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ATRAS

INTRODUCCIÓN

 

  1. Los proverbios de Salomón, hijo de David… (1,1). Dimensión histórica.

 

Este libro, en su forma original en hebreo, lleva como título “Meshalim” (1,1), plural del término “Mashal (comparación)” que se utiliza para indicar distintas clases de comparaciones: proverbios, sentencias, parábolas, enigmas, etc. En la versión latina Vulgata se lo llamó “Proverbiorum liber”, de donde se derivó el nombre que actualmente tiene en castellano y en otras lenguas modernas.

 

Tanto en Israel como en Egipto, Mesopotamia y Canaán se produjeron obras que contenían sentencias breves consistentes en una comparación expresada en forma de paralelismo. La comparación, por lo general, se hacía entre el orden que reina en el universo y el comportamiento de los seres humanos. El orden de la creación es el modelo al que debe adecuarse la persona para ser ‘sabia’ y llevar una vida feliz. El ‘necio’, en cambio, es el que no sabe manejar bien sus negocios ni solucionar de manera acertada sus problemas, y que por lo tanto vivirá pocos años, y tendrá una vida triste y llena de contratiempos.

 

En todas estas enseñanzas la preocupación religiosa no aparecía en el primer plano. Su principal interés residía en la búsqueda de una sabiduría consistente en saber resolver acertadamente los problemas diarios. Estas obras se utilizaban para la enseñanza de la sabiduría, y gran parte de ellas estaba destinada a la instrucción de los futuros gobernantes, que necesariamente debían ser ‘sabios’ para conducir al pueblo.

 

El libro de los Proverbios se presenta como obra del rey Salomón (1,1), a quien el libro de los Reyes lo elogia como el más grande de los sabios y le atribuye la composición de tres mil proverbios (1 Re 3,10; 5,11-12). Pero esta tradición, mantenida en toda la antigüedad, hoy ya no es admitida por los comentaristas, desde el momento que la misma obra indica que gran parte de su contenido pertenece a otros autores. 

 

El libro reúne siete colecciones, en el que la primera sirve de introducción (1,1-9,18) y una conclusión (el “Elogio de la mujer ejemplar” – 31,10-31). Las colecciones pertenecen a distintas épocas y se puede suponer que en un principio existieron separadas, ya que cada una de ellas lleva un título propio que indica su diferente origen (1,1; 10,1; 22,17; 24,23; 25,1; 30,1; 31,1); incluso en la Biblia griega no están dispuestas en el mismo orden que el que tienen en la Biblia hebrea. Por otra parte, el texto griego es sensiblemente más largo que el hebreo.

 

Las colecciones de 10,1-22,16 y 25,1-29,27, atribuidas a Salomón, tienen semejanza externa con las colecciones originadas en el paganismo, y esas características permiten suponer que serían las más antiguas del libro de los Proverbios. Muchos autores afirman que gran parte de esta colección, o por lo menos algunos de sus proverbios, podrían provenir del mismo Salomón. La segunda colección salomónica (25,1-29,27) se atribuye a los sabios del tiempo de Ezequías y se podría haber recopilado en torno al año 700 a.C.

En la “Primera colección de los sabios” (22,17-24,22) se encuentran sugestivos paralelos con el libro egipcio Sabiduría de Amenemope y, posiblemente, con La sabiduría de Ahikar. Esto podría ser un indicio de que esta colección pertenece también a una época muy antigua. La “Segunda colección de los sabios”, que es mucho más breve (24,23-34), contiene material de distinto origen, y se presenta como un añadido a la primera colección, que sería entonces de época anterior.

 

Los dichos de Lemuel y de Agur, así como el elogio de la mujer ejemplar son textos colocados al final de las grandes colecciones, y no ofrecen datos que permitan fijar una fecha de composición. Es difícil llegar a saber con precisión cuál es la época en que se originaron todas las colecciones. Sobre este punto no hay acuerdo entre los comentaristas, aunque es muy fuerte la suposición de que varias de ellas pueden pertenecer a la época posterior al exilio babilónico.

 

  1. Escucha atentamente los dichos de los sabios… (22,17). Teología del libro de los Proverbios

 

Tratándose de una colección de obras que se originaron y existieron en forma independiente, no es posible desarrollar una teología que contemple todo el libro de los Proverbios. 

 

La “Introducción” (1,1–9,18) es una larga exhortación de un maestro a su discípulo. Tiene como tema especial la sabiduría, a la que presenta personificada, así como su oponente, la necedad (cf. 9,1-6 y 9,13-17). Al describir la sabiduría junto a Dios y su participación en la obra de la creación (Prov 8,22-31) el autor muestra que vive en la misma atmósfera que otros sabios de la época posterior al exilio. Esta parte del libro pertenece entonces a una época tardía y se debe considerar como un aporte del recopilador de las colecciones. Tiene gran importancia, porque coloca todo el contenido del libro de los Proverbios bajo el enunciado de que “Honrar al Señor es principio del conocimiento” (1,7). La sabiduría del libro, aunque pueda parecer exclusivamente humanista, sin referencia a lo religioso, se deberá entender como “honrar al Señor”.

 

Las dos colecciones atribuidas a Salomón (10,1-22,16 y 25,1-29,27) serían las más antiguas de las contenidas en el libro. Apenas se puede encontrar en ellas algo más que preceptos de sabiduría humana. Se advierte la ausencia de los grandes temas bíblicos, como son la Ley, la Alianza, la historia… La sabiduría es ‘humanista’, porque trata sobre el buen comportamiento en la vida, con máximas orientadas muchas veces hacia los gobernantes.

 

Sin embargo, las dos colecciones atribuidas a Salomón, así como las dos colecciones atribuidas a los sabios, son obras sapienciales de la Biblia que denotan un importante avance sobre sus antecedentes del paganismo: el proceder de los hombres es considerado a la luz de un criterio que sería el de la Ley de Dios y con la mirada puesta en el premio que se otorga a los buenos o el castigo con que se amenaza a los malvados (cf. Prov 10,3.27.29; 22,12). Como consecuencia, en estos libros el ‘sabio’ es el ‘justo’ o ‘piadoso’, como así también el ‘necio’ es el ‘impío’ o ‘malvado’. De este modo se va abriendo camino una idea que llegará a expresarse en textos sapienciales de época posterior: la verdadera sabiduría es la ley de Dios (Bar 4,1; Eclo 24,23).

 

Los “Dichos de Agur” (30,1-33), contienen breves reflexiones de un sabio sobre la incomprensibilidad de Dios, en un tono que refleja las últimas páginas del libro de Job. A esto se añade una serie de proverbios ‘numéricos’ (30,15-33), del gusto de los orientales a quienes les agrada trazar figuras literarias con las enumeraciones (6,16-19; Sal 62,12; Eclo 23,16-17; Mt 18,21-22; etc.). Algunos comentaristas opinan que esta serie de proverbios numéricos constituiría una colección independiente y que se debería separar de los “Dichos de Agur”.

 

Los “Dichos de Lemuel” (31,1-9) son los consejos que dio su madre a un aspirante al trono y se refieren al buen desempeño en las tareas de gobierno.

 

El “Elogio de la mujer ejemplar” (31,10-31) es un poema ‘acróstico’ (cada verso comienza con una letra diferente, siguiendo el orden alfabético hebreo) en el que se describe una figura femenina (el ama de casa), pero por encima de ella se descubre un retrato de la sabiduría personificada

 

  1. Te he escrito treinta máximas… (22,20). El plan del libro de los Proverbios.

 

El libro se ordena de la siguiente manera:

 

  1. Introducción                                                   1,1-9,18               

 

  1. Primera colección salomónica                        10,1-22,16

 

III.       Primera colección de los sabios         22,17-24,22

 

  1. Segunda colección de los sabios                     24,23-34

 

  1. Segunda colección salomónica                       25,1-29,27

 

  1. Dichos de Agur                                               30,1-33

 

VII.      Dichos de Lemuel                                           31,1-11

 

VIII.     Elogio de la mujer ejemplar                         31,12-31

 

  1. Introducción [1]­

 

Proverbios para obtener sabiduría ¨

Prov 9,10; Sal 111,10; Job 28,28; Eclo 1,14

 

1 1 Proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel,

2  para obtener sabiduría e instrucción,

para comprender los dichos prudentes,

3 para adquirir instrucción, discernimiento,

justicia, rectitud y equidad,

4 para dar sagacidad a los inexpertos,

conocimiento y prudencia a los jóvenes.

5 Que el sabio escuche esto y acreciente su saber,

y el inteligente adquiera habilidad

6 para entender los proverbios y máximas profundas,

las palabras de los sabios y sus enigmas.

 

7 Honrar al Señor es principio del conocimiento.

Los necios desprecian la sabiduría y la instrucción.

 

Si los pecadores te quieren seducir…¨

Prov 6,18.20; Num 16,31-33; Is 59,7; Sal 94,8; 15,27; Sab 2,10-20; Eclo 6,24-29 // Prov 1,16: Rm 3,15-17

 

8 Hijo mío, obedece la instrucción de tu padre,

y no descuides la enseñanza de tu madre,

9 porque serán para ti como una hermosa corona en tu cabeza

y como un collar alrededor de tu cuello.

 

10 Hijo mío, si los pecadores te quieren seducir,

no lo consientas.

11 Quizá te digan: “Te invitamos a que vengas con nosotros;

pongamos emboscadas para matar

y por puro gusto hagámosle daño al inocente.

12 Los devoraremos vivos como el lugar de los muertos,

y  los haremos descender enteros a la tumba.

13 Nos quedaremos con todos sus valiosos tesoros

y con el botín robado llenaremos nuestras casas.

14 Participa en nuestro grupo

y repartiremos por igual lo robado”.

 

15 Hijo mío, no te enredes con ellos,

no imites su conducta.

16 Porque sus pies corren hacia la maldad,

van rápido a derramar sangre.

17 Aunque es una tontería tender la trampa

a la vista de los pájaros,

18 ellos mismos se preparan la emboscada

y atentan contra sus propias vidas.

19 Así terminan los que codician ganancias deshonestas:

su propia ambición los mata.

 

La sabiduría proclama por las calles [2]¨

Prov 8,1-36; Is 50,2; 65,12; 66,4; Jr 6,29; 7,13.24-27; 11,11; Zac 7,13; Sal 2,4; Eclo 24; Jn 7,37

 

20 La sabiduría proclama por las calles,

en las plazas alza su voz,

21 llama en las esquinas más ruidosas

y en las puertas de la ciudad expone su pregón:

22 “¿Hasta cuándo los ignorantes amarán la ignorancia, 

los insolentes se deleitarán en la insolencia

y los insensatos aborrecerán el conocimiento?

23 ¡Presten atención a mi corrección!

Derramaré mi espíritu sobre ustedes

y les daré a conocer mis palabras.

24 Porque yo los he llamado y no me han atendido,

los he invitado y me han rechazado,

25 pasaron por alto todos mis consejos

y no aceptaron mi corrección.

26 Entonces yo me reiré de la desgracia de ustedes,

me burlaré cuando los invada el miedo,

27 cuando el terror les llegue como una tormenta,

cuando la desgracia los alcance como un huracán,

cuando caiga sobre ustedes la aflicción y la angustia.

28 Entonces me invocarán y no les responderé,

me buscarán con ansiedad y no me encontrarán.

29 Porque aborrecieron el conocimiento

y no eligieron el respeto al Señor.

30 No desearon mi consejo,

despreciaron por completo mi corrección.

31 Por eso, comerán el fruto de su conducta,

y se hartarán de sus propios consejos.

32 Porque la rebeldía matará a los ignorantes

y la autosuficiencia destruirá a los insensatos.

33 En cambio, el que me obedece vivirá confiado,

seguro y sin temor a desgracia alguna”.

 

El Señor da la sabiduría ¨

Prov 3,14; Sal 37,9.29; 5,2-20; 6,24-7,27; 8,19; 10,30; 16,16; Sab 8,21; 9,10; Eclo 9,9; Mt 5,4

 

2 1 Hijo mío, si aceptas mis palabras

y obedeces mis mandamientos,

2 si estás dispuesto a escuchar a la sabiduría

y doblegas tu corazón a la prudencia,

3 si invocas a la inteligencia

y clamas a la prudencia,  

4 si la buscas como si fuera plata

y la procuras como si fuera un tesoro,  

5 entonces comprenderás el respeto al Señor 

y obtendrás el conocimiento de Dios.

6 Porque el Señor da la sabiduría;

de su boca brotan el conocimiento y la prudencia.

7 Él reserva la sabiduría para los rectos,

y es escudo para los que caminan en la integridad,

8 custodia a los que practican la justicia

y cuida el camino de sus fieles.

 

9 Entonces comprenderás la justicia, el derecho,

la rectitud y toda conducta buena.

10 Porque entrará la sabiduría a tu corazón

y el conocimiento será placentero a tu alma.

11 La discreción te guardará,

la prudencia te protegerá.

12 Te librará del camino de maldad,

del hombre que proclama la perversión;                     

13 de los que abandonan el camino recto

para transitar por senderos oscuros; 

14 de los que se complacen en la maldad  

y se deleitan en la perversión;   

15 de los que transitan por caminos torcidos 

y por senderos extraviados.

16 Te librará de la mujer ajena,

de la extraña que seduce con sus palabras,

17 que abandona al compañero de su juventud

y olvida la alianza de su Dios.

18 Su casa se hunde en el reino de la muerte,

y sus caminos conducen al país de las sombras;

19 los que entran allí nunca regresan,

jamás vuelven al sendero de la vida.

20 Pero tú debes andar por el camino de los buenos

y mantenerte en la senda de los justos.

21 Porque los rectos habitarán la tierra

y los íntegros permanecerán en ella;

22 en cambio, los malvados serán eliminados de la tierra,

y los traidores arrancados de ella.

 

No te jactes de ser sabio ¨

Prov 6,21; 7,3; 13,1; Dt 4,40; 6,6-9; 26,1-11; Mal 3,10-12; Sal 37,3.5; Job 5,17; Rom 12,16 //3,11-12: Heb 12,5-6

 

3 1 Hijo mío, no te olvides de mi instrucción

y  atesora mis mandamientos en tu corazón,

2 porque te concederán muchos días,

años de vida y bienestar.

 

3 No permitas que el amor y la verdad te abandonen;

y átalos a tu cuello,

escríbelos en la tabla de tu corazón.

4 Así obtendrás el favor y reconocimiento

 de Dios y de toda la gente.

5 Confía de todo corazón en el Señor

y no te apoyes en tu propia inteligencia;

6 si lo tienes presente en todos tus caminos,            

él enderezará tus senderos.                                    

7 No te jactes de ser sabio,

honra al Señor y aléjate del mal;

8 porque esto será medicina para tu cuerpo                  

y fortaleza para tus huesos.

9 Honra al Señor con tus bienes,

con las primicias de tu cosecha.

