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ATRAS

(16 capítulos)

SEGUNDA CARTA A LOS CORINTIOS


I- «Ustedes mismos son nuestra carta de recomendación» (3,2): los adversarios de Pablo 


Desde 1 Corintios han pasado unos dos años de intensa relación epistolar entre Pablo y la comunidad (Introducción a 1 Corintios). Pablo visitó Corinto por primera vez hacia el año 50 d.C., durante su segundo viaje misionero (Hch 18,11). Ahora se encuentra en Éfeso, ciudad estratégica para su empeño evangelizador. De aquí hace una visita relámpago a Corinto junto con algunos de sus colaboradores. Esta segunda visita fue un fracaso porque Pablo o alguno de su grupo fue gravemente ofendido (2 Cor 2,5-6; 7,8.12). De regreso a Éfeso, Pablo enviará a Tito, quien esta vez le traerá buenas noticias de la comunidad. 

Pablo enfrenta en 2 Corintios la oposición de un grupo de misioneros judeocristianos que se presentan con cartas de recomendación -según parece- de gente importante de Jerusalén. Estos predicadores itinerantes llegados a Corinto, de origen hebreo, preocupados por la práctica de la circuncisión y la observancia de la Ley, anuncian un Evangelio diferente al de Pablo a quien menosprecian como apóstol. Sus motivos son mezquinos: prometió visitarlos y no fue; es duro por carta, pero débil en persona; desprecia el dinero y vive de su oficio, contradiciendo la práctica de otros. A estos judeocristianos se une la facción de opositores a Pablo de la comunidad de Corinto (1 Cor 1,12) que se habrían sentido rechazados por la negativa del Apóstol de no aceptar ayuda económica (nota a 11,7-15). 


II- «Dios reconcilió consigo al mundo en Cristo» (5,19): teología de 2 Corintios


1- Ministros de la Nueva Alianza


La confrontación con los judeocristianos impone el tema: mostrar cuál es el Evangelio acerca de Cristo y cómo deben ser sus ministros. Pablo asume su autodefensa, reflexionando sobre el ministerio del auténtico apóstol (2 Cor 2,14-7,16). Ejercer como «ministros de la Nueva Alianza» (3,6) no es un oficio, sino una vocación o llamada divina a entregar la vida por el Evangelio. Es una “diaconía” o servicio que imita, por el seguimiento de Jesucristo, Siervo de Dios, su generosidad, sus motivos y su estilo. Por ser elegido por Cristo, el ministro no anuncia cualquier Evangelio, sino el que tiene por contenido a Jesús, el único Salvador. El criterio de validez de su ministerio es el anuncio y la identificación con la cruz de Cristo, sello del auténtico apóstol o enviado. Este ministerio se lleva «en vasijas de barro, para que quede claro que ese poder tan extraordinario proviene de Dios y no de nosotros» (4,7).

Con un tono más amenazante, Pablo vuelve sobre este tema en la llamada “carta de las lágrimas” (2 Cor 10,1-13,10). No sin ironía afirma que los misioneros llegados a Corinto, que aparecen en tres momentos diversos (1 Cor 1-4; 2 Cor 3-7 y 10-13), son superapóstoles disfrazados de pastores, pues negocian con la Palabra de Dios y la falsifican; como Satanás, son necios y embusteros, pues, además de traer cartas de recomendación, se mienten a sí mismos y se glorían de lo que no han hecho. Se presentan como inteligentes y elocuentes, buscan privilegios, valoran el porte exterior y los signos portentosos que tanto seducen a los corintios y es fuente de honor en la sociedad grecorromana. Además, exigen ser mantenidos económicamente por la comunidad. Sin embargo, se pregunta Pablo, ¿qué Evangelio predican?, ¿por qué necesitan cartas de recomendación?, ¿han sufrido por el Señor?, ¿se desviven por la comunidad? ¿Quién, por tanto, está realmente capacitado para el ministerio de la Nueva Alianza? (2 Cor 2,16).


2- Un ministerio basado en la debilidad del ministro


Los superapóstoles llegados a Corinto, y más tarde también a Galacia, éstos de clara tendencia judaizante, cuentan con liderazgo y el respaldo de algunos de la comunidad (2 Cor 10,10). A diferencia de ellos, Pablo sabe que es débil y frágil y que su fortaleza le viene de Dios, quien con su sabiduría y poder sostiene a su ministro. Empleando como argumento la debilidad del enviado, Pablo demuestra que el ministro de la Nueva Alianza es frágil y caduco para que quede de manifiesto que el evangelizador no es más que un vehículo de la fuerza de la gracia que viene de Dios. Por tanto, no tiene que distinguirse, como los superapóstoles, por la prestancia física o el poder de la palabra, sino por el poder del Espíritu de Dios que actúa en medio de las dificultades cuando se anuncia el Evangelio (4,8-9; 11,23-28). Y aunque su cuerpo se desgaste día a día en las cosas del Señor, perdiendo sus bríos de juventud (4,16-5,10), con más vigor actúa en él la fuerza del Espíritu. Si en la debilidad de Cristo y en la locura de su cruz se reveló el poder salvador y reconciliador de Dios, así, sirviéndose de la debilidad de su ministro, Dios realiza el ministerio de la reconciliación. Por tanto, Pablo vive su debilidad como condición propia de su servicio misionero y, por lo mismo, no puede menos que gloriarse de ella, pues mientras más débil es, con más fuerza se manifiesta el poder salvador de Dios.


3- Apóstol del Espíritu y del ministerio de la reconciliación


El Espíritu Santo se presenta en estrecha relación con la Nueva Alianza. Mientras el contenido de la Antigua Alianza son mandamientos y normas, el contenido de la Nueva es el Espíritu que proviene de Dios y hace realidad su obra salvadora. La letra, para Pablo, es un camino superado cuya finalidad fue dar a conocer la voluntad de Dios. La letra sola mata, pues señala dónde está el pecado haciendo posible la sentencia condenatoria, pero no tiene la capacidad de purificarlo (Gál 3,10). El Espíritu, en cambio, vivifica, pues libera del pecado y conduce al conocimiento de Dios y de su voluntad. No se trata ahora, enseña Pablo, de normas externas “para” nosotros, sino del don de Dios (su Espíritu) que actúa “en” nosotros (2 Cor 13,4). 

El Espíritu impulsa a anunciar al Señor resucitado. El apostolado es un ministerio propio del Espíritu (2 Cor 3,8), porque la libertad, la sabiduría y fortaleza para predicar el Evangelio provienen de él. De otro modo, dada la extrema debilidad del misionero ante tamaña tarea, es imposible su realización. También del Espíritu provienen tanto los signos que acompañan al misionero (Rom 15,18-19; 1 Tes 1,4-6) como la conversión de los corazones (Gál 3,1-3). Sin la acción del Espíritu no existiría el servicio de anunciar el Evangelio. 

Lo que el ministro anuncia y realiza por mediación del Espíritu es la salvación, esto es, la reconciliación y santificación conseguida por Cristo en la cruz (2 Cor 5,18-21). La reconciliación es la total transformación de las relaciones: la enemistad con Dios y con los demás deja paso a las relaciones de comunión, porque Dios en Cristo nos regaló la condición de hijos e hijas de Dios y de hermanos unos de otros. El rito de reconciliación o apaciguamiento entre partes, practicado en aquel tiempo, Pablo lo presenta de un modo del todo original: el ofendido (Dios) tuvo la iniciativa de la reconciliación y salió al encuentro del ofensor (la humanidad), nada menos que ofreciendo a su mismo Hijo como garante de comunión (nota a 5,18-21). 


4- La colecta para las iglesias necesitadas de Judea


En la asamblea realizada hacia el año 48 d.C. en Jerusalén, los apóstoles le pidieron a Pablo que organizara una colecta en beneficio de los pobres de Jerusalén (Gál 2,6-10). Desde entonces, Pablo se dedicó a dicha misión y designó a Tito para que le colabore. Esta colecta, llamada también «servicio sagrado» (2 Cor 9,12-13), es manifestación concreta de la comunión que la reconciliación de Cristo hace posible. Así, comunidades muy diversas intercambian sus dones, pues cristianos venidos del mundo pagano, sin grandes recursos materiales, comparten sus pocos bienes con judeocristianos que se encuentran en necesidad, los que a su vez han compartido sus bienes espirituales (8,14). El modelo es Cristo, quien se hizo pobre siendo rico, «para que ustedes, por su pobreza, se hicieran ricos» (8,9). 

Dos problemas giran en torno a la colecta. Pablo es acusado por los predicadores judeocristianos de querer apropiarse de los dineros de la colecta (2 Cor 8,20). En razón de la transparencia, le pide de inmediato a Tito y a dos hermanos escogidos por la comunidad, de probada virtud, que gestionen la colecta y lo acompañen cuando la lleve a Jerusalén. Por otro lado, como no son buenas las relaciones entre judeocristianos de Siria y de paganocristianos de Grecia, Pablo no sabe si la colecta va a ser bien recibida por los destinatarios (Rom 15,31). Sin embargo, está convencido de que es un signo efectivo de comunión entre esas iglesias, lo que redundará en la oración de unos por otros (2 Cor 9,14). 


III- «A la Iglesia de Dios que está en Corinto» (1,1): organización literaria de 2 Corintios


1- ¿Una carta o varias en una?


La composición de 2 Corintios fue compleja, pues no sabemos a ciencia cierta si se trata de una o varias cartas paulinas luego recopiladas (Introducción a 1 Corintios): a)- Durante la estadía de Pablo en Éfeso, le traen noticias alarmantes sobre la comunidad cristiana en Corinto. De la recopilación de varias cartas intercambiadas entre Pablo y su comunidad nace 1 Corintios. b)- Timoteo, portador de 1 Corintios, le informa a Pablo que, además de los antiguos problemas, se instalaron en la comunidad misioneros judeocristianos que lo critican (2 Cor 10,10; 11,22-23). Escribe, entonces, la “carta del ministerio”, recogida en 2 Corintios 2,14-7,4, con el fin de desenmascarar a esos falsos apóstoles y validar su condición de enviado por Cristo. c)- El Apóstol realiza una visita relámpago a la comunidad en el invierno del año 56 d.C., la que fue un fracaso, pues él o uno de los suyos fue gravemente vilipendiado. Regresa a Éfeso y escribe una carta «llorando amargamente por tanto sufrimiento y angustia» (2 Cor 2,4). En esta “carta de las lágrimas”, que se recoge en 2 Corintios 10-13 y fue enviada con Tito, Pablo defiende su misión evangelizadora. Su lectura y los buenos oficios de Tito provocan una respuesta favorable en la comunidad. d)- En vez de ir a Tróade, según su intención original, Pablo se dirige a Macedonia para esperar el regreso de Tito, pues no sabe aún la reacción de su comunidad. Como ésta acata la autoridad de Pablo y su enseñanza (2 Cor 7,5-7.13), les escribe en otoño del 57 d.C. “la carta de la reconciliación” que se recoge en 2 Corintios 1,1-2,13 y 7,5-16. La finalidad es sellar la comunión que se había roto; por eso su estilo cercano y fraterno. e)- Además, 2 Corintios 8-9 parecen ser dos cartas de Pablo escritas entre el 54-56 d.C. para organizar la colecta. 2 Corintios 8 tiene la forma de una carta credencial, semejante a las griegas llevadas por delegaciones oficiales. 2 Corintios 9 es una carta circular a las comunidades de Acaya, anterior al capítulo 8, pues no se ha realizado aún la colecta en Macedonia.

Las opiniones respecto a la composición están divididas. Pero son más las razones que indican que 2 Corintios es la compilación y adecuación de las cartas mencionadas al marco literario y teológico de la última carta de Pablo, la llamada “carta de la reconciliación”.


2- Organización literaria y temas de 2 Corintios


El estilo literario de 2 Corintios se asemeja a la retórica jurídica, propia de tribunales para determinar la inocencia o culpabilidad de una persona frente a las acusaciones que le hacen. En este caso, el acusado es Pablo; sus acusadores, judeocristianos y miembros de la comunidad; la Carta es su defensa; su juez, Dios, quien lo absuelve porque es un auténtico ministro del Evangelio que imita en todo al Mesías crucificado y resucitado.

