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ATRAS

MISA. 17 de mayo. MARTES V DE PASCUA

17 de mayo

MARTES V DE PASCUA

Feria. Blanco.

Ritos iniciales

ANTÍFONA DE ENTRADA. Apoc 19, 5; 12, 10

Alaben a nuestro Dios todos cuantos lo temen, pequeños y grandes, porque ha llegado ya la salvación, el poder y el reinado de su Cristo. Aleluya.

Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

El pueblo responde: Amén.

SALUDO

1. El Dios de la vida, que ha resucitado a Jesucristo, rompiendo las ataduras de la muerte, esté con todos ustedes.

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

ACTO PENITENCIAL

A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:

1. Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.

* * *

FÓRMULA I:

            Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

* * *

O bien:

FÓRMULA II:

Se hace una breve pausa en silencio. Después, el sacerdote dice:

Señor, ten misericordia de nosotros.

El pueblo responde:

Porque hemos pecado contra ti.

El sacerdote prosigue:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

El pueblo responde:

Y danos tu salvación.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

* * *

O bien:

FORMULA III:

V

– Tú que al resucitar has renovado todas las cosas: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

– Tú que nos llamas a transformar el mundo: Cristo, ten piedad.

R. Cristo, ten piedad.

– Tú que harás participar a todo el universo de la gloria de tu resurrección: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

* * *

Siguen las invocaciones, si no se han dicho ya en el Acto penitencial:

Señor, ten piedad. –Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad. –Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad. –Señor, ten piedad.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

No se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que por la resurrección de tu Hijo nos rescatas para la vida eterna, concede a tu pueblo perseverar en la fe y la esperanza, para que no dudemos que se han de cumplir las promesas que tú hiciste y nos has dado a conocer. Por nuestro Señor Jesucristo…

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Contaban a la comunidad cristiana lo que había hecho Dios por medio de ellos.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 14, 19-28

            En aquellos días, llegaron a Listra, procedentes de Antioquía y de Iconio, unos judíos, que se ganaron a la multitud y apedrearon a Pablo; lo dieron por muerto y lo arrastraron fuera de la ciudad. Cuando lo rodearon los discípulos, Pablo se levantó y regresó a la ciudad. Pero al día siguiente, salió con Bernabé hacia Derbe.

            Después de predicar el Evangelio y de hacer muchos discípulos en aquella ciudad, volvieron a Listra, Iconio y Antioquía, y ahí animaban a los discípulos y los exhortaban a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios. En cada comunidad designaban presbíteros, y con oraciones y ayunos los encomendaban al Señor, en quien habían creído.

            Atravesaron luego Pisidia y llegaron a Panfilia; predicaron en Perge y llegaron a Atalía. De ahí se embarcaron para Antioquía, de donde habían salido, con la gracia de Dios, para la misión que acababan de cumplir.

            Al llegar, reunieron a la comunidad y les contaron lo que había hecho Dios por medio de ellos y cómo les había abierto a los paganos las puertas de la fe. Ahí se quedaron bastante tiempo con los discípulos.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 144

R. Bendigamos al Señor eternamente. Aleluya.

Que te alaben, Señor, todas tus obras

y que todos tus fieles te bendigan.

Que proclamen la gloria de tu reino

y den a conocer tus maravillas. R.

Que muestren a los hombres tus proezas,

el esplendor y la gloria de tu reino.

Tu reino, Señor, es para siempre

y tu imperio, para todas las generaciones. R.

Que mis labios alaben al Señor,

que todos los seres lo bendigan

ahora y para siempre. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Cfr. Lc 24, 46. 26

R. Aleluya, aleluya.

Cristo tenía que morir y resucitar de entre los muertos, para entrar así en su gloria. R.

EVANGELIO

Les doy mi paz.

Del santo Evangelio según san Juan: 14, 27-31

            En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden. Me han oído decir: ‘Me voy, pero volveré a su lado’. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean.

            Ya no hablaré muchas cosas con ustedes, porque se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo sepa que amo al Padre y que cumplo exactamente lo que el Padre me ha mandado”.

Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.

HOMILÍA

No se dice Credo.

PLEGARIA UNIVERSAL u ORACIÓN DE LOS FIELES

El sacerdote invita a los fieles a orar, por medio de una breve monición. El pueblo manifiesta su participación con una invocación. Termina con una oración conclusiva.

LITURGIA EUCARÍSTICA

PREPARACIÓN DE LOS DONES

Presentación del pan:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

–Bendito seas por siempre, Señor.

(Sacerdote, en secreto): Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.

Presentación del vino:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

–Bendito seas por siempre, Señor.

(Sacerdote, en secreto): Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

Lava del todo mi delito, Señor, y limpia mi pecado.

Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

–El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, los dones que, jubilosa, tu Iglesia te presenta, y, puesto que es a ti a quien debe su alegría, concédele también disfrutar de la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I-V de Pascua. A continuación, solamente el Prefacio III.

PREFACIO III DE PASCUA. Cristo vive por siempre e intercede por nosotros.

V. El Señor esté con ustedes.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado.

            Porque continuamente se ofrece por nosotros e intercede por todos ante ti, el que, inmolado en la cruz, ya no muere, porque, sacrificado, vive para siempre.

            Por eso, con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo…

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO

Padre misericordioso, te pedimos humildemente, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes y bendigas estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa N., con nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.

Acuérdate, Señor, de tus hijos N. y N. y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

* * *

Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;*

* * *

* la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, (Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián) la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

En la Misa de exequias:

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos, que hoy te ofrecemos especialmente por el descanso eterno de nuestro hermano N., pidiéndote que le concedas que, libre ya de las ataduras de la carne, tenga su parte entre tus santos. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti: que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.

            El cual, la víspera de su Pasión, tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.

            Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.

            Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu Ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

En las Misas por los difuntos se puede añadir:

Acuérdate también, Señor, de tus hijos N. y N., que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz.

            A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé,

            (Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felícitas y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia,)

            y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad. Por Cristo, Señor nuestro.

            Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.

            Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA II

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado.

            Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas; tú nos lo enviaste para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de María, la Virgen, fuera nuestro Salvador y Redentor.

            Él, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus brazos en la cruz, y así adquirió para ti un pueblo santo.

            Por eso, con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria, diciendo: Santo, Santo, Santo…

Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad; por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.

            El cual, cuando iba a ser entregado a su Pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

            Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

* * *

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra;

* * *

y con el Papa N., con nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.

* * *

En las Misas por los difuntos se puede añadir:

Recuerda a tu hijo (hija) N., a quien llamaste (hoy) de este mundo a tu presencia; concédele que, así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta también con él la gloria de la resurrección.

* * *

Acuérdate también de nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA III

Después del prefacio que corresponda según las rúbricas, el cual se concluye:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hossana en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hossana en el cielo.

Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus creaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

            Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.

            Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.

            Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

            Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, (san N.: santo del día o patrono) y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

            Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa N., a nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

* * *

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia.

* * *

Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

* * *

Cuando esta Plegaria eucarística se utiliza en las Misas de difuntos, puede decirse:

Recuerda a tu hijo (hija) N., a quien llamaste (hoy) de este mundo a tu presencia: concédele que, así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta también con él la gloria de la resurrección, cuando Cristo haga resurgir de la tierra a los muertos, y transforme nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo. Y a todos nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria; allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos, porque, al contemplarte como tú eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus alabanzas, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

* * *

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * * *

Rito de la Comunión

Padrenuestro

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

            Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

            Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

            Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Rito de la paz

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

La paz del Señor esté siempre con ustedes. R. Y con tu espíritu.

Si es oportuno, el diácono, o el sacerdote, invita a los fieles a darse la paz.

Dense fraternalmente la paz.

Fracción del pan

El gesto de la fracción del pan significa que formamos un solo cuerpo los que nos alimentamos del Pan de vida, que es Cristo.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

Comunión

El sacerdote completa su preparación personal, diciendo en voz baja:

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti.

O bien:

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.

Muestra a los fieles el pan eucarístico.

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

            Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN. Rom 6, 8

Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Dirige, Señor, tu mirada compasiva sobre tu pueblo, al que te has dignado renovar con estos misterios de vida eterna, y concédele llegar un día a la gloria incorruptible de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Rito de conclusión

El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:

El Señor esté con ustedes.

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.

El pueblo responde: Amén.