10 Entonces tus graneros rebosarán de trigo

y tus bodegas estarán repletas del mejor vino.

 

11 Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor   

ni sientas fastidio de su reprensión;

12 porque el Señor corrige al que ama

como un padre lo hace con su hijo amado.

 

Dichoso el que adquiere sabiduría ¨

Prov 2,4; 8,11.22-31; Gn 2,9; 3,22; Sal 1,1-3; 3,6; 91,5.12; Job 5,19-27; 28,18; Sab 7,8-9; 8,5; Ap 2,7

 

13 Dichoso el que adquiere sabiduría,

el que obtiene inteligencia,

14 porque esto es de más valor que la plata,

es más rentable que el oro.

15 La sabiduría vale más que las piedras preciosas,

nada apetecible se le puede comparar;

16 su mano derecha ofrece larga vida,

su izquierda, honor y riqueza.

17 Sus caminos son placenteros,

y sus sendas, apacibles.

18 Árbol de vida es la sabiduría para quien se aferra a ella.

¡Dichosos los que la retienen!

 

19 El Señor puso el fundamento de la tierra con sabiduría,

y estableció el cielo con inteligencia;

20 por su saber dividió las aguas del abismo

e hizo que el cielo destile rocío.

 

21 Hijo mío, conserva el buen juicio y la discreción

y no los pierdas de vista:

22 serán vida para tu alma

y adorno para tu cuello.

23 Entonces andarás seguro en tu camino,

y tus pies no tropezarán;

24 cuando te acuestes no tendrás temor,

cuando duermas tu sueño será placentero;

25 no temerás alguna desgracia repentina

ni la ruina que llega a los malvados,

26 porque el Señor estará contigo

y te librará de caer en alguna trampa.

 

No niegues tu ayuda a quien la solicite ¨

Prov 23,17; Sal 37,1; Eclo 4,1-5; 7,32-35; 11,21; 29,8-9; Mt 5,42-48; Lc 10,25-37; Sant 2,1-9.15-16; 1 Jn 3,17 //3,34: Sant 4,6; 1 Pe 5,5

 

27 Cuando tengas la posibilidad,

no niegues tu ayuda a quien la solicite.

28 Si hoy puedes ayudar a tu prójimo,

no le digas: “Vete y regresa después, mañana te ayudaré”.

29 No trames ningún mal contra tu prójimo,

contra quien ha puesto su confianza en ti.

30 No entables, sin motivo, un pleito contra alguien

que ningún mal te ha hecho.

31 No tengas envidia del violento

ni desees andar por sus caminos.

32 El Señor detesta al perverso,

pero brinda su confianza a los íntegros.

33 El Señor maldice la casa del malvado,

pero bendice el hogar de los justos;

34 se burla de los insolentes,

pero muestra su bondad a los humildes.

35 Para los sabios son los honores,

para los necios, la deshonra.

 

Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia ¨

Prov 1,9; 3,1-2; 7,2; Sab 5,16; Eclo 51,28

 

4 1 Hijos, escuchen la instrucción de un padre,

presten atención para adquirir buen juicio;

2 no abandonen mi instrucción

porque les doy buena enseñanza.

3 Como hijo, también yo tuve un padre,

fui amado y consentido por mi madre.

4 Mi padre me daba esta instrucción:

“Graba en tu memoria mis palabras,

cumple mis mandamientos y vivirás.

5 Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia,

no te olvides ni te apartes de mis consejos.

6 No abandones la sabiduría, y ella te cuidará,

ámala, y ella te protegerá.

7 El principio de la sabiduría está en adquirirla,

invierte tu fortuna en adquirir inteligencia.

8 la estimarás, y ella te engrandecerá;

la abrazarás y ella te exaltará. 

9 Pondrá en tu cabeza una hermosa diadema,

una esplendorosa corona te otorgará.”

 

10 Escúchame, hijo mío, recibe mis consejos,

y disfrutarás de muchos años de vida.

11 Te guío por el camino de la sabiduría,

te encamino por la senda de la rectitud.

12 Al caminar no hallarás obstáculos,

al correr no tendrás tropiezos.

13 Aférrate a la instrucción, no la sueltes,

cúmplela, porque de ella depende tu vida.         

14 No camines por la senda de los malvados,

no transites por el camino de los perversos.

15 Evita ese camino. No transites por él.

Aléjate de él y pasa de largo.

16 Los malvados no duermen si no cometen alguna maldad;

se les va el sueño si no le hacen daño a alguien.

17 Su comida es el pan de la maldad

y su bebida es el vino de la violencia.

 

18 La senda de los justos es como la luz de la aurora,

que brilla cada vez más hasta que el día llega a su plenitud.

19 El camino de los malvados es como densa oscuridad,

ni siquiera saben qué los hace tropezar.

 

20 Hijo mío, presta atención a mis palabras,

escucha atentamente mis consejos,

21 nunca los pierdas de vista,

grábalos bien en tu memoria.

22 Porque son vida para quienes los acogen,

son salud para todo ser viviente.

23 Por encima de todo custodia tu corazón,

porque de él brota la vida.

24 Aparta de tu boca las palabras perversas

y aleja la falsedad de tus labios.

25 Que tus ojos se fijen en lo que tienes delante,

que tu mirada se dirija a lo que está frente a ti.

26 Fíjate bien por dónde andas,

para que todos tus caminos sean seguros;

27 no te desvíes a la derecha ni a la izquierda

y aleja tus pasos de la maldad.

 

Aléjate de la mujer infiel ¨

Prov 2,16; 6,32-33; 7,6-27; 22,14; Éx 20,14; Lv 20,10; Jr 29,23; Ecl 7,26; Eclo 1,30; 9,3.6.8; 23,18-27; Heb 13,4

 

5 1 Hijo mío, presta atención a mi sabiduría,

escucha atentamente mi instrucción.

2 Así actuarás con prudencia,

y tus labios guardarán el saber.

3 Porque los labios de la mujer infiel destilan miel,

sus palabras son más suaves que el aceite;

4 pero al final resulta ser más amarga que la hiel

y más cortante que espada de doble filo.

5 Sus pies descienden a la muerte,

sus pasos van derecho a la tumba.

6 No le interesa el camino de la vida,

se va por el sendero equivocado y no se da cuenta.

7 Por eso, hijos, escúchenme

y no se aparten de mis consejos:

8 Aléjate de la mujer infiel,

no te acerques a la puerta de su casa.

9 No entregues tu dignidad a extraños

ni tus años a gente despiadada.

10 Que extraños no se aprovechen de tus bienes

ni el fruto de tus esfuerzos vaya a parar a casa ajena.

11 Al final tendrás que llorar

al ver cómo se consume el vigor de tu cuerpo.

12 Entonces dirás: “¿Por qué rechacé la corrección

y mi corazón despreció las advertencias?

13 ¿Por qué no escuché a mis maestros

ni presté oído a mis instructores?

14 Poco faltaba para hundirme en la desgracia

ante la entera comunidad reunida”.

 

Bebe el agua de tu propia cisterna ¨

Ecl 9,9; Eclo 26,1-4; 36,21-27

 

15 Bebe el agua de tu propia cisterna,

la que brota de tu propio pozo.

16 ¿Por qué derramar tu manantial por las calles

y las corrientes de tus aguas por las plazas?

17 Sean exclusivamente para ti,

no las compartas con extraños.

18 Que tu manantial sea bendito;

goza con la esposa de tu juventud.

19 Que ella sea tu cierva amada y tu hermosa gacela,

que siempre encuentres satisfacción en sus pechos,

y continuamente te deleite su amor.

20 ¿Por qué, hijo mío, te dejarás cautivar por la mujer infiel?

¿Por qué acariciarás los pechos de una extraña?

21 El Señor conoce muy bien la conducta del ser humano,

él examina cada una de sus acciones.

22 El malvado es atrapado por su propia maldad,

la red de su propio pecado lo captura;

23 morirá porque no acepta la corrección,

perecerá debido a su enorme insensatez.

 

Si has salido fiador de tu prójimo ¨

Prov 11,15; 17,18; 20,16; 22,26-27; 27,13; Eclo 29,14-20

 

6 1 Hijo mío, si has salido fiador de tu prójimo

y has cerrado trato con un extraño,

2 si has quedado atrapado por tus propias palabras

y prisionero de la promesa que hiciste,

3 para que te liberes, ya que has caído en las manos de tu prójimo,

hijo mío, actúa ahora de esta manera:

acude a él, insiste y asegúrate de que pague;

4 no dejes que tus ojos se cierren por el sueño

ni que tus párpados descansen.

5 Escápate como una gacela del cazador

y como un ave de la trampa.

 

Perezoso, ¿hasta cuándo seguirás durmiendo? ¨

Prov 10,26; 13,4; 20,4.13; 22,13; 24,30-34; 26,13-16; 30,24-25; Ecl 10,18

 

6 Contempla a las hormigas, perezoso,

observa cómo actúan, y serás sabio.

7 Ellas, aunque no tienen jefe,

ni capataz, ni quién las gobierne,

8 en el verano aseguran su comida

y durante la cosecha almacenan su alimento.

9 Perezoso, ¿hasta cuándo seguirás durmiendo?

¿Cuándo te sacudirás el sueño?

10 Mientras duermes un ratito,

haces una breve siesta

y descansas con los brazos cruzados,

11 te asaltará la pobreza como un bandido

y la miseria como un ladrón armado.

 

Una persona malvada ¨

Prov 10,10; Eclo 27,22

 

12 Una persona depravada, una persona malvada,

camina con la boca llena de perversidades,

13 guiña los ojos con malicia,

mueve los pies y señala con el dedo;

14 la maldad se anida en su corazón,

todo tiempo planea hacer daño

y sembrar discordias.

15 Por eso, en un instante le llegará la desgracia;

de improviso, y sin remedio, será destruido.

 

Seis cosas que el Señor detesta ¨

Prov 6,14; 17,14; 21,4; 30,13; Ex 20,16; Dt 19,18-19; Is 1,11.15; 5,15; Jr 9,3.5; Sal 5,9; 18,27; 94,21; 106,38

 

16 Hay seis cosas que el Señor detesta,

y siete que aborrece por completo:

17 los ojos altivos, la lengua mentirosa,

las manos que derraman sangre inocente,

18 la mente que trama planes perversos,

los pies que corren presurosos hacia la maldad,

19 el testigo falso que difunde mentiras

y el que siembra discordias entre hermanos.

 

El que comete adulterio es un insensato ¨

Prov 2,16-19; 5,3-14; 10,17; Ex 20,14; 22,1-8; Sal 119,105; Eclo 23,18-27; Heb 13,4

 

20 Hijo mío, sigue la instrucción de tu padre

y no rechaces la enseñanza de tu madre.

21 Consérvalas siempre en tu memoria

y átalas alrededor de tu cuello.

22 Cuando camines, te guiarán,

cuando duermas, te protegerán,

cuando despiertes, te aconsejarán.

23 Porque el mandamiento es una lámpara,

la instrucción es luz,

y la exhortación que corrige es camino de vida.

24 Te guardarán de la mujer perversa,

de las palabras seductoras de la mujer extraña.

25 No permitas que su belleza te cautive,

ni que sus miradas te seduzcan.

26 La prostituta va tras un pedazo de pan,

pero la mujer infiel va tras la preciosa vida del hombre.

27 ¿Acaso puede alguien llevar brasas en su regazo

sin que se le queme la ropa?

28 ¿Puede alguien caminar sobre carbones encendidos

y no quemarse los pies?

29 Así le sucede al que se mete con la mujer ajena:

no queda sin castigo quien se enreda con ella.

30 No se disculpa al ladrón que roba

para calmar su hambre,

31 porque si lo atrapan pagará siete veces lo robado,

aunque deba entregar todo cuanto tiene.

32 El que comete adulterio es un insensato,

porque al hacerlo se destruye a sí mismo;

33 tendrá que soportar golpes y vergüenza,

y su deshonra nunca será borrada.

34 Porque los celos desatan la ira del esposo,

y no tendrá misericordia el día de su venganza,

35 no aceptará compensación alguna

ni aunque le ofrezcan muchos regalos.

 

La sabiduría y la prudencia te guarden de la mujer ajena

Prov 2,16; 4,4; 8,35; Dt 6,8; Ecl 7,26; 9,12; Eclo 9,3.8

 

7 1 Hijo mío, sigue mis consejos

y atesora mis mandamientos.

2 Cumple mis mandamientos y vivirás,               

cuida mi enseñanza como a la pupila de tus ojos;

3 átalos a tus dedos,

grábalos en tu memoria.

4 Dirás a la sabiduría: “Tú eres mi hermana”,

y a la prudencia la llamarás “amiga”,

5 para que te guarden de la mujer ajena,

de la extraña de palabras seductoras.

 

6 Una vez estaba yo junto a la ventana de mi casa

observando por la reja,

7 cuando vi a un grupo de jóvenes inexpertos,

y entre ellos observé al más falto de entendimiento,

8 que cruzó la calle, dobló la esquina  

y se dirigió a la casa de aquella mujer.

9 Ya era tarde, el día comenzaba a declinar,

y empezaba a caer la oscuridad de la noche.

10 De pronto le salió al encuentro

una mujer vestida como ramera y muy astuta.

11 Era escandalosa y atrevida;

ese tipo de mujer que no se queda en la casa,

12 que anda por las calles, vaga por las plazas

y acecha en todas las esquinas.

13 Lo agarró, lo besó

y con todo descaro le dijo:

14 “Tengo preparado un banquete

porque hoy he cumplido mis promesas y he ofrecido sacrificios.

15 Por eso he salido a buscarte.

¡Cuánto ansiaba verte, y te he encontrado!

16 Con hermosas colchas he cubierto mi cama,

colchas de coloridos linos egipcios;

17 he perfumado mi alcoba

con fragancias de mirra, áloe y nardo.

18 Embriaguémonos de caricias hasta el amanecer,

disfrutemos los placeres del amor,

19 porque mi marido no está en la casa, 

se ha ido a un largo viaje,

20 se ha llevado la bolsa del dinero

y solo regresará el día de luna llena”.

21 Lo seduce con sus palabras persuasivas,

lo atrapa con sus labios seductores,

22 de modo que él se va tras ella,

como el buey que camina al matadero,

como ciervo que cae en la trampa

23 y una flecha le traspasa el hígado,

como un pájaro que vuela hacia la red,

sin saber que ahí perderá la vida.

24 Por eso, hijos míos, escúchenme,

presten atención a mis consejos.

25 Que tus pensamientos no se vayan tras ella,

no cometas el error de seguirla,

26 porque son muchos los que ha herido de muerte,  

son incontables sus víctimas;

27 su casa conduce hacia la tumba,

desciende a las mansiones de la muerte.