Para la lectura de la Carta, puede ayudar la siguiente organización literaria:


Introducción

1,1-7

I

Pablo y la comunidad en Corinto


1,8-2,13

II

Pablo y el ministerio apostólico


2,14-7,4

III

Pablo y una vez más la comunidad en Corinto


7,5-16

IV

Colecta a favor de los cristianos de Judea


8,1-9,15

V

Defensa del apóstol Pablo frente a los cristianos judaizantes


10,1-13,10

Conclusión

13,11-13


Entre la Introducción y la Conclusión, Pablo da respuesta a situaciones concretas planteadas por la comunidad. En la Primera y Tercera sección, Pablo se excusa por sus visitas fallidas a Corinto; es posible que haya recibido fuertes críticas por lo que se defiende mostrando su sinceridad, la coherencia y alegría en su ministerio apostólico. En la Segunda sección, Pablo enfrenta la llegada a la comunidad de judeocristianos de tendencia judaizante que lo denigran. La Cuarta sección tiene por tema la colecta que Pablo organiza entre las iglesias provenientes del paganismo para asistir a las iglesias necesitadas de Judea. En la Quinta sección, luego de un rápido viaje a la comunidad con malos resultados, el Apóstol vuelve a defender su ministerio apostólico y lo hace con tal pasión intelectual y afectiva que retrata muy bien su carácter y estilo de pastor. 


3- Actualidad de 2 Corintios


La Carta es una defensa por parte de Pablo del auténtico servidor del Evangelio, cuestión importante también para nosotros. Casi mejor que Hechos, 2 Corintios narra las peripecias y el ardor misionero de Pablo como apóstol y fundador de comunidades. Él mismo testimonia que lo apremia el amor de Cristo y por Cristo (2 Cor 5,14).

En nuestras comunidades no falta la tensión entre la autoridad, los diversos ministerios ejercitados en la Iglesia y los liderazgos carismáticos. Esta confrontación trae conflictos y marginaciones de personas y grupos al interior de la comunidad. Nada de esto es tan diverso a lo sucedido en la comunidad de Corinto, por lo que esta Carta es una preciosa guía para el discernimiento frente a pretensiones de poder y privilegios en la Iglesia y frente al ejercicio de la autoridad alejada de la enseñanza apostólica. Pablo sabe que las relaciones al interior de las comunidades las dirige el Espíritu Santo, quien -contando con la disponibilidad de todos- va dando forma a una comunidad discipular incluyente, inspiradora, dialogante, con sabiduría eclesial para reconocer lo de Jesucristo y con capacidad histórico-social para construir espacios alternativos de vida y dignidad para todos los seres humanos. 


2 CORINTIOS


Introducción


1,1-7. El saludo (1,1-2) y la beraká o bendición a Dios (1,3-7), que ocupa el lugar de la acción de gracias en otras cartas paulinas, tienen un tono tranquilo y fraterno a pesar de las difíciles circunstancias por las que pasa la relación de Pablo con su comunidad. Esta forma serena de dirigirse a los suyos en medio de conflictos se funda en la confianza que tiene en Dios, de quien proviene el consuelo en toda circunstancia. Como Pablo, todos podemos tener la seguridad absoluta de que Dios está siempre con nosotros y que él nos consuela. Así podemos ser comunicadores para otros del consuelo del Señor (1,4).


Gracia y paz a ustedes


11 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y el hermano Timoteo a la Iglesia de Dios que está en Corinto y a cada uno de los santos que viven en toda Acaya: 2 gracia y paz a ustedes de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor. 


1,1-2: Pablo y Timoteo saludan a la comunidad que vive su fe en la ciudad–puerto de Corinto, hervidero de religiones y culturas. Como en 1 Corintios, Pablo se presenta como «apóstol de Cristo Jesús», por tanto, el Evangelio que predica y lo que hace por él responde a su condición de enviado. Con las expresiones «Iglesia de Dios» y «santos» se refiere a sus interlocutores. A pesar de las situaciones difíciles y hasta deplorables que vienen ocurriendo en Corinto y en algunas comunidades de la provincia romana de Acaya (antigua Grecia), sus miembros no son integrantes de una asociación cualquiera, sino elegidos por Dios y rescatados de los ídolos para vivir en Cristo, por lo que su vocación es la santidad.


1,1-2: Rom 1,1-7; Gál 1,1 / 1,2: 1 Cor 1,3


Dios nos consuela en todos nuestros sufrimientos


3 Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de todo consuelo. 4 Él nos consuela en todos nuestros sufrimientos, para que nosotros también, con el consuelo que recibimos de Dios, podamos consolar a los que pasan por cualquier sufrimiento. 5 En efecto, porque así como los padecimientos de Cristo abundan en nosotros, así también abunda en nosotros el consuelo que viene de Cristo. 6 Si tenemos que sufrir es para consuelo y salvación de ustedes y, si Dios nos consuela, es para consolarlos a ustedes y así tengan fuerza para soportar los mismos padecimientos que nosotros padecemos. 7 Nuestra esperanza respecto a ustedes está bien cimentada al saber que así como comparten nuestros padecimientos, así también compartirán nuestro consuelo.


1,3-7: El “consuelo”, tema importante por las fricciones entre Pablo y su comunidad y las heridas abiertas, se expone en dos momentos: presentación (1,3-4) y fundamentos (1,5-7). Pablo está pasando por un difícil momento en Éfeso, donde escribe 2 Corintios (nota a 1,8-11). Él sabe que Dios es «Padre misericordioso y Dios de todo consuelo» (1,3) y no sólo como sustento moral, sino como ayuda segura y efectiva para superar las tribulaciones (Is 40,1; 41,8-16; Sal 71,19-21). Los padecimientos para el cristiano encuentran su explicación en su inserción en Jesucristo y la imitación de su vida. Por ello, sus frutos son salvíficos para él y otros. La bendición de Pablo al Padre de Jesucristo es porque él consuela derramando su vida y asistiendo con su fortaleza (1 Cor 1,9-10). A quien es consolado por Dios se lo invita a consolar a otros que también estén sufriendo. Así, cuando se comparten los sufrimientos por Cristo se comparte también el consuelo divino. Sorprende el empleo frecuente de la primera persona plural (“nosotros” o “nos”), alternada con la primera singular (“yo”), hecho literario sin clara explicación. 


1,3: Jn 14,16-17 / 1,5: Col 1,24; Mc 8,34 / 1,6-7: Flp 1,29-30


I

Pablo y la comunidad en Corinto


1,8-2,13: En los años 55-56 d.C., Pablo escribe 1 Corintios. Allí manifiesta el deseo de visitar pronto la comunidad (1 Cor 4,18-21). Luego le parece que es mejor programar una doble visita: una de camino de Éfeso a Macedonia y la otra, de regreso de Macedonia, para luego seguir a Judea (1 Cor 16,5-9; 2 Cor 1,15-16). Como no pudo realizar su propósito es acusado de mentiroso y de actuar por intereses egoístas (2 Cor 1,17-18). Pablo, sin embargo, no quiere visitar la comunidad para no entristecerlos, pues no podía presentarse sin reprocharles duramente algunas de sus actitudes y acciones; lo que en realidad quiere es darles tiempo para que se conviertan. 


Dios nos libró de aquel grave peligro de muerte


8 ¡Hermanos! No queremos que desconozcan el sufrimiento que pasamos en la provincia de Asia que nos abrumó por encima de nuestras fuerzas hasta casi perder la esperanza de continuar con vida. 9 Es más, en lo profundo de nuestro ser sentimos que ya estábamos sentenciados a muerte, para aprender a no poner la confianza en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos. 10 Él fue quien nos libró de aquel grave peligro de muerte y seguirá librándonos. En él, pues, está puesta nuestra esperanza de que lo seguirá haciendo 11 si ustedes nos ayudan orando por nosotros. De este modo, la gracia de Dios obtenida por intercesión de muchos, también será agradecida por muchos a causa nuestra.


1,8-11: Por la férrea oposición sufrida en Éfeso, Pablo casi pierde la vida. Las causas exactas de esa lucha «contra las fieras en Éfeso» no las conocemos (1 Cor 15,32; nota a 1,3-7). Es probable que Pablo estuviera en prisión (Flp 1,20-26), incluso con peligro de ser condenado a muerte, a causa de la revuelta contra él de los orfebres de Artemisa, que obtenían grandes ganancia vendiendo imágenes de la diosa y de su santuario (Hch 19,21-40). Artemisa de Éfeso, venida del cielo, hija de Zeus y Leto, de nombre “Diana” en latín, contaba con un floreciente comercio religioso y sexual por ser la diosa de la fecundidad. Pablo, probablemente preso, nos enseña que la vida hay que confiarla siempre y totalmente a Dios, Padre que hace vivir para siempre, y al apoyo de la comunidad y a la oración de intercesión de unos por otros (2 Cor 1,11). 


1,8-9: Hch 19,23-41; Rom 4,17 / 1,10: Rom 15,30 / 1,11: 1 Tes 3,9; 5,18


Todo en Jesucristo ha sido «sí»


12 El motivo de nuestro orgullo es el testimonio de nuestra conciencia: por todas partes y en particular con ustedes, nos hemos comportado con la sencillez y sinceridad que vienen de Dios, movidos por su gracia, no por la sabiduría humana. 13 Por eso, en las cartas que les hemos escrito no hay segundas intenciones. Y espero que entiendan plenamente 14 lo que ya han comprendido en parte: que en el día de nuestro Señor Jesús podrán sentirse orgullosos de nosotros como nosotros de ustedes. 

15 Tan convencido estaba de esto, que tenía planeado visitarlos en primer lugar a ustedes, para darles así una doble alegría: 16 ir a Corinto camino a Macedonia y, regresando de Macedonia, volver de nuevo a Corinto, para que ustedes sean los que preparen mi viaje a Judea. 17 Al planearlo así, ¿acaso lo hice a la ligera? ¿O será que cuando decido algo lo hago por motivos humanos de modo que para mí es igual decir «sí» o «no»? 18 Bien sabe Dios que nuestro modo de hablarles no es a la vez un «sí» y un «no». 19 Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, a quien Silvano, Timoteo y yo les anunciamos, no ha sido un «sí» y un «no», sino todo en él ha sido «sí», 20 porque en él se cumplió el «sí» de todas las promesas de Dios. Por eso, también por medio de él, damos gloria a Dios con nuestro «amén». 21 Quien a nosotros, junto con ustedes, nos mantiene firmes en Cristo es Dios. Él nos ungió, 22 dejó impreso en nosotros su sello y puso al Espíritu en nuestro interior como garantía.


1,12-22: Por cambiar sus planes de visitar la comunidad, Pablo es tildado por algunos en Corinto de caprichoso y de actuar por mezquinos intereses, por lo que un día puede decir “sí” y al siguiente “no”. Así, al acusarlo de falta de coherencia, se le resta autoridad como apóstol. Pablo responde recordando su conducta sencilla y honrada ante todos, llevado sólo por la gracia de Dios. Incluso, los cambios de planes se explican porque obra con idéntica honradez. La misma comunidad tiene pruebas de que en sus cartas se expresa según la verdad, tanto en su discurso como en su vida (1,13). Él es siempre el mismo, esté presente o ausente (10,1.10). El criterio que rige su conducta es imitar la fidelidad de Dios que cumplió sus promesa por medio de Jesucristo, quien es un “sí”, un «Amén» absoluto y por siempre a la voluntad del Padre (1,20; Ap 3,14). La fidelidad del cristiano, como la de Pablo, se funda en el Padre, quien configura al creyente con Cristo en el bautismo gracias a la unción con el Espíritu (2 Cor 5,5; Ef 1,13-14). Por tanto, el Espíritu de Dios es quien en los dóciles de corazón garantiza que sus obras respondan a la voluntad de Dios y a la imitación de Jesucristo, y no a los caprichos de cada cual.


1,12: 1 Cor 1,17-31 / 1,14: 1 Tes 2,19-20 / 1,15-17: 1 Cor 16,5-7 / 1,18: Dt 32,4 / 1,19: Hch 18,5 / 1,20: Rom 1,25 / 1,21: Éx 28,41; 1 Sm 16,13; Is 61,1 / 1,22: Ef 1,13-14


Tomé la decisión de no visitarlos de nuevo


23 Yo, por mi vida, invoco a Dios como testigo de que si no fui a Corinto fue por consideración a ustedes. 24 Y no es que pretendamos ser dueños de su fe, en la que se han mantenido firmes, sino sólo contribuir a su alegría. 

21 Por eso tomé la decisión de no visitarlos de nuevo, para no causarles tristeza. 2 Porque si soy yo quien les causa tristeza, ¿cómo puedo esperar que sea causa de mi alegría aquel mismo al que yo entristecí? 3 Y si les escribí como lo hice fue para que, cuando llegara, no me causaran tristeza quienes debían alegrarme, convencido –como lo estoy– de que todos ustedes saben que mi alegría es la de todos ustedes. 4 Les escribí llorando amargamente por tanto sufrimiento y angustia de corazón, pero no fue para causarles tristeza, sino para que se dieran cuenta del amor tan grande que les tengo.


1,23-2,4: El cambio de planes de Pablo con relación a su viaje a Corinto (1,15-16) se debió a una grave ofensa que sufrió él o uno de sus colaboradores en una visita relámpago que había realizado a la comunidad en el año 56 d.C. (nota a 2,5-11). La situación aconsejaba no volver aún. ¿Para qué ir si tendrá que regañarlos duramente? En vez de ir en persona se hace presente por la llamada “carta de las lágrimas” (2,4; ver Introducción) cuya finalidad no es que sepan lo dolido que está Pablo, sino que se den cuenta «del amor tan grande que les tengo» (2,4). Pablo ha realizado ya dos visitas a Corinto y, más adelante, hablará de una tercera (12,14; 13,1).


