía en la parte cananea, y construyeron un altar allí, junto al Jordán, un altar grande y bien visible. 11 Los israelitas oyeron decir que los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés habían construido un altar en los límites de la tierra de Canaán, en la región del Jordán, más allá del territorio de los israelitas; 12 al enterarse, reunieron a toda la asamblea de Israel en Siló, para entrar en guerra contra ellos. 13 Los israelitas enviaron a Pinjás, hijo del sacerdote Eleazar, al territorio de Galaad, donde estaban los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés; 14 iban con él diez jefes, uno por cada casa paterna, de todas la tribus de Israel; cada uno de ellos era jefe en su casa paterna en las tribus de Israel. 15 Ellos fueron al territorio de Galaad, donde estaban los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés, y les dijeron: 16 “Así dice toda la asamblea del Señor: ¿Qué infidelidad es esta, que ustedes han cometido contra el Dios de Israel, apartándose hoy del Señor, construyéndose un altar y rebelándose hoy contra el Señor? 17 ¿Acaso fue poco el pecado de Fegor, del que todavía hoy no terminamos de purificarnos, y que acarreó aflicción a la asamblea de Israel, 18 para que ustedes renuncien hoy a seguir al Señor? Sucederá que, si ustedes hoy se rebelan contra el Señor, él se irritará mañana mismo con toda la asamblea de Israel. 19 Ahora, bien, si a ustedes les parece impuro el territorio que les tocó como heredad, vengan al territorio que es propiedad del Señor, donde habita el tabernáculo del Señor, y establézcanse entre nosotros, pero no se rebelen contra el Señor ni contra nosotros, construyendo un altar aparte del altar del Señor, nuestro Dios. 20 ¿Acaso no fue Acán, hijo de Zéraj, quien quebrantó la ley del anatema, y sin embargo la ira del Señor cayó sobre toda la asamblea de Israel, a pesar de que solamente él había pecado?”.

21 Los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés respondieron a los principales de las tribus de Israel: 22 “¡El Dios de los dioses, el Señor! ¡El Dios de los dioses, el Señor! Él es el que lo sabe, e Israel debe saberlo: si cometimos rebelión o infidelidad contra el Señor, que él ahora no nos auxilie; 23 si hemos construido un altar para apartarnos del Señor y para ofrecer en él holocaustos y ofrendas de cereales, o para ofrecer en él sacrificios de comunión, que el Señor mismo nos lo reclame. 24 Pero si no, es por temor que hemos hecho esto, pensando: con el paso del tiempo los hijos de ustedes dirán a nuestros hijos: ‘¿Qué tienen que ver ustedes con el Señor, Dios de Israel? 25 El Señor estableció el Jordán como frontera entre nosotros y ustedes, hijos de Rubén e hijos de Gad; ustedes no tienen nada qué ver con el Señor’. Así, sus hijos harían que nuestros hijos dejaran de temer al Señor. 26 Por eso nos dimos a la tarea de construir un altar, no para holocaustos ni sacrificios, 27 sino para que sirviera de testimonio entre nosotros y ustedes, y entre las generaciones que vendrán después de nosotros, de que mantenemos el culto al Señor en su presencia con nuestros holocaustos y nuestros sacrificios y nuestras ofrendas de cereales. Así, después, sus hijos no podrán decir a nuestros hijos: ‘Ustedes no tienen nada que ver con el Señor’. 28 Pensamos que si el día de mañana ustedes dijeran algo así, a nosotros o a nuestros descendientes, nosotros responderíamos: ‘Fíjense en la forma del altar del Señor que hicieron nuestros padres; no sirve para holocaustos ni para sacrificios, sino solamente como testimonio entre ustedes y nosotros’. 29 No tenemos intención de rebelarnos contra el Señor ni de apartarnos de él al construir un altar para holocaustos, para ofrendas de cereales y para sacrificios, aparte del altar del Señor, nuestro Dios, que está en su santuario”. 30 El sacerdote Pinjás, los principales de la asamblea y los jefes de las tribus de Israel que estaban con él oyeron las palabras que dijeron los hijos de Rubén, los hijos de Gad y los hijos de Manasés, y les parecieron correctas. 31 Entonces Pinjás, hijo del sacerdote Eleazar, dijo a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a los hijos de Manasés: “Hoy reconocemos que el Señor está en medio de nosotros, porque ustedes no han cometido pecado ante el Señor con una rebelión de ese género, sino que han librado a Israel de la mano del Señor”.