 

Yo, la Sabiduría, habito con la prudencia ¨

Prov 1,20-33; 3,14-15; 16,16; Job 28,15-19.28; Sab 6,1-9,18; Eclo 1,1-20; 10,4; 15,8; 24,1-22

 

8 1 ¡La sabiduría proclama;

la inteligencia levanta su voz!

2 Sube a las colinas, junto al camino,

y se detiene en las encrucijadas.

3 Junto a los portones de acceso a la ciudad,

en los lugares de entrada, proclama en alta voz:

4 “A ustedes, hombres, los llamo,

a ustedes, seres humanos, dirijo mi voz.

5 Que los inexpertos aprendan a ser prudentes,

y los insensatos, a razonar correctamente.

6 Atiendan, porque les digo algo muy valioso,   

y mis labios proclaman lo que es recto.

7 Mi paladar solo saborea la verdad,

mis labios aborrecen el mal.

8 Siempre justas son mis palabras,

no hay en ellas hipocresía o falsedad.

9 Todas son rectas para el entendido,

irreprochables para el que adquirió conocimiento.

10 Prefieran mi instrucción a la riqueza

y mis conocimientos al oro de más quilates.

11 Porque la sabiduría es más valiosa que las piedras preciosas,

 nada apetecible se le puede comparar.

 

12 Yo, la Sabiduría, habito con la prudencia

y sé dónde hallar el conocimiento y la discreción.

13 Quien honra al Señor detesta la maldad.

Yo detesto el orgullo, la altivez,

la mala conducta y la boca perversa.

14 Míos son el consejo y el discernimiento,

mías también, la inteligencia y la fuerza.

15 Gracias a mí reinan los reyes

y los gobernantes imparten justicia.

16 Gracias a mí gobiernan los príncipes

y todos los nobles que juzgan con rectitud.

17 Yo amo a los que me aman,

Y los que madrugan por mí me encuentran.

18 En mí se hallan la riqueza y el honor,

la fortuna estable y la justicia.

19 Mi fruto vale más que el oro finísimo,

mi producto es más valioso que la plata refinada.

20 Camino por la senda de la rectitud,

por el sendero de la justicia,

21 para dar riquezas a los que me aman

y acrecentar sus tesoros.

 

Soy la primicia de las obras de Dios ¨

Sal 104,7-9; Job 38,8-11; Sab 1,6; 9,9; Eclo 1,4.9; 24,8-9; Bar 3,38; Jn 1,1-3

 

22 Soy la primicia de las obras de Dios;

él me creó antes que todo lo demás;

23 desde siempre, desde la antigüedad,

antes de que la tierra llegara a existir;

24 cuando fui engendrada

no había océanos ni caudalosos ríos;

25 yo había sido engendrada

antes que las montañas y las colinas,

26 antes que hiciera la tierra, los campos

y el polvo del que el mundo está formado.

27 Yo estaba ahí cuando él establecía los cielos

y trazaba el horizonte sobre la faz del océano,

28 cuando sujetaba las nubes en lo alto

y fijaba las aguas del océano profundo;

29 cuando ponía límites al mar

para que sus aguas no se desbordaran;

cuando asentaba los cimientos de la tierra,

30 yo estaba a su lado como un aprendiz;

cada día era la fuente de su alegría

y me deleitaba en su presencia todo el tiempo,

31 jugaba con el orbe de la tierra;

mi delicia era estar con el género humano.

 

El que me encuentra, encuentra la vida

Prov 3,1-2; Sab 1,12-16; 6,14; Eclo 14,20-27

 

32 Y ahora, hijos míos, escúchenme:

¡Dichosos los que siguen mis caminos!

33 Acepten mi instrucción, sean sabios

y nunca la rechacen.

34 ¡Dichoso el que me escucha,

el que está atento a mi puerta cada día

y acude a la entrada de mi casa!

35 Porque el que me encuentra, encuentra la vida

y goza del favor del Señor.

36 Pero el que me rechaza, se daña a sí mismo;

todos los que me detestan aman la muerte”.

 

Vengan y disfruten de mi banquete ¨

Is 55,1-3; Eclo 24,19-21; Mt 22,1-14; Jn 6,35.51

 

9 1 La sabiduría edificó su casa,

labró sus siete columnas,

2 mató los animales, mezcló el vino,

preparó la mesa

3 y envió a sus servidoras a proclamar 

desde lo más alto de la ciudad:

4 “El que sea inexperto, venga a mí”.

Y a los insensatos les dijo:

5 “Vengan y disfruten de mi banquete

y a beber el vino que he mezclado.

6 Abandonen la insensatez y vivirán;

caminen por la senda de la inteligencia”.

 

Instruye al sabio y será más sabio

Prov 1,7; 3,12; 15,12; 19,25

 

7 El que corrige al insolente recibe burlas;

el que reprende al perverso, insultos.

8 No reprendas al insolente porque te odiará;

reprende al sabio y te amará.

9 Instruye al sabio y será más sabio;

enseña al justo y aumentará su conocimiento.

10 Honrar al Señor es el principio de la sabiduría;

conocer al Dios Santo es inteligencia.

11 Gracias a mí prolongarás tus días

y se te añadirán años de vida.

12 Si eres sabio, lo eres para tu bien;

si eres insolente, lo pagarás tú solo.

 

La señora Necedad es escandalosa ¨

Prov 9,1-6

 

13 La señora Necedad es escandalosa,

insensata e ignorante.

14 Se sienta junto a la puerta de su casa,

en su silla, desde donde domina la ciudad,

15 para llamar a los que pasan por el camino,

los que van derechos por sus sendas:

16 “¡El que sea inexperto venga a mí!”

Y a los insensatos les dijo:

17 “El agua robada es más dulce,

la comida prohibida es más sabrosa.”

18 Pero ellos no saben que ahí reposan los muertos,

que sus invitados están en el fondo del Abismo.

 

  1. Primera colección salomónica ¨­

//11,31: 1 Pe 4,18; 22,8: 2 Cor 9,7

 

10 1 Proverbios de Salomón.

Un hijo sabio es la alegría de su padre,

un hijo necio es la tristeza de su madre.

 

2 Las riquezas mal habidas no son de provecho,

pero la justicia libra de la muerte.

 

3 El Señor no deja que el justo padezca hambre,

pero rechaza los deseos del malvado.

 

4 Mano negligente, pobreza fija;

mano diligente, riqueza segura.

 

5 El que se abastece en el verano es prudente,

el que duerme durante la cosecha es un desvergonzado.

 

6 Sobre la cabeza del justo se derraman bendiciones,

pero la boca de los malvados encubre violencia.

 

7 El recuerdo del justo es bendito,

pero el nombre de los malvados se pudre.

 

8 El sabio acata las órdenes,

pero el de labios necios va a la ruina.

 

9 El que camina con honestidad vive seguro,

pero quedará al descubierto el que va por mal camino.

 

10 El que guiña los ojos con malicia acarrea sufrimiento,

y el de labios necios va a la ruina.

 

11 La boca del justo es fuente de vida,

la boca de los malvados encubre violencia.

 

12 El odio desata peleas;

el amor perdona todas las ofensas.

 

13 En los labios del prudente se halla la sabiduría,

pero el látigo en la espalda del imprudente.

 

14 Los sabios atesoran el saber,

pero la boca del necio atrae la calamidad.

 

15 Al rico, la riqueza le da seguridad,

al pobre, la pobreza le trae intranquilidad.

 

16 El salario del justo lleva a la vida;

la ganancia del malvado, al delito.

 

17 El que atiende la corrección va por el camino de vida,

pero el que desecha la exhortación se extravía.

 

18 El que encubre su odio es un mentiroso,

el que propaga calumnias es un insensato.

 

19 En la abundancia de las palabras no falta el pecado,

pero el que refrena su boca es prudente.

 

20 Las palabras del justo son como plata refinada;

los pensamientos de los perversos no tienen valor.

 

21 Los labios de los justos guían a muchos;

los insensatos mueren por falta de entendimiento.

 

22 La bendición del Señor es la que enriquece,

y nada le añade nuestro esfuerzo.

 

23 El insensato se divierte haciendo el mal,

pero el prudente se deleita en la sabiduría.

 

24 Lo que el malvado teme, eso le acontece;

lo que el justo desea, eso se le concede.

 

25 Pasa la tempestad y el malvado desaparece,

pero el justo está arraigado para siempre.

 

26 Como vinagre a los dientes y humo a los ojos

es el perezoso para quien le dan un encargo.

 

27 Honrar al Señor prolonga la vida,

pero los años del malvado serán acortados.

 

28 La esperanza de los justos trae alegría,

la ilusión de los perversos se esfumará.

 

29 El camino del Señor es un refugio para el íntegro,

pero  ruina para los que practican el mal.

 

30 El justo nunca fracasará,

pero los malvados no habitarán en la tierra.

 

31 La boca del justo destila sabiduría;

la lengua perversa será cortada.

 

32 Los labios del justo dicen lo que es agradable,

pero de la boca de los malvados salen perversidades.

 

11 1 El Señor detesta las balanzas adulteradas,

pero le agradan las pesas exactas.

 

2 Junto con la arrogancia llega la deshonra,   

pero la sabiduría acompaña a los humildes.

 

3 La integridad guía a los rectos,

pero la perversidad destruye a los traidores.

 

4 La riqueza no sirve de nada en el día del castigo,

pero la justicia libra de la muerte.

 

5 La justicia del íntegro allana su camino,

pero el perverso cae por su maldad.

 

6 La justicia de los rectos los librará,

pero los traidores serán atrapados en su codicia.

 

7 Cuando muere un malvado, se esfuma su esperanza,

y muere también su ambición de riquezas.

 

8 El justo es sacado de la tribulación

y ese lugar es ocupado por el malvado.

 

9 El malvado destroza con sus palabras a su prójimo,

pero a los justos los libra su sabiduría.

 

10 La ciudad se alegra cuando a los justos les va bien,

y hace fiesta cuando los malvados perecen.

 

11 La bendición de los rectos engrandece la ciudad,

pero la boca de los perversos la destruye.

 

12 El que desprecia a su prójimo es un insensato,

el que guarda silencio es prudente.

 

13 El chismoso revela el secreto,

el que es leal nunca lo divulga.

 

14 Sin una buena dirección la nación fracasa,

pero se salva si cuenta con buenos consejeros.

 

15 Quien sale de fiador de un extraño se perjudica,

pero el que lo evita vive seguro.

 

16 La mujer agraciada obtiene honores;

los audaces solo obtienen riquezas.

 

17 El que es compasivo se beneficia,

pero el que es cruel se daña.

 

18 Las ganancias del malvado son ilusorias;

el que siembra la justicia tiene su ganancia asegurada.

 

19 El que sigue la justicia, vivirá;

el que va tras la maldad, morirá.

 

20 El Señor aborrece a los de mente perversa,

pero le agradan los de conducta íntegra.

 

21 Con toda seguridad el malvado será castigado,

pero la descendencia de los justos será librada.

 

22 Como argolla de oro en hocico de cerdo

es la mujer hermosa, pero sin inteligencia.

 

23 Los deseos de los justos terminan bien,

pero a los malvados les espera el castigo.

 

24 El generoso recibe más de lo que da,

mientras que el tacaño acaba en la pobreza.

 

25 El que es generoso prosperará;

el que ayuda a otros también será ayudado.

 

26 La gente maldice al que acapara el trigo,

pero bendice al que lo vende.

 

27 El que anhela el bien alcanzará bondad;

al que busca el mal, la maldad le llegará.

 

28 El que confía en sus riquezas se arruinará,

pero los justos reverdecerán como follaje.

 

29 El que descuida su casa heredará viento;

el necio será esclavo del sabio.

 

30 El fruto de la justicia es árbol de vida;

el sabio se gana a la gente.

 

31 Si el justo recibe su recompensa en la tierra,

¡cuánto más el malvado y el pecador!

 

12 1 El que ama la instrucción, ama el saber;

el que detesta la exhortación es un ignorante.

 

2 El hombre bueno alcanza el favor del Señor,

pero el que maquina el mal es condenado.

 

3 La maldad no da seguridad a nadie;

la raíz de los justos jamás será arrancada.

 

4 La mujer ejemplar es corona de su marido;

la desvergonzada es como enfermedad de sus huesos.

 

5 Los planes de los justos son rectos;

los consejos de los malvados son puro engaño.

 

6 Las palabras de los malvados son trampas mortales,

pero a los justos los salva su propia boca.

 

7 Los malvados se derrumban y desaparecen,

pero la casa de los justos se mantiene estable.

 

8 El hombre es alabado por su sabiduría,

pero el de corazón perverso es despreciado.

 

9 Más vale el pobre que tiene un sirviente

que el engreído que no tiene para comer.

 

10 Al justo le preocupa el bienestar de su ganado,

pero los malvados no tienen compasión de nada.

 

11 El que cultiva su campo tendrá comida en abundancia,

pero el que va tras ilusiones es un insensato.

 

12 Los malvados son presa de su codicia,

pero los justos tienen raíces firmes.

 

13 El malvado queda atrapado en sus mentiras,

pero el justo se escapa del peligro.

 

14 Cada uno se sacia con el fruto de su boca

y recibe la paga del trabajo de sus manos.

 

15 El necio considera que su conducta es la correcta,

pero el sabio presta atención a los consejos.

 

16 El necio deja brotar su ira de inmediato,

pero el prudente no hace caso a la ofensa.

 

17 El que proclama la justicia dice la verdad,

pero el testigo falso solo dice mentiras.

 

18 El chismoso hiere con sus palabras,

pero las palabras de los sabios son un remedio.

 

19 Los labios veraces permanecen para siempre,

la lengua mentirosa dura solo un momento.

 

20 En el que trama el mal solo hay engaño,

pero en los que promueven la paz hay alegría.

 

21 El justo no sufrirá ninguna calamidad,

pero a los perversos les caen todas las desgracias.

 

22 El Señor aborrece los labios mentirosos,

pero se deleita en los que actúan con verdad.

 

23 El hombre sabio no hace alarde de todo su saber,

pero los insensatos pregonan su estupidez.

 

24 El de manos diligentes tendrá el mando,

pero el negligente será un esclavo.

 

25 La angustia del corazón trae depresión,

una palabra buena reconforta.

 

26 El justo es un guía para su prójimo,

pero al malvado lo extravía su camino.

 

27 El negligente ni siquiera asa lo que ha cazado,

la diligencia es la mayor riqueza de una persona.

 

28 En la senda de la justicia se halla la vida,

en su camino no hay lugar para la muerte.

 

13 1 El hijo sabio acepta la corrección de su padre,

pero el insolente no escucha la reprensión.

 

2 Cada uno se alimenta bien con el fruto de su boca,

pero los traidores se sacian de violencia.

 

3 El que cierra su boca guarda su vida,

pero el que abre demasiado los labios se busca su ruina.

 

4 El perezoso desea y nada consigue,

pero los diligentes tendrán prosperidad.

 

5 El justo aborrece la mentira;

el malvado causa vergüenza y deshonra.