2,2-3: Gál 5,22-23 / 2,4: Eclo 30,21-25


A quien ustedes ya han perdonado, también yo


5 Y si alguno ha sido causa de tristeza, no sólo me entristeció a mí, sino en cierto modo –aunque sin exagerar– también a todos ustedes. 6 Y para ése, ya es suficiente el castigo impuesto por la mayoría. 7 Ahora es mejor que lo perdonen y lo consuelen no sea que la excesiva tristeza lo consuma por completo. 8 Por eso les ruego que le den claras muestras de amor. 9 Les escribí precisamente para ponerlos a prueba y ver si son obedientes en todo. 10 A quien ustedes ya han perdonado, también yo. Porque si algo tuve que perdonar ya lo he perdonado, y lo hice por ustedes y en presencia de Cristo, 11 para que Satanás no se aproveche de nosotros, pues conocemos bien sus intenciones.


2,5-11: En su visita relámpago a Corinto en el invierno del año 56 d.C., alguien de la comunidad ofendió grave y públicamente a Pablo o a algunos de sus colaboradores (7,12). No conocemos la identidad del ofensor ni el contenido de la ofensa, aunque ésta podría ser la acusación de estafa en la colecta que se realiza para la iglesia de Jerusalén (8,20-21). Pablo ya ha perdonado al ofensor y no sólo quiere que la comunidad también lo haga, sino que dé un paso más ofreciéndole claras muestras de comunión. Luego de aquella visita relámpago y con este dolor en su corazón, Pablo escribe “la carta de las lágrimas” (ver Introducción). Sin embargo, cuando se decide a visitarlos por tercera vez, aún no había –según parece– claras señales por parte de la comunidad de hacer prevalecer el amor para corregir y perdonar al ofensor (2,9; Mt 18,15). Pablo, entonces, decide posponer su viaje para no volver a enfrentar el mismo conflicto y acrecentar su tristeza (2 Cor 2,2-3). Sólo después, con la llegada de Tito a Macedonia y las noticias favorables de la comunidad, Pablo se dispondrá a viajar nuevamente a Corinto (2,13). 


2,7: Col 3,13 / 2,10: Sal 32,1; Eclo 28,1-7 / 2,11: Ef 4,27


Me despedí de ellos y salí para Macedonia


12 Cuando llegué a Tróade para proclamar el Evangelio de Cristo, aunque se me abría una puerta para trabajar por el Señor, 13 mi espíritu no estaba sereno, porque no encontré a mi hermano Tito. Por eso me despedí de ellos y salí para Macedonia. 


2,12-13: En Tróade, ciudad costera de la península del Asia Menor, Pablo encuentra gente bien dispuesta para el Evangelio por lo que tiene gran éxito apostólico (Hch 16,8-10). Sin embargo, en lo personal, sigue muy preocupado por la situación de su comunidad en Corinto (nota 2,5-11), razón por la que decide pasar de Tróade a Macedonia con el fin de esperar noticias de su colaborador Tito que regresaba de Corinto. Lo había enviado para que llevara la llamada “carta de las lágrimas” luego del bochornoso accidente allí ocurrido y le trajera noticias de la comunidad. El relato continua en 2 Corintios 7,5 donde se informa que Tito regresa con noticias alentadoras (2 Cor 7,5-7.13), las que darán lugar a “la carta de la reconciliación” escrita por Pablo en otoño del 57 d.C. (ver Introducción). 


2,12-13: Hch 20,1 / 2,13: Gál 2,1-3


II

Pablo y el ministerio apostólico


2,14-7,4. Criticado como apóstol del Evangelio, Pablo responderá con una hermosa y profunda reflexión acerca del ministro y del ministerio de la Nueva Alianza (3,6). Esta reflexión recibe el nombre de “carta del ministerio” y fue escrita con probabilidad en el verano del 56 d.C. Quienes lo critican son los superapóstoles que han llegado a Corinto con cartas de recomendación de gente importante de Jerusalén (3,1). Se trata de hebreos, descendientes de Abrahán, al igual que Pablo (11,22), que se han convertido a Cristo, pero de tendencia judaizante, al contrario de Pablo. Como otras cartas paulinas, esta unidad literaria se inicia también con una acción de gracias a Dios (2,14). 


Somos para Dios fragante aroma de Cristo


14 Gracias sean dadas a Dios que, en Cristo, nos incorpora siempre en su cortejo triunfal y, por medio nuestro, esparce el aroma de su conocimiento en todo lugar. 15 Porque somos para Dios fragante aroma de Cristo, tanto entre quienes se salvan como entre quienes se pierden: 16 para estos, aroma de muerte que lleva a la muerte; para aquellos, aroma de vida que lleva a la vida. Y para algo así, ¿quién está capacitado? 17 Porque nosotros no somos como tantos otros que negocian con la Palabra de Dios. Al contrario, hablamos de Cristo con sinceridad, como enviados de Dios y en presencia de Dios. 


2,14-17: “La carta del ministerio” (nota a 2,14-7,4) se inicia con la tradicional fórmula de acción de gracias (2,14). Porque ha sido conquistado por Cristo, Pablo forma parte de la procesión victoriosa de Dios sobre el pecado y la muerte. Y al igual que un general romano, después de vencer a los enemigos del Imperio, ingresaba en la ciudad con sus tropas exponiendo a los vencidos, así Pablo sabe que es parte del cortejo triunfal de Dios (ver Sal 68,19). El hecho de esparcir aromas durante ese cortejo triunfal, le permite a Pablo describir su ministerio como propagación por doquier del fragante aroma del conocimiento de Cristo. El cortejo terminaba con la muerte de los enemigos; así también el Evangelio es perdición para quien lo rechaza (2 Cor 4,3-4), pero salvación eterna para quien lo acepta. Ministro es quien, enviado por Dios, participa de la victoria de Cristo por compartir sus sufrimientos, como Pablo, que lo acusan de apegarse al dinero y manipular a la comunidad (2,17). La pregunta: «¿Quién está capacitado?» (2,16), da pie a la reflexión paulina que sigue sobre el ministro y el ministerio de la Nueva Alianza. 


2,14-17: Rom 6,22; 1 Cor 7,22; Col 2,15


Dios nos capacitó para ser ministros de la Nueva Alianza


31 ¿Acaso comenzamos de nuevo a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O necesitamos, como algunos, cartas de recomendación para ustedes o de parte de ustedes? 2 Ustedes mismos son nuestra carta de recomendación escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos. 3 Porque está a la vista que son una carta de Cristo redactada gracias a nuestro ministerio, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino de carne, es decir, en los corazones. 

4 Y ésta es la confianza que tenemos ante Dios gracias a Cristo. 5 Ni siquiera, pues, nos consideramos capacitados para hacer algo que provenga de nosotros mismos, sino que nuestra capacidad proviene de Dios. 6 Él nos capacitó para ser ministros de la Nueva Alianza, no según la letra, sino conforme al Espíritu, porque la letra mata, mientras que el Espíritu da vida. 


3,1-6: ¿Por qué Pablo anuncia a Cristo? Porque es ministro enviado por Jesucristo a quien anuncia como Evangelio o Buena noticia de Dios para todos, asistido por el Espíritu. No busca sobresalir ni se ha conseguido cartas de recomendación de personajes importantes para ser aceptado como apóstol. Estas cartas, propias de un sistema social de patronazgo (Hch 18,27; Rom 16,1), son las que traen los misioneros judeocristianos llegados a Corinto (2 Cor 3,1), comunidad fundada por Pablo. Con todo, Pablo también tiene una carta de recomendación: su propia comunidad es la «carta de Cristo» (3,3), obra de Dios por el ministerio de Pablo (1 Cor 9,1). El anuncio del Evangelio por el que se conoce a Jesucristo es la carta de la Nueva Alianza escrita por el Espíritu de Dios en el corazón del creyente (Jr 31,31-34; Ez 36,26). Esta capacidad de ejercer así el ministerio no se adquiere con estudios ni recomendaciones, sino que proviene de Dios que da las condiciones «para ser ministros de la Nueva Alianza» (2 Cor 3,6; 4,1). Nadie a sí mismo se hace o transforma en ministro del Evangelio, pues de Dios es la iniciativa y la fuente del servicio evangelizador. 


3,2: 1 Cor 9,2 / 3,3: Éx 24,12; Heb 10,16 / 3,6: Rom 7,6


Reflejamos como en un espejo la gloria del Señor


7 Si ese ministerio que conducía a la muerte, grabado con letras en tablas de piedra, fue tan glorioso, tanto que los israelitas no podían mirar el rostro de Moisés debido a su gloria, la que se extinguiría, 8 ¿cuánto más glorioso no será el ministerio del Espíritu? 9 Si ya el ministerio que conduce a la condenación fue glorioso, con mucha más razón lo será el ministerio que lleva al don divino que nos hace justos. 10 De este modo, lo que tuvo gloria en su momento, ya no la tendrá más a causa de esta gloria incomparable. 11 Porque si aquello que se extingue fue glorioso, ¡cuánto más glorioso será lo definitivo!

12 Por eso, teniendo semejante esperanza, actuamos con plena libertad, 13 no como Moisés, quien se cubría el rostro con un velo, para que los israelitas no pudieran mirar el fin de lo que era efímero. 14 Y a pesar de todo, sus mentes se ofuscaron, porque hasta el día de hoy ese mismo velo los cubre cuando leen las Escrituras de la Antigua Alianza, porque sólo Cristo lo hace desaparecer. 15 En efecto, hasta hoy, un velo no deja de cubrir sus corazones cuando leen a Moisés. 16 Pero cuando alguno se convierta al Señor, se le quitará el velo. 17 Y como el Señor es el Espíritu, donde está el Espíritu del Señor hay libertad. 18 En cambio, todos nosotros con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor y vamos siendo transformados en su imagen cada vez más gloriosa por la obra del Espíritu del Señor.


3,7-18: Para probar que el ministerio de la Nueva Alianza proviene de Dios (nota a 3,1-6), Pablo desarrolla de menor a mayor tres argumentos: el histórico (3,7-18), el teológico (4,1-5,10) y el cristológico (5,11-6,10). En el histórico, que argumenta aquí, compara el ministerio de la Antigua con el de la Nueva Alianza. Primero afirma que el ministerio de la Antigua Alianza, aunque grabado en tablas de piedras, sí tuvo gloria o esplendor. Ahora bien, si ese ministerio fue tan glorioso a pesar de llevar a la muerte, ¿cómo será el ministerio de la Nueva Alianza que, garantizado por el Espíritu de Dios, conduce a la salvación? Luego, interpretando alegóricamente un texto de la Escritura (Éx 34,33-35), muestra que el ministerio de la Antigua Alianza es inferior al de la Nueva, lo que se deduce de la conducta de Moisés quien debía cubrirse el rostro con un velo porque su gloria se extinguía; este velo es el que hasta hoy impide a muchos judíos reconocer que las promesas de Dios contenidas en las Escrituras se cumplen con Jesucristo (2 Cor 3,14-15; Hch 28,23-28). En la Nueva Alianza, en cambio, los creyentes reflejan a rostro descubierto la gloria del Resucitado y se convierten en imagen cada vez más perfecta de él. Nada de esto ocurre con la Ley (o el Pentateuco) y su autor, Moisés, puesto que lo de la Nueva Alianza es obra del Espíritu que da vida.


3,7: Rom 7,5 / 3,8-11: 1 Re 8,10-11; Is 6,3; Jn 1,14; 2,11; 17,5 / 3,13: Rom 11,7-8.25 / 3,16: Éx 34,34; Rom 11,23-26 / 3,17: Rom 8,2 / 3,18: Rom 8,29; Gál 4,19; 1 Jn 3,2


Por la misericordia de Dios hemos recibido este ministerio


41 Ya que por la misericordia de Dios hemos recibido este ministerio, no nos desanimamos, 2 más bien renunciamos a comportamientos fingidos que avergüenzan, así como a proceder con intrigas y a falsificar la Palabra de Dios. Al contrario, al poner de manifiesto la verdad nos sometemos nosotros mismos ante Dios al juicio de conciencia de quien sea. 3 Pero si aún nuestro Evangelio sigue oculto, lo está para quienes se pierden, 4 para esos incrédulos a los que el dios de este mundo cegó sus inteligencias de modo que no vean brillar la luz del glorioso Evangelio de Cristo, quien es imagen de Dios.

5 Porque no nos anunciamos a nosotros mismos, sino a Jesús como Cristo y Señor, pues no somos más que servidores de ustedes por causa de Jesús. 6 Pues Dios que dijo: Brille la luz en medio de las tinieblas, es quien la hizo brillar en nuestros corazones, para que irradiemos el glorioso conocimiento de Dios reflejado en el rostro de Jesucristo. 