32 Después de esto, Pinjás, hijo del sacerdote Eleazar, y los principales se despidieron de los hijos de Rubén y de los hijos de Gad y regresaron del territorio de Galaad a la tierra de Canaán, a donde estaban los israelitas y les contaron lo sucedido; 33 a ellos les pareció bien lo narrado y bendijeron a Dios. Y ya no se habló más de entrar en guerra contra ellos para arrasar la tierra en que habitaban los hijos de Rubén y los hijos de Gad. 34 Los hijos de Rubén y los hijos de Gad llamaron al altar “testigo”, porque decían: es testigo entre nosotros de que el Señor es Dios.

 

Todas las grandiosas promesas se han cumplido

Jos 13,1; 21,45; 24,29; Ex 23,13; Lv 26,3-13; Dt 4,21-28; 5,32-33; 6-7; 28; Jue 2,1-5

23 1 Habían pasado ya muchos años desde que el Señor había concedido reposo a Israel de todos sus enemigos de alrededor, y Josué ya era de edad avanzada, 2 cuando este convocó a todo Israel, a sus ancianos y a sus jefes, a sus jueces y a sus oficiales; y les dijo: “Yo ya soy anciano y tengo muchos años; 3 han visto todo lo que el Señor, su Dios, ha hecho con todos esos pueblos ante ustedes, porque ha sido el Señor, su Dios, quien ha peleado por ustedes; 4 tengan en cuenta que yo ya he echado a suertes, como heredad para sus tribus, esos pueblos que quedan, además de aquellos que ya aniquilé, desde el Jordán hasta el mar Mediterráneo, en el poniente; 5 será el Señor, su Dios, quien los echará de delante de ustedes y los despojará, para que tomen posesión de sus tierras, de acuerdo con lo que les prometió el Señor, su Dios. 6 Fortalézcanse mucho en escuchar y poner en práctica todo lo que está escrito en el libro de la Ley de Moisés, a no desviarse ni a derecha ni a izquierda; 7 a no mezclarse con esos pueblos que hay todavía en medio de ustedes; no invoquen a sus dioses ni juren por ellos; no les den culto ni se postren ante ellos; 8 sigan unidos, en cambio, al Señor, su Dios, como lo han hecho hasta el día de hoy. 9 Ante ustedes el Señor ha despojado a pueblos grandes y poderosos; nadie ha podido resistirles hasta el día de hoy. 10 Uno solo de ustedes puede perseguir a mil, porque es el Señor, su Dios, el que pelea a su favor, como les ha prometido. 11 Asegúrense de poner toda el alma en amar al Señor, su Dios. 12 Porque si se echan para atrás y se unen a esos pueblos que todavía quedan, y si llegan a emparentar con ellos y a mezclarse con ellos, y ellos con ustedes, 13 no les quepa duda que el Señor, su Dios, no continuará echando a esos pueblos de delante de ustedes, y ellos se convertirán en su lazo y trampa, látigo en los costados y espinas en los ojos, hasta que desaparezcan de esta tierra buena, que el Señor, su Dios, les ha dado. 14 Miren: yo emprendo hoy el camino de todos los habitantes de la tierra; reconozcan de todo corazón y con toda el alma que no ha dejado de cumplirse ni una sola de todas las grandiosas promesas que les había hecho el Señor, su Dios; todas se han cumplido; ni una sola de ellas ha dejado de cumplirse. 15 Pero así como les han alcanzado todas las bendiciones que el Señor, su Dios, les había prometido, el Señor también hará venir sobre ustedes todas las maldiciones, hasta exterminarlos de esta tierra buena que el Señor, su Dios, les ha dado. 16 Si rompen la alianza que el Señor, su Dios, hizo con ustedes, si se van tras otros dioses, si les sirven y los adoran, la ira del Señor se encenderá en su contra y muy pronto los hará desaparecer de la tierra buena que les ha dado”.