 

6 La justicia protege al que es íntegro,

pero la maldad arruina al pecador.

 

7 Hay quienes alardean de ricos y no tienen nada,

y hay quienes presumen de pobres y tienen mucha riqueza.

 

8 El rico usa sus riquezas para salvar su vida,

pero al pobre no le importan las amenazas.

 

9 La luz de los justos produce alegría;

la lámpara de los malvados se extingue.

 

10 La insolencia solo produce discordias;

la sabiduría acompaña a los que aceptan consejos.

 

11 La riqueza que se gana de golpe, pronto se acaba,

pero la acrecienta el que la reúne poco a poco.

 

12 La esperanza que tarda es aflicción del corazón;

el deseo cumplido es como un árbol de vida.

 

13 El que desprecia un precepto se perderá,

pero el que acata el mandamiento será recompensado.

 

14 La instrucción del sabio es un manantial de vida

que libra de los lazos de la muerte.

 

15 El buen juicio se gana el aprecio,

pero el camino de los traidores lleva a la ruina.

 

16 El prudente actúa con sabiduría,

pero el necio hace gala de su estupidez.

 

17 El mensajero malvado provoca desgracia,

pero el enviado fiel la remedia.

 

18 Miseria y pobreza vendrán sobre el que desprecia la corrección,

pero el que acepta la exhortación recibirá honor.

 

19 El deseo cumplido es alegría del alma;

los necios detestan apartarse del mal.

 

20 El que anda con sabios, sabio será,   

pero el que se junta con necios acaba mal.

 

21 La desgracia persigue a los pecadores,

pero los justos son colmados de bien.

 

22 El hombre de bien deja su herencia a los suyos;

la riqueza del pecador será del justo.

 

23 En el campo de los pobres hay comida en abundancia,

pero se echa a perder donde no hay justicia.

 

24 El que no usa la vara, aborrece a su hijo.

pero el que lo ama, desde niño lo corrige.

 

25 El justo come hasta quedar satisfecho,

pero los malvados quedan con su estómago vacío.

 

14 1 La mujer sabia edifica su casa,

pero la necia con sus manos la destruye.

 

2 El que honra al Señor anda por el buen camino,

el que lo desprecia va por caminos torcidos.

 

3 De la boca del necio brota la arrogancia,

los labios del sabio son su protección.

 

4 Donde no hay bueyes el granero está vacío,

pero con la fuerza del toro hay cosecha en abundancia.

 

5 El testigo fiel no miente,

pero el testigo falso propaga mentiras.

 

6 El insolente busca la sabiduría y no la encuentra;

el inteligente adquiere el conocimiento con facilidad.

 

7 Apártate del necio,

en sus labios no hallarás sabiduría.

 

8 La sabiduría del prudente le permite discernir su camino,

pero a los necios los engaña su propia estupidez.

 

9  Los necios se ríen de sus propias culpas;

pero los rectos gozan de aceptación.

 

10 El corazón conoce su propia amargura

y no comparte su alegría con ningún extraño.

 

11 La mansión de los malvados será destruida,

pero la cabaña de los rectos prosperará.

 

12 Hay caminos que parecen rectos,

pero al final de ellos se encuentra la muerte.

 

13 Aun entre risas sufre el corazón,

y la alegría puede acabar en tristeza.

 

14 El que no es leal está satisfecho con su conducta,

y el hombre de bien, con sus acciones.

 

15 El ingenuo lo cree todo;

el prudente se fija bien por dónde camina.

 

16 El sabio es precavido y se aparta del mal,

pero el necio es insolente y confiado.

 

17 El que es iracundo comete locuras;

el que es prudente se sabe controlar.

 

18 La herencia de los incautos es la necedad;

la corona de los prudentes es el conocimiento.

 

19 Los malos se postrarán ante los buenos,

y los perversos, a las puertas del justo.

 

20 El pobre resulta odioso aun a su propio amigo,

pero al rico le sobran los amigos.

 

21 El que desprecia a su prójimo comete pecado.

¡Dichoso el que se compadece de los pobres!.

 

22 ¿Acaso no se extravían los que planean hacer el mal?

Los que piensan hacer el bien son objeto de amor y lealtad.

 

23 Todo esfuerzo tiene su recompensa,

pero hablar y no actuar conduce a la pobreza.

 

24 La riqueza de los sabios es su sabiduría,

la corona de los necios es su estupidez.

 

25 El testigo veraz salva vidas,

pero el testigo falso propaga mentiras.

 

26 El que honra al Señor tiene la firme esperanza

de que sus hijos gozarán de su protección.

 

27 Honrar al Señor es manantial de vida

que libra de los lazos de la muerte.

 

28 Pueblo numeroso, gloria del rey;

escasez de súbditos, ruina del príncipe.

 

29 El que tarda en enojarse demuestra mucha inteligencia;

el irascible pone de manifiesto su estupidez.

 

30 Un corazón apacible es vida para el cuerpo,

pero la envidia corroe los huesos.

 

31 El que oprime al necesitado ofende a su Hacedor,

pero el que tiene misericordia del pobre, lo honra.

 

32 El malvado tropieza en su maldad,                

el justo halla refugio en su integridad.

 

33 La sabiduría reposa en el corazón del prudente,

pero entre los necios es desconocida.

 

34 La justicia engrandece a una nación,

pero el pecado es la vergüenza de los pueblos.

 

35 El servidor hábil se gana el favor del rey,

pero sobre el inepto descarga su ira.

 

15 1 Una respuesta amable aplaca el enojo,

pero la palabra hiriente enciende la ira.

 

2 De la lengua de los sabios brota el saber,

de la boca de los necios, necedades.

 

3 En todo lugar los ojos del Señor

están observando a malos y a buenos.

 

4 La lengua amable es árbol de vida,

pero la lengua perversa causa depresión.

 

5 El necio rechaza la instrucción de su padre;

el prudente hace caso de la exhortación.

 

6 En la casa del justo hay gran abundancia,

en las ganancias del malvado no faltan problemas.

 

7 Los labios de los sabios imparten conocimiento,

no así la mente de los necios.

 

8 El Señor aborrece el sacrificio de los malvados,

pero se complace en la oración de los rectos.

 

9 El Señor aborrece el camino del malvado,

pero ama al que va tras la justicia.

 

10 El que abandona la senda será castigado con dureza;

el que detesta la exhortación, morirá.

 

11 El Señor conoce la muerte y el sepulcro,

y conoce mucho más el corazón de los humanos.

 

12 Al insolente no le gusta que lo reprendan;

por eso no se junta con los sabios.

 

13 El corazón alegre embellece el rostro;

el corazón afligido deprime el espíritu.

 

14 La mente inteligente busca el conocimiento;

la boca de los necios se alimenta de necedades.

 

15 Para el desdichado todos los días son malos;

el corazón feliz siempre está de fiesta.

 

16 Más vale tener poco y honrar al Señor,

que tener una gran fortuna y vivir angustiado.

 

17 Más vale un plato de verduras donde hay amor,

que un plato de carne donde hay odio

 

18 El hombre violento provoca peleas;

el que tarda en enojarse las aplaca.

 

19 El camino del perezoso es como un cerco de espinas;

la senda de los rectos es un camino despejado.

 

20 El hijo sabio es alegría de su padre;

el hijo necio avergüenza a su madre.

 

21 Al insensato la necedad le causa alegría;

el hombre inteligente camina con rectitud.

 

22 Fracasan los planes que no se consultan,

pero con muchos consejeros se cumplen.

 

23 ¡Qué alegría es tener una respuesta apropiada,

y mucho mejor si es oportuna!

 

24 El sensato asciende por un camino de vida

que lo libra de bajar al Abismo.

 

25 El Señor destruye la casa de los soberbios,

pero protege la heredad de la viuda.

 

26 El Señor aborrece los pensamientos perversos,

pero le agradan las palabras puras.

 

27 El ambicioso arruina su casa;

el que rechaza el soborno vivirá.

 

28 El justo piensa antes de responder,

pero la boca de los malvados exhala maldad.

 

29 El Señor se mantiene alejado de los malvados,

pero atiende la oración de los justos.

 

30 Una mirada radiante alegra el corazón;

una buena noticia alienta la vida.

 

31 El que presta oído a la corrección edificante

vivirá con los sabios.

 

32 El que rechaza la instrucción se desprecia a sí mismo,

pero el que atiende la corrección adquiere cordura.

 

33 Al honrar al Señor se aprende sabiduría;

la humildad antecede a la gloria.

 

16 1 El hombre elabora planes en su mente,

pero la palabra final la tiene el Señor.

 

2 A uno le parece que su proceder es correcto,

pero es el Señor quien juzga las intenciones.

 

3 Si pones en manos del Señor todo lo que haces,

 verás que tus planes se cumplen.            

           

4 El Señor hizo todo con un propósito,

y también al malvado para el día del castigo.

 

5 El Señor aborrece al arrogante,

y tarde o temprano le dará su merecido.

 

6 Con amor y verdad se perdona el pecado;

honrar al Señor aleja de la maldad.

 

7 Cuando el Señor aprueba la conducta de alguien,

hasta con sus enemigos le permite estar en paz.

 

8 Más vale lo poco adquirido honradamente,

que muchas ganancias mal habidas.

 

9 El hombre proyecta su futuro,

pero es el Señor quien dirige sus pasos.

 

10 En los labios del rey hay un oráculo:

no se equivoca cuando emite sentencia.

 

11 Pesas y medidas exactas son del Señor;

todas las pesas son obra suya.

 

12 El rey aborrece las malas acciones,

porque el trono se afianza en la justicia.

 

13 El rey aprueba las palabras sinceras

y ama al que habla con rectitud.

 

14 La furia del rey es presagio de muerte,

pero el hombre sabio consigue apaciguarlo.

 

15 El rostro radiante del rey es señal de vida,

y su bondad es como nube que trae lluvia.

 

16 Más vale adquirir sabiduría que oro,

es mejor adquirir inteligencia que plata.

 

17 La senda de los rectos se aparta del mal,

el que se fija por dónde camina, protege su vida.

 

18 La soberbia precede al fracaso,

y la altivez, a la caída.

 

19 Es mejor ser humilde con los pobres

que compartir botín con los soberbios.

 

20 Al que tiene cuidado con lo que dice, le irá bien.

¡Dichoso el que confía en el Señor!

 

21 El hombre sabio tiene fama de ser prudente;

las palabras amables convencen mejor.

 

22 La sensatez es un manantial de vida para su dueño;

el castigo del necio es su propia necedad.

 

23 La mente sabia hace prudente el hablar

y añade convicción a las palabras.

 

24 Las palabras amables son como un panal de miel:

endulzan la vida y vitalizan el cuerpo.

 

25 Hay caminos que parecen rectos,

pero al final de ellos se encuentra la muerte.

 

26 La necesidad del trabajador lo obliga a trabajar,

porque el hambre lo impulsa a hacerlo.

 

27 El hombre perverso cava zanjas de maldad

y sus palabras son como un fuego devorador.

 

28 El hombre perverso provoca peleas;

el chismoso separa a los amigos.

 

29 El hombre violento engaña a su amigo

y lo conduce por camino de maldad.

 

30 El que guiña los ojos con malicia trama algo perverso;

el que se aprieta los labios ya ha cometido el mal.

 

31 Las canas son una respetable corona,

adquirida en el camino de la justicia.

 

32 El que tarda en enojarse vale más que el valiente;

el que se domina a sí mismo vale más que el que conquista una ciudad.

 

33 Se echan las suertes sobre la mesa,

pero la decisión la toma el Señor.

 

17 1 Más vale comer pan duro y estar en paz

que casa llena de provisiones donde hay peleas.

 

2 El sirviente sabio suplantará al hijo desvergonzado

y compartirá la herencia con los hermanos.

 

3 La plata se prueba en el crisol y el oro en el horno,

pero el Señor prueba los corazones.

 

4 El malvado está atento a los labios perversos;

el mentiroso hace caso a la lengua maligna.

 

5 El que se burla del pobre ofende a su Hacedor;   

el que se alegra de su infortunio no quedará impune.

 

6 La corona de los ancianos son los nietos;

el orgullo de los hijos son sus padres.

 

7 No le queda bien al estúpido el lenguaje elevado,

ni al hombre respetable andar con mentiras.

 

8 El que practica el soborno lo considera de buena suerte,

porque consigue todo lo que se propone.

 

9 El que perdona la ofensa conserva la amistad;

el que la recuerda pierde al amigo.

 

10 Más aprovecha una corrección al prudente,

que cien latigazos al estúpido.

 

11 El revoltoso siempre busca peleas:

pero un día le enviarán un mensajero cruel.

 

12 Es mejor toparse con una osa que ha perdido sus crías,

que con un necio empeñado en su estupidez.

 

13 El mal nunca se apartará de la casa

de aquel que paga mal por bien.

 

14 Comenzar una pelea es abrir una compuerta;

antes de involucrarte en el pleito, retírate.

 

15 Absolver al culpable y condenar al inocente

son dos cosas que el Señor aborrece por igual.

 

16 ¿De qué le sirve al necio tener dinero?

¿Podrá comprar sabiduría si no tiene entendimiento?

 

17 El amigo ama en todo tiempo,

y el hermano nace para ayudar en la adversidad.

 

18 Es un insensato el que se compromete

a ser fiador de su prójimo.

 

19 El que ama el pecado ama las peleas;

el que deja sus puertas abiertas busca su ruina.

 

20 Al de corazón perverso nunca le irá bien;

el de lengua embustera caerá en la desgracia.

 

21 El que engendra a un necio sufrirá dolor;

ser padre de un insensato no causa alegría.

 

22 Un corazón alegre es una buena medicina:

el ánimo decaído seca los huesos.

 

23 El malvado acepta soborno en secreto

para torcer el curso de la justicia.

 

24 La meta del inteligente es la sabiduría,

pero la mirada del necio se pierde en el horizonte.

 

25 El hijo necio es causa de tristeza para su padre

y de amargura para su madre.

 

26 Castigar al inocente no está bien,

azotar al hombre honorable no es correcto.

 

27 Es de sabios hablar poco,

y es de prudentes mantener la calma.

 

28 Un necio que guarda silencio pasa por sabio,

el que cierra la boca se considera prudente.

 

18 1 El que se aísla busca pretexto

y se irrita ante cualquier consejo.

 

2 Al necio no le gusta reflexionar,

sino hacer alarde de lo que piensa.

 

3 Cuando llega el malvado, llega también el desprecio,

y con la infamia, la deshonra.

 

4 Las palabras del hombre son aguas profundas;

el manantial de la sabiduría es un arroyo que se desborda.

 

5 No es correcto favorecer al culpable

y no hacer justicia al inocente.

 

6 Los labios del necio provocan peleas

y sus palabras incitan a la riña.

 

7 La ruina del necio es su propia boca;

sus palabras son una trampa mortal para sí mismo.