* * *

O bien, si se considera la bendición solemne para el Tiempo Pascual:

– Que Dios misericordioso, que por la resurrección de su Hijo unigénito los ha redimido y hecho hijos suyos, los llene de alegría con su bendición.

R. Amén.

– Que por Cristo redentor, por quien ustedes recibieron el don de la libertad perpetua, les conceda también, en su bondad, tener parte en la herencia eterna.

R. Amén.

– Que ustedes, que por la fe han resucitado en el bautismo, merezcan, por sus buenas obras, alcanzar la patria celestial.

R. Amén.

– Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

R. Amén.

* * *

DESPEDIDA

Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, vueltos hacia el pueblo dice:

Pueden ir en paz.

O bien:

La alegría del Señor sea nuestra fuerza. Pueden ir en paz.

O bien:

Glorifiquen al Señor con su vida. Pueden ir en paz.

O bien:

En el nombre del Señor, pueden ir en paz.

O bien:

En la paz de Cristo, vayan a servir a Dios y a sus hermanos.

El pueblo responde:

Demos gracias a Dios.

MISA. 16 de mayo. LUNES V DE PASCUA

16 de mayo

LUNES V DE PASCUA

Feria. Blanco.

O bien: *San Juan Nepomuceno, mártir (ml), rojo (MR, p. 746 [734]).

            Nació en 1350. Fue vicario general del arzobispado de Praga. Ayudaba a los pobres y humildes. Como el rey fue excomulgado, enfurecido, se ensañó contra los cristianos. Juan Nepomuceno fue torturado y muerto (1393).

Ritos iniciales

ANTÍFONA DE ENTRADA

Ha resucitado el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y se entregó a la muerte por su rebaño. Aleluya.

Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

El pueblo responde: Amén.

SALUDO

5. Jesús resucitado vive entre nosotros. Que su presencia salvadora nos anime en este tiempo pascual y permanezca con todos ustedes.

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

ACTO PENITENCIAL

A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:

7. Reconociendo con humildad que somos pecadores, pidamos perdón a Dios de todo corazón.

* * *

FÓRMULA I:

            Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

* * *

O bien:

FÓRMULA II:

Se hace una breve pausa en silencio. Después, el sacerdote dice:

Señor, ten misericordia de nosotros.

El pueblo responde:

Porque hemos pecado contra ti.

El sacerdote prosigue:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

El pueblo responde:

Y danos tu salvación.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

* * *

O bien:

FORMULA III:

IV

– Tú que eres nuestro Buen Pastor resucitado: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

– Tú que nos das la Vida en abundancia: Cristo, ten piedad.

R. Cristo, ten piedad.

– Tú que nos congregas en un solo rebaño: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

* * *

Siguen las invocaciones, si no se han dicho ya en el Acto penitencial:

Señor, ten piedad. –Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad. –Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad. –Señor, ten piedad.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

No se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Te rogamos, Señor, que protejas siempre a tu familia santa con el auxilio de tu diestra poderosa, para que, en virtud de la resurrección de tu Unigénito, protegida de toda maldad, avance sin cesar asistida por tus dones celestiales. Por nuestro Señor Jesucristo…

O bien la ORACIÓN COLECTA de *San Juan Nepomuceno

Señor, tú que otorgaste a san Juan Nepomuceno valor para morir y no ceder ante los perseguidores, concédenos su fortaleza para callar por tu amor cuanto pueda lesionar al prójimo. Por nuestro Señor Jesucristo…

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Les predicamos el Evangelio para que dejando los falsos dioses, se conviertan al Dios vivo.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 14, 5-18

            En aquellos días, los paganos y los judíos de Iconio, apoyados por las autoridades, comenzaron a agitarse con la intención de maltratar y apedrear a Pablo y a Bernabé. Pero ellos se dieron cuenta de la situación y huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y predicaron el Evangelio en toda la región.

            Había en Listra un hombre tullido de los pies desde su nacimiento que se pasaba la vida sentado y nunca había podido andar. El tullido escuchaba el discurso de Pablo, y éste, mirándolo fijamente, advirtió que aquel hombre tenía fe suficiente como para ser curado, y le ordenó en voz alta: “Levántate y ponte derecho sobre tus pies”. De un salto el hombre se puso en pie y comenzó a caminar. Cuando la gente vio lo que Pablo había hecho, empezaron a gritar en la lengua de Licaonia: “¡Dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos!”. Decían que Bernabé era el dios Júpiter y Pablo el dios Mercurio, porque éste era el que hablaba.

            El sacerdote del templo de Júpiter, situado a la entrada de la ciudad, llevó a las puertas unos toros adornados con guirnaldas, y junto con la muchedumbre, quería ofrecerles un sacrificio. Al darse cuenta de todo esto, los apóstoles Bernabé y Pablo se rasgaron las vestiduras e irrumpieron por entre la multitud, gritando:

            “Ciudadanos, ¿por qué hacen semejante cosa? Nosotros somos hombres mortales, lo mismo que ustedes. Les predicamos el Evangelio que los hará dejar los falsos dioses y convertirse al Dios vivo, que hizo el cielo, la tierra, el mar y todo cuanto contienen. En épocas pasadas, Dios dejó que cada pueblo siguiera su camino, aunque siempre se dio a conocer por sus beneficios, mandando la lluvia y la cosecha a su tiempo, dándoles así comida y alegría en abundancia”. Y diciendo estas palabras, consiguieron impedir, a duras penas, que la multitud les ofreciera un sacrificio.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 113 B

R. Que todos te alaben sólo a ti, Señor. Aleluya.

No por nosotros, Señor, no por nosotros,

sino por ti mismo, manifiesta tu grandeza,

porque eres fiel y bondadoso.

Que no nos pregunten los paganos:

“¿Dónde está el Dios de Israel?”. R.

Nuestro Dios está en el cielo

y él ha hecho todo lo que quiso.

En cambio, los ídolos de los paganos son oro y plata,

son dioses hechos por artesanos. R.

Que los llene de bendiciones el Señor,

que hizo el cielo y la tierra.

El Señor se ha reservado para sí el cielo

y a los hombres les ha entregado la tierra. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Jn 14, 26

R. Aleluya, aleluya.

El Espíritu Santo les enseñará todas las cosas y les recordará todo cuanto yo les he dicho, dice el Señor. R.

EVANGELIO

El Espíritu Santo, que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas.

Del santo Evangelio según san Juan: 14, 21-26

            En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

            Entonces le dijo Judas (no el Iscariote): “Señor, ¿por qué razón a nosotros sí te nos vas a manifestar y al mundo no?”. Le respondió Jesús: “El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada. El que no me ama no cumplirá mis palabras. Y la palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre, que me envió.

            Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo cuanto yo les he dicho”.

Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.

HOMILÍA

No se dice Credo.

PLEGARIA UNIVERSAL u ORACIÓN DE LOS FIELES

El sacerdote invita a los fieles a orar, por medio de una breve monición. El pueblo manifiesta su participación con una invocación. Termina con una oración conclusiva.

LITURGIA EUCARÍSTICA

PREPARACIÓN DE LOS DONES

Presentación del pan:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

–Bendito seas por siempre, Señor.

(Sacerdote, en secreto): Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.

Presentación del vino:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

–Bendito seas por siempre, Señor.

(Sacerdote, en secreto): Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

Lava del todo mi delito, Señor, y limpia mi pecado.

Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

–El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Suba hasta ti, Señor, nuestra oración, acompañada por estas ofrendas, para que, purificados por tu bondad, nos dispongas para celebrar el sacramento de tu inmenso amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

O bien la ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS de *San Juan Nepomuceno

Recibe, Señor, el sacrificio de reconciliación y alabanza que ofrecemos a tu majestad en la conmemoración del santo mártir Juan Nepomuceno, para que nos lleve a obtener el perdón y nos haga permanecer en continua acción de gracias. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I-V de Pascua. A continuación, solamente el Prefacio II.

PREFACIO II DE PASCUA. La vida nueva en Cristo.

V. El Señor esté con ustedes.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado.

            Por él, los hijos de la luz nacen a la vida eterna, y las puertas del reino de los cielos han vuelto a abrirse para los que creen en él, ya que en su muerte fue redimida nuestra muerte y en su gloriosa resurrección resucitó la vida de todos.

            Por eso, con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo…

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO

Padre misericordioso, te pedimos humildemente, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes y bendigas estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa N., con nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.