4,1-6: Pablo desarrolla el argumento teológico para mostrar la importancia del ministerio de la Nueva Alianza (nota a 3,7-18). El servicio de evangelizar tiene su origen en Dios y en su misericordia. Quien con rectitud así lo vive, no teme someterse al juicio de quien sea. Lo que importa es que en todo brille la luz de Cristo y de su enseñanza, luz que no se cubre con un velo ni se extingue como le sucedió a Moisés (3,13). La finalidad del anuncio no es la honra del ministro, ni el contenido su propia persona, sino Jesús en cuanto Mesías y Señor que sale al encuentro de todos como fuente de vida nueva. El ministro es un servidor de quienes Dios ha elegido para formar parte del pueblo de la Nueva Alianza. Su misión es que ellos irradien «el glorioso conocimiento de Dios reflejado en el rostro de Jesucristo» (4,6), fórmula que alude al bautismo, sacramento que hace vivir en la Luz. Evangelizar es, por un lado, arrancar a los hombres de Satanás o del Adversario, el «dios de este mundo» (4,4; Hch 26,18), mediante el encuentro con el Rostro del Resucitado, para que adquieran su vida nueva y su esplendor y, por otro, acompañarlos para que en sus rostros descubiertos hagan brillar los dones del Salvador en medio de la sociedad (2 Cor 3,18; ver Is 9,1-6).


4,2: 1 Tes 2,5 / 4,3: 1 Cor 1,18 / 4,4: Jn 12,31; Ef 2,2; Col 1,15; Heb 1,3 / 4,5: Hch 2,36; Rom 10,9; 1 Cor 12,3; Flp 2,11 / 4,6: Gn 1,3; Is 9,2; Jn 8,12


Llevamos este tesoro en vasijas de barro


7 Sin embargo, llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que quede claro que ese poder tan extraordinario proviene de Dios y no de nosotros. 8 Estamos acosados por todas partes, pero no angustiados; desorientados, pero no desesperados; 9 perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados. 10 Siempre y en todas partes llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. 11 En efecto, nosotros, los que vivimos, de continuo estamos entregados a la muerte por causa de Jesús, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestra débil condición humana. 12 De manera que la muerte actúa en nosotros y en ustedes la vida. 

13 Sin embargo, como tenemos el mismo espíritu de fe de quien afirma en la Escritura: Creí, por eso hablé [Sal 115,1], también nosotros creemos y por eso mismo hablamos, 14 sabiendo que Dios, que resucitó al Señor Jesús, también nos resucitará con Jesús y, junto con ustedes, nos reunirá a su lado. 15 Y todo esto es en bien de ustedes para que, cuanto más reciban la gracia por obra de muchos, mayor sea la acción de gracias, para gloria de Dios. 


4,7-15: Pablo da un paso más en su argumento teológico respecto al ministerio de la Nueva Alianza (nota a 3,7-18), contrastando este servicio y sus frutos con la fragilidad del ministro. Lo hace con una hermosa metáfora: el ministro recibe el don de anunciar el Evangelio (el tesoro) mediante un cuerpo frágil y efímero (la vasija de barro; 4,7). Sólo de este modo queda claro de dónde procede la fuerza para evangelizar y a quién hay que atribuirle los frutos. Por lo mismo, Dios está mucho más cerca de su ministro cuando éste más conciencia tiene de ser una vasija de barro (11,30; 12,9-10). Y por más que esté acosado, desorientado, perseguido… (4,8-9: lista de infortunios inspirada quizás en la lucha de los atletas grecorromanos) es Dios quien lo asiste, haciéndolo fuerte para la tarea que le encomendó. La existencia del misionero depende de su fe y confianza en Dios y se sustenta en el misterio pascual de Cristo. Por ello su debilidad es fecunda, pues sufrimientos y desconsuelos son para llevar a otros al encuentro con Cristo salvador. De esta forma, Pablo desenmascara el comportamiento fingido de los falsos misioneros que, rechazando la teología de la cruz y su espiritualidad, imprescindibles para un auténtico ministro de la Nueva Alianza, falsean la Palabra de Dios y se anuncian a sí mismo, acrecentando su propia gloria y no la de Dios (4,2.5.15). 


4,7: Jue 7,2; 1 Sm 14,6; 1 Mac 3,19; Flp 4,13 / 4,8: 1 Cor 4,9-13 / 4,10: Col 1,24 / 4,11: Rom 8,36; 1 Cor 15,31 / 4,13: Sal 116,10 / 4,14: Rom 8,11; 1 Cor 6,14; 15,20


Nuestro ser interior se renueva día a día


16 Por eso no nos desanimamos, al contrario, aunque nuestra condición humana se vaya deteriorando, nuestro ser interior se renueva día a día. 17 Porque nuestros sufrimientos, aunque leves por el momento, nos preparan una gloria incalculable y eterna 18 a cuantos no ponemos la mirada en lo que se ve, sino en lo que no se ve, porque aquello que se ve es temporal, en cambio, lo que no se ve es eterno.

51 En efecto, sabemos que aunque la tienda de nuestra morada corporal se desmorone, tenemos una casa hecha por Dios, una morada eterna en los cielos, que no ha sido construida por manos humanas. 2 Y entretanto suspiramos, anhelando ser revestidos de nuestra morada celestial, 3 en el supuesto de que realmente seamos revestidos y no despojados de ella. 4 Quienes vivimos en esta tienda suspiramos angustiados porque no queremos ser despojados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. 5 Y quien nos ha preparado precisamente para esto es Dios, dándonos el Espíritu como garantía. 

6 Así, pues, siempre llenos de confianza y sabiendo que mientras vivimos en el cuerpo viviremos lejos del Señor, 7 aunque caminamos guiados por la fe y no por lo que vemos 8 mantenemos la confianza y preferimos despojarnos de este cuerpo para vivir junto al Señor. 9 Pero ya sea que vivamos con él o en este cuerpo lejos de él, lo que deseamos es agradarle. 10 Todos nosotros, en efecto, tenemos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba el premio o el castigo por lo que hizo en su existencia corporal. 


4,16-5,10: Para terminar el argumento teológico sobre el ministerio de la Nueva Alianza (nota a 3,7-18), Pablo contrasta la potencia de Dios con la debilidad física del ministro. De la imagen del tesoro en vasija de barro (4,7) pasa a un par de imágenes más. Por un lado, compara su vida terrena y efímera con una “tienda de campaña” y la vida celestial y eterna con la “morada” que Dios le prepara y, por otro, compara su vida en este cuerpo mortal con un “vestido” y la salida de él con la “desnudez”. Por las exigencias de la misión (11,23-29), Pablo experimenta que su cuerpo, como efímera tienda de campaña, ya no soporta con igual brío los viajes y tribulaciones por el Evangelio. Incluso habla de «una espina clavada» (12,7), refiriéndose quizás a un mal físico del que no ha podido sanar. Estamos ante la reflexión de un auténtico misionero que no sólo sopesa la obra evangelizadora por lo que ve, sino sobre todo por lo que cree y espera. Frente al deterioro progresivo de su cuerpo físico, Pablo vive dos criterios: renueva en su ser interior la certeza de que Dios le prepara un cuerpo transformado por la resurrección, el que jamás se derrumbará (Ef 4,22-24; Col 3,9-10), y anhela en todo agradar al Señor, pues su esperanza es entrar en su morada y participar de su gloria, para lo que su cuerpo no es ningún impedimento (1 Tes 4,16-17; Flp 3,20). Por su parte, Dios concede como fianza al ministro su Espíritu (2 Cor 1,22; 5,5), garantizando el anuncio del Evangelio, la redención del cuerpo y la posesión plena de la salvación (Rom 8,23).


4,17: Rom 8,18; Heb 12,11; 1 Pe 1,6-7 / 4,18: Rom 8,24-25; Heb 11,1.3 / 5,1-2: 1 Cor 15,37-49 / 5,3: Flp 3,21 / 5,5: Rom 8,23; Ef 1,13 / 5,6: 1 Pe 1,1 / 5,7: 1 Cor 13,12 / 5,8: Job 7,7-10; Flp 1,23 / 5,10: Rom 14,10; 2 Tim 4,1


Lo viejo ya ha pasado, ¡ahora todo es nuevo!


11 Por eso, conocedores del respeto que le debemos al Señor, buscamos convencer a los hombres, puesto que para Dios es evidente lo que somos y también espero que lo sea para la conciencia de ustedes. 12 No es que estemos de nuevo recomendándonos ante ustedes, sino dándoles la oportunidad de que se sientan orgullos de nosotros, para que tengan qué responder a quienes ponen su orgullo en las apariencias y no en lo que hay en su corazón. 13 En efecto, si dimos la impresión de perder la cordura fue por Dios, y si ahora somos cuerdos es por ustedes. 14 Porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, es porque todos murieron. 15 Y Cristo murió por todos para que los que viven, ya no vivan para sí mismos, sino para quien murió y resucitó por ellos. 

16 Así que desde ahora ya no valoramos a nadie con criterios humanos. Y si alguna vez valoramos así a Cristo, ahora ya no lo hacemos. 17 Porque si alguno vive en Cristo es una nueva creación, lo viejo ya ha pasado, ¡ahora todo es nuevo! 


5,11-17: El servicio de evangelizar a la comunidad es un valioso tesoro recibido en vasija de barro, pues el ministro lo ejerce mediante un cuerpo físico tan frágil como un recipiente de barro o como una tienda de campaña que el tiempo arruina (nota a 4,16-5,10). Pablo inicia el argumento cristológico sobre el ministerio de la Nueva Alianza (nota a 3,7-18), presentando su contenido: Cristo confesado como “Señor”, porque murió y resucitó según la voluntad del Padre para derrotar el mal y darnos vida nueva (Gál 1,3-4). Luego, Pablo vuelve la mirada a Cristo en cuanto nuevo Adán (1 Cor 15,20-28). Si por causa de Adán todos murieron, en Cristo muerto y resucitado todos tienen vida. Por ello, el origen y la meta de la vida cristiana es Jesucristo, nuevo Adán, principio de «nueva creación», lo que ser realiza por el bautismo (2 Cor 5,17). Porque estamos ante una “nueva” Alianza es nuevo su ministerio y sus ministros, quienes ahora han de vivir y servir para quien murió y resucitó por todos. Nada se consigue sin abandonar lo que aleja de la vida nueva en Cristo. Notas distintivas de ministros y ministerio es el servicio generoso y honesto ante Dios y los demás, favoreciendo el encuentro de todos con el Señor. Desde la perspectiva del Apóstol, la renovación de la Iglesia requiere que sus ministros vuelvan a reencantarse con el ministerio propio de la Nueva Alianza. 


5,13: Hch 26,24 / 5,14-15: Rom 6,2-11; 14,7-8; Gál 2,19-20; 1 Tim 2,6 / 5,17: Gál 6,5; Tit 3,5


En nombre de Cristo: ¡reconcíliense con Dios!


18 Todo proviene de Dios quien nos reconcilió consigo por medio de Cristo, confiándonos el ministerio de la reconciliación. 19 Es decir, Dios reconcilió consigo al mundo en Cristo al no tener en cuenta los delitos de la humanidad, y este mensaje de reconciliación nos lo confió a nosotros. 

20 Por esto somos embajadores de Cristo. Y como si Dios mismo los exhortara por medio nuestro, les suplicamos en nombre de Cristo: ¡reconcíliense con Dios! 21 A quien no cometió pecado, Dios lo asemejó al pecado por nosotros, para que en él alcanzáramos el don divino que hace justos.


5,18-21: La obra de «reconciliación» es el ministerio o servicio evangelizador de la Nueva Alianza (5,18), término de amplia resonancia en el Antiguo Testamento. Existía en la tradición judeohelenista un rito de reconciliación o de arreglo entre partes enemistadas. Pablo lo utiliza, pero transformándolo radicalmente. Ya no es el ofensor quien busca al ofendido y le ofrece una reparación proporcionada a la ofensa con el fin de restablecer la relación quebrantada, sino que el ofendido (Dios) busca al ofensor (la humanidad) y le ofrece una reparación inaudita: ¡su propio Hijo! Así, a quien no cometió pecado (Hch 3,14), Dios lo identifica con la ofensa para indultar la insolencia y rebeldía del ofensor y hacerlo justo por pura misericordia (Rom 5,10-11; Gál 3,13). Anunciar y ofrecer esta reconciliación, que convierte al creyente en «nueva creación» por la comunión con Dios, es el ministerio propio de la Nueva Alianza. Enseguida, Pablo define la figura del ministro como embajador de Cristo, esto es, lo identifica con un emisario oficial que representa a quien lo envío, pero que no es dueño de la iniciativa, ni del mensaje, ni de sus frutos (2 Cor 5,20; 6,1).