 

No fue con su espada ni con su arco; yo les entregué la tierra

Gn 12,1-25,18; 25,19-37,1; 46,1-7; Ex 3-15; Nm 21,21-35; 22-24; Dt 2,26-3,11; 6,10-15; 7,1-20

24 1 Josué reunió en Siquén a todas las tribus de Israel, convocó a los ancianos de Israel y a sus jefes, a sus jueces y a sus oficiales, y ellos se presentaron delante de Dios. 2 Josué dijo a todo el pueblo: “Así dice el Señor, Dios de Israel: ‘Sus antepasados, Teraj, padre de Abrahán y de Najor, habitaron por mucho tiempo al otro lado del río y sirvieron a otros dioses. 3 Yo tomé a Abrahán, su padre, de más allá del río y lo hice venir a la tierra de Canaán; hice numerosa su descendencia: a él le di a Isaac; 4 a Isaac le di a Jacob y a Esaú; a Esaú le di la montaña de Seír para que la tomara en posesión; Jacob y sus hijos, en cambio, bajaron a Egipto. 5 Envié a Moisés y a Aarón y herí a Egipto con aquello que hice en medio de él, y a ustedes los hice salir. 6 Saqué a su padres de Egipto; ustedes llegaron al mar Rojo; los egipcios persiguieron a sus padres con carros y caballos hasta el mar. 7 Clamaron al Señor y él puso tinieblas entre ustedes y Egipto, e hizo que el mar viniera sobre él y lo cubrió; sus ojos vieron lo que hice con Egipto; y ustedes habitaron en el desierto por largo tiempo. 8 Los hice venir a la tierra de los amorreos, que viven más allá del Jordán; ellos les hicieron la guerra, pero yo los puse en sus manos. Ustedes tomaron posesión de la tierra y yo los exterminé ante sus mismos ojos. 9 Se levantó Balaq, hijo de Sipor, rey de Moab y peleó contra Israel; él hizo venir a Balaán, hijo de Beor, para maldecirlos a ustedes. 10 Pero no quise escuchar a Balaán y él los tuvo que bendecir; yo los libré de su mano. 11 Atravesaron el Jordán y llegaron a Jericó; y los principales de Jericó pelearon contra ustedes, lo mismo que los amorreos, los pereceos y los cananeos, los hititas y los guergueseos, los jeveos y los jebuseos, pero yo los entregué en sus manos. 12 Les envié el desánimo, que expulsó de su presencia a los dos reyes de los amorreos; no fue con tu espada ni con tu arco. 13 Yo les entregué una tierra en la que ustedes no se habían fatigado, y ciudades que no habían construido y que, sin embargo, habitan; les di viñas y olivares que no habían plantado, y que son su alimento.

 

Al Señor, nuestro Dios, serviremos y escucharemos su voz

Ex 13,3; 20,7; Lv 17-26; Dt 4,23-24; 5,6; 6,14-25

14 Y ahora, teman al Señor y sírvanlo con sinceridad y verdad; desháganse de los dioses a los que sirvieron sus padres al otro lado del río y en Egipto, y sirvan al Señor. 15 Pero si les parece mal servir al Señor, elijan hoy a quién han de servir: a los dioses a los que sirvieron sus padres al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ustedes habitan; yo y mi familia serviremos al Señor”. 16 El pueblo respondió diciendo: “¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses! 17 Porque el Señor, nuestro Dios, es el que nos ha hecho subir, a nosotros y a nuestros padres, desde la tierra de Egipto, lugar de servidumbre, y el que ha realizado ante nuestros ojos estas grandes señales, y nos has protegido en todo el camino que hemos recorrido, y de todos los pueblos por en medio de los cuales hemos pasado. 18 El Señor ha expulsado, ante nuestros ojos, a todos los pueblos y a los amorreos, que habitan la tierra. También nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios”. 19 Josué dijo al pueblo: “No van a poder servir al Señor, porque él es un Dios santo, un Dios celoso, que no tolerará sus rebeldías ni sus pecados. 20 Si ustedes abandonan al Señor y sirven a dioses extraños, él se volverá y les irá peor, porque los exterminará, después de todo lo bien que se ha portado con ustedes”. 21 El pueblo dijo a Josué: “¡Nada de eso! ¡Nosotros serviremos al Señor!”. 22 Josué dijo al pueblo: “Ustedes son testigos contra ustedes mismos que han elegido al Señor para servirlo”. Ellos respondieron: “¡Somos testigos!”. 23 Josué replicó: “Entonces, destruyan los dioses extranjeros que hay entre ustedes e inclinen su corazón al Señor, Dios de Israel”. 24 El pueblo dijo a Josué: “Al Señor, nuestro Dios, serviremos y escucharemos su voz”.

25 Aquel día Josué pactó alianza con el pueblo, le impuso obligaciones y prescripciones en Siquén. 26 Josué puso por escrito todas aquellas palabras en el libro de la Ley del Señor; tomó una piedra grande y la colocó allí, vertical, bajo la encina que estaba junto al santuario del Señor. 27 Josué dijo a todo el pueblo: “Aquí está esta piedra; ella será para nosotros un testigo, porque ha escuchado todas las palabras que Dios nos ha dicho; será un testigo contra ustedes para que no renieguen del Señor”. 28 Y Josué despidió al pueblo, cada uno a su heredad.