Acuérdate, Señor, de tus hijos N. y N. y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

* * *

Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;*

* * *

* la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, (Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián) la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

En la Misa de exequias:

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos, que hoy te ofrecemos especialmente por el descanso eterno de nuestro hermano N., pidiéndote que le concedas que, libre ya de las ataduras de la carne, tenga su parte entre tus santos. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti: que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.

            El cual, la víspera de su Pasión, tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.

            Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.

            Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu Ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

En las Misas por los difuntos se puede añadir:

Acuérdate también, Señor, de tus hijos N. y N., que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz.

            A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé,

            (Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felícitas y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia,)

            y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad. Por Cristo, Señor nuestro.

            Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.

            Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA II

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado.

            Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas; tú nos lo enviaste para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de María, la Virgen, fuera nuestro Salvador y Redentor.

            Él, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus brazos en la cruz, y así adquirió para ti un pueblo santo.

            Por eso, con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria, diciendo: Santo, Santo, Santo…

Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad; por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.

            El cual, cuando iba a ser entregado a su Pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

            Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

* * *

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra;

* * *

y con el Papa N., con nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.

* * *

En las Misas por los difuntos se puede añadir:

Recuerda a tu hijo (hija) N., a quien llamaste (hoy) de este mundo a tu presencia; concédele que, así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta también con él la gloria de la resurrección.

* * *

Acuérdate también de nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA III

Después del prefacio que corresponda según las rúbricas, el cual se concluye:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hossana en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hossana en el cielo.

Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus creaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

            Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.

            Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.

            Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

            Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, (san N.: santo del día o patrono) y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

            Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa N., a nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

* * *

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia.

* * *

Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

* * *

Cuando esta Plegaria eucarística se utiliza en las Misas de difuntos, puede decirse:

Recuerda a tu hijo (hija) N., a quien llamaste (hoy) de este mundo a tu presencia: concédele que, así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta también con él la gloria de la resurrección, cuando Cristo haga resurgir de la tierra a los muertos, y transforme nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo. Y a todos nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria; allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos, porque, al contemplarte como tú eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus alabanzas, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

* * *

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * * *

Rito de la Comunión

Padrenuestro

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

            Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

            Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

            Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Rito de la paz

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

La paz del Señor esté siempre con ustedes. R. Y con tu espíritu.

Si es oportuno, el diácono, o el sacerdote, invita a los fieles a darse la paz.

Dense fraternalmente la paz.

Fracción del pan

El gesto de la fracción del pan significa que formamos un solo cuerpo los que nos alimentamos del Pan de vida, que es Cristo.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

Comunión

El sacerdote completa su preparación personal, diciendo en voz baja:

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti.

O bien:

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.

Muestra a los fieles el pan eucarístico.

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

            Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN. Jn 14, 27

La paz les dejo, mi paz les doy; pero yo no se la doy como la da el mundo, dice el Señor. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Dios todopoderoso y eterno, que, por la resurrección de Cristo, nos has hecho renacer a la vida eterna, multiplica en nosotros el efecto de este sacramento pascual, e infunde en nuestros corazones el vigor que comunica este alimento de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

O bien la ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN de *San Juan Nepomuceno

Al celebrar con alegría esta festividad y habiendo recibido tus dones celestiales, te pedimos, Señor, que concedas, a quienes en este divino banquete proclamamos la muerte de tu Hijo, que podamos participar, con los santos mártires, de su resurrección y de su gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Rito de conclusión

El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:

El Señor esté con ustedes.

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.

El pueblo responde: Amén.

* * *

O bien, si se considera la bendición solemne para el Tiempo Pascual:

– Que Dios misericordioso, que por la resurrección de su Hijo unigénito los ha redimido y hecho hijos suyos, los llene de alegría con su bendición.

R. Amén.

– Que por Cristo redentor, por quien ustedes recibieron el don de la libertad perpetua, les conceda también, en su bondad, tener parte en la herencia eterna.

R. Amén.

– Que ustedes, que por la fe han resucitado en el bautismo, merezcan, por sus buenas obras, alcanzar la patria celestial.

R. Amén.

– Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

R. Amén.

* * *

DESPEDIDA

Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, vueltos hacia el pueblo dice:

Pueden ir en paz.

O bien:

La alegría del Señor sea nuestra fuerza. Pueden ir en paz.

O bien:

Glorifiquen al Señor con su vida. Pueden ir en paz.

O bien:

En el nombre del Señor, pueden ir en paz.

O bien:

En la paz de Cristo, vayan a servir a Dios y a sus hermanos.

El pueblo responde:

Demos gracias a Dios.

MISA. 15 de mayo. DOMINGO V DE PASCUA

15 de mayo

DOMINGO V DE PASCUA

Blanco

Ritos iniciales

ANTÍFONA DE ENTRADA. Cfr. Sal 97, 1-2

Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas y todos los pueblos han presenciado su victoria. Aleluya.

Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

El pueblo responde: Amén.

SALUDO

4. Que el gozo y la paz de nuestro Buen Pastor resucitado estén siempre con todos ustedes.

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

ACTO PENITENCIAL

A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:

8. En el día en que celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, reconozcamos que estamos necesitados de la misericordia del Padre para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.

* * *

FÓRMULA I:

            Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

* * *

O bien:

FÓRMULA II:

Se hace una breve pausa en silencio. Después, el sacerdote dice:

Señor, ten misericordia de nosotros.

El pueblo responde:

Porque hemos pecado contra ti.

El sacerdote prosigue:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

El pueblo responde:

Y danos tu salvación.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

* * *

O bien:

FORMULA III:

III

– Tú que resucitaste lleno de gloria: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

– Tú que nos haces pasar de la muerte a la Vida: Cristo, ten piedad.

R. Cristo, ten piedad.

– Tú que nos llamas a vivir como resucitados: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

* * *

Siguen las invocaciones, si no se han dicho ya en el Acto penitencial:

Señor, ten piedad. –Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad. –Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad. –Señor, ten piedad.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

GLORIA

A continuación se canta o se dice el himno:

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

            Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso.

            Señor, Hijo único, Jesucristo; Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, lleva a su plenitud en nosotros el sacramento pascual, para que, a quienes te dignaste renovar por el santo bautismo, les hagas posible, con el auxilio de tu protección, abundar en frutos buenos, y alcanzar los gozos de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo…

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Contaban a la comunidad cristiana lo que había hecho Dios por medio de ellos.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 14, 21-27

            En aquellos días, volvieron Pablo y Bernabé a Listra, Iconio y Antioquía, y ahí animaban a los discípulos y los exhortaban a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios. En cada comunidad designaban presbíteros, y con oraciones y ayunos los encomendaban al Señor, en quien habían creído.

            Atravesaron luego Pisidia y llegaron a Panfilia; predicaron en Perge y llegaron a Atalía. De ahí se embarcaron para Antioquía, de donde habían salido, con la gracia de Dios, para la misión que acababan de cumplir.

            Al llegar, reunieron a la comunidad y les contaron lo que había hecho Dios por medio de ellos y cómo les había abierto a los paganos las puertas de la fe.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 144

R. Bendeciré al Señor eternamente. Aleluya.

El Señor es compasivo y misericordioso,

lento para enojarse y generoso para perdonar.

Bueno es el Señor para con todos

y su amor se extiende a todas sus creaturas. R.

Que te alaben, Señor, todas tus obras

y que todos tus fieles te bendigan.

Que proclamen la gloria de tu reino

y den a conocer tus maravillas. R.

Que muestren a los hombres tus proezas,

el esplendor y la gloria de tu reino.

Tu reino, Señor, es para siempre,

y tu imperio, por todas las generaciones. R.

SEGUNDA LECTURA

Dios les enjugará todas sus lágrimas.

Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan: 21, 1-5

            Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar ya no existía.

            También vi que descendía del cielo, desde donde está Dios, la ciudad santa, la nueva Jerusalén, engalanada como una novia, que va a desposarse con su prometido. Oí una gran voz, que venía del cielo, que decía:

            “Ésta es la morada de Dios con los hombres; vivirá con ellos como su Dios y ellos serán su pueblo. Dios les enjugará todas sus lágrimas y ya no habrá muerte ni duelo, ni penas ni llantos, porque ya todo lo antiguo terminó”.