5,18-20: Rom 5,10; Ef 2,12-26; Col 1,20-2 / 5,21: Heb 4,15; 1 Pe 2,22; 1 Jn 3,5


Hemos demostrado ser ministros de Dios


61 Por tanto, ya que somos colaboradores de Dios los exhortamos a que no reciban en vano su gracia, 2 pues él dice: 

En el momento propicio te escuché, 

en el día de la salvación te ayudé [Is 49,8]. 

¡Ahora es el momento oportuno, ahora es el día de la salvación!

3 En nada y a nadie damos ocasión para que se desprestigie el ministerio. 4 Al contrario, siempre hemos demostrado ser ministros de Dios, sin nunca desfallecer en medio de sufrimientos, necesidades, angustias, 5 golpes, cárceles, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer. 6 Procedemos con honestidad, conocimiento, paciencia, amabilidad, santidad del Espíritu y amor sincero, 7 conforme al mensaje de la verdad y asistidos por el poder de Dios. Atacamos y nos defendemos con las armas propias del don de Dios que nos hace justos. 8 Pasamos por honores y vergüenzas, calumnias y elogios. Se nos considera impostores, pero decimos la verdad; 9 desconocidos, pero nos conocen; moribundos, pero ya ven que estamos vivos; castigados, pero no ajusticiados; 10 tristes, pero estamos siempre alegres; míseros, pero enriquecemos a muchos; gente que nada tiene, pero lo poseemos todo. 


6,1-10: Luego de recordar su conducta (6,3) y en clara alusión a sus adversarios, Pablo cierra el tema acerca de los ministros de la Nueva Alianza (nota a 3,7-18), pidiendo que se conduzcan en consonancia con el espíritu del Sermón del Monte (6,3-10; Mt 5-7). El ministro fiel es aquel que colabora o sirve a Dios (2 Cor 6,1.4), es decir, actúa en su nombre y con su autoridad para hacer realidad «el ministerio de la reconciliación» (5,18; nota a 5,18-21). Por ser colaborar de Dios, no puede retardar con una conducta reprochable la obra de la salvación. Tiene que aprender a padecer y entregarse como Cristo, pues será perseguido y estigmatizado. Muchas son las tribulaciones inherentes a la vida de un evangelizador itinerante (4,8-12; 1 Cor 4,9-13), pero nada justifica una conducta que no corresponda a la de un embajador de Cristo (2 Cor 5,20). Podrán decir que es un impostor, sin honor, triste…, pero su conducta lo contradice, pues muestra a un hombre de Dios esforzado en la misión (6,4b-5), de auténtico liderazgo cristiano (6,6-7) y, aunque siempre puesto a prueba, sostenido por Dios (6,8-10). Varias de estas notas características del ministro de la Nueva alianza, la tradición bíblica las atribuye al sabio itinerante. La vida del ministro es una constante lucha con la esperanza de alcanzar la plena comunión con Dios y con los demás gracias a la reconciliación que Cristo nos consiguió en la cruz. 


6,1: 1 Cor 3,9 / 6,2: Is 49,8 / 6,5: Hch 13,50; 16,23; 17,5 / 6,7: Ef 6,16-17 / 6,10: 1 Cor 1,7


¡Correspóndanos del mismo modo!


11 ¡Corintios! Nos hemos desahogado con ustedes; les hemos abierto de par en par nuestro corazón. 12 En nosotros hay cabida para todos ustedes, en cambio, en ustedes, apenas hay cabida para nosotros. 13 Les hablo como a hijos: ¡correspóndanos del mismo modo y ábranse también ustedes a nosotros!


6,11-13 y 7,2-4: Pablo concluye la “carta del ministerio” con un testimonio precioso de cercanía con su comunidad. La confesión de que les habla a hijos y que los lleva en el corazón para siempre (6,11; 7,3) muestra la cercana y paterna relación del Apóstol con los que engendró a la fe (1 Cor 4,15; 1 Tes 2,11-12). El corazón se entendía como el lugar donde entra lo intangible y personal del ser humano que, por ser un músculo, se ensancha cuando se cultivan los afectos, ya sea positivos como negativos. “Abrir el corazón” es dar cabida a relaciones de armonía y fraternidad (2 Cor 6,11.13). No hay explicación válida si la comunidad no le ofrece acogida y cariño filial a su padre en la fe (7,2). Y esto bastaría para que correspondan a la sinceridad de Pablo y a su cariño por la comunidad. ¿Pueden afirmar lo mismo sus adversarios?


6,11-13: Lv 19,17; Prov 14,10; Rom 5,5


¿Qué armonía puede haber entre Cristo y Beliar?


14 No se asocien con incrédulos, porque éstas son uniones desiguales. Pues, ¿qué relación hay entre la justicia y la maldad? ¿Qué comunión existe entre la luz y las tinieblas? 15 ¿Qué armonía puede haber entre Cristo y Beliar? ¿Qué tienen en común un creyente y un incrédulo? 16 ¿Qué acuerdo puede haber entre el Templo de Dios y los ídolos? ¡Nosotros somos templos del Dios vivo!; así lo dijo Dios: 

Habitaré y caminaré con ellos,

y seré su Dios y ellos serán mi pueblo [Lv 26,11-12; Ez 37,27]. 

17 Por tanto, salgan de en medio de esa gente

y apártense de ellos, dice el Señor,

y no toquen nada impuro.

Yo los recibiré [Is 52,11; Ez 20,34] 

18 y seré para ustedes un padre

 y ustedes serán mis hijos y mis hijas,

 dice el Señor todopoderoso [2 Sm 7,8.14].

71 Ya que tenemos estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos de todo lo que mancha el cuerpo y el espíritu, y llevemos a término la santificación respetando a Dios.


6,14-7,1: Este pasaje redactado con estilo homilético y vocabulario ajeno a Pablo no se aviene con la afable exhortación filial de 6,11-13 y 7,2-4. Es posible que las preguntas retóricas (6,14-16a) y las citas de la Escritura (6,16b-18) correspondan a una instrucción bautismal para exhortar a los iniciados en la fe a pertenecer a Cristo, luz del mundo y, por lo mismo, a abandonar del todo la idolatría y las prácticas paganas. La vida de una ciudad–puerto como Corinto no favorecía en nada el discipulado cristiano. Los dioses, las costumbres mundanas y el gran desenfreno hacían difícil el camino de santidad de un recién bautizado (7,1). La solución es alejarse del dominio de Satanás, llamado Beliar o Belial (6,5), el “inútil, ruin, malo” en hebreo, y de lo que le pertenece, para conservar la comunión con Dios y vivir según su voluntad, expresada en la Escritura, y así llevar a su realización plena la santificación inaugurada en el bautismo (1 Cor 6,11). 


6,14: Dt 22,10; Eclo 13,17 / 6,15: Sal 18,4 / 6,16: Jr 32,38; 1 Cor 3,16; 6,19 / 6,18: Is 43,6; Jr 31,9; Am 3,13 / 7,1: Heb 10,22


6,16: varios manuscritos, algunos importantes, traen: «¡Ustedes son templos del Dios vivo!».


¡Hágannos un lugar en ustedes!


2 Hágannos un lugar en ustedes, pues a nadie perjudicamos, a ninguno arruinamos, de nadie nos aprovechamos. 3 Y no digo esto para condenar a alguno, porque ya les he dicho que los llevamos en nuestros corazones, unidos en la vida y en la muerte. 4 Tengo plena libertad para hablarles y estoy orgulloso de ustedes, lo que me llena de consuelo y me hace desbordar de alegría a pesar de todos nuestros sufrimientos. 


7,2-4: Ver comentario a 6,11-13.


7,3: 1 Pe 3,15-16 / 7,4: Col 1,24


III

Pablo y una vez más la comunidad en Corinto


Tito nos contó del anhelo que tienen de verme


5 Cuando llegamos a Macedonia no tuvimos ningún alivio corporal, al contrario, sólo sufrimientos por todos lados: ¡por fuera conflictos, y por dentro temores! 6 Pero Dios, que consuela a los humildes nos consoló con la llegada de Tito, 7 y no sólo con su venida, sino también con el consuelo que él recibió de parte de ustedes. En efecto, nos contó del anhelo que tienen de verme, de su llanto y afán por mí, lo cual me alegró más todavía. 

8 Si les causé tristeza con aquella carta, ¡no lo lamento! Y si hubo un momento en que lo lamenté, al darme cuenta de que -aunque por un breve tiempo- esa carta los entristeció, 9 ahora me alegro, no de haberlos entristecido, sino del arrepentimiento que provocó en ustedes aquella tristeza. Y como fue una tristeza querida por Dios, ningún daño han sufrido de nuestra parte. 10 Esa tristeza querida por Dios produce el arrepentimiento que lleva a una salvación que no se puede rechazar; en cambio, la tristeza producida por el mundo ocasiona la muerte. 11 Fíjense, pues, todo lo que ocasionó en ustedes esa tristeza querida por Dios: ¡cuánta solicitud, cuántas ganas de disculparse, cuánta indignación, cuánto respeto, cuánto anhelo de verme, cuánto afán y cuántos deseos de hacer justicia! Así han dejado del todo claro que eran inocentes en este asunto. 12 En realidad, no les escribí a causa del ofensor ni del ofendido, sino para darles la oportunidad de demostrarse a ustedes mismos y ante de Dios su solicitud por nosotros. 13 ¡Y esto nos llena de consuelo!

Pero más que por nuestro consuelo, nos alegramos por el gozo de Tito, quien quedó muy satisfecho de todos ustedes. 14 Porque si de algo me enorgullecí de ustedes ante Tito, no me han dejado avergonzado; al contrario, así como siempre les hemos dicho la verdad, así también el motivo de nuestro orgullo ante Tito fue verdadero. 15 Y cuando él recuerda la obediencia de todos, el respeto y la reverencia con que lo recibieron, no deja de crecer su cariño entrañable por ustedes. 16 ¡Me alegro de poder confiar plenamente en ustedes!


7,5-16: Este pasaje («Cuando llegamos a Macedonia»: 7,5) empalma con 2 Corintios 1,8-2,13 («Salí para Macedonia»: 2,13), continuándolo en estilo literario y contenido. Luego del viaje relámpago a Corinto y de una ofensa grave y pública, Pablo escribe la “carta de las lágrimas” (7,8; nota a 2,5-11), enviada con Tito a la comunidad. El pasaje actual justifica el tono áspero y dolido de esa carta que entristeció a los corintios. En un primer momento, Pablo se preocupa, pero luego considera que ha sido bueno que así ocurriera, pues esa tristeza, que no proviene del mundo, puesto que Dios la suscitó, los llevó a la conversión. Ella trajo consigo una serie de frutos positivos que ahora favorecen la relación de Pablo con sus hijos en la fe (7,11). Así, la carta de Pablo se conjuga con la eficiencia de Tito y la actitud nueva de los corintios para que el Apóstol se llene de sano orgullo por la conducta de los suyos, comunidad que es su carta de presentación frente a sus adversarios (3,2). Una vez que Tito regresa y le informa a Pablo de las buenas disposiciones de la comunidad, escribirá la llamada “carta de la reconciliación” (ver Introducción).


7,5: Dt 32,35 / 7,6: Tit 1,4 / 7,10: Eclo 38,18 / 7,11-12: Heb 13,1.7-9 / 7,15: Ef 6,5


7,12: varios manuscritos traen la variante: «sino para manifestar la solicitud que, ante Dios, tenemos por ustedes».


IV

Colecta a favor de los cristianos de Judea


8,1-9,15. Es probable que estemos ante dos cartas distintas sobre el tema de la colecta encomendada a Pablo para las iglesias de Judea por la hambruna en tiempos de Claudio (Hch 11,28). Según varios, Pablo habría escrito primero el capítulo 9 y luego el 8. Los misioneros judeocristianos llegados a Corinto y para denigrar el apostolado de Pablo, lo acusan de querer apropiarse del dinero de la colecta (2 Cor 8,20-21). En este polémico contexto, Pablo recuerda la necesidad de la colecta, pide –recurriendo a la Escritura– que se realice como expresión de comunión, y la organiza de tal manera que nadie siquiera sospeche que se puede apropiar del dinero. De este modo «en nada y a nadie damos ocasión para que se desprestigie el ministerio» (6,3).


Sobresalgan también en esta obra de generosidad


81 Hermanos, les damos a conocer la gracia que Dios ha otorgado a las comunidades de Macedonia. 2 Porque ellas, a pesar de haber sido probadas con un gran sufrimiento, desbordan de alegría y, de su extrema pobreza, han derrochado generosidad. 3 Doy testimonio de que aportaron mucho más de lo que sus posibilidades les permitían y, por propia iniciativa, 4 nos pidieron con gran insistencia la gracia de participar en este servicio en bien de los santos. 5 Ellos, incluso, superaron nuestras expectativas, pues primero se entregaron a sí mismos al Señor y luego a nosotros, siguiendo la voluntad de Dios. 6 Por eso le rogamos a Tito que, ya que él comenzó esta obra de generosidad entre ustedes, sea también él quien la termine. 