 

Josué murió a la edad de ciento diez años

Gn 33,18-20; 50,22-26; Ex 13,19; Jue 2,6-10; Eclo 46,1-6

29 Después de esto, Josué, hijo de Nun, servidor del Señor, murió a la edad de ciento diez años. 30 Lo sepultaron en el territorio que le pertenecía, en Timná-Séraj, en la montaña de Efraín, al norte del monte Gaás. 31 Israel sirvió al Señor todos los días de Josué, y todos los años de los ancianos que vivieron más años después de Josué, y que vieron todas las obras del Señor que hizo a favor de Israel.

32 Y los restos de José, que los israelitas habían traído desde Egipto, los sepultaron en el campo que Jacob había comprado a los hijos de Jamor, el padre de Siquén, por cien monedas de plata; y pasaron a ser propiedad de los hijos de José.

33 También murió Eleazar, hijo de Aarón, y lo sepultaron en Guibeá, población que pertenecía a su hijo Pinjás, la que le había sido concedida en la montaña de Efraín.

 

 

[1] ­ 1-12. Esta primera gran sección del libro de Josué deja claros ciertos elementos fundamentales: el establecimiento en la tierra tuvo lugar por medio de una conquista militar, en la que la figura del líder, Josué, es decisiva; pero más importante aún es la fidelidad a las indicaciones de Dios: la obediencia a los mandatos de Dios, dados a conocer por Moisés, asegura la victoria, como en la campaña contra Jericó; el pecado, en cambio, es decir, la desobediencia a las indicaciones dadas, impide el buen resultado, como en la primera parte de la campaña contra la ciudad de Ay. Sin embargo, por encima de todo, brilla la fidelidad de Dios, que paso a paso cumple las promesas hechas a los patriarcas de dar al pueblo una tierra. Luego de varias campañas descritas viene el resultado: las listas de pueblos y reyes vencidos por Josué y los israelitas. El lector debe ser consciente que la realidad histórica del asentamiento en Canaán por parte de Israel no fue tan sencilla y simple como la relata este libro.

[2]1-2. Las palabras de Dios a Josué (1,1-9) les dan sentido a las instrucciones y acciones concretas. El Señor, fiel a sus promesas, entrega la tierra que había prometido; pero la tierra es, al mismo tiempo que regalo de Dios, el fruto del esfuerzo humano; Israel tomará posesión de la tierra luego de que la haya conquistado. Las instrucciones no son a nivel militar, sino que enfatizan la necesidad de cumplir la Ley que Dios les ha dado por medio de Moisés. Tanto para Josué como para las tribus que ya se habían establecido más allá del Jordán, las promesas y la Ley de Dios se convierten en el criterio de conducta. El relato del pacto entre los exploradores israelitas y Rajab ejemplifica la reacción de los habitantes de Canaán y explica por qué entre los israelitas viven algunos que no pertenecen al pueblo elegido.

[3]3,1-5,12. Los prodigios realizados por Dios al salir de Egipto, cuando los israelitas pasaron por el mar Rojo, guiados por Moisés (Éx 13,17-15,21), se renuevan al entrar en la tierra prometida: los israelitas pasan, sin mojarse, por en medio de las aguas del Jordán. Las piedras sirven de recuerdo permanente del poder de Dios a favor de su pueblo; los habitantes de Canaán tienen razón en llenarse de pavor porque Dios está del lado del pueblo de Israel: este es su pueblo, y él su Dios; esta pertenencia mutua queda expresada en la circuncisión y la celebración de la Pascua.