            Entonces el que estaba sentado en el trono, dijo: “Ahora yo voy a hacer nuevas todas las cosas”.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Jn 13, 34

R. Aleluya, aleluya.

Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. R.

EVANGELIO

Un mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros.

Del santo Evangelio según san Juan: 13, 31-33. 34-35

            Cuando Judas salió del cenáculo, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.

            Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos”.

Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.

HOMILÍA

PROFESIÓN DE FE

Terminada la homilía, se canta o se dice el Símbolo o Profesión de fe:

            Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

            Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo,

En las palabras que siguen, hasta se hizo hombre, todos se inclinan.

            y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

            Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

            Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

PLEGARIA UNIVERSAL u ORACIÓN DE LOS FIELES

Invoquemos a Cristo, camino, verdad y vida, y, como pueblo sacerdotal, pidámosle por las necesidades de todo el mundo.

            Después de cada petición diremos: Jesús resucitado, escúchanos.

• Por la santa Iglesia de Dios, para que, al contemplar asiduamente a su Señor que reina en los cielos, no se deje cautivar por los bienes de la tierra. Oremos.

• Por los cristianos que viven en países en los que son perseguidos, para que los sostenga la fortaleza y el consuelo de Dios y la solidaridad de todos nosotros. Oremos.

• Por los niños y niñas que en este tiempo de Pascua reciben por primera vez el Pan de la Eucaristía, para que aprendan a conocer y a amar cada día más a Jesús, guiados por sus padres y sus catequistas. Oremos.

• Por todos los pueblos de la tierra, para que lleguen a conocer a Jesucristo como salvador de todos los hombres. Oremos.

• Por los maestros y todos los trabajadores de la educación, para que el Señor, camino, verdad y vida, los asista y sean conscientes de la gran responsabilidad que tienen en sus manos. Oremos.

• Por todos los que estamos aquí reunidos, para que el triunfo de Jesucristo sobre la muerte, nos haga esperar la venida definitiva de su Reino. Oremos.

            Dios nuestro, que, en tu Hijo Jesucristo, has hecho que todo sea nuevo, escucha nuestra oración y haz que asumamos, como distintivo de nuestra vida, el mandamiento del amor. Por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.

LITURGIA EUCARÍSTICA

PREPARACIÓN DE LOS DONES

Presentación del pan:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

–Bendito seas por siempre, Señor.

(Sacerdote, en secreto): Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.

Presentación del vino:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

–Bendito seas por siempre, Señor.

(Sacerdote, en secreto): Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

Lava del todo mi delito, Señor, y limpia mi pecado.

Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

–El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Dios nuestro, que por el santo valor de este sacrificio nos hiciste participar de tu misma y gloriosa vida divina, concédenos que, así como hemos conocido tu verdad, de igual manera vivamos de acuerdo con ella. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I-V de Pascua. A continuación, solamente el Prefacio I.

PREFACIO I DE PASCUA. El Misterio Pascual.

V. El Señor esté con ustedes.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en este tiempo, en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado.

            Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida.

            Por eso, con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo…

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO

Padre misericordioso, te pedimos humildemente, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes y bendigas estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa N., con nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.

Acuérdate, Señor, de tus hijos N. y N. y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

* * *

En los domingos, cuando no hay otro Reunidos en comunión propio, puede decirse:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia, para celebrar el domingo, día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;*

* * *

* la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, (Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián) la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

En la Misa de exequias:

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos, que hoy te ofrecemos especialmente por el descanso eterno de nuestro hermano N., pidiéndote que le concedas que, libre ya de las ataduras de la carne, tenga su parte entre tus santos. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti: que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.

            El cual, la víspera de su Pasión, tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.

            Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.

            Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu Ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

En las Misas por los difuntos se puede añadir:

Acuérdate también, Señor, de tus hijos N. y N., que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz.

            A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé,

            (Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felícitas y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia,)

            y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad. Por Cristo, Señor nuestro.

            Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.

            Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA II

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado.

            Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas; tú nos lo enviaste para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de María, la Virgen, fuera nuestro Salvador y Redentor.

            Él, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus brazos en la cruz, y así adquirió para ti un pueblo santo.

            Por eso, con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria, diciendo: Santo, Santo, Santo…

Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad; por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.

            El cual, cuando iba a ser entregado a su Pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

            Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

* * *

En los domingos, cuando no hay otro Acuérdate, Señor propio, puede decirse:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el domingo, día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal;

* * *

y con el Papa N., con nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.

* * *

En las Misas por los difuntos se puede añadir:

Recuerda a tu hijo (hija) N., a quien llamaste (hoy) de este mundo a tu presencia; concédele que, así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta también con él la gloria de la resurrección.

* * *

Acuérdate también de nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA III

Después del prefacio que corresponda según las rúbricas, el cual se concluye:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hossana en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hossana en el cielo.

Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus creaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

            Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.

            Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.

            Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

            Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, (san N.: santo del día o patrono) y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

            Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa N., a nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

* * *

En los domingos, cuando no hay otro Atiende propio, puede decirse:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el domingo, día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal.

* * *

Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

* * *

Cuando esta Plegaria eucarística se utiliza en las Misas de difuntos, puede decirse:

Recuerda a tu hijo (hija) N., a quien llamaste (hoy) de este mundo a tu presencia: concédele que, así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta también con él la gloria de la resurrección, cuando Cristo haga resurgir de la tierra a los muertos, y transforme nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo. Y a todos nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria; allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos, porque, al contemplarte como tú eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus alabanzas, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

* * *

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * * *

Rito de la Comunión

Padrenuestro

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

            Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

            Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

            Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Rito de la paz

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

La paz del Señor esté siempre con ustedes. R. Y con tu espíritu.

Si es oportuno, el diácono, o el sacerdote, invita a los fieles a darse la paz.

Dense fraternalmente la paz.

Fracción del pan

El gesto de la fracción del pan significa que formamos un solo cuerpo los que nos alimentamos del Pan de vida, que es Cristo.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

Comunión

El sacerdote completa su preparación personal, diciendo en voz baja:

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti.

O bien:

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.

Muestra a los fieles el pan eucarístico.

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

            Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN. Cfr. Jn 15, 1. 5

Yo soy la vid verdadera y ustedes los sarmientos, dice el Señor; si permanecen en mí y yo en ustedes, darán fruto abundante. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, muéstrate benigno con tu pueblo, y, ya que te dignaste alimentarlo con los misterios celestiales, hazlo pasar de su antigua condición de pecado a una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Rito de conclusión

El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:

El Señor esté con ustedes.

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.

El pueblo responde: Amén.

* * *

O bien, si se considera la bendición solemne para el Tiempo Pascual:

– Que Dios misericordioso, que por la resurrección de su Hijo unigénito los ha redimido y hecho hijos suyos, los llene de alegría con su bendición.

R. Amén.

– Que por Cristo redentor, por quien ustedes recibieron el don de la libertad perpetua, les conceda también, en su bondad, tener parte en la herencia eterna.

R. Amén.

– Que ustedes, que por la fe han resucitado en el bautismo, merezcan, por sus buenas obras, alcanzar la patria celestial.

R. Amén.

– Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

R. Amén.

* * *

DESPEDIDA

Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, vueltos hacia el pueblo dice:

Pueden ir en paz.

O bien:

La alegría del Señor sea nuestra fuerza. Pueden ir en paz.

O bien:

Glorifiquen al Señor con su vida. Pueden ir en paz.

O bien:

En el nombre del Señor, pueden ir en paz.

O bien:

En la paz de Cristo, vayan a servir a Dios y a sus hermanos.

O bien, especialmente en los domingos de Pascua:

Anuncien a todos la alegría del Señor resucitado. Pueden ir en paz.

El pueblo responde:

Demos gracias a Dios.

MISA. 14 de mayo. Sábado. SAN MATÍAS, apóstol

14 de mayo. Sábado

SAN MATÍAS, APÓSTOL

Fiesta. Rojo.

Siguió a Jesús “desde que éste fue bautizado hasta su ascensión”. Por este motivo, cuando Judas desertó y hubo necesidad de completar el número de los doce Apóstoles, Pedro lo propuso para que se uniera al grupo apostólico y “se convirtiera en testigo de la resurrección” del Señor.

Ritos iniciales

ANTÍFONA DE ENTRADA. Jn 15, 16

No son ustedes los que me han elegido, dice el Señor; soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca. Aleluya.

Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

El pueblo responde: Amén.