 

8 Las palabras del chismoso son como golosinas

que llegan hasta el fondo de las entrañas.

 

9 El negligente en su trabajo

resulta ser hermano del que destruye.

 

10 Torre fuerte es el nombre del Señor:

a ella acude el justo y recibe protección.

 

11 Para el rico sus riquezas son su fortaleza,

y cree que son una muralla inexpugnable.

 

12 La altivez siempre precede a la ruina,

y la humildad, a la gloria.

 

13 El que responde antes de escuchar

quedará avergonzado por su necedad.

 

14 Al enfermo lo levanta su buen ánimo,

pero al ánimo abatido, ¿quién lo levantará?

 

15 La mente inteligente adquiere conocimiento;

los oídos de los sabios van en busca del saber.

 

16 Los regalos abren paso al ser humano

y le permiten llegar a la gente importante.

 

17 El primero en defender su causa cree tener la razón,

pero cuando llega su adversario lo desmiente.

 

18 Echar suertes pone fin a las disputas

y resuelve el problema entre los poderosos.

 

19 Un hermano ofendido es peor que una ciudad amurallada;

los pleitos son como cerrojos de una fortaleza.

 

20 El hombre llena su vientre con el fruto de sus palabras,

y se sacia con el producto de sus labios.

 

21 La vida y la muerte dependen de la lengua,

lo que uno elija, eso recibirá.

 

22 El que encuentra esposa encuentra el bien,

y alcanza el favor del Señor.

 

23 El pobre habla en tono suplicante;

el rico responde con rudeza.

 

24 Hay amistades que llevan a la ruina,

y hay amigos más unidos que un hermano.

 

19 1 Más vale pobre de conducta intachable

que un necio de labios perversos.

 

2 Cuando falta el saber no vale el afán;

el que anda apresurado tropieza.

 

3 La insensatez hace que el hombre se extravíe,

y luego su corazón se irrita contra el Señor.

 

4 Con las riquezas se consiguen muchos amigos,

pero al pobre hasta sus amigos lo abandonan.

 

5 El testigo falso no se quedará sin castigo;

el que propaga mentiras no escapará.

 

6 Muchos buscan el favor del generoso

y todos se hacen amigos del que reparte regalos.

 

7 Si al pobre sus hermanos lo desprecian,

con más razón lo abandonarán sus amigos.

 

8 El que adquiere sabiduría se ama a sí mismo;

al que mantiene la prudencia le irá bien.

 

9 El testigo falso no se quedará sin castigo;

el que propaga mentiras perecerá.

 

10 No es propio de un necio vivir entre lujos,

y no está bien que un sirviente gobierne a príncipes.

 

11 El hombre prudente refrena su ira,

y su grandeza está en pasar por alto una ofensa.

 

12 Como rugido de león es la furia del rey,

como rocío sobre la hierba es su favor.

 

13 El hijo necio es una desgracia para su padre,

la mujer pendenciera es una gotera constante.

 

14 Casa y riqueza son la herencia de los padres;

la esposa prudente es un regalo del Señor.

 

15 La pereza hace caer en un sueño profundo;

el perezoso habrá de pasar hambre.

 

16 El que guarda el mandamiento se guarda a sí mismo,

pero el que rechaza sus caminos, morirá.

 

17 El que se apiada del pobre le hace un préstamo al Señor,

y el Señor le dará su recompensa.

 

18 Corrige a tu hijo mientras hay esperanza,

pero debes hacerlo sin ira para no matarlo.

 

19 El que se enfurece deberá ser castigado;

dejarlo sin castigo solo empeora las cosas.

 

20 Escucha el consejo, acepta la corrección

y llegarás a ser sabio.

 

21 El hombre concibe muchos planes,

pero el designio del Señor es el que prevalece.

 

22 Lo que se aprecia de un hombre es su lealtad;

más vale ser pobre que mentiroso.

 

23 Honrar al Señor conduce a la vida:

se duerme tranquilo y sin temer algún mal.

 

24 El perezoso mete la mano en el plato,

pero le da pereza llevarse el bocado a la boca.

 

25 Castiga al insolente, y el incauto se hará prudente,

corrige al inteligente y aumentará su saber.

 

26 El que maltrata al padre y expulsa a la madre

es un hijo infame y desvergonzado.

 

27 Hijo mío, si no aceptas la corrección,

te alejarás de los sabios consejos.

 

28 El testigo perverso se burla de la justicia

y la boca de los malvados se traga la iniquidad.

 

29 Los látigos están listos para los insolentes,

y los azotes para la espalda de los necios.

 

20 1 El vino conduce a la insolencia y el licor a la pelea;

el que se deja dominar por ellos nunca será sabio.

 

2 Como rugido de león es la furia del rey;

el que lo enfurece pone su vida en peligro.

 

3 El hombre honorable evita los pleitos,

pero el insensato se mete en ellos.

 

4 El perezoso no ara cuando debe hacerlo;

cuando sea el tiempo de cosechar, buscará y no hallará nada.

 

5 Como aguas profundas son las intenciones de la mente humana,

pero el que es inteligente logra descubrirlas.

 

6 Son muchos los que presumen ser leales,

pero, ¿quién hallará un hombre digno de confianza?

 

7 El hombre justo se mantiene en su integridad:

¡Dichosos los hijos que lo imiten!

 

8 Cuando el rey se sienta en su trono para juzgar,

con una sola mirada descubre toda la maldad.

 

9 ¿Quién puede decir:

“Mi corazón es puro, estoy limpio de pecado?”.

 

10 Pesas y medidas falsas,

son dos cosas que el Señor aborrece.

 

11 Por sus actos, el joven deja entrever   

si su conducta será pura y recta.

 

12 El oído que escucha y el ojo que ve,

ambas cosas las hizo el Señor.

 

13 No te entregues al sueño para no empobrecerte;

si tienes tus ojos abiertos te saciarás de pan. 

 

14 “¡Malo, malo!”, dice el comprador,

pero tan pronto se aleja, se jacta de su compra.

 

15 Hay oro y muchas piedras preciosas,

pero los labios prudentes son la joya más valiosa.

 

16 Quítale la ropa al que salió fiador de un extraño,

toma prenda del que sirve de fiador a un desconocido.

 

17 Sabroso es el pan conseguido con engaños,

pero después es como tener la boca llena de piedras.

 

18 Los planes se afirman con los consejos,

y la guerra se gana con una buena estrategia.

 

19 El que anda con chismes descubre el secreto;

no te juntes con el que tiene lengua larga.

 

20 Al que maldice a su padre y a su madre

se le apagará la lámpara en la más espantosa oscuridad.

 

21 Fortuna que al principio se gana fácilmente,

al final no goza de bendición.

 

22 No digas: “¡Me vengaré del mal que me hicieron!”;

confía en el Señor y él te defenderá.

 

23 El Señor aborrece las pesas falsas;

la balanza adulterada no es justa.

 

24 El Señor dirige los pasos del hombre,

¿cómo conocerá el ser humano su camino?

 

25 Es peligroso consagrar a Dios algo a la ligera

y después reconsiderar lo prometido.

 

26 Un rey sabio avienta como trigo a los malvados

y los aplasta bajo el peso de la rueda.

 

27 La espíritu humano es la lámpara del Señor

que escudriña lo más profundo de su ser.

 

28 El amor y la fidelidad protegen al rey,

su trono se afirma en el amor.

 

29 El orgullo de los jóvenes es su fuerza;

la honra de los ancianos son sus canas.

 

30 Los golpes y las heridas curan la maldad;

el castigo sana hasta lo más profundo del ser humano.

 

21 1 Los pensamientos del rey, igual que los ríos,

siguen el curso que el Señor quiere.

 

2 Al hombre le parece recto todo su camino,

pero el Señor es quien juzga las intenciones.

 

3 Practicar la justicia y el derecho

agrada al Señor más que los sacrificios.

 

4 Los ojos altivos, la mente arrogante

y la luz de los malvados, todo eso es pecado.

 

5 Los proyectos del diligente producen ganancia,

pero los del alocado conducen a la pobreza.

 

6 Adquirir riquezas a base de mentiras

es una ilusión fugaz que conduce a la muerte.

 

7 La violencia destruye a los malvados,

porque rehúsan a practicar la justicia.

 

8 El camino del corrupto es torcido;

las acciones del honrado son rectas.

 

9 Es mejor vivir en un rincón de la azotea

que compartir la casa con una mujer pendenciera.

 

10 El malvado tan solo desea la maldad,

nunca se compadece de su prójimo.

 

11 Cuando el insolente es castigado, el imprudente aprende,

pero cuando se instruye al sabio, aumenta su saber.

 

12 El Dios justo contempla la casa del malvado

y precipita a los malvados a la ruina.

 

13 El que cierra su oído al clamor del pobre,

aunque pida ayuda no será atendido.

 

14 Un regalo entregado en secreto calma el enojo,

un obsequio hecho con discreción aplaca la furia.

 

15 Cuando se hace justicia, el justo se alegra,

pero los malhechores se aterrorizan.

 

16 El ser humano que se aparta del camino de la prudencia

descansará en la asamblea de los muertos.

 

17 El que ama el placer se empobrece;

el que ama el vino y los perfumes nunca será rico.

 

18 El malvado pagará por el justo,

y el traidor, por los hombres rectos.

 

19 Más vale habitar en el desierto

que con mujer pendenciera e irritable.

 

20 En la casa del sabio hay tesoros preciosos y perfumes,

pero el necio todo lo despilfarra.

 

21 El que va tras la justicia y la bondad

encontrará vida y honra.

 

22 El hombre sabio conquista una ciudad bien protegida

y derriba la fortaleza en que ella confiaba.

 

23 El que cuida lo que dice

libra su vida de angustias.

 

24 Al que actúa con insolencia desmedida,

se le conoce como altivo, orgulloso y fanfarrón.

 

25 Al perezoso lo matan sus deseos,

porque sus manos se niegan a trabajar.

 

26 El malvado se pasa todo el día codiciando,

pero el justo comparte sin tacañería.

 

27 El sacrificio de los malvados es abominable,

y más aún cuando lo ofrecen con malas intenciones.

 

28 El testigo falso perecerá;

el que sabe escuchar tendrá la última palabra.

 

29 El malvado aparenta seguridad;

el recto está seguro de su camino.

 

30 Ante el Señor no hay sabiduría ni inteligencia

ni consejo que valgan.

 

31 El caballo es preparado para la batalla,

pero el Señor da la victoria.

 

 

22 1 Vale más buena fama que mucha riqueza,

la honra, más que la plata y el oro.

 

2 El pobre y el rico tienen esto en común:

a los dos los hizo el Señor.

 

3 El prudente ve el peligro y lo evita;

los incautos siguen adelante y sufren las consecuencias.

 

4 La recompensa del humilde que honra al Señor

es riqueza, honor y vida.

 

5 Lazos y trampas hay en el camino de los corruptos;

el que estima su vida se aleja de ellos.

 

6 Instruye al joven en el camino que debe seguir

y ni en su vejez se apartará de él.

 

7 El rico domina a los pobres;

el que pide prestado es esclavo de su acreedor.

 

8 El que siembra maldad cosecha desgracia:

la vara de su ira lo destruirá.

 

9 El generoso será bendecido,

porque comparte su pan con el pobre.

 

10 Expulsa al insolente, se irá la discordia

y se acabarán las peleas y las ofensas.

 

11 Uno que ama un corazón limpio y labios afables

es amigo del rey.

 

12 El Señor vigila y protege el saber,

pero trastorna las palabras del traidor.

 

13 El perezoso dice: “¡Afuera hay un león,

si salgo a la calle me devorará!”.

 

14 La boca de las mujeres ajenas son una fosa profunda;

en ella caerá el que provoca la ira del Señor.

 

15 La necedad está adherida al corazón del joven,

pero la vara de la corrección se la quitará.

 

16 El que oprime al pobre es para enriquecerse;

el que da al rico, para empobrecerse.

 

III. Primera colección de los sabios ¨­

//24,12: Mt 16,27; Rom 2,6

 

17 Escucha atentamente los dichos de los sabios,

y guarda mi saber en tu mente,

18 porque te será grato conservarlos dentro de ti

si los tienes siempre a flor de labios.

19 Hoy te comparto mi saber

para que pongas tu confianza en el Señor.

 

20 Te he escrito treinta máximas

que están llenas de consejos y conocimiento,

21 para que conozcas con certeza la verdad

y para que puedas responder bien a quien te pregunte.

 

22 No explotes al pobre, porque es pobre,

ni atropelles al indefenso en el tribunal,

23 porque el Señor defenderá su causa

y les quitará la vida a quienes los explotan.

 

24 No te hagas amigo del iracundo

ni te asocies con el violento,

25 no sea que aprendas sus costumbres

y pongas tu vida en peligro.

 

26 No te comprometas a la ligera

ni sirvas de fiador a nadie,

27 porque si no tienes con qué pagar,

hasta la cama en que duermes te la quitarán.

 

28 No cambies de lugar los linderos antiguos

que fijaron tus antepasados.

 

29 ¿Conoces a alguien que hace bien su trabajo?

Estará al servicio de los reyes

y nunca servirá a los plebeyos.

 

23 1 Si te sientas a la mesa de un gran señor,

fíjate bien en quién tienes al frente;

2 y aunque tengas mucha hambre,

procura controlar tu apetito;

3 no codicies sus manjares exquisitos,   

porque no son sino pura apariencia.

 

4 No te afanes por enriquecerte,

deja de pensar en eso;

5 si te fijas bien, verás que las riquezas pronto desaparecen,

es como si le salieran alas de águila y se fueran volando.

 

6 No te sientes a la mesa de un avaro

ni codicies sus manjares;

7 porque él piensa en su conveniencia,

te dice: “come y bebe”, pero no es sincero contigo;

8 luego tendrás que vomitar lo que comiste

y de nada habrán servido tus amables palabras.

 

9 No gastes tu tiempo hablándole a un necio,

porque se burlará de tus sabios consejos.   

 

10 No cambies de lugar los linderos antiguos,

ni invadas la propiedad de los huérfanos,

11 porque ellos cuentan con el Defensor fuerte,

que defenderá su causa contra ti.

 

12 Aplica tu mente a la instrucción

y presta atención a los consejos sabios.

 

13 No dejes de corregir al joven,

que unos cuantos azotes no lo matarán;

14 al contrario, si lo castigas con la vara

lo librarás del Abismo.

 

15 Hijo mío, si llegas a ser sabio,

yo me alegraré de corazón;

16 me regocijaré profundamente

cuando tus labios hablen con rectitud.

 

17 No tengas envidia de los pecadores,

al contrario, honra siempre al Señor;

18 entonces tendrás un futuro feliz

y tu esperanza no se frustrará.

 

19 Escucha, hijo mío, y trata de ser sabio;

persiste en vivir una vida recta.