[4]5,13-6,27. El relato de la toma de Jericó describe con detalle la primera incursión con que se inicia la conquista del territorio de Canaán. Todo el relato es de signo positivo, porque está marcado por la obediencia minuciosa a todas las indicaciones de Dios, y desemboca en la toma de la ciudad. Más que una conquista militar se presenta como una procesión litúrgica, acentuando con eso el don de la tierra que el Señor regala a Israel. El éxito está preparado por la obediencia a lo que Dios indica por medio de Josué. Dos asuntos, relacionados entre sí, quedan unidos a la toma de Jericó: el del anatema, es decir, la ley del exterminio en el contexto de la guerra. De una ciudad conquistada, todo queda consagrado al anatema. Por lo tanto, los seres vivos deben ser exterminados y los objetos de valor han de pasar al tesoro del Señor. Nada es para los que conquistan, porque todo le pertenece al Señor. Si alguien se queda con algo del anatema, se convierte él mismo en anatema y, por tanto, debe morir. El segundo asunto trata de explicar por qué la ley del anatema no se aplicó en el caso concreto de Rajab y su familia: es que ella ayudó a los exploradores israelitas y ellos le prometieron que la salvarían del exterminio; por eso siguen con vida, por eso viven entre los israelitas con pleno derecho, y Mateo cuenta a Rajab como una de las mujeres antepasadas de Jesús (Mt 1,5). Conforme a los datos arqueológicos, para el siglo XIII a.C., Jericó ya estaba destruida. Eso significa que las ruinas de esa ciudad sirvieron a los israelitas para explicar lo que ellos consideraron una toma de la tierra, que en su realidad histórica fue más compleja: conquista militar en ocasiones, en otras se dieron asentamientos pacíficos y convivencia con otros habitantes que ya estaban en Canaán. La Biblia no pretende dar una crónica exacta de los acontecimientos, sino ofrecer una interpretación de fe a la presencia de Israel en Canaán, como cumplimiento de las promesas hechas por Dios a los patriarcas. De forma similar no hay que tomar al pie de la letra las matanzas de toda la población (6,21). Como ya se explicó, es una forma de expresar el anatema, la consagración de todo a Dios (8,26-27). Bajo el punto de vista histórico no sucedió todo así; cuando se dio la lucha armada, debió haber habido muertes, pero no en cantidades tan numerosas y absolutas (8,22-25; 10,28-39). Conforme a la mentalidad de aquella época era una forma de señalar que Dios les daba la victoria (8,18; 10,8.10.19.30) y que ellos solos podían poseer ya la tierra prometida. A la luz de la revelación plena en Jesús no se puede sostener que el odio, la violencia y las guerras sean de acuerdo con la orden o voluntad de Dios (Mt 5; 18,21-35; Jn 13,34-35)

[5]7,1-8,29. La campaña contra Ay ejemplifica las consecuencias de la desobediencia. Aunque humanamente parecía asegurado el éxito en la batalla, Dios conoce lo oculto y sabe que Israel ha pecado, desobedeciendo las indicaciones relativas al anatema; por eso los israelitas tienen que huir ante el enemigo. El pecado es obstáculo; hay que eliminarlo para que Dios conceda el éxito deseado. Detrás de este relato está la convicción de que todo el pueblo es solidario del pecado de uno de sus miembros (1 Sm 14,24-44). Habrá que esperar hasta Jeremías y Ezequiel para que se llegue a tener una idea más clara sobre la responsabilidad personal (Jr 31,29-30; Ez 18; 33,10-20).

[6]8,30-35. Este breve pasaje, que pareciera interrumpir los relatos de conquistas, en realidad ofrece al conjunto el sentido religioso de las acciones militares: todo lo que Israel realiza está apegado a las indicaciones de Moisés; las campañas militares y sus criterios, la edificación de un altar, el recuerdo de las bendiciones y las maldiciones, la lectura misma de las palabras de la Ley e incluso la posterior distribución del territorio conquistado, todo tiene su referencia última en la Ley de Moisés. El lenguaje y el tema de este pasaje están muy cercanos al Deuteronomio.

[7]9,1-12,24. Con unos cuantos trazos queda descrita la conquista de todo el territorio. Para todos los pueblos y sus reyes está vigente la ley del anatema, por lo que todos los seres vivos quedan eliminados y todos los objetos de valor pasan al tesoro del Señor. Pero los gabaonitas son la excepción, porque con astucia obtuvieron que Josué y los jefes les hicieran un juramento. Por eso pueden habitar entre los israelitas, aunque con un estatuto particular. En todo caso, queda reforzado un dato fundamental: todo se realizó de acuerdo con lo que el Señor había indicado por medio de Moisés. Este relato de los gabaonitas es un reflejo de que Israel, en unas partes del territorio, se asentó en medio de otros pobladores que ya habitaban en Canaán.

[8] 10,6-27. Los israelitas, en cumplimiento del pacto sellado anteriormente (9,15), deben socorrer a los habitantes de Gabaón. Mientras persigue a los amorreos, Josué pronuncia las palabras de un poema conocido en la época (vv.12-13), que expresan el deseo de que el día se prolongue para tener tiempo de exterminar a los enemigos. Esas palabras se deben entender en sentido poético.