SALUDO

1. El Dios de la vida, que ha resucitado a Jesucristo, rompiendo las ataduras de la muerte, esté con todos ustedes.

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

ACTO PENITENCIAL

A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:

6. El Señor ha dicho: El que esté sin pecado, que tire la primera piedra. Reconociendo con humildad que somos pecadores, pidamos a Dios, desde lo más íntimo de nuestro corazón, que nos perdone.

* * *

FÓRMULA I:

            Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

* * *

O bien:

FÓRMULA II:

Se hace una breve pausa en silencio. Después, el sacerdote dice:

Señor, ten misericordia de nosotros.

El pueblo responde:

Porque hemos pecado contra ti.

El sacerdote prosigue:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

El pueblo responde:

Y danos tu salvación.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

* * *

O bien:

FORMULA III:

II

– Tú, el Primogénito de entre los muertos: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

– Tú, el vencedor del pecado y de la muerte: Cristo, ten piedad.

R. Cristo, ten piedad.

– Tú, la resurrección y la vida: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

* * *

Siguen las invocaciones, si no se han dicho ya en el Acto penitencial:

Señor, ten piedad. –Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad. –Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad. –Señor, ten piedad.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

GLORIA

A continuación se canta o se dice el himno:

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

            Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso.

            Señor, Hijo único, Jesucristo; Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que asociaste a san Matías al colegio de los Apóstoles, concédenos, por su intercesión, que, teniendo la dicha de ser amados por ti, merezcamos ser contados entre tus elegidos. Por nuestro Señor Jesucristo…

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Echaron suertes, le tocó a Matías y lo asociaron a los once apóstoles.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 1, 15-17. 20-26

            En aquellos días, Pedro se puso de pie en medio de los hermanos, que eran unos ciento veinte, y dijo: “Hermanos, tenía que cumplirse aquel pasaje de la Escritura en que el Espíritu Santo, por boca de David, hizo una predicción tocante a Judas, quien fue el que guió a los que apresaron a Jesús. Él era de nuestro grupo y había sido llamado a desempeñar con nosotros este ministerio. Ahora bien, en el libro de los Salmos está escrito: Que su morada quede desierta y que no haya quien habite en ella; que su cargo lo ocupe otro. Hace falta, por lo tanto, que uno se asocie a nosotros como testigo de la resurrección de Jesús, uno que sea de los que nos acompañaron mientras convivió con nosotros el Señor Jesús, desde que Juan bautizaba hasta el día de la ascensión”.

            Propusieron entonces a dos: a José Barsabá, por sobrenombre “el Justo”, y a Matías, y se pusieron a orar de este modo: “Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra a cuál de estos dos has elegido para desempeñar este ministerio y apostolado, del que Judas desertó para irse a su propio lugar”.

Echaron suertes, le tocó a Matías y lo asociaron a los once apóstoles.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 112

R. Lo puso el Señor entre los jefes de su pueblo. Aleluya.

Bendito sea el Señor,

alábenlo sus siervos.

Bendito sea el Señor

desde ahora y para siempre. R.

Desde que sale el sol hasta su ocaso,

alabado sea el nombre del Señor.

Dios está sobre todas las naciones,

su gloria, por encima de los cielos. R.

¿Quién hay como el Señor?

¿Quién iguala al Dios nuestro,

que tiene en las alturas su morada,

y sin embargo de esto,

bajar se digna su mirada

para ver tierra y cielo? R.

Él levanta del polvo al desvalido

y saca al indigente del estiércol,

para hacerlo sentar entre los grandes,

los jefes de su pueblo. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Cfr. Jn 15, 16

R. Aleluya, aleluya.

Yo los he elegido del mundo, dice el Señor, para que vayan y den fruto y su fruto permanezca. R.

EVANGELIO

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido.

Del santo Evangelio según san Juan: 15, 9-17

            En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.

            Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.

            No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros”.

Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.

HOMILÍA

No se dice Credo.

PLEGARIA UNIVERSAL u ORACIÓN DE LOS FIELES

El sacerdote invita a los fieles a orar, por medio de una breve monición. El pueblo manifiesta su participación con una invocación. Termina con una oración conclusiva.

LITURGIA EUCARÍSTICA

PREPARACIÓN DE LOS DONES

Presentación del pan:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

–Bendito seas por siempre, Señor.

(Sacerdote, en secreto): Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.

Presentación del vino:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

–Bendito seas por siempre, Señor.

(Sacerdote, en secreto): Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

Lava del todo mi delito, Señor, y limpia mi pecado.

Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

–El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, los dones que tu Iglesia te presenta con devoción en la festividad de san Matías, y, por ellos, fortalécenos con el poder de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO I DE LOS APÓSTOLES. Los apóstoles, pastores del pueblo de Dios.

V. El Señor esté con ustedes.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

            Porque tú, Pastor eterno, no abandonas a tu rebaño, sino que por medio de los santos Apóstoles, lo cuidas y lo proteges siempre, para que sea gobernado por aquellos mismos pastores que le diste como vicarios de tu Hijo.

            Por eso, con los ángeles y los arcángeles, con los tronos y dominaciones y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo

O bien:

PREFACIO II DE LOS APÓSTOLES. Los apóstoles, cimientos de la Iglesia y testigos de Cristo.

V. El Señor esté con ustedes.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.

            Porque cimentaste tu Iglesia sobre la roca de los Apóstoles, para que ella fuera en el mundo signo permanente de tu santidad y anunciara a todos los hombres, tu mensaje de salvación.

            Por eso, ahora y siempre, con toda la multitud de los ángeles te celebramos llenos de profunda devoción, y te aclamamos diciendo: Santo, Santo, Santo

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO

Padre misericordioso, te pedimos humildemente, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes y bendigas estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa N., con nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.

Acuérdate, Señor, de tus hijos N. y N. y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

* * *

Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;*

* * *

* la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, (Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián) la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

En la Misa de exequias:

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos, que hoy te ofrecemos especialmente por el descanso eterno de nuestro hermano N., pidiéndote que le concedas que, libre ya de las ataduras de la carne, tenga su parte entre tus santos. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti: que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.

            El cual, la víspera de su Pasión, tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.

            Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.

            Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu Ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

En las Misas por los difuntos se puede añadir:

Acuérdate también, Señor, de tus hijos N. y N., que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz.

            A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé,

            (Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felícitas y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia,)

            y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad. Por Cristo, Señor nuestro.

            Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.

            Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA II

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado.

            Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas; tú nos lo enviaste para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de María, la Virgen, fuera nuestro Salvador y Redentor.

            Él, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus brazos en la cruz, y así adquirió para ti un pueblo santo.

            Por eso, con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria, diciendo: Santo, Santo, Santo…

Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad; por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.

            El cual, cuando iba a ser entregado a su Pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

            Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

* * *

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra;

* * *

y con el Papa N., con nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.

* * *

En las Misas por los difuntos se puede añadir:

Recuerda a tu hijo (hija) N., a quien llamaste (hoy) de este mundo a tu presencia; concédele que, así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta también con él la gloria de la resurrección.

* * *

Acuérdate también de nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA III

Después del prefacio que corresponda según las rúbricas, el cual se concluye:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hossana en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hossana en el cielo.

Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus creaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

            Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.

            Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.

            Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

            Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, (san N.: santo del día o patrono) y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

            Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa N., a nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

* * *

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia.

* * *

Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

* * *

Cuando esta Plegaria eucarística se utiliza en las Misas de difuntos, puede decirse:

Recuerda a tu hijo (hija) N., a quien llamaste (hoy) de este mundo a tu presencia: concédele que, así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta también con él la gloria de la resurrección, cuando Cristo haga resurgir de la tierra a los muertos, y transforme nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo. Y a todos nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria; allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos, porque, al contemplarte como tú eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus alabanzas, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

* * *

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * * *

Rito de la Comunión

Padrenuestro

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

            Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

            Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

            Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Rito de la paz

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

La paz del Señor esté siempre con ustedes. R. Y con tu espíritu.

Si es oportuno, el diácono, o el sacerdote, invita a los fieles a darse la paz.

Dense fraternalmente la paz.

Fracción del pan

El gesto de la fracción del pan significa que formamos un solo cuerpo los que nos alimentamos del Pan de vida, que es Cristo.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

Comunión

El sacerdote completa su preparación personal, diciendo en voz baja:

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti.