 

20 No tengas amistad con los borrachos

ni con los glotones,

21 porque los borrachos y los glotones empobrecerán

y el holgazán se vestirá de harapos.

 

22 Escucha a tu padre que te engendró,

y cuando tu madre sea anciana no la desprecies.

 

23 Adquiere la verdad y no la negocies;

además, sabiduría, prudencia e inteligencia.

 

24 El padre del justo se siente muy feliz;

el que tiene un hijo sabio se llena de alegría.

25 ¡Preocúpate porque tu padre y tu madre se sientan orgullosos de ti! 

¡Esfuérzate para que la que te dio a luz se sienta feliz!                                   

 

26 Hijo mío, toma la decisión de obedecerme

y de mantenerte en mis caminos.

27 Porque la prostituta es una fosa profunda

y la mujer ajena es un pozo estrecho;

28 como un ladrón acecha a sus víctimas

y lleva a la infidelidad a muchos hombres.

 

29 ¿Quién se queja? ¿Quién se lamenta?

¿Quién pelea? ¿Quién sufre?

¿Quién es herido sin motivo? ¿Quién tiene la mirada turbia?

30 El que se la pasa tomando vino

y va probando nuevas bebidas.

31 No te fijes en el vino cuando resplandece con su color rojo,

ni en cómo brilla en la copa ni en la suavidad con que se desliza,

32 porque al final muerde como serpiente

y clava los colmillos como una víbora.

33 Te hará ver cosas extrañas,

pensar y decir estupideces;

34 te tambalearás como si estuvieras en alta mar;

te bambolearás como quien se aferra a la punta de un mástil.

35 Dirás: “Me golpearon, pero no me dolió,

me azotaron pero ni cuenta me di;

cuando despierte pediré más vino”.

 

24 1 No tengas envidia de los malvados

ni desees estar en su compañía,

2 porque solo piensan en la violencia

y tan solo hablan de cosas perversas.

 

3 Con sabiduría se construye la casa

y con inteligencia se mantiene firme;

4 con el conocimiento se llenan sus cuartos

de riqueza, de objetos valiosos y agradables.

 

5 Más vale ser sabio que fuerte;

más vale ser instruido que vigoroso.

 

6 Con buena estrategia se gana la guerra,

y el secreto de la victoria está en los buenos consejeros.

 

7 La sabiduría no está al alcance del necio:

ante el tribunal no sabe qué decir.

 

8 El que tan solo piensa en la maldad,                

se gana la fama de ser un malhechor.

 

9  El propósito del necio es el pecado;

al insolente todo el mundo lo aborrece.

 

10 El que ante los problemas se derrumba,

es de carácter muy débil.

 

11 Procura salvar a los condenados a muerte,

y librar del peligro a los que están a punto de morir.

12 Porque, aunque digas que eso no te concierne,

¿acaso no se dará cuenta de esto el que juzga los corazones?,

¿no lo sabrá el que vigila tu vida?

Él paga a cada uno según sus acciones.

 

13 Come miel, hijo mío, porque es buena;

el panal endulza el paladar.

14 Así de dulces te sean el conocimiento y la sabiduría;

si los adquieres tendrás un buen futuro

y tu esperanza no será defraudada.

 

15 Malvado, no aceches la casa del justo

ni perturbes su lugar de descanso;

16 porque el justo se levantará aunque caiga siete veces;

los malvados, en cambio, caerán en la desgracia.             

 

17 No te alegres cuando tu enemigo caiga,

ni saltes de alegría cuando tropiece,

18 no sea que el Señor vea lo que haces y lo repruebe,

y aparte su enojo de tu enemigo.

 

19 No te enojes por causa de los malhechores,

no sientas envidia de los malvados;

20 porque el malvado acabará mal,

la lámpara de los perversos se apagará.

 

21 Respeta, hijo mío, al Señor y al rey;

no te asocies con gente revoltosa;

22 porque de repente les llegará su castigo,

y nadie sabe qué castigo recibirán de parte del Señor y del rey.

 

  1. Segunda colección de los sabios ¨­

 

23 También estos son dichos de los sabios:

 

No es correcto hacer acepción de personas en el juicio.

24 Al que declara inocente al culpable,

los pueblos lo maldicen y las naciones lo detestan;

25 pero a quienes castigan al culpable les va bien,

y gozarán de grandes bendiciones.

 

26 El que da una respuesta acertada            

es como si diera un beso en los labios.

 

27 Primero arregla tus asuntos en la calle y realiza tus tareas en el campo,

después de eso podrás construir tu casa.

 

28 No declares sin motivo contra tu prójimo

ni mientas con tus labios.

 

29 No digas: “Le haré lo mismo que me hizo.

A ese hombre le daré su merecido”.

 

30 Al pasar por el campo de un perezoso

y por el viñedo de un hombre falto de entendimiento,      

31 vi que todo estaba lleno de espinos,                     

que la maleza había cubierto el terreno

y que la cerca de piedra estaba en el suelo.

32 Al contemplar esto, reflexioné,

al ver aquello aprendí esta lección:

33 Quien duerme un poco, hace una breve siesta

y luego se cruza de brazos para descansar mejor,

34 lo asaltará la pobreza como un bandido

y la escasez como un hombre armado.

 

  1. Segunda colección salomónica ¨­

//25,21-22: Rom 12,20; 26,11: 2 Pe 2,22

 

25 1 Estos son otros proverbios de Salomón

compilados por hombres de Ezequías, rey de Judá.

 

2 Es gloria de Dios ocultar un asunto,

es gloria de los reyes escudriñarlo.

 

3 La altura del cielo, la profundidad de la tierra

y los pensamientos de los reyes son impenetrables.

 

4 Quita las impurezas de la plata,

y el orfebre hará una copa;

5 saca al malvado que está al servicio del rey,

y el trono de este se afirmará en la justicia.

 

6 No te hagas el importante delante del rey,

ni te coloques entre los grandes;

7 más vale que te inviten a subir

que ser humillado ante los nobles.

 

Lo que veas con tus propios ojos,

8 no te apresures a llevarlo ante los tribunales,

porque alguien podría desmentirte

y, al final, tú quedarías avergonzado.

 

9 Arregla tu pleito con tu prójimo,

pero no reveles los secretos de nadie,

10 no sea que alguien te escuche, te avergüence,         

y ya no puedas quitarte tu deshonra.                   

 

11 Manzana de oro con incrustaciones de plata

son las palabras dichas en el momento preciso.

 

12 Anillo de oro y alhaja de oro fino

es el sabio que amonesta a quien se deja aconsejar.

 

13 Frescura de nieve en día caluroso

es el mensajero fiel para quien lo envía,

porque infunde nuevos ánimos a su señor.

 

14 Nubes y viento que no traen lluvia

es quien se jacta de dar y nunca da nada.

 

15 Con mucha paciencia se convence al gobernante;

las palabras amables rompen la resistencia.

 

16 Si encuentras miel, come solo lo necesario,

no sea que te hastíes y tengas que vomitarla.

17 No vayas con mucha frecuencia a la casa de tu amigo,

no sea que se harte de ti y llegue a detestarte.

 

18 Martillo, espada y flecha puntiaguda

es el que atestigua en falso contra su prójimo.

 

19 Diente picado o pie vacilante

es confiar en un traidor en momentos de angustia.

 

20 Andar desabrigado en día de frío  

o echar vinagre en una herida,

es cantarle canciones al que tiene su corazón afligido.

 

21 Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer;

si tiene sed, dale de beber,

22 porque así lo harás enrojecer de vergüenza

y el Señor te lo pagará.

 

23 El viento del norte trae la lluvia;

la lengua embustera, rostros indignados.

 

24 Es mejor vivir en un rincón de la azotea

que compartir la casa con una mujer pendenciera.

 

25 Como agua fresca en garganta sedienta

son las buenas noticias que llegan de lejos.

 

26 Como manantial de agua turbia y fuente contaminada

es el justo que se doblega ante los malvados.

 

27 No es bueno comer mucha miel

ni buscar honores y más honores.

 

28 Como ciudad desarmada y sin muralla,

es el hombre que no sabe controlar sus impulsos.

 

26 1 No se espera que haya nieve en el verano,

ni lluvia en el tiempo de cosecha,

ni honores para el necio.

 

2 Como gorrión perdido, como golondrina sin rumbo,

la maldición proferida sin motivo no llega a su destino.

 

3 El látigo para el caballo, el freno para el burro,

y la vara para la espalda del necio.

 

4 No respondas al necio según su necedad,

para que no pases tú también por necio.

 

5 Responde al necio como merece su estupidez,

para que no presuma de ser sabio.

 

6 Se corta las piernas y bebe un trago amargo

el que envía mensajes por medio de un necio.

 

7 Como le son inútiles las piernas al tullido,

así es el proverbio en la boca del necio.

 

8 Atar una piedra a la honda es tan absurdo  

como rendir honores al necio.

 

9 Como ramo de espinas en manos de un borracho,

es el proverbio en boca de los necios.

 

10 Como arquero que hiere a todo el que pasa,

es el que contrata a un necio o a un vagabundo.

 

11 Como perro que vuelve a su vómito,

es el necio que reincide en su necedad.

 

12 ¿Has visto a alguien que presume de ser sabio?

Más se puede esperar de un necio que de él.

 

13 El perezoso dice: “¡Hay una fiera en el camino!

¡Sí, hay un león en la calle!”.

 

14 La puerta gira sobre sus bisagras,

y el perezoso da vueltas en la cama.

 

15 El perezoso mete la mano en el plato,

pero le da pereza llevársela a la boca.

 

16 El perezoso se considera más sabio

que siete personas prudentes.

 

17 Como agarrar a un perro por las orejas,

es el que se mete en una pelea que no le incumbe.

 

18 Como un loco

que lanza fuego y flechas mortales,

19 así es el que engaña a su amigo

 y luego le dice: “¡Tan solo era una broma!”.

 

20 Si falta la leña, se apaga el fuego;

donde no hay chismoso, se acaba la pelea.

 

21 Para las brasas el carbón, para el fuego, la leña,

y para atizar una pelea, el pendenciero.

 

22 Las palabras del chismoso son como deliciosos bocados

que se deslizan suavemente hasta el fondo de las entrañas.

 

23 Baño de plata sobre vasija de barro

son las palabras zalameras de un corazón malvado.

 

24 El que odia, lo disimula con sus labios,

pero dentro de sí planea hacer daño;

25 aunque te hable con dulzura, no le creas,

porque su corazón rebosa de maldad;

26 aunque trate de ocultar su odio con disimulo,

su maldad se descubrirá en la asamblea.

 

27 El que cava una fosa caerá en ella;

y al que echa a rodar una piedra, esta lo aplastará.

 

28 La lengua mentirosa atormenta a sus víctimas,

la lengua que adula conduce a la ruina.

 

27 1 No te jactes del día de mañana,

porque no sabes lo que traerá el mañana.

 

2 Que te alabe otro y no tu propia boca,

un extraño y no tus propios labios.

 

3 Pesada es la piedra y pesada es la arena,

pero más pesada es la ira del necio.

 

4 Cruel es la ira e impetuosa la furia,

pero, ¿quién se enfrentará con los celos?

 

5 Más vale la reprensión manifiesta

que el amor encubridor.

 

6 Más se puede confiar en el amigo que hiere

Que en el enemigo que besa.                

 

7 El que tiene el estómago lleno, desprecia el panal;

al que tiene hambre, hasta lo amargo le sabe dulce.

 

8 Como ave que vaga fuera de su nido,           

es el hombre que vaga fuera de su hogar.   

 

9 Perfume e incienso alegran el corazón,

el consejo de un amigo fortalece el ánimo.

 

10 No abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre;

no vayas con tus problemas a la casa de tu hermano.   

 

Más vale vecino cercano que hermano lejano.

 

11 Hijo mío, si eres sabio me darás alegría;

así podré responder a los que me insultan.

 

12 El prudente ve el peligro y lo evita;

los incautos siguen adelante y sufren las consecuencias.      

 

13 Quítale la ropa al que salió fiador de un extraño,

toma prenda del que avaló a una mujer ajena.

 

14 A quien de madrugada y a gritos saluda a su amigo,

por maldición se le contará.

 

15 Gotera continua en día lluvioso

y mujer pendenciera se asemejan:

16 tratar de sujetarla es como intentar sujetar el viento

o tratar de retener el aceite en la mano.

 

17 El hierro se afila con el hierro,

y el hombre se pule en el trato con su prójimo.

 

18 Quien cuida una higuera comerá sus frutos;

quien cuida de su amo recibirá honores.

 

19 Como el agua es el espejo del rostro,

así el corazón es el espejo del ser humano.

 

20 Tal como el Abismo y la Perdición nunca se sacian,

la codicia del hombre nunca se satisface.

 

21 La plata se prueba en el crisol, el oro en el horno,  

y el hombre en la boca del que lo alaba.

 

22 Aunque machaques al necio en un mortero,

entre los granos con un pisón,

no lograrás quitarle su necedad.

 

23 Debes ser diligente en conocer cómo están tus ovejas

y cuidar bien a tus rebaños;

24 porque la riqueza no es eterna

ni la corona pasa de una generación a otra.

 

25 Cuando nazca la hierba, crezca la gramilla

y se recoja el pasto de las montañas,

26 los corderos te proveerán vestido,                    

los cabritos te darán dinero para que compres un campo,     

27 y las cabras te darán leche suficiente           

para que te alimentes tú, tu familia y tus servidoras.         

 

28 1 El malvado huye sin que lo persigan,

mientras que los justos viven confiados como un león.

 

2 Cuando hay rebelión en el país, se multiplican los jefes;

un hombre prudente y sabio mantiene el orden.

 

3 Hombre pobre que explota a los débiles

es como lluvia torrencial que deja sin pan.

 

4 Los que abandonan la ley elogian al malvado,

los que la obedecen se indignan contra aquellos.

 

5 Los malvados no entienden nada de la justicia,

pero los que buscan al Señor lo comprenden todo.

 

6 Más vale el pobre que camina en integridad

que el rico que va por caminos perversos.

 

7 El hijo que cumple la ley es inteligente;

el que se junta con libertinos avergüenza a su padre.

 

8 El que acrecienta sus riquezas a base de usura,

las acumula para aquel que se compadece de los pobres.

 

9  El que cierra su oído para no escuchar la ley,

también su oración será aborrecida.

 

10 El que extravía a los rectos por el mal camino

caerá en su propia trampa;

pero los íntegros heredarán lo mejor.

 

11 El rico presume de sabio,

pero el pobre que es inteligente lo desenmascara.

 

12 Cuando triunfan los justos, se hace una gran fiesta;

cuando triunfan los malvados, todos se esconden.

 

13 El que encubre sus pecados no prosperará,

el que los confiesa y los abandona será perdonado.

 

14 Dichoso el hombre que está siempre alerta,

pero el obstinado caerá en la desgracia.