7 Así como sobresalen en todo, en fe, en elocuencia, en conocimiento, en toda solicitud por los demás y en el amor que les profesamos, sobresalgan también en esta obra de generosidad. 8 No digo esto como una orden, sino para comprobar, mediante la solicitud por los demás, la autenticidad del amor de ustedes. 9 Ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, quien por ustedes se hizo pobre siendo rico, para que ustedes, por su pobreza, se hicieran ricos.

10 Y respecto a esto les doy un consejo: ya que el año pasado fueron los primeros no sólo en hacer la colecta, sino también en insistir en hacerla, les conviene 11 ahora llevarla también a cabo, de este modo a la prontitud en una buena disposición corresponderá su realización conforme a sus posibilidades. 12 Porque si existe la buena disposición es bien recibido lo que uno da, y no se le piden imposibles. 13 Tampoco se trata de pasar necesidad por ayudar a otros, sino que, por el criterio de equidad 14 y dada la situación actual, la abundancia de ustedes remedie ahora la necesidad de ellos, para que en su momento la abundancia de ellos remedie la necesidad de ustedes. Así reinará la equidad, 15 tal como dice la Escritura:

Al que recogía mucho, no le sobraba,

y al que recogía poco, no le faltaba [Éx 16,18]


8,1-15: Fundamento de la colecta es la autodonación generosa de Cristo que, siendo rico, se despojó de todo para enriquecernos con el don de la filiación (8,9; Flp 2,6-11). Por tanto, si los de Corinto sobreabundan en carismas y en la auténtica riqueza, pues son herederos de la promesa (Gál 3,29; 4,4-7), ¿no van a desprenderse de los bienes materiales en favor de los necesitados? Que el desprendimiento sea con la magnificencia de Cristo, por eso Pablo llama a la colecta una «obra de generosidad» (2 Cor 8,8). Y por lo mismo Pablo felicita a las comunidades de Macedonia (Filipos, Tesalónica, Berea), porque en su extrema pobreza derrocharon generosidad. Los criterios que rigen la colecta son varios. Quien sobresale en bienes espirituales, que sobresalga en socorrer a los débiles. Que la autenticidad del amor se exprese en un efectivo y generoso donativo. Que los corintios terminen lo que comenzaron con entusiasmo y por propia iniciativa (1 Cor 16,1-4). Que las comunidades practiquen la equidad, como lo hizo Dios al distribuir el maná (2 Cor 8,15), de modo que la abundancia de unos remedie la necesidad de otros (Hch 2,44-45; 4,32). Que nadie se empeñe en dar lo que realmente no puede, sino que dé conforme a sus posibilidades. 


8,1-4: Rom 15,26-27 / 8,1: Hch 16,11-17,15 / 8,2: 1 Tes 1,6; 2 Tes 1,4-5 / 8,5: Hch 9,13-15 / 8,7: 1 Cor 1,5 / 8,9: Ef 5,1 / 8,14: Mc 12,41-44 / 8,15: Éx 16,18


8,7: varios manuscritos, algunos antiguos e importantes, traen: «En el amor que nos profesan».


Así evitamos toda posible crítica


16 Doy gracias a Dios que ha puesto en el corazón de Tito esta misma solicitud que yo tengo por ustedes. 17 pues con más solicitud que nunca respondió a mi súplica y por propia iniciativa fue a visitarlos. 18 Para acompañarlo, enviamos a un hermano a quien todas las comunidades alaban por su servicio al Evangelio. 19 Y no sólo eso, sino que incluso fue designado por las comunidades como nuestro compañero de viaje para llevar esta obra de generosidad que administramos para gloria del Señor y en prueba de nuestra buena disposición. 20 Así evitamos toda posible crítica por tener que administrar esta abundante suma de dinero, 21 puesto que queremos hacer lo que está bien no sólo ante el Señor, sino también ante la gente. 22 Además, junto con ellos, enviamos a otro hermano nuestro de quien hemos comprobado muchas veces y en diversas circunstancias la solicitud que manifiesta por ustedes y mucho más ahora por la enorme confianza que les tiene. 23 Ya se trate de Tito, mi compañero y colaborador en beneficio de ustedes, ya de nuestros hermanos, delegados de las comunidades y gloria de Cristo, 24 demuéstrenles su amor y el orgullo que sentimos por ustedes ante las comunidades.


8,16-24: Estamos ante una especie de carta credencial de Pablo para Tito y los dos delegados, responsables de llevar la colecta. A la presentación y su envío oficial (8,16-22), sigue el encomio de quienes van, para que la comunidad los reciba y confíe en ellos (8,23-24). La colecta o «abundante suma de dinero» (8,20) recibe varios nombres: gracia y servicio a los santos o servicio sagrado; obra de generosidad o donativo generoso; obra de ayuda, de amor y comunión. Estos nombres, intencionadamente religiosos, indican que Pablo no habla sólo de obsequio material, sino que lo entiende en íntima relación con la salvación que nos viene por Cristo, cuya obra describe con nombres similares a los de la colecta: don y comunión, ayuda y solidaridad generosa, servicio a los santos o servicio sagrado. Por tanto, la solidaridad con los necesitados brota de la comunión trinitaria y contribuye a la salvación. Es posible que a propósito de la colecta hayan acusado a Pablo de fraude (nota a 8,1-9,15). Por eso la organiza de tal forma que asegura la máxima transparencia: él no reunirá la colecta ni la administrará, sino que lo hará Tito junto con los dos hermanos elegidos por la misma comunidad por su probada virtud ante Dios y ante todos.


8,16-17: Tit 1,4 / 8,19-20: Hch 6,6; 20,4 / 8,21: Prov 3,5-6 / 8,23: Rom 1,1.9


Que sea una contribución realmente generosa


91 Casi no es necesario que les escriba acerca de este servicio en favor de los santos, 2 pues conozco la buena disposición de ustedes, la que me llena de orgullo ante los macedonios a quienes les digo: «¡Los de Acaya estaban preparados desde el año pasado!». De este modo, el celo de ustedes estimula a muchísimos. 3 Con todo, envío a los hermanos para que nuestro orgullo por ustedes no se vea defraudado en este asunto. Así que, como les decía, estén preparados, 4 no sea que si los macedonios que van conmigo los encuentran mal preparados, nosotros quedemos en ridículo -¡por no decir ustedes!- en este asunto. 5 Por ello consideré necesario pedir a los hermanos que se adelantaran y tuvieran preparada la contribución que habían prometido, de manera que sea una contribución realmente generosa y no una muestra de tacañería.

6 Tengan presente esto: «A sembrador mezquino, cosecha mezquina; a sembrador generoso, cosecha generosa». 7 Que cada uno aporte lo que le dicte su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama a quien da con alegría [Prov 22,8]. 8 Dios, por su parte, tiene poder para colmarlos con la abundancia de sus dones, para que además de tener lo suficiente siempre y en todo, les quede incluso para hacer toda clase de obras buenas. 9 Así lo afirma la Escritura:

Distribuyó con generosidad a los pobres,

su gratuidad dura para siempre [Sal 111,9]. 

10 Dios, quien provee semilla al sembrador y pan para comer [Is 55,10], proveerá y multiplicará la semilla de ustedes y hará crecer los frutos de su gratuidad. 11 Así, enriquecidos en todo por Dios, podrán dar con total generosidad, la que redundará en acción de gracias a Dios por nuestra mediación. 12 Porque este servicio sagrado no sólo remedia las necesidades de los santos, sino que también suscita muchas acciones de gracias a Dios, 13 ya que al comprobar el valor de este servicio, darán gloria a Dios por la obediencia con que ustedes profesan su fe en el Evangelio de Cristo y por su generosa solidaridad con ellos y con todos. 14 Al ver el don extraordinario que han recibido de Dios, ellos expresarán su afecto orando por ustedes. 15 ¡Demos gracias a Dios por su inefable favor!


9,1-15: Con varios recursos retóricos (comparaciones, proverbios, halagos…), Pablo alaba la prontitud y generosidad en la colecta de unos, para así alentar la contribución de otros. Luego, determina las funciones de la delegación escogida para llevar la colecta, y pide que algunos vayan a Corinto para impulsarla de modo que ni los corintios ni Pablo queden avergonzados, puesto que ha alabado sin mezquindad la generosidad de la provincia de Acaya, a la que pertenece Corinto, ante las comunidades de Macedonia (9,1-4). Ruega, pues, que aporten sin dar señal de tacañería. Con un proverbio e imágenes del mundo agrícola (9,6), recuerda a su comunidad que Dios ama a quien comparte con alegría. La recompensa consiste en que Dios mismo se responsabiliza de quien da, para que no carezca de nada y tenga prosperidad. Si la colecta es un magnífico fruto del «inefable favor» de Dios a los suyos (9,15), esto es, del don de la salvación, es entonces parte del «servicio sagrado» que le ofrece a Dios quien ha sido salvado por Cristo (9,12-14). Todos, entonces, darán gracias Dios (9,11: eujaristía en griego) por la solidaridad de los santos o hermanos en la fe.


9,2: 1 Tes 1,7-8 / 9,6: Prov 11,24-25 / 9,7: Eclo 35,9 / 9,10: Os 10,12 / 9,12: 1 Cor 16,1-2 / 9,13: Hch 2,42


V

Defensa del apóstol Pablo frente a los cristianos judaizantes


10,1-13,10. Es difícil pensar que estos cuatro capítulos, con recursos literarios propios de la polémica y la amenaza, sean continuación natural de 2 Corintios 8-9. Es probable que estemos ante parte de la perdida “carta de las lágrimas” (2,3-4) enviada con Tito luego de un viaje relámpago de Pablo a Corinto (año 56 d.C.) que tuvo pésimos resultados (ver Introducción). Se trata de un documento precioso para comprender cómo el misionero y los misionados van edificando una comunidad que supera progresivamente prejuicios, arrogancias, falsas enseñanzas y liderazgos, y se cimienta en Jesucristo en cuanto fuente de verdad, vida y comunión. 


¡Ustedes sólo miran las apariencias!


101 Yo, Pablo, soy quien en persona les suplico por la mansedumbre y bondad de Cristo, yo, tan cobarde cuando estoy con ustedes y, en cambio, tan valiente cuando estoy ausente. 2 Les ruego que cuando esté presente no me obliguen a actuar con severidad, lo que estoy seguro de hacer contra aquellos que consideran que procedemos por motivos humanos. 3 Aunque procedamos como los hombres, no combatimos por motivos humanos, 4 porque nuestras armas de combate no son las de este mundo, sino las poderosas armas de Dios capaces de destruir cualquier fortaleza. Por eso derribamos falsos argumentos 5 y cualquier altanería que se alce contra el conocimiento de Dios; hacemos prisionera toda inteligencia humana para someterla a Cristo 6 y estamos preparados para castigar cualquier desobediencia, una vez que ustedes alcancen la obediencia perfecta. 

7 ¡Ustedes sólo miran las apariencias! Si alguno considera que pertenece a Cristo que tenga en cuenta que, como él pertenece a Cristo, así también nosotros. 8 Aunque me enorgullezca más de la cuenta por la autoridad que nos dio el Señor para la edificación de ustedes, no para su destrucción, no me dejaré intimidar 9 para no dar la impresión de que sólo infundo respeto mediante cartas. 10 Porque hay quien dice: «Aunque sus cartas son severas y duras, su porte corporal es insignificante y su discurso despreciable». 11 Que le quede claro a quien eso considera que lo que somos al pronunciarnos por carta cuando estamos ausentes, lo llevaremos a la práctica cuando estemos presentes. 


10,1-11: Entre líneas se perciben los reproches contra Pablo por parte de sus adversarios, los predicadores judeocristianos llegados a Corintio: presente es frágil y débil, ausente atrevido y severo; procede por intereses humanos; su porte físico es despreciable y su elocuencia torpe, precisamente en un medio donde el culto al cuerpo y la oratoria eran fuentes de honor. Por otros pasajes conocemos nuevas acusaciones: se aprovecha del trabajo pastoral de otros; no recibe dinero por su ministerio, lo que es un agravio en una sociedad regida por la mentalidad patrón–cliente; aún siendo necio es un astuto embaucador. En fin, poco y nada tiene de apóstol respecto a los superapóstoles (11,5). Pablo, no sin ironía, se defiende de las acusaciones empleando una terminología militar (10,3-5) y presentando su vocación como la del profeta Jeremías (Jr 1,10; 18,7-10). Su argumento central es la común pertenencia a Cristo (2 Cor 10,7) por lo que él es un “cristiano” con los cristianos, pero por la elección y la autoridad que le viene de Dios, la que ejerce como un servicio de edificación (10,8), es “apóstol” para los cristianos. 