O bien:

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.

Muestra a los fieles el pan eucarístico.

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

            Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN. Jn 15, 12

Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado, dice el Señor. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, tú que das con abundancia a tu familia estos dones celestiales, por la intercesión de san Matías dígnate recibirnos en la claridad de tu luz, para que tengamos parte con los santos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Rito de conclusión

El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:

El Señor esté con ustedes.

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.

El pueblo responde: Amén.

* * *

O bien la bendición solemne de los Apóstoles:

– Que Dios, que los ha edificado a ustedes sobre el cimiento de los apóstoles, por la intercesión gloriosa de san Matías, se digne bendecirlos.

R. Amén.

– Que Dios les conceda ser testigos de la verdad ante el mundo, el mismo que los enriqueció con las palabras y ejemplos de sus apóstoles.

R. Amén.

– Que puedan llegar a la patria eterna por la intercesión de aquellos cuya palabra los ha hecho mantenerse firmes en la fe.

R. Amén.

– Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

R. Amén.

* * *

DESPEDIDA

Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, vueltos hacia el pueblo dice:

Pueden ir en paz.

O bien:

La alegría del Señor sea nuestra fuerza. Pueden ir en paz.

O bien:

Glorifiquen al Señor con su vida. Pueden ir en paz.

O bien:

En el nombre del Señor, pueden ir en paz.

O bien:

En la paz de Cristo, vayan a servir a Dios y a sus hermanos.

El pueblo responde:

Demos gracias a Dios.

MISA. 13 de mayo. VIERNES IV DE PASCUA

13 de mayo

VIERNES IV DE PASCUA

Feria. Blanco.

O bien: *Nuestra Señora de Fátima (ml), blanco (MR, p. 744 [731]).

            El 13 de mayo de 1917, en Cova de Iría, Portugal, tuvo lugar la primera aparición de la santísima Virgen a tres pastorcitos. Nuestra Madre clementísima suscita en muchos la profunda conversión de los corazones.

Ritos iniciales

ANTÍFONA DE ENTRADA. Apoc 5, 9-10

Señor, con tu Sangre has rescatado a hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación, y has hecho de nosotros un reino de sacerdotes para Dios. Aleluya.

Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

El pueblo responde: Amén.

SALUDO

2. Bendito sea Dios, que en su gran misericordia nos hizo renacer por la Resurrección de Jesucristo; que su gracia salvadora esté siempre con ustedes.

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

ACTO PENITENCIAL

A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:

5. Jesucristo, el justo, intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre. Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento, para acercarnos a la mesa del Señor.

* * *

FÓRMULA I:

            Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

* * *

O bien:

FÓRMULA II:

Se hace una breve pausa en silencio. Después, el sacerdote dice:

Señor, ten misericordia de nosotros.

El pueblo responde:

Porque hemos pecado contra ti.

El sacerdote prosigue:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

El pueblo responde:

Y danos tu salvación.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

* * *

O bien:

FORMULA III:

I

– Tú que has destruido el pecado y la muerte con tu resurrección: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

– Tú que has renovado la creación entera con tu resurrección: Cristo, ten piedad.

R. Cristo, ten piedad.

– Tú que das la alegría a los vivos y la vida a los muertos con tu resurrección: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

* * *

Siguen las invocaciones, si no se han dicho ya en el Acto penitencial:

Señor, ten piedad. –Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad. –Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad. –Señor, ten piedad.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

No se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios, autor de nuestra libertad y salvación, oye la voz de los que te suplican y, a quienes redimiste por la sangre derramada de tu Hijo, concédeles vivir para ti y que puedan gozar en ti de inmortalidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo…

O bien la ORACIÓN COLECTA de *Nuestra Señora de Fátima

Dios y Padre nuestro, que nos diste a la Madre de tu Hijo como Madre nuestra, concédenos que, perseverando en la penitencia y en la oración en favor de la salvación del mundo, podamos promover cada vez con más eficacia el reinado de Cristo, Hijo tuyo y Señor nuestro. Él, que vive y reina contigo…

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Resucitando a Jesús, Dios ha cumplido la promesa que nos hizo.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 13, 26-33

            En aquellos días, Pablo continuó su predicación en la sinagoga de Antioquía de Pisidia con estas palabras:

            “Hermanos míos, descendientes de Abraham, y cuantos temen a Dios: Este mensaje de salvación les ha sido enviado a ustedes. Los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús, y al condenarlo, cumplieron las palabras de los profetas que se leen cada sábado: no hallaron en Jesús nada que mereciera la muerte, y sin embargo, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar. Y después de cumplir todo lo que de él estaba escrito, lo bajaron de la cruz y lo pusieron en el sepulcro.

            Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y él, ya resucitado, se apareció durante muchos días a los que lo habían seguido de Galilea a Jerusalén. Ellos son ahora sus testigos ante el pueblo.

            Nosotros les damos la buena nueva de que la promesa hecha a nuestros padres nos la ha cumplido Dios a nosotros, los hijos, resucitando a Jesús, como está escrito en el salmo segundo: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy”.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 2

R. Jesucristo es el rey de las naciones. Aleluya.

El Señor me ha consagrado

como rey de Sión, su ciudad santa.

Anunciaré el decreto del Señor.

He aquí lo que me dijo: R.

“Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy.

Te daré en herencia las naciones

y como propiedad, toda la tierra.

Podrás gobernarlas con cetro de hierro,

y despedazarlas como jarros”. R.

Escuchen y comprendan estas cosas,

reyes y gobernantes de la tierra.

Adoren al Señor con reverencia,

sírvanlo con temor. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Jn 14, 6

R. Aleluya, aleluya.

Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre si no es por mí, dice el Señor. R.

EVANGELIO

Yo soy el camino, la verdad y la vida.

Del santo Evangelio según san Juan: 14, 1-6

            En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.

            Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”. Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”.

Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.

HOMILÍA

No se dice Credo.

PLEGARIA UNIVERSAL u ORACIÓN DE LOS FIELES

El sacerdote invita a los fieles a orar, por medio de una breve monición. El pueblo manifiesta su participación con una invocación. Termina con una oración conclusiva.

LITURGIA EUCARÍSTICA

PREPARACIÓN DE LOS DONES

Presentación del pan:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

–Bendito seas por siempre, Señor.

(Sacerdote, en secreto): Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.

Presentación del vino:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

–Bendito seas por siempre, Señor.

(Sacerdote, en secreto): Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

Lava del todo mi delito, Señor, y limpia mi pecado.

Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

–El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, con bondad, estas ofrendas de tu familia santa, para que, con la ayuda de tu protección, conserve los dones recibidos y llegue a poseer los eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

O bien la ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS de *Nuestra Señora de Fátima

Recibe, Padre santo, la ofrenda de nuestra humildad que, llenos de alegría, te presentamos al celebrar la conmemoración de la santísima Virgen María y concédenos que, asociados al sacrificio de Cristo, recibamos el consuelo en la vida presente y los gozos de la salvación eterna. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio I-V de Pascua. A continuación, solamente el Prefacio V.

PREFACIO V DE PASCUA. Cristo, sacerdote y víctima.

V. El Señor esté con ustedes.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado.

            Porque él, con la oblación de su cuerpo en la cruz, llevó a plenitud los sacrificios de la antigua alianza, y al entregarse a ti por nuestra salvación, quiso ser al mismo tiempo víctima, sacerdote y altar.

            Por eso, con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo…

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO

Padre misericordioso, te pedimos humildemente, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes y bendigas estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa N., con nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.

Acuérdate, Señor, de tus hijos N. y N. y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

* * *

Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;*

* * *

* la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, (Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián) la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

En la Misa de exequias:

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos, que hoy te ofrecemos especialmente por el descanso eterno de nuestro hermano N., pidiéndote que le concedas que, libre ya de las ataduras de la carne, tenga su parte entre tus santos. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti: que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.

            El cual, la víspera de su Pasión, tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.

            Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.

            Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu Ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

En las Misas por los difuntos se puede añadir:

Acuérdate también, Señor, de tus hijos N. y N., que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz.

            A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé,

            (Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felícitas y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia,)

            y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad. Por Cristo, Señor nuestro.

            Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.

            Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA II

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado.

            Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas; tú nos lo enviaste para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de María, la Virgen, fuera nuestro Salvador y Redentor.

            Él, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus brazos en la cruz, y así adquirió para ti un pueblo santo.