[9] 11,21-23. Según antiguas leyendas, los anaquitas, o descendientes de Anac, eran hombres gigantes que causaban terror (Jos 14,12; 15,14; Nm 13,29; Dt 2,21; 9,2).

[10] ­ 13,1-21,45. Una vez conquistado el territorio, toca ahora repartirlo. Los relatos se encargan de aclarar que el trabajo no está completo del todo, porque en medio de ellos quedan pueblos a los que hay que someter. El territorio de la Transjordania ya había sido entregado por Moisés (13,15-33); ahora Josué, junto con el sacerdote Eleazar y los principales de las tribus, tiene la tarea repartir el territorio de Canaán según la porción correspondiente a cada tribu, tanto a las tres principales (14,1-17,18) como a las otras siete (18,1-19,51). El territorio queda marcado por ciudades que servirán de refugio para los homicidas involuntarios (20,1-9) y de aquellas que ocupará la tribu de Leví para ejercer sus funciones sacerdotales en medio de todo Israel (21,1-42). En muchos casos la distribución de la tierra refleja datos históricos de los asentamientos de las tribus en tiempos posteriores. El texto bíblico quiere enfatizar que Dios cumplió su promesa de dar a su pueblo una tierra para habitar y que ese tierra tiene un sentido de pertenencia para toda la comunidad de Israel.

[11]13,15- 33. Antes del reparto del territorio de Canaán, se encuentra el repaso del reparto del territorio de Transjordania, que ya Moisés había hecho a favor de los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés. Durante todo el reparto del territorio, está presente la intención de presentar el concepto «pueblo» con el esquema de los doce hijos de Jacob. Incluso la tribu de Leví, que no tuvo parte en la distribución del territorio, está presente en varios momentos, y especialmente al tratar el asunto de las ciudades levíticas.

[12]14,1-17,18. Sin duda, la tribu israelita más importante en el territorio de Canaán es Judá; con ella empieza el reparto del territorio y para ella las descripciones son más amplias. Después de Judá es importante la descendencia de José, expresada en sus dos hijos Efraín y Manasés. La atención prestada a estas tribus obedece a que en el período en que se escribe el libro, las tribus de Judá y las de Efraín y Manasés son las que componen los dos reinos de Israel.

[13]18,1-19,51. La distribución de territorio entre las siete tribus restantes sucede en Siló. Al frente están Josué, Eleazar y los demás dirigentes; parece que hace falta impulso para que las tribus faltantes se animen a tomar posesión de la tierra. Sigue en pie la intención explícita de considerar al pueblo bajo el concepto de los doce. Incluso la tribu de Leví queda mencionada, aunque no le toca parte en la distribución.

[14]20,1-21,45. La ciudades de refugio responden a la necesidad de impartir justicia en situaciones de conflicto en la vida social; son la respuesta que el Señor dio al pueblo, por medio de Josué; son punto de encuentro entre el derecho a conservar la vida, por parte de quien mató involuntariamente, y el derecho a la venganza por parte del pariente más cercano de quien murió. Se percibe cierta relación entre las ciudades de refugio y las ciudades levíticas, aunque en el texto prevalece la responsabilidad de los pobladores de esas localidades en la persona de los ancianos de la ciudad. Las ciudades levíticas responden a la necesidad del pueblo, distribuido en todo el territorio recién repartido, de mantenerse en trato con Dios; los levitas son los mediadores a nivel del culto. Hay levitas y, por tanto, ciudades levíticas en el territorio de todas las tribus de Israel.

[15] ­ 22,1-24,33. Esta sección es importante porque explica lo sucedido tanto en las campañas militares de conquista como en el trabajo de reparto de la tierra: lo que Dios había prometido a Abrahán y los demás antepasados, lo cumple ahora; todos los enemigos están sometidos a Israel; el pueblo de Dios puede vivir en paz en la tierra que Dios le dio. Todas las espléndidas promesas de Dios se han cumplido; ninguna falló (20,45). La fidelidad de Dios queda resaltada e Israel puede comprobarlo. Ahora al pueblo le toca responder de la misma manera: siendo fiel a la alianza establecida, acatando en todo la Ley que Dios les dio por medio de Moisés. Josué se encarga de enumerar cada acción de Dios a favor de su pueblo y de confrontar al pueblo para que reaccione como conviene, renovando la alianza y jurando fidelidad: «Al Señor, nuestro Dios, serviremos y escucharemos su voz» (24,24).