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V DOMINGO ORDINARIO

V DOMINGO ORDINARIO

Ciclo C – 6 de febrero de 2022

Mons. Cristóbal Ascencio García, Obispo de Apatzingán.

Bienvenidos a esta reflexión desde la Palabra de Dios en el V Domingo del Tiempo Ordinario.
Hace ocho días escuchábamos a Jesús predicando en la sinagoga de su pueblo y muchos de sus paisanos se molestan y quieren despeñarlo. Hoy hemos escuchado una escena muy distinta, ya que se encuentra en la orilla del Lago de Galilea predicando al aire libre. La actitud de las personas es distinta, no lo rechazan, sino que se agolpan para escucharlo; no predica dentro de una sinagoga, sino al aire libre desde la barca de Simón; aquellos pescadores no buscan milagros como los de Nazaret, desean escuchar la Palabra de Dios, ya que sienten que Jesús les habla desde Dios. Jesús no repite lo que oye de otros, no cita a ningún maestro de la ley, esa alegría que sienten en su corazón al escucharlo, sólo puede
despertarla Dios.
Terminada la prédica, se compadece de aquellos pescadores que han trabajado toda la noche sin pescar nada, no han sacado el fruto de su esfuerzo, no han sacado para llevar el sustento a sus familias. Le dice a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Simón siendo un pescador experimentado y que sabe que ha trabajado toda la noche sin resultados positivos, confía en la palabra de aquel profeta itinerante, hace a un lado su cansancio, su desánimo, prepara las redes y rema mar adentro. Es claro que expresa su pensar: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiando en tu palabra, echaré las redes”. Gracias a que Simón cree en la palabra de Jesús, se da la pesca milagrosa. Una pesca nunca vista, una pesca que produciría muchos frutos materiales, una pesca que conduce a Simón a sentirse pecador frente a aquel profeta; pero su logro más grande es que creen en Jesús y esa creencia es capaz de conducirlos a dejarlo todo para seguirlo. De ahora en
adelante, Pedro se dirige a Jesús llamándolo no sólo Maestro, sino Señor, título propio del Dios Omnipotente y Creador de la antigua alianza. Jesús al llamarlos los invita para que dejen su vida pasada, de allí que digamos que seguir al Señor crea una forma nueva de vida.


Cuestionémonos hermanos sobre:


1°- Escuchar a Jesús. Aquellos pescadores se apretujaban para escuchar su Palabra. La de Jesús es la misma voz de Dios que habla a los hombres. ¿Cómo escuchamos la Palabra de Jesús? Nosotros como predicadores ¿cómo compartimos la Palabra de Jesús? Estoy convencido que las personas no quieren escuchar una palabra cualquiera, acuden a Misa y esperan una palabra diferente, nacida desde la meditación en el encuentro con Jesús. Eso se espera siempre de un predicador católico.
2°- Escuchar la Palabra de Jesús y ponerla en práctica. Simón escuchó lo que Jesús le dijo, y a pesar de su pretexto, hizo lo que le pedía: “Remó mar adentro”. En nuestros días ¿cómo escuchamos a Jesús?, ¿dónde lo escuchamos?, ¿hacemos lo que nos pide a pesar de nuestros cansancios y de nuestros razonamientos?.
3°- Escuchar la Palabra de Jesús debe confrontarnos con nuestra realidad de pecador. Preguntémonos: ¿Somos capaces de reconocer nuestra realidad de pecado?
4°- Dejarlo todo. Implica iniciar una vida nueva junto a Jesús. ¿Qué estoy dispuesto a dejar para iniciar una vida nueva con Jesús? ¿Qué debo dejar de mi pasado? ¿Qué me impide seguir a Jesús?

El Evangelio nos muestra un camino a recorrer como cristianos y nos deja el ejemplo de Pedro. Quisiera decirlo de manera sencilla: debemos dejar que Jesús predique desde nuestra barca que es nuestra persona, nuestra vida; su predicación debe conducirnos a creerle, aunque nos pida algo que pareciera imposible para nuestros razonamientos: Remar mar adentro confiando en su Palabra. ¿Por qué
Jesús le dijo a Pedro: “No temas”?; ve miedo en el corazón de Pedro, pero ¿a qué le tiene miedo?, ¿acaso es el temor que experimenta el hombre ante la santidad infinita de Dios? ¿o es el miedo a un seguimiento radical? Con el “no temas” Jesús le quiere decir: no tengas miedo de ser pecador y estar cerca de mí. Hermanos, esta es la suerte de nosotros los creyentes, que nos percibimos frágiles, pecadores,
pero nos sentimos al mismo tiempo, comprendidos y amados incondicionalmente por ese Dios revelado por Jesús y que confía en nosotros para hacernos pescadores de hombres.

Hermanos, no basta creer, confiar en Jesús; tampoco es suficiente que su presencia interpele nuestra fragilidad y nos veamos pecadores temerosos. Es necesario tomar la actitud de Pedro: “Dejándolo todo, lo siguieron”. Dejarlo todo, recordemos, es dejar nuestro pasado, esa vida marcada de indiferencia, de
egoísmo, de pecado; dejarlo todo, es iniciar una vida nueva junto a Jesús; allí en medio de nuestros problemas y dificultades, pero siguiendo a Jesús, pisando donde el pisa, haciendo lo que Él quiere, viviendo como Él desea.


Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
¡Feliz domingo para todos!.

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