10,1: Mt 11,29; 1 Cor 2,3 / 10,2-3: 1 Cor 4,21 / 10,3: Rom 7,5 / 10,4: Ef 6,11-17 / 10,5: Is 2,11-18 / 10,6: Rom 1,5-6 / 10,7: 1 Cor 1,12 / 10,8-9: Jr 1,10


¡Quien quiera enorgullecerse, que se enorgullezca en el Señor!


12 No nos atrevemos a equipararnos ni compararnos con los que se recomiendan a sí mismos. Porque éstos, al medirse con sus propias medidas y compararse consigo mismos, demuestran que nada entienden. 13 Nosotros, en cambio, no vamos a enorgullecernos por encima de nuestra medida, sino siempre conforme a los límites que Dios nos dio como medida al hacernos llegar hasta ustedes. 

14 En efecto, si no hubiéramos llegado hasta ustedes estaríamos extralimitándonos, pero nosotros fuimos los primeros que llegamos hasta ustedes con el Evangelio de Cristo. 15 Tampoco nos enorgullecemos más de la medida adecuada a costa de los trabajos de los demás. Más bien tenemos la esperanza de que, al crecer su fe, aumentará cada vez más nuestro prestigio entre ustedes, según nuestros límites: 16 proclamar el Evangelio en regiones lejos de Corinto, sin entrar en los límites de otros ni enorgullecernos de trabajos ajenos. 17 ¡Quien quiera enorgullecerse, que se enorgullezca en el Señor! [Jr 9,22-23]. 18 Por tanto, no es el que se recomienda a sí mismo quien realmente vale, sino aquel a quien el Señor recomienda. 


10,12-18: ¿Por quién optar?, ¿por Pablo o los superapóstoles llegados a Corinto? La opción es por quien viva los criterios del auténtico apostolado fijados por Dios. El pasaje trae juegos de palabras que hacen difícil su traducción: “medida” y “límite” puede referirse tanto a la capacidad personal como a lugares o regiones de misión. Los corintios se dejan impresionar por los judeocristianos que se elogian a sí mismos, sin ningún tipo de límites (10,12). Sin embargo, Pablo conoce su límite, fijado por Dios que lo envió. Si Pablo no se gloría de lo que hace por el Evangelio, es decir, por Jesucristo, mucho menos lo hará por lugares que él no sembró. Que nadie lo acuse, pues, de que se aprovecha del trabajo pastoral de otros (nota a 10,1-11), porque fue él, no esos falsos enviados (10,14), el primero que predicó en Corinto el Evangelio a los no judíos. Ya quisiera Pablo que los corintios estuvieran sólidos en su fe para dirigirse a otras regiones no evangelizadas. ¿Por quién optar? Por aquellos que el mismo Señor asiste con su fortaleza y les asigna los lugares de misión, no por los que se recomiendan a sí mismos y, como malos pastores, se adueñan de campos y cosechas que no les pertenecen. No sólo, pues, existen criterios para discernir a los auténticos cristianos, sino también a sus auténticos pastores. 


10,13-14: Rom 15,18-20 / 10,15-16: Hch 19,21; Rom 15,23-28 / 10,17: Jr 9,24 / 10,18: 1 Cor 4,4-5


Los prometí en matrimonio a un solo marido: ¡Cristo!


111 ¡Ojalá me toleraran esta pequeña insensatez! ¡Sé que lo harán! 2 Siento celos de ustedes, con un celo que viene de Dios, porque los prometí en matrimonio a un solo marido: ¡Cristo!, presentándolos a él como una virgen pura.

 3 Sin embargo, me temo que así como la serpiente sedujo a Eva con su astucia, también los pensamientos de ustedes los aparten de la sencillez y honestidad debidas a Cristo. 4 Porque toleran con gusto al que llega y les proclama un Jesús distinto del que les proclamamos, o les propone recibir un Espíritu distinto del que recibieron o aceptar un Evangelio distinto del que aceptaron.

5 Considero que en nada soy inferior a esos superapóstoles 6 En efecto, si carezco de elocuencia, no me falta conocimiento, como se lo hemos demostrado siempre y en toda circunstancia. 


11,1-6: El misionero está al servicio del Evangelio para suscitar y acompañar el encuentro con Cristo y disponer al creyente a la acción del Espíritu (11,4). Pablo describe esta misión con una imagen nupcial: ha sido enviado a predicar a Cristo para organizar y preparar comunidades dispuestas a desposarse con su Señor (11,2). El apóstol, pues, es el padre en la fe y amigo del Novio (Mc 2,18-20) que se preocupa de que éste despose a una virgen o comunidad íntegra en su fe, sin pecados ni ídolos. Como Cristo es el definitivo Adán, el apóstol tiene que preservar de la rebeldía a la comunidad (identificada con Eva: 2 Cor 11,3), preparándola para su auténtico Novio. No hay evangelización si se recibe otro Espíritu y se anuncia otro Evangelio, que es lo que hacen los predicadores judeocristianos en Corinto. Pero como la comunidad no tiene el discernimiento ni la fortaleza para defender a sus misioneros, ¡aceptan al primero que llega! (11,4; 12,11). Pablo, frente a los superapóstoles, podrá carecer de porte corporal y de elocuencia, pero no de conocimiento de Dios y de amor por Cristo, quien reconstituye la existencia y la fortalece con sus dones. 


11,2: Éx 20,5; Dt 4,24; Os 2,19-20 / 11,3: Gn 3,1-13; 1 Tim 2,14 / 11,4: Gál 1,8-9 / 11,6: 1 Cor 1,17; 2,1.13


No fui una carga financiera para nadie


7 ¿Cometí un error al humillarme, para que ustedes fueran engrandecidos? Lo digo, porque les anuncié gratuitamente el Evangelio de Dios. 8 Para estar al servicio de ustedes he despojado a otras comunidades, aceptando sus subsidios. 9 Así, mientras estuve con ustedes y aún pasando necesidades, no fui una carga financiera para nadie, porque los hermanos que vinieron de Macedonia las remediaron. Siempre me he mantenido sin ser una carga para ustedes, y así me mantendré. 10 ¡Les aseguro por Cristo que está en mí, que nadie me arrebatará en las regiones de Acaya este motivo de gloria! 11 ¿Por qué esto? ¿Porque no los quiero? ¡Dios sabe que sí!

12 Y esto que hago lo seguiré haciendo, para no dar ninguna oportunidad a aquellos que buscan un pretexto para enorgullecerse de ser como nosotros. 13 Porque esa gente son falsos apóstoles, trabajadores tramposos, disfrazados de apóstoles de Cristo. 14 Y no debe sorprendernos, porque si el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz, 15 no es de extrañar que también quienes están a su servicio se disfracen de servidores del don de Dios que hace justos. ¡Pero su final será el que merecen sus obras!


11,7-15: Respecto al sostenimiento económico de los misioneros había varios abusos. Por anunciar el Evangelio sin vivir de este ministerio, Pablo fue considerado apóstol de mínima calidad por algunos de la comunidad y por los misioneros judeocristianos llegados a Corinto (12,13.16-18). La mentalidad patrón–cliente, común en esa época, explica en parte la crítica: quien ofrecía un producto y no esperaba un bien material (dinero) o intangible (alabanza, fama) era porque lo que ofrecía no tenía valor y se podía prescindir de él. La relación de Pablo con su comunidad no es la de patronazgo, sino de paternidad. Por ello, no queriendo ser una carga para nadie, vive de su oficio, fabricando y reparando tiendas de campaña (Hch 18,3), y aceptando eventuales ayudas (Flp 4,15-18). La manera de vivir su ministerio es una denuncia profética contra los que exigen un sustento por anunciar a Cristo. El ejemplo de Pablo se convertirá en norma: «Que el apóstol al salir de la comunidad no lleve nada consigo a no ser pan, y sólo hasta su nuevo alojamiento. ¡Si pide dinero, es un falso apóstol!» (Doctrina de los Doce Apostóles o Didajé). Los misioneros judeocristianos no hacen otra cosa que imitar a Satanás, el príncipe de la mentira, por lo que se disfrazan de apóstoles de Cristo, pero no lo son (2 Cor 11,13). 


11,7: Hch 20,33-35 / 11,8-9: 1 Tes 2,9 / 11,10: 1 Cor 9,15 / 11,11: 1 Tes 2,8 / 11,14: Ap 2,9


Ya que muchos se enorgullecen…, también yo lo haré


16 Lo repito: que nadie me considere un insensato. O en todo caso, acéptenme como tal, para que también yo pueda enorgullecerme un poco. 17 Y dado que voy a enorgullecerme, lo que diré no lo digo conforme al Señor, sino más bien como un insensato. 18 Ya que muchos se enorgullecen por motivos humanos, también yo lo haré. 19 Menos mal que ustedes, que se tienen por tan prudentes, toleran con gusto a los insensatos. 20 ¡Toleran que algunos los esclavicen, los exploten, los engañen, los humillen, les golpeen el rostro! 21 Para mi vergüenza lo digo: ¡cuán débiles hemos sido con ustedes!

Y a lo mismo que alguien se atreva –lo digo como un insensato– me atreveré yo. 22 ¿Ellos son hebreos? ¡También yo! ¿Son israelitas? ¡Lo mismo yo! ¿Descendientes de Abrahán? ¡También yo! 23 ¿Son servidores de Cristo? Hablaré como un necio: ¡yo más que ellos! Les aventajo en fatigas, en prisiones y, mucho más, en palizas y, en muchas ocasiones, en peligros de muerte. 

24 Los judíos me han azotado cinco veces con los treinta y nueve azotes de rigor, 25 tres veces fui golpeado con varas, una vez me apedrearon, tres veces he naufragado y pasé un día y una noche en alta mar. 26 Los viajes han sido muchos, con peligros al cruzar ríos y ser asaltado; peligros de mis compatriotas y de los no judíos; peligros en la ciudad, en despoblado y en el mar; peligros por parte de falsos hermanos, 27 con cansancio y fatiga, con muchas noches en vela, pasando hambre y sed, a menudo sin comer, con frío y sin ropa. 28 Y además de todo esto, agreguen el peso de cada día por la atención de todas las comunidades. 29 ¿Alguno se debilita sin que yo me debilite? ¿Alguno es inducido a pecar sin que yo me enfurezca?


11,16-29: ¿Es Pablo un insensato?, se preguntan algunos de la comunidad (nota a 11,7-15). Con fina ironía y sarcasmo, Pablo afirma exactamente lo contrario a lo que escribe: los que precisamente se tienen por grandes sabios, se esclavizan a necios que los engañan y se aprovechan de ellos, refiriéndose a los misioneros judeocristianos llegados a Corinto (11,19-20). ¿Qué tienen, pues, de inteligentes? Lo que para un israelita (11,22) y un ministro de Cristo (11,23) es la más alta fuente de honor se da en Pablo mejor que ninguno. Pero a diferencia de muchos, el Apóstol ha servido a Jesucristo en tiempo y radicalidad como ninguno. ¿Quién por causa de Cristo puede presentar una lista autobiográfica de infortunios como la del Apóstol? (11,23b-27.32-33). Y a ésta hay que agregar su celo misionero expresado en su preocupación por las iglesias fundadas por él y por cada hermano en la fe (11,28-29). Las debilidades son motivo de orgullo para Pablo y su propia carta de presentación, porque el auténtico apóstol no se gloría de cualquier servicio, sino de ser colaborador y ministro del Señor, quien fue crucificado.


11,18: Rom 7,5-6 / 11,21-22: Hch 22,3; Gál 1,13-14 / 11,23: Hch 16,23 / 11,24: Dt 25,3 / 11,25: Hch 14,19; 16,22 / 11,26: Hch 9,23; 13,50; 14,5; 20,3 / 11,27: 1 Cor 4,11; 2 Tes 3,8


Sólo me sentiré orgulloso de mis debilidades


30 Si hay que enorgullecerse, me sentiré orgulloso de mis debilidades. 31 Dios, el Padre de nuestro Señor Jesús –¡quien sea bendito por siempre!–, sabe que no miento. 32 En Damasco, el gobernador del rey Aretas vigilaba la ciudad de los damascenos para arrestarme, 33 pero escapé de sus manos cuando, por una ventana, me descolgaron en un canasto muro abajo.

121 Si debo sentirme orgulloso, aunque de nada sirve, lo haré de las visiones y revelaciones que me concedió el Señor. 2 Conozco a un cristiano que hace catorce años fue arrebatado hasta el tercer cielo, no sé si con el cuerpo, no sé si fuera de él, ¡Dios lo sabe!, 3 pero sé muy bien que ese hombre, repito que no sé si con el cuerpo o fuera de él, ¡Dios lo sabe!, 4 fue arrebatado al paraíso y escuchó palabras inefables que ningún ser humano podría expresar. 5 De alguien así me podría enorgullecer, pero en lo que respecta a mí, sólo me sentiré orgulloso de mis debilidades. 