            Por eso, con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria, diciendo: Santo, Santo, Santo…

Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad; por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.

            El cual, cuando iba a ser entregado a su Pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

            Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

* * *

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra;

* * *

y con el Papa N., con nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.

* * *

En las Misas por los difuntos se puede añadir:

Recuerda a tu hijo (hija) N., a quien llamaste (hoy) de este mundo a tu presencia; concédele que, así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta también con él la gloria de la resurrección.

* * *

Acuérdate también de nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA III

Después del prefacio que corresponda según las rúbricas, el cual se concluye:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hossana en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hossana en el cielo.

Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus creaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

            Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.

            Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.

            Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

            Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, (san N.: santo del día o patrono) y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

            Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa N., a nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

* * *

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia.

* * *

Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

* * *

Cuando esta Plegaria eucarística se utiliza en las Misas de difuntos, puede decirse:

Recuerda a tu hijo (hija) N., a quien llamaste (hoy) de este mundo a tu presencia: concédele que, así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta también con él la gloria de la resurrección, cuando Cristo haga resurgir de la tierra a los muertos, y transforme nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo. Y a todos nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria; allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos, porque, al contemplarte como tú eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus alabanzas, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

* * *

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * * *

Rito de la Comunión

Padrenuestro

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

            Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

            Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

            Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Rito de la paz

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

La paz del Señor esté siempre con ustedes. R. Y con tu espíritu.

Si es oportuno, el diácono, o el sacerdote, invita a los fieles a darse la paz.

Dense fraternalmente la paz.

Fracción del pan

El gesto de la fracción del pan significa que formamos un solo cuerpo los que nos alimentamos del Pan de vida, que es Cristo.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

Comunión

El sacerdote completa su preparación personal, diciendo en voz baja:

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti.

O bien:

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.

Muestra a los fieles el pan eucarístico.

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

            Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN. Rom 4, 25

Cristo fue condenado a muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Protege, Señor, con amor constante a quienes has salvado, para que, una vez redimidos por la pasión de tu Hijo, se llenen ahora de alegría por su resurrección. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

O bien la ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN de *Nuestra Señora de Fátima

Fortalecidos con los sacramentos pascuales, te rogamos, Señor, que, quienes celebramos la memoria de la Madre de tu Hijo, manifestemos la vida de Jesús en nuestra carne mortal. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Rito de conclusión

El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:

El Señor esté con ustedes.

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.

El pueblo responde: Amén.

* * *

O bien, si se considera la bendición solemne para el Tiempo Pascual:

– Que Dios misericordioso, que por la resurrección de su Hijo unigénito los ha redimido y hecho hijos suyos, los llene de alegría con su bendición.

R. Amén.

– Que por Cristo redentor, por quien ustedes recibieron el don de la libertad perpetua, les conceda también, en su bondad, tener parte en la herencia eterna.

R. Amén.

– Que ustedes, que por la fe han resucitado en el bautismo, merezcan, por sus buenas obras, alcanzar la patria celestial.

R. Amén.

– Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

R. Amén.

* * *

DESPEDIDA

Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, vueltos hacia el pueblo dice:

Pueden ir en paz.

O bien:

La alegría del Señor sea nuestra fuerza. Pueden ir en paz.

O bien:

Glorifiquen al Señor con su vida. Pueden ir en paz.

O bien:

En el nombre del Señor, pueden ir en paz.

O bien:

En la paz de Cristo, vayan a servir a Dios y a sus hermanos.

El pueblo responde:

Demos gracias a Dios.

MISA. 12 de mayo. JUEVES IV DE PASCUA

12 de mayo

JUEVES IV DE PASCUA

Feria. Blanco.

O bien: *Santos Nereo y Aquileo, mártires (ml), rojo (MR, p. 743 [730]).

            Eran soldados de Diocleciano. Por el Papa Dámaso sabemos que no eran aún cristianos cuando estalló la persecución; pero el valor de los mártires los impulsó a creer en Jesucristo. Fueron degollados en Roma (304).

O bien: ** San Pancracio, mártir (ml), rojo (MR, p. 743 [731]).

            Sufrió el martirio el mismo día y, probablemente, el mismo año que Nereo y Aquileo. Según la tradición, fue martirizado cuando tenía 14 años. No dudó en sacrificar su juventud para mantenerse fiel a Cristo.

Ritos iniciales

ANTÍFONA DE ENTRADA. Cfr. Sal 67, 8-9. 20

Cuando saliste, Señor, al frente de tu pueblo, y le abriste camino a través del desierto, la tierra se estremeció y hasta los cielos dejaron caer su lluvia. Aleluya.

Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

El pueblo responde: Amén.

SALUDO

1. El Dios de la vida, que ha resucitado a Jesucristo, rompiendo las ataduras de la muerte, esté con todos ustedes.

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

ACTO PENITENCIAL

A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:

4. Humildes y penitentes, como el publicano en el templo, acerquémonos al Dios justo, y pidámosle que tenga piedad de nosotros, ya que también nosotros reconocemos que somos pecadores.

* * *

FÓRMULA I:

            Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

* * *

O bien:

FÓRMULA II:

Se hace una breve pausa en silencio. Después, el sacerdote dice:

Señor, ten misericordia de nosotros.

El pueblo responde:

Porque hemos pecado contra ti.

El sacerdote prosigue:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

El pueblo responde:

Y danos tu salvación.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

* * *

O bien:

FORMULA III:

V

– Tú que al resucitar has renovado todas las cosas: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

– Tú que nos llamas a transformar el mundo: Cristo, ten piedad.

R. Cristo, ten piedad.

– Tú que harás participar a todo el universo de la gloria de tu resurrección: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

* * *

Siguen las invocaciones, si no se han dicho ya en el Acto penitencial:

Señor, ten piedad. –Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad. –Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad. –Señor, ten piedad.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

No se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios, que restauraste la naturaleza humana, elevándola por encima de su dignidad original, dirige tu mirada a este inefable misterio de tu amor, para que conserves los dones de tu eterna gracia y bendición en quienes te dignaste renovar por el sacramento del bautismo. Por nuestro Señor Jesucristo…

O bien la ORACIÓN COLECTA *santos Nereo y Aquileo

Dios todopoderoso, ya que hemos conocido la fortaleza con la cual confesaron la fe los gloriosos mártires Nereo y Aquileo, concédenos experimentar su piedad al interceder por nosotros ante ti. Por nuestro Señor Jesucristo…

O bien la ORACIÓN COLECTA **san Pancracio

Dios nuestro, que tu Iglesia se alegre confiada por la protección del mártir san Pancracio, y que, por su gloriosa intercesión, se consagre a tu servicio y esté a salvo de todo peligro. Por nuestro Señor Jesucristo…

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Del linaje de David Dios hizo nacer un Salvador.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 13, 13-25

            En aquellos días, Pablo y sus compañeros se hicieron a la mar en Pafos; llegaron a Perge de Panfilia, y allí Juan Marcos los dejó y volvió a Jerusalén. Desde Perge siguieron hasta Antioquía de Pisidia, y el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Acabada la lectura de la ley y los profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron decir: “Hermanos, si tienen alguna exhortación que hacer al pueblo, hablen”.

            Entonces se levantó Pablo, y haciendo señal de silencio con la mano, les dijo:

            “Israelitas y cuantos temen a Dios, escuchen: El Dios del pueblo de Israel eligió a nuestros padres, engrandeció al pueblo cuando éste vivía como forastero en Egipto, y lo sacó de allí con todo su poder, lo alimentó en el desierto durante cuarenta años, aniquiló siete tribus del país de Canaán y dio el territorio de ellas en posesión a Israel por cuatrocientos cincuenta años. Posteriormente les dio jueces, hasta el tiempo del profeta Samuel.

            Pidieron luego un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, que reinó cuarenta años. Después destituyó a Saúl y les dio por rey a David, de quien hizo esta alabanza: He hallado a David, hijo de Jesé, hombre según mi corazón, quien realizará todos mis designios.

            Del linaje de David, conforme a la promesa, Dios hizo nacer para Israel un Salvador, Jesús. Juan preparó su venida, predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia, y hacia el final de su vida, Juan decía: ‘Yo no soy el que ustedes piensan. Después de mí viene uno a quien no merezco desatarle las sandalias’ ”.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 88

R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. Aleluya.

Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor

y daré a conocer que su fidelidad es eterna,

pues el Señor ha dicho: “Mi amor es para siempre

y mi lealtad, más firme que los cielos. R.

He encontrado a David, mi servidor,

y con mi aceite santo lo he ungido.

Lo sostendrá mi mano

y le dará mi brazo fortaleza. R.

Contará con mi amor y mi lealtad

y su poder aumentará en mi nombre.

Él me podrá decir: ‘Tú eres mi padre,

el Dios que me protege y que me salva’ ”. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Cfr. Apoc 1, 5

R. Aleluya, aleluya.

Señor Jesús, testigo fiel, primogénito de entre los muertos, tu amor por nosotros es tan grande, que has lavado nuestras culpas con tu sangre. R.

EVANGELIO

El que recibe al que yo envío, me recibe a mí.

Del santo Evangelio según san Juan: 13, 16-20

            En aquel tiempo, después de lavarles los pies a sus discípulos, Jesús les dijo:

            “Yo les aseguro: el sirviente no es más importante que su amo, ni el enviado es mayor que quien lo envía. Si entienden esto y lo ponen en práctica, serán dichosos.

            No lo digo por todos ustedes, porque yo sé a quiénes he escogido. Pero esto es para que se cumpla el pasaje de la Escritura, que dice: El que comparte mi pan me ha traicionado. Les digo esto ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo Soy.

            Yo les aseguro: el que recibe al que yo envío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado”.

Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.

HOMILÍA

No se dice Credo.

PLEGARIA UNIVERSAL u ORACIÓN DE LOS FIELES

El sacerdote invita a los fieles a orar, por medio de una breve monición. El pueblo manifiesta su participación con una invocación. Termina con una oración conclusiva.

LITURGIA EUCARÍSTICA

PREPARACIÓN DE LOS DONES

Presentación del pan:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

–Bendito seas por siempre, Señor.

(Sacerdote, en secreto): Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.

Presentación del vino:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

–Bendito seas por siempre, Señor.

(Sacerdote, en secreto): Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

Lava del todo mi delito, Señor, y limpia mi pecado.

Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

–El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Suba hasta ti, Señor, nuestra oración, acompañada por estas ofrendas, para que, purificados por tu bondad, nos dispongas para celebrar el sacramento de tu inmenso amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

O bien la ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS *santos Nereo y Aquileo

Señor, dirige tu mirada con serena piedad sobre los presentes dones, de manera que los inunde la bendición del Espíritu Santo y susciten en nuestros corazones aquel intenso amor con el cual los santos mártires Nereo y Aquileo vencieron en su cuerpo todos los tormentos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

O bien la ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS **san Pancracio

Recibe, Señor, el sacrificio de reconciliación y alabanza que ofrecemos a tu majestad en la conmemoración del santo mártir Pancracio, para que nos lleve a obtener el perdón y nos haga permanecer en continua acción de gracias. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I-V de Pascua. A continuación, solamente el Prefacio IV.

PREFACIO IV DE PASCUA. Restauración universal por el Misterio Pascual.

V. El Señor esté con ustedes.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado.

            Porque destruida la antigua situación de pecado, se renueva todo lo que estaba caído y en Cristo se restablece la integridad de nuestra vida.

            Por eso, con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo…

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO

Padre misericordioso, te pedimos humildemente, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes y bendigas estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa N., con nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.

Acuérdate, Señor, de tus hijos N. y N. y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

* * *

Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;*

* * *

* la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, (Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián) la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

En la Misa de exequias:

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos, que hoy te ofrecemos especialmente por el descanso eterno de nuestro hermano N., pidiéndote que le concedas que, libre ya de las ataduras de la carne, tenga su parte entre tus santos. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti: que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.

            El cual, la víspera de su Pasión, tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.

            Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.

            Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu Ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

En las Misas por los difuntos se puede añadir:

Acuérdate también, Señor, de tus hijos N. y N., que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz.

            A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

* * *

Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé,

            (Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felícitas y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia,)

            y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad. Por Cristo, Señor nuestro.

            Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.

            Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA II

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado.

            Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas; tú nos lo enviaste para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de María, la Virgen, fuera nuestro Salvador y Redentor.

            Él, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus brazos en la cruz, y así adquirió para ti un pueblo santo.

            Por eso, con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria, diciendo: Santo, Santo, Santo…

Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad; por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.

            El cual, cuando iba a ser entregado a su Pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

            Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

* * *

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra;

* * *

y con el Papa N., con nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.

* * *

En las Misas por los difuntos se puede añadir:

Recuerda a tu hijo (hija) N., a quien llamaste (hoy) de este mundo a tu presencia; concédele que, así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta también con él la gloria de la resurrección.

* * *

Acuérdate también de nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * *

PLEGARIA EUCARÍSTICA III

Después del prefacio que corresponda según las rúbricas, el cual se concluye:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hossana en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hossana en el cielo.

Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus creaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

            Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.

            Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

* * *

I. Éste es el Misterio de la fe.

O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe. R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien: II. Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. R. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien: III. Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entrego por nosotros. R. Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección

* * *

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.

            Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

            Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, (san N.: santo del día o patrono) y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

            Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa N., a nuestro Obispo N.,

* * *

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia, conmigo, indigno siervo tuyo,

* * *

al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

* * *

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia.

* * *

Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

* * *

Cuando esta Plegaria eucarística se utiliza en las Misas de difuntos, puede decirse:

Recuerda a tu hijo (hija) N., a quien llamaste (hoy) de este mundo a tu presencia: concédele que, así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta también con él la gloria de la resurrección, cuando Cristo haga resurgir de la tierra a los muertos, y transforme nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo. Y a todos nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria; allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos, porque, al contemplarte como tú eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus alabanzas, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

* * *

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* * * * * *

Rito de la Comunión

Padrenuestro

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

            Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

            Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

            Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Rito de la paz

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

La paz del Señor esté siempre con ustedes. R. Y con tu espíritu.

Si es oportuno, el diácono, o el sacerdote, invita a los fieles a darse la paz.

Dense fraternalmente la paz.

Fracción del pan

El gesto de la fracción del pan significa que formamos un solo cuerpo los que nos alimentamos del Pan de vida, que es Cristo.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

Comunión

El sacerdote completa su preparación personal, diciendo en voz baja:

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti.

O bien:

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.

Muestra a los fieles el pan eucarístico.

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

            Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN. Mt 28, 20

Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Dios todopoderoso y eterno, que, por la resurrección de Cristo, nos has hecho renacer a la vida eterna, multiplica en nosotros el efecto de este sacramento pascual, e infunde en nuestros corazones el vigor que comunica este alimento de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

O bien la ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN *santos Nereo y Aquileo

Fortalecidos con el alimento de este único pan, te rogamos humildemente, Señor, al conmemorar a los santos mártires Nereo y Aquileo, que nos afiances siempre en tu amor y nos concedas llevar una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.

O bien la ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN**san Pancracio

Al celebrar con alegría esta festividad y habiendo recibido tus dones celestiales, te pedimos, Señor, que concedas, a quienes en este divino banquete proclamamos la muerte de tu Hijo, que podamos participar, con los santos mártires, de su resurrección y de su gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Rito de conclusión

El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:

El Señor esté con ustedes.

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.

El pueblo responde: Amén.

* * *

O bien, si se considera la bendición solemne para el Tiempo Pascual:

– Que Dios misericordioso, que por la resurrección de su Hijo unigénito los ha redimido y hecho hijos suyos, los llene de alegría con su bendición.

R. Amén.

– Que por Cristo redentor, por quien ustedes recibieron el don de la libertad perpetua, les conceda también, en su bondad, tener parte en la herencia eterna.

R. Amén.

– Que ustedes, que por la fe han resucitado en el bautismo, merezcan, por sus buenas obras, alcanzar la patria celestial.

R. Amén.

– Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

R. Amén.

* * *

DESPEDIDA

Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, vueltos hacia el pueblo dice:

Pueden ir en paz.

O bien:

La alegría del Señor sea nuestra fuerza. Pueden ir en paz.

O bien:

Glorifiquen al Señor con su vida. Pueden ir en paz.

O bien:

En el nombre del Señor, pueden ir en paz.

O bien:

En la paz de Cristo, vayan a servir a Dios y a sus hermanos.

El pueblo responde:

Demos gracias a Dios.