 

15 Como león rugiente y oso hambriento

es el malvado que gobierna a un pueblo pobre.

 

16 Un gobernante insensato aumenta la opresión,

pero el que odia la codicia tendrá larga vida.

 

17 El hombre que carga con un asesinato

huirá hasta la fosa: ¡Que nadie lo detenga!

 

18 El que camina en integridad estará a salvo,

pero el que se extravía entre dos caminos caerá en uno de ellos.

 

19 El que cultiva su campo tendrá comida de sobra,

pero el que vive de ilusiones se hartará de pobreza.

 

20 El hombre fiel será colmado de bendiciones;

el que se enriquece rápido no quedará impune.

 

21 No está bien hacer acepción de personas;

por un pedazo de pan se puede cometer un delito.

 

22 El hombre avaro se apresura a enriquecerse,

y no sabe que la pobreza lo está esperando.

 

23 El que reprende a otro será más apreciado

que el de lengua aduladora.

 

24 El que roba a sus padres y dice: “No es pecado”,

es amigo de criminales.

 

25 El codicioso provoca peleas,

pero el que confía en el Señor prosperará.

 

26 El que confía en sí mismo es un necio;

el que actúa con sabiduría se salvará.

 

27 El que da al pobre no conocerá la pobreza,

pero al que le niega su ayuda, le lloverán maldiciones.

 

28 Cuando triunfan los malvados, todos se esconden;

cuando desaparecen, se multiplican los justos.

 

29 1 El hombre que se pone terco al ser reprendido,

se arruinará pronto y sin remedio.

 

2 Cuando gobiernan los justos, el pueblo se alegra;

cuando el que gobierna es un malvado, el pueblo sufre.

 

3 El que ama la sabiduría alegra a su padre;

el que anda con prostitutas perderá su fortuna.

 

4 Un rey que hace justicia da estabilidad al país,

pero el que lo carga de impuestos, lo arruina.

 

5 El hombre que adula a su amigo,

le está tendiendo una trampa bajo sus pies.

 

6 El pecado del malvado es su propia trampa;

pero el justo canta de alegría y es feliz.

 

7 El justo hace suya la causa de los pobres;

el malvado se desentiende de ellos.

 

8 Los insolentes alborotan la ciudad,

pero los sabios calman los ánimos.

 

9 Cuando un sabio entra en pleito con un necio,

aunque se enoje o se ría, nada logrará.

 

10 Los sanguinarios aborrecen al hombre íntegro,

pero los hombres rectos procuran su bien.

 

11 El necio da rienda suelta a toda su pasión,

pero el sabio acaba por dominarla.

 

12 El gobernante que hace caso de calumnias

tendrá por servidores a gente malvada.

 

13 El pobre y el opresor tienen algo en común:

el Señor da luz a la vista de ambos.

 

14 El rey que juzga a los pobres según la verdad,

afianza su trono para siempre.

 

15 La disciplina y la corrección dan sabiduría;

joven consentido avergüenza a su madre.

 

16 Cuando los malvados se multiplican, abunda el pecado,

pero los justos presenciarán su caída.

 

17 Corrige a tu hijo, te dará descanso

y alegrará tu vida.

 

18 Cuando no hay visión profética, el pueblo se extravía.

¡Dichoso el que obedece la Ley!.

 

19 A un esclavo no se le corrige con palabras,

porque, aunque entienda, no hace caso.      

 

20 ¿Has visto a un hombre que habla sin pensar?

De un necio se puede esperar más que de él.

 

21 Amo que mima a su servidor cuando es pequeño,  

cuando sea grande no lo podrá controlar.

 

22 El hombre iracundo provoca peleas,

y el violento multiplica sus crímenes.

 

23 El hombre altivo será humillado,

pero el humilde recibirá honores.

 

24 El cómplice del ladrón se desprecia a sí mismo;  

aunque esté bajo juramento, no lo delata.

 

25 El temor a los hombres es una trampa,

pero el que confía en el Señor estará seguro.

 

26 Muchos buscan el favor del gobernante,

pero el Señor imparte justicia a todos.

 

27 Los hombres justos aborrecen al criminal,

y el malvado aborrece a los hombres rectos.

 

  1. Dichos de Agur ¨­

 

¿Quién subió al cielo y luego bajó?

Job 30,1-38; Bar 3,29-38; Jn 3,13

 

30 1 Dichos de Agur, hijo de Yaqué, el masaíta.       

Oráculo de un hombre importante:

 

¡Estoy cansado, Dios, estoy cansado y agotado!

2 Porque soy el más estúpido de los hombres,

no tengo inteligencia humana;

3 no he aprendido sabiduría

ni tengo el santo conocimiento.

 

4 ¿Quién subió al cielo y luego bajó?

¿Quién retuvo el viento en sus puños?

¿Quién envolvió el mar en su capa?

¿Quién estableció los límites de la tierra?

Dime, si lo sabes, ¿cuál es su nombre y el nombre de su hijo?

 

5 Cada palabra de Dios es digna de confianza,

es escudo para los que se refugian en él.

6 No añadas nada a sus palabras,

no sea que te reprenda y te haga quedar como mentiroso.

 

7 Dos cosas te he pedido,

concédemelas, por favor, antes de que muera:

8 aleja de mí la falsedad y la mentira;              

no me des riqueza ni pobreza,

tan solo dame el pan necesario;

9 no sea que al estar satisfecho llegue a renegar de ti y decir:

“¿Y quién es el Señor?”,

o que, siendo pobre, llegue a robar

y deshonre el nombre de mi Dios.

 

10 No calumnies a un servidor delante de su amo,

no sea que te maldiga y sufras el castigo.

 

11 Hay gente que maldice a su padre

y no bendice a su madre;

12 hay gente que se cree muy limpia,

aunque no se ha lavado de sus inmundicias;

13 hay gente de ojos altivos   

y mirada altanera;

14 hay gente que en vez de dientes tienen espadas

y puñales en vez de colmillos,

para devorar a los humildes de la tierra

y a los pobres del país.

 

15 La sanguijuela tiene dos hijas: Dame y Dame.

Hay tres cosas que nunca se sacian

y una cuarta que jamás dice “¡Basta!”:

16 El Abismo, la matriz estéril,

la tierra sedienta de agua,

y el fuego que nunca dice: “¡Basta!”.

 

17 Al que mira con desprecio a su padre

y rehúsa obedecer a su madre,

solo merece que los cuervos del valle le saquen los ojos

y se los coman los buitres.

 

18 Hay tres cosas que me causan asombro

y una cuarta que no alcanzo a comprender:

19 el rastro del águila en el cielo,

el rastro de la serpiente sobre la roca,

el rastro de la nave en alta mar

y el rastro del hombre en la doncella.

 

20 La mujer adúltera procede así:

come, se limpia la boca y dice:

«No he cometido ninguna maldad”.

 

21 Hay tres clases de personas que hacen temblar la tierra

y una cuarta que no puede soportar:

22 el servidor que llega a ser rey,

el necio que tiene comida de sobra,

23 la mujer despreciada que consigue marido

y la servidora que ocupa el lugar de su ama. 

 

24 Hay cuatro seres pequeños en la tierra,

pero resultan ser más sabios que los sabios:

25 las hormigas, ejército débil

que en el verano asegura su comida;

26 los tejones, animales de poca fuerza

que hacen sus madrigueras en la roca;

27 las langostas, que sin tener rey

avanzan todas en perfecta formación;

28 la lagartija, que se puede atrapar con la mano

y habita en los palacios reales.

 

29 Hay tres seres de majestuoso caminar

y un cuarto que camina con elegancia:

30 el león, el más fuerte de los animales,

que nada ni nadie lo hace retroceder;

31 el gallo orgulloso, el chivo

y el rey al frente de su ejército.

 

32 Si por actuar neciamente te has enaltecido

o has reflexionado, tápate la boca:

33 bates la leche y sacas mantequilla,       

te aprietas la nariz y te sale sangre,

provocas la ira de otro y resultan las peleas.

 

VII. Dichos de Lemuel ¨­

 

No es de reyes, Lemuel

Prov 23,30-31; Sal 72,2.4.12-14; 104,15; Eclo 9,3.6

 

31 1 Dichos de Lemuel, rey de Masá, que su madre le enseñó.

 

 ¿Qué te diré, hijo mío?                                   

¿Qué te diré, hijo de mis entrañas?                 

¿Qué te diré, hijo de mis promesas?                      

3 Que no entregues tu vigor a las mujeres,

ni tu fortaleza a las que corrompen a los reyes.

 

4 No es de reyes, Lemuel,

no es de reyes entregarse al vino

ni de gobernantes el darse al licor,

5 porque podrían olvidarse de la ley

y violar el derecho de los más humildes.

6 El licor es para el que está desesperado

y el vino para el que está deprimido:

7 que beba y se olvide de su miseria,

que beba y no se acuerde más de su desgracia.

 

8 Toma la palabra a favor del mudo,

defiende la causa de los indefensos.

9 Toma la palabra y juzga con justicia;

defiende la causa del pobre y del menesteroso.

 

VIII. Elogio de la mujer ejemplar ¨­

 

10 Álef       Una mujer ejemplar, ¿quién la encontrará?                      

Vale mucho más que las piedras preciosas.

11 Bet         Su esposo confía plenamente en ella,

                  y nunca le faltan ganancias.

12 Guímel  Le proporciona felicidad y no disgustos

                  todos los días de su vida.

13 Dalet     Adquiere lana y lino,

                  y laboriosamente trabaja con sus manos.

14 He         Es como un barco mercante

                  que trae sus provisiones de lejos.

15 Vau       Se levanta muy de madrugada

                  para dar de comer a su familia

                  y asignar las labores a sus servidoras.

16 Zain       Inspecciona un terreno y lo compra,

                  con las ganancias de su trabajo planta un viñedo.

17 Jet          Se ciñe con fuerza la cintura

                  y se dispone a trabajar con sus brazos.    

18 Tet         Se asegura de que sus negocios marchen bien,

                  y ni siquiera de noche se apaga su lámpara.

19 Yod       Trabaja en su propio telar,

                  y confecciona su ropa.

20 Kaf        Tiende su mano al pobre

                  y ofrece su ayuda al necesitado.

21 Lámed   Si nieva, no teme por su familia,

                  ya que todos andan bien abrigados.

22 Mem     Confecciona sus propias colchas,

                  y sus vestidos son de lino fino y púrpura.

23 Nun       Su esposo es respetado en la ciudad

                  cuando se sienta entre los ancianos del lugar.

24 Sámek   Confecciona vestidos de lino y los vende,

                  y surte de cinturones a los comerciantes.

25 Ain        Se viste de fuerza y dignidad,

                  y se ríe sin temor al futuro.

26 Pe          Cuando toma la palabra habla con sabiduría,   

                  y cuando enseña lo hace con bondad.

27 Sade      Vigila la marcha de su casa,

                  y no come el pan que no ha ganado.

28 Qof        Sus hijos se levantan y la felicitan,

                  su esposo también la elogia:

29 Resh      “Mujeres valiosas hay muchas,

                  pero tú las superas a todas”.

30 Shin       Engañosa es la gracia y pasajera la belleza;

                  la mujer que honra al Señor es digna de alabanza.

31 Tau        ¡Que le reconozcan el trabajo de sus manos!

                  ¡Que toda la ciudad la alabe por lo que ha hecho!

 

 

 

¨ ­ 1,1-9,18. La primera colección de proverbios, que sirve de introducción a la obra, fue compuesta probablemente en el siglo V a.C. En ella se expone con brevedad el carácter y la finalidad del libro (1,1-7). En el v.7 se propone el fin al que se dirigen todas las consideraciones que vendrán a continuación: “honrar al Señor”. Sigue una larga serie de breves discursos de un padre a su hijo, o quizá de un maestro a su discípulo, al que según la costumbre lo llama “hijo” (1,8.10.15; 2,1; 3,1.11.21; 4,10.20; 6,1.3.20; 7,1). También la sabiduría personificada toma la palabra y se dirige a los lectores (1,20-33; 8,4-9,6). Todas las enseñanzas del libro, aunque exponen aparentemente una “sabiduría humanista”, en el fondo instruyen sobre la forma práctica de “honrar al Señor”.

¨ 1,1-7. Bajo el patrocinio de Salomón, considerado el más grande de los sabios (1 Re 3,10; 5,11-12), se colocan todas las enseñanzas de este libro. Los proverbios que vienen a continuación tienen una finalidad práctica: se ofrecen para “obtener” la sabiduría, para “comprender… adquirir…”. La sabiduría no es solo acumulación de conocimientos, sino una forma de encarar la vida. La sabiduría se concentra en “el temor del Señor” (1,7), que lejos de expresar el “miedo”, es lo que hoy se puede llamar “la piedad”, la actitud de respeto y obediencia que se debe a Dios. Por eso aquí se traduce como “honrar al Señor”. Esta expresión “honrar al Señor” (traducción de “temer al Señor”) se encuentra al comienzo (1,7) y al final del libro (31,30), como abrazando todas sus enseñanzas.

¨ 1,8-19. Las enseñanzas del padre a su hijo, o del maestro al discípulo, comienzan con una advertencia para que este no se deje seducir por los pecadores. El joven puede caer en la tentación de la codicia cuando los pecadores le presentan la oportunidad de obtener ganancias, pero para esto deberá asociarse con ellos para cometer crímenes. Se enseña que los que obran de esta manera terminan siendo víctimas de sus propias acciones.

¨  1,20-33. La sabiduría aparece personificada. Es una figura femenina que clama por las calles y reprende a los que no se han dejado instruir. Como Dios en los libros proféticos, acusa a los insensatos porque no la atendieron cuando llamó (Is 50,2; 65,1-2; 66,4; Jr 7,13.24-27; Zac 7,13). Y como el mismo Dios en el libro de los Salmos, se reirá cuando vea la destrucción de aquellos que fueron culpables (Sal 2,4).  

¨ 2,1-22. El discípulo debe aspirar a poseer todas las virtudes, y el compendio de todas ellas es la sabiduría, que no se obtiene por el esfuerzo de la reflexión humana, como podían enseñar los filósofos de la época, sino se le debe pedir a Dios, que es el único que la puede dar (Sab 8,21; 9,10). El que llega a poseer la sabiduría podrá gozar de la vida, lejos del comportamiento de los malvados que se dirigen a la muerte eterna.

¨ 3,1-12. El que llega a poseer la sabiduría no hace alarde de ella ni confía en sí mismo, sino que pone toda su confianza en el Señor porque él es “quien actúa tanto el querer como el actuar” (Fil 2,13). Es necesario reconocer que Dios es el causante de todos los bienes (Sant 1,17); por eso se ofrecen a Dios los frutos de las manos, y él siempre lo retribuye con generosidad. El Señor corrige a todos los que ama (vv.11-12) porque quiere llevarlos a la perfección; por eso las correcciones que impone mediante las pruebas y sufrimientos de esta vida se recibirán con agradecimiento (Heb 12,5-6).     