6 Si quisiera enorgullecerme no sería un insensato, porque digo la verdad. Sin embargo, me abstengo de hacerlo para que nadie me atribuya más de lo que ve en mí o de lo que oye acerca de mí. 


11,30-12,6: Pablo sabe que se comporta como necio al vanagloriarse por razones humanas como, por lo demás, lo hacen sus adversarios (11,16-18). Pero no se apoca y si hay que presumir de méritos, lo hará. Con gran capacidad retórica y hablando de sí en tercera persona, recuerda su experiencia mística de «hace catorce años», cuando fue arrebatado a la esfera más elevada del cosmos donde está el paraíso y la morada de Dios (12,2.4; Ez 3,12). Pero Dios no sólo le concedió visiones para que conociera su designio de salvación, sino también escuchar palabras secretas, imposibles de expresar (1 Cor 2,9; 14,18). Pablo, pues, como los grandes profetas, ve, escucha y habla con Dios (Hch 22,17-21), encuentro que le cambió la vida. En esto, por tanto, tampoco es inferior a sus adversarios de Corinto (2 Cor 11,5; 12,11). Sin embargo, esta experiencia no la considera un privilegio, sino un don por el cual Dios le revela que él y su santidad habitan en la fragilidad humana. Lo que Pablo anhela es que la recomendación como persona y apóstol sea lo que ven y escuchen de él (12,6), pues sus actos y palabras manifiestan la sinceridad de sus propósitos (5,12).


11,32-33: Hch 9,23-25 / 12,2-5: Ez 8,3; 11,1.24


Cuando soy débil, ¡entonces soy fuerte!


7 A causa de tan sublimes revelaciones y para que no me engría, tengo una espina clavada en el cuerpo, un emisario de Satanás que me golpea, para que no me engría. 8 Tres veces le he pedido al Señor que la aparte de mí, 9 y él me ha dicho: «¡Te basta mi gracia, porque mi poder se manifiesta plenamente en la debilidad!».

Por consiguiente, con sumo gusto sentiré orgullo de mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo. 10 Por eso, me complazco en las debilidades sufridas por Cristo: injurias, maltratos, persecuciones y angustias, porque cuando soy débil, ¡entonces soy fuerte! 


12,7-10 Los dones de Dios se reciben en la fragilidad del cuerpo. Ésta es la experiencia de Pablo, pues padece una situación humillante que atribuye a Satanás. La describe con una imagen: es como una espina clavada en el cuerpo (12,7). Por más que lo ha pedido, Dios no ha querido librarlo de ella. Narra su mal, siguiendo el modelo de un relato de curación: describe la enfermedad, luego la petición de curación del enfermo y termina con la respuesta, esta vez con resultado negativo. ¿Qué padece el Apóstol? Como nada nos dice, se puede pensar en una enfermedad física y crónica o bien en un sufrimiento moral, como la ofensa sufrida en Corinto (2,5-6; 7,12). Más bien se trataría de un mal físico tal que, por un lado, explique la crítica de que es débil y sin prestancia física (10,10) y, por otro, le recuerde su fragilidad humana y lo ayude a cultivar la humildad en medio de sus éxitos misioneros. Gracias a esta espina clavada, Pablo se sabe instrumento frágil y defectuoso de la gracia de Dios (4,7). De aquí su conclusión: el poder de Dios «se manifiesta plenamente en la debilidad» (12,9; Flp 4,13). Al tomar conciencia de su propia verdad y su significado, Pablo se libera espiritualmente de su dificultad corporal y la pone al servicio de la misión encomendada (Gál 4,13-14). 


12,7: Rom 9,2 / 12,8: Mt 26,39.42.44 / 12,9: Is 40,29 / 12,10: Col 1,29


Con mucho gusto gastaré y me desgastaré por ustedes


11 Si he llegado a ser un insensato, ustedes me obligaron. En efecto, les correspondía a ustedes recomendarme, porque -aunque nada soy- en nada he sido inferior a esos superapóstoles. 12 Por cierto, los signos distintivos del apóstol los han visto realizarse entre ustedes: paciencia a toda prueba, signos, portentos y milagros. 13 ¿Qué desventaja tuvieron respecto a las demás comunidades?, ¿el no haber sido una carga financiera para ustedes? ¡Perdónenme por tal ofensa!

14 Estoy a punto de hacerles mi tercera visita y tampoco esta vez les seré una carga, porque no busco sus bienes, sino a ustedes. Por lo demás, corresponde a los padres ahorrar para los hijos, y no a los hijos para los padres. 15 Así que con mucho gusto gastaré lo que tengo y me desgastaré por ustedes. Es que por amarlos tanto, ¿ustedes me amarán menos?

16 Está bien, dirán algunos, yo no he sido gravoso para ustedes, pero como soy astuto, los engañé. 17 ¿Acaso me aproveché de ustedes mediante alguno de mis enviados? 18 A Tito le rogué que fuera a visitarlos y envié a otro hermano con él. ¿Acaso Tito se aprovechó de ustedes?, ¿no nos comportamos ambos con el mismo espíritu y de la misma manera?

19 Tal vez piensen que desde hace rato nos estamos justificando ante ustedes. Hablamos como cristianos delante de Dios: todo, queridos hermanos, lo he hecho para edificación de ustedes. 20 Temo que, cuando los visite, no los encuentre como yo quisiera, y que tampoco ustedes me encuentren como quisieran. Temo encontrarme con discordias, celos, enojos, rivalidades, calumnias, chismes, arrogancias y desórdenes. 21 Temo que, en mi próxima visita, mi Dios me humille por causa de ustedes y tenga que llorar por tantos que han pecado y no se han convertido de la impureza, la lujuria y el desenfreno que practicaban.


12,11-21: Pablo termina con ironía su defensa ante los adversarios que lo denigran, los superapóstoles llegados a Corinto. Apela más a los sentimientos y a la actitud de su comunidad, que no tuvo el valor de defenderlo (12,11), que a argumentos teológicos. A diferencia de lo que piensan sus antagonistas, la condición de apóstol no se valida por la capacidad intelectual ni por la elocuencia al predicar, sino por la paciencia y las acciones portentosas (12,12), signos que se esperan de un enviado de Dios (Mc 8,11-12; 16,17-18) por ser manifestaciones evidentes del poder de su Espíritu (Rom 15,18-19; 1 Cor 2,3-4). Lo acusan de beneficiarse con el dinero de la colecta, pero Pablo demuestra que el auténtico apóstol no sólo gasta sus bienes en favor del Evangelio, sino que se gasta a sí mismo por Cristo, tal como él lo hace (nota a 11,16-29). Su recompensa es la edificación en Cristo de la comunidad. Sin embargo, el Apóstol manifiesta su miedo de que en su próxima visita a Corinto encuentre todavía una comunidad edificada sobre los vicios propios de paganos y no en Cristo Jesús (Gál 5,19-20). Si es así, no le quedará otra cosa que ser severo.


12,12: Rom 15,17-19 / 12,14: 1 Cor 4,15 / 12,15: Flp 2,17 / 12,16: Hch 18,3; 2 Tes 3,8 / 12,18: 1 Tes 2,5 / 12,20: 1 Cor 3,1 / 12,21: 1 Cor 5,1


Si voy de nuevo actuaré sin miramientos


131 Ésta será la tercera vez que los visite. Y todo asunto se resolverá por la declaración de dos o tres testigos [Dt 19,15]. 2 Ya les advertí cuando estuve presente la segunda vez y ahora, estando ausente, les vuelvo a advertir: si voy de nuevo actuaré sin miramientos con los que siguen pecando y con todos los demás. 3 Ésta será la prueba que buscan de que Cristo habla por mí, quien entre ustedes no ha dado muestra de debilidad, sino de poder. 4 Es cierto que fue crucificado dada su debilidad, pero ahora vive por el poder de Dios. Así también nosotros que compartimos su debilidad, viviremos con él por el poder de Dios para bien de ustedes.


13,1-4: Luego de la primera visita en que fundó la comunidad en Corinto (Hch 18,1-17) y el viaje relámpago en el invierno del año 56 d.C., que le fue mal, Pablo anuncia una tercera visita. Porque el principio jurídico establece la necesidad de dos o tres testigos para dilucidar una causa en un juicio (Dt 19,15; 1 Tim 5,19), Pablo insinúa que esta tercera visita lo convertirá en testigo veraz de las divisiones y los desenfrenos de la comunidad, si los hay (2 Cor 12,21). Después de esta tercera visita sólo cabe aceptar la sentencia definitiva y, luego, iniciar el proceso de penitencia y conversión. Junto con la paciencia y los milagros, esta tercera visita será un signo más de que Dios habla por su apóstol para invitarlos a la reconciliación (5,20; 13,3). Al criticar a Pablo de que estando ausente infunde respeto, pero en persona «su porte corporal es insignificante y su discurso despreciable» (10,10), se oponen nada menos que a Dios que lo eligió y envió. Pablo, en cambio, no hace otra cosa que compartir la debilidad de Jesucristo crucificado para salvarnos. Lo propio de Dios es obrar la salvación por su Hijo en situación de radical debilidad, lo que debe cumplirse en quienes lo anuncian (12,9). La fragilidad y poca prestancia de misioneros y misionados no asusta a Dios (1 Cor 1,26-29), sino la prepotencia y el orgullo. 


13,1: Mt 18,16; Heb 10,28 / 13,4: Rom 8,11-12


Examínense si viven conforme a la fe


5 Examínense si viven conforme a la fe. ¡Ustedes mismos pónganse a prueba! ¿Acaso no saben que Jesucristo está en ustedes? ¡Tal vez no superan la prueba! 6 Con todo, espero que reconozcan que nosotros sí la superamos. 7 Si pedimos a Dios que ustedes no hagan nada malo, no es para que nosotros superemos la prueba, sino para que obren el bien, aunque nos quedemos sin prueba alguna en nuestro favor. 8 Ningún poder tenemos para oponernos a la verdad, sino siempre en favor de ella. 9 Nos alegramos cuando nosotros somos débiles, con tal que ustedes sean fuertes. Por eso pedimos a Dios que se recuperen. 10 Éste es el motivo por el que les escribo estas cosas mientras estoy ausente, para no verme obligado a ser severo cuando esté presente, en razón de la autoridad que el Señor me dio para edificar, no para destruir. 


13,5-10: Pablo vuelve a temas ya tratados como la debilidad del emisario y el poder de Dios, la crítica de que es severo por carta pero presente es insignificante, y la edificación de la comunidad. Esta vez, Pablo pide a su comunidad discernimiento cristiano y, con el vocabulario propio de los juegos ístmicos que se realizaban en Corinto, los anima a someterse a la prueba y a esforzarse de tal manera en la vida cristiana que nada los descalifique y así puedan alcanzar la meta de una conducta iluminada por la fe (13,5-6). Luego, empleando terminología médica (13,9b), Pablo pide a Dios que su comunidad sane o se recupere y que no deje de hacer el bien, aunque –escribe con cierta cuota de humor– no tenga nada que reprocharles, como lo ha venido haciendo, y se quede sin prueba alguna a su favor. Como el profeta Jeremías, el apóstol participa del poder del Señor para edificar su familia, la Iglesia (Jr 1,9-10).


13,5: 1 Cor 11,28 / 13,7: 2 Pe 2,9 / 13,8: 1 Jn 3,18-19 / 13,9: Heb 4,15 / 13,10: Jr 18,7-9


Conclusión


Dios, fuente de amor y de paz, estará con ustedes


11 En fin, hermanos, estén alegres, recupérense, consuélense, tengan las mismas disposiciones y vivan en paz; entonces Dios, fuente de amor y de paz, estará con ustedes. 12 Salúdense unos a otros con el beso santo. Los saludan todos los santos. 

13 La gracia de Jesucristo, el Señor, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes. 


13,11-13: La conclusión, construidas con frases cortas y tono litúrgico, contiene una fórmula de bendición (13,11b) y una hermosa confesión de fe en la Trinidad (13,13). Los bienes que configuran la identidad de «los santos» o cristianos y la alimentan (13,12) son la gracia que proviene del Señor resucitado, el amor que viene de Dios y la comunión, don del Espíritu. La presencia de la Trinidad en cada cristiano y en la comunidad es fuente de reconciliación (nota a 5,18-21) que hace posible relaciones marcadas por la alegría, la vida divina recibida como don y la concordia que genera la paz (13,11). Así, remitiendo todo a la armonía y eficacia que proviene de la Trinidad, Pablo cierra esta tormentosa Carta


13,11: Flp 4,8-9 / 13,12: Rom 16,16; 1 Cor 16,20; 1 Tes 5,26 / 13,13: Mt 28,19; Hch 2,32-33 / 1 Cor 12, 4-6; 1 Jn 3,23-24