¨ 3,13-26. La sabiduría es más valiosa que todos los tesoros de este mundo. Dios puso de manifiesto su sabiduría cuando realizó la obra de la creación (vv.19-20; Job 28,20-28). A quienes lo piden, el Señor los hace partícipes de su sabiduría; quienes la poseen gozan de una vida larga y placentera. Otros autores dirán que ella asegura la inmortalidad (Sab 8,13.17).

¨ 3,27-35 – La sabiduría consiste en “honrar al Señor” (literalmente “temer al Señor”). Los que la han recibido de Dios lo manifiestan de una manera especial en el trato con el prójimo, y particularmente en la atención y ayuda a los pobres. Esta conducta es exigida por la ley (Éx 22,21-26; Lv 19,13; Dt 15,4-10), fue predicada con insistencia tanto por los sabios de Israel (Prov 22,22-23; Eclo 29,8-9) como por los profetas (Is 58,7; Am 2,6-7), y está presente en los escritos del Nuevo Testamento (Mt 19,21; Sant 2,1-9.15-16; 1 Jn 3,17).

¨ 4,1-27. Un padre exhorta a su hijo, o un maestro a su discípulo, para que adquiera la sabiduría y se aferre a ella. Propone la elección entre dos caminos (vv.10-19) que llevan a diferente fin: la vida o la muerte (Jr 21,8; cf. Dt 30,15). El camino del Señor es la práctica de los mandamientos. El que actúa de acuerdo con ellos se asegura una vida larga y feliz, sin temor a los contratiempos; en cambio los malvados transitan por la oscuridad. La comunidad cristiana de los primeros tiempos se designaba a sí misma como “el camino” (Hch 9,2; 16,7; 18,25-26; 19,9.23; 22,4; 24,14.22), y Jesús proclamó que él era el único camino que conduce al Padre (Jn 14,6).

¨ 5,1-14. En el ambiente donde la unidad familiar y la legitimidad de la descendencia es sumamente valorada, las leyes del Antiguo Testamento prohíben y castigan severamente el adulterio (Lv 20,10; Num 5,11-31). Los profetas acusan con frecuencia a los adúlteros (Jr 7,9; 29,23; Os 4,2; 7,4…). Pero en los escritos proféticos el adulterio es figura de la idolatría, porque quienes rinden culto a otros dioses son infieles a la alianza con el Señor (Ez 16,32). En los textos sapienciales la mujer adúltera es también figura de la Señora Necedad, con la que no deben tener contacto los israelitas piadosos. El tema del adulterio será tratado nuevamente en 6,20-35.

¨ 5,15-23. Después de haberse ocupado del peligro de caer en la trampa de la mujer adúltera, los consejos se vuelven ahora hacia la fidelidad a la esposa legítima. En una sociedad que permitía la poligamia se consideraba adulterio la unión con una mujer casada con otro hombre. Este es uno de los textos novedosos que hablan de la fidelidad del varón a su propia esposa. El autor de la exhortación, por medio de figuras, alude al cuidado de tener descendencia legítima, ya que la alianza con el Señor se selló exclusivamente con los descendientes de Abrahán (Gn 17,7) y en la comunidad de Israel los hijos ilegítimos eran discriminados (Dt 23,3; Sab 4,3; Eclo 23,22-25).

¨ 6,1-5. Los pobres, para poder subsistir, debían solicitar préstamos de dinero; para esto necesitaban que alguien se presentara como garantía. El autor del libro del Eclesiástico alaba a quien sale como fiador porque de esa manera ayuda a un necesitado (Eclo 29,14), pero el mismo autor junto con los autores de los proverbios previenen contra el peligro de que el fiador deba hacerse cargo de la deuda si después el que pidió el préstamo no paga (Prov 11,15; 17,18; Eclo 8,13; 29,14-20). En el Nuevo Testamento se ordena dar a todo el que pide prestado, y a no esperar ni exigir la devolución (Lc 6,30.34).

¨ 6,6-11. Los textos de los sabios se refieren con frecuencia a la pereza, que en muchos casos es causa de pobreza (Prov 10,26; 13,4; 15,19; 19,15.24; 20,4.13; 26,13-16; Ecl 10,18). Los perezosos son invitados a contemplar a las hormigas (v.6), que acumulan alimentos en verano para no carecer de ellos en el invierno, para que reflexionen y tomen ejemplo. En las cartas apostólicas se trata con dureza a los que pretenden vivir sin trabajar (2 Tes 3,6-10; cf. Ef 4,28).

¨ 6,12-15. La verdadera sabiduría consiste en obrar de acuerdo con la ley de Dios, pero los malvados solo piensan en hacer el mal. Quienes actúan así, más tarde padecerán las consecuencias de lo que han sembrado. Dios juzgará las obras de todos los seres humanos, y llegará el momento en que cada uno recibirá el premio o el castigo (Sal 62,13; Ez 18,21-32; Rom 2,6).

¨ 6,16-19. En las obras sapienciales se encuentran varios “proverbios numéricos” (6,16-19; Sal 62,12; Eclo 23,16-17; etc.). Para facilitar la memorización, los autores agrupan y enumeran objetos o personas que muestran las mismas características. En este caso se han agrupado siete actitudes humanas reprobables que el aspirante a tener sabiduría deberá evitar por todos los medios. Cinco de estas acciones (vv.17-18) están referidas a órganos del cuerpo humano (como Rom 3,13-18); se ignora el motivo por el que ha incluido las dos del v.19, para alcanzar el número de siete.

¨ 6,20-8,27 – Dentro de las recomendaciones para actuar de acuerdo con los mandamientos, se vuelve al tema del adulterio (5,1-14). El texto se extiende en la descripción de la mujer infiel a su esposo que seduce a un joven. El autor considera menos riesgoso unirse con una mujer prostituta, porque esta se contenta con el pago de su salario (v.26), pero quien se enreda con una mujer infiel a su marido padecerá consecuencias más penosas. No bastará con que pague una compensación, sino que será víctima de la venganza del legítimo esposo de la mujer y perderá la vida.

¨ 8,1-21 – La sabiduría personificada toma nuevamente la palabra (1,20-33) y con expresiones semejantes a las de otros libros sapienciales, hace su propio elogio. Con un lenguaje lleno de imágenes expone las riquezas que se esconden en la práctica de los mandamientos y en las ventajas que obtienen los que cultivan esta forma de vida.

¨ 8,22-36. Continúa el discurso de la sabiduría personificada: ella es anterior a todos los seres creados (vv.22-26) y ha actuado en la creación del universo (vv.27-31); finaliza con un llamado a los seres humanos para que se dejen conducir por ella para gozar de la vida y tener el beneplácito de Dios (vv.32-36). Para el autor de estos textos es claro que la sabiduría, aunque es anterior a toda la creación, es una criatura de Dios. 8,22-36. Estas ideas se desarrollarán en los libros Eclesiástico y Sabiduría; en Sab 7,25-26 la sabiduría es presentada con rasgos divinos. Los comentaristas se preguntan si el autor ya tenía la intuición de una entidad divina, o si solo hacía uso de una figura literaria. Los autores del Nuevo Testamento recurrirán a estas ideas y expresiones para proponer el misterio de la persona de Jesucristo como Palabra de Dios (Mt 11,28-30; Jn 1,1-3; 1 Cor 1,21-31; Col 1,15-17).

¨ 9,1-6. El autor retoma la palabra y continúa refiriéndose a la sabiduría personificada que edificó una casa con características de lugar sagrado (las siete columnas) y preparó un banquete con manjares y vino. Este banquete es el de Is 25,6, y las palabras de la invitación tienen sus ecos en Mt 11,28; 22,1-4 y Jn 6,35.51.

¨ 9,13-18. Finaliza aquí la larga introducción al libro de los Proverbios (1,1-9,18). Así como se personificó a la sabiduría, en este texto se hace lo mismo con su figura opuesta, que es la necedad. El ser humano se encuentra ante dos invitaciones (de la sabiduría y de la necedad), ante dos caminos (4,1-27), uno que conduce a la vida (9,11) y otro a la muerte (9,18), y dos banquetes (9,5 y 17). Al finalizar la lectura de la introducción, el lector debe escoger (Dt 30,15-20).  

¨ ­ 10,1-22,16. Después de la larga introducción comienza la serie de proverbios atribuidos a Salomón, quizá la parte más antigua del libro. La colección está constituida por proverbios de dos miembros, la mayor parte de ellos expresados en paralelismos antitéticos. No se percibe que haya un orden entre los proverbios, de modo que formen un discurso; en algunos casos hay solo una repetición de una misma palabra (por ejemplo 11,4-6). La enseñanza que se propone es en su mayor parte una sabiduría de carácter humanista, donde se encuentran normas para la vida honesta y la concordia en la comunidad. Pero la introducción (1,1-9,18) ha colocado bajo una nueva luz la totalidad de proverbios salomónicos, mostrando que la sabiduría consiste en vivir de acuerdo con la ley de Dios. Esto les ha dado un nuevo sentido.  

¨ ­ 22,17-24,22. Una colección de proverbios atribuidos a los sabios, sin otra precisión. Se distinguen de los contenidos en la colección salomónica porque la mayoría de ellos son más extensos y algunos forman un breve discurso (cf. 23,29-35). Estos proverbios contienen una exhortación o instrucción en su primera frase (“Debes hacer esto…”, o “No debes hacer aquello…”), y en la segunda se exponen las consecuencias que se siguen de la observancia o desobediencia de lo ordenado en primer lugar. 

Entre 22,17 y 23,12 hay semejanzas con el libro Sabiduría de Amenemope, de origen egipcio, compuesto en torno al siglo XI a.C. En Prov 22,20, de difícil traducción, habría una referencia a “treinta máximas” que no tienen explicación en el contexto. Pero precisamente el libro egipcio de Amenemope está dividido en treinta capítulos. El resto de la colección tiene material de otro origen. Por ejemplo los versículos 23,13-14 parecen depender del libro Sabiduría de Ahikar, novela oriental conservada en arameo en una copia del siglo V a.C. Todo esto hace suponer que esta colección proviene de época muy antigua, posiblemente anterior a la cautividad en Babilonia.

¨ ­24,23-34. Esta colección es atribuida también a los sabios. Contiene pocos proverbios sobre diversos temas. El último, sobre la pereza (cf. 6,6-11), tiene mayor extensión y forma un breve discurso. No hay indicaciones como para poder fijar la fecha en que la serie tuvo su origen.

¨ ­ 25,1-29,27. La segunda colección de proverbios atribuidos a Salomón lleva la indicación de que fue recogida por los sabios de la época del rey Ezequías (727-698 a. C.).

¨ ­ 30,1-33. Proverbios atribuidos a Agur, un miembro de la tribu de Masá, descendiente de Ismael (Gn 25,14). Pertenecía entonces a las tribus árabes. De este personaje no se tiene más conocimientos que los que aparecen en este texto. La segunda parte del v.1 es un texto oscuro, entendido y traducido de diferente manera por los comentaristas. En los vv. 2-6 Agur reflexiona sobre la incomprensibilidad de Dios, y sus expresiones son semejantes a las de la última parte del libro Job (Job 38-39). Los vv.7-10 comprenden una oración en la que  pide a Dios lo que él considera necesario en su vida, y el v.10 es un proverbio semejante a los de las grandes colecciones que preceden esta parte del libro.

Los vv. 16-33 son una serie de proverbios numéricos (cf. 6,16-19). Los v.11-15 habrían formado parte de esta serie, pero parecería que se han perdido las palabras iniciales del v.11. Los vv. 17, 20 y 32-33, que carecen de las características de los proverbios numéricos, han sido intercalados dentro de este grupo. Algunos comentaristas opinan que esta sección de proverbios numéricos no pertenecen a los dichos de Agur, sino que constituyen otra colección de las que componen el libro de los Proverbios.   

¨ ­ 31,1-9. Proverbios atribuidos a un rey de Masá, la misma tribu árabe a la que pertenecía Agur (30,1). En realidad no son enseñanzas propuestas por este rey, sino que él las recibió de su madre. Se refieren a las cualidades de los gobernantes. El v. 3 es una advertencia contra el desorden sexual; los vv. 4-7 son consejos contra los excesos de la bebida que pueden hacer descuidar la atención debida a los pobres; los vv.8-9 son un llamado para que se ocupe de los pobres y administre recta justicia. 

¨ ­ 31,10-31. El libro concluye con este elogio de la mujer ejemplar compuesto en forma de acróstico, como otras obras del Antiguo Testamento (Sal 9-10; 25, 34; 37; 119; Lam 1-4): en su forma original en hebreo, cada versículo comienza con una letra diferente siguiendo el orden del alfabeto. Los responsables de la recopilación de las colecciones que componen el libro de los Proverbios han escogido este texto para coronar la obra porque la descripción elogiosa de una mujer ejemplar se adapta a la figura de la sabiduría personificada que en varios momentos ha hecho uso de la palabra (1,20-33; 8,4-9,6). Esta es la mujer de la que se dice al final (v.31) que es digna de alabanza porque, como compendio de todas sus virtudes, es la que “honra al Señor”, o como expresa el original hebreo, es “temerosa del Señor” (cf.1,7).

16 Zain       Inspecciona un terreno y lo compra,

                  con las ganancias de su trabajo planta un viñedo.

17 Jet          Se ciñe con fuerza la cintura

                  y se dispone a trabajar con sus brazos.    

18 Tet         Se asegura de que sus negocios marchen bien,

                  y ni siquiera de noche se apaga su lámpara.

19 Yod       Trabaja en su propio telar,

                  y confecciona su ropa.

20 Kaf        Tiende su mano al pobre

                  y ofrece su ayuda al necesitado.

21 Lámed   Si nieva, no teme por su familia,

                  ya que todos andan bien abrigados.

22 Mem     Confecciona sus propias colchas,

                  y sus vestidos son de lino fino y púrpura.

23 Nun       Su esposo es respetado en la ciudad

                  cuando se sienta entre los ancianos del lugar.

24 Sámek   Confecciona vestidos de lino y los vende,

                  y surte de cinturones a los comerciantes.

25 Ain        Se viste de fuerza y dignidad,

                  y se ríe sin temor al futuro.

26 Pe          Cuando toma la palabra habla con sabiduría,   

                  y cuando enseña lo hace con bondad.

27 Sade      Vigila la marcha de su casa,

                  y no come el pan que no ha ganado.

28 Qof        Sus hijos se levantan y la felicitan,

                  su esposo también la elogia:

29 Resh      “Mujeres valiosas hay muchas,

                  pero tú las superas a todas”.

30 Shin       Engañosa es la gracia y pasajera la belleza;

                  la mujer que honra al Señor es digna de alabanza.

31 Tau        ¡Que le reconozcan el trabajo de sus manos!

                  ¡Que toda la ciudad la alabe por lo que ha hecho!

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