Desde el primer instante de su papado, hace ya un año, León XIV tuvo claro que quería aportar una reflexión magisterial y pastoral acerca de la dignidad humana en el momento presente de revolución digital, tal como su predecesor León XIII había hecho a finales del siglo XIX, en la época de la revolución industrial con su encíclica Rerum novarum [Sobre las cosas nuevas] (1891), desde hace años considerada el texto fundador de la Doctrina social de la Iglesia. El papa Robert F. Prevost explicó que precisamente por este motivo se ponía el nombre de León XIV.
Por fin ha llegado su primera encíclica social, Magnifica humanitas [Magnífica humanidad], subtitulada Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Si las “cosas nuevas” del tiempo de León XIII eran el capitalismo industrial y su posible alternativa del socialismo/comunismo, las de nuestro tiempo son la revolución digital, la inteligencia artificial y la robótica.
Ya en la introducción, León XIV dice explícitamente que esta encíclica se publica con motivo de los 135 años de Rerum novarum (1891-2026). En ella no presenta un tratado sobre la inteligencia artificial, sino una reflexión acerca de la situación actual de la humanidad en el tiempo de la revolución digital, tomando como criterio de discernimiento los temas constantes de la Doctrina social cristiana a lo largo de su historia: la primacía del trabajo sobre cualquier lógica financiera o productiva, el vínculo indisoluble entre el anuncio del Evangelio y la búsqueda de un orden social justo, los principios de libertad, de subsidiariedad, de justicia social, etc. De hecho, el Papa realiza un repaso de los 135 años de historia de la Doctrina social de la Iglesia mostrando cómo el Magisterio eclesial ha tratado de aportar luz a la humanidad en general, y a los católicos en particular, con su antropología y su ética adaptándose a diversas situaciones históricas. Por ello, encontramos en esa historia un progreso en la enseñanza social, una continuidad (la defensa de la dignidad de la persona humana) en la discontinuidad (diversas situaciones históricas).
Siguiendo la tradición bíblica y patrística de “las dos ciudades”, León XIV nos habla de Babel, construida a partir de la uniformidad y terminada con la división entre quienes la construyeron, y de Jerusalén, cuyos muros fueron reconstruidos tras el exilio judío en Babilonia (siglo VI a. C.) a partir de la diversidad humana dando como fruto la comunión. Con la inteligencia artificial podemos construir Babel o Jerusalén, la ciudad terrena o la Ciudad de Dios (san Agustín, siglo V), la primera basada en el negocio, el egoísmo, la comodidad, la desigualdad y la irresponsabilidad, y la segunda fundamentada en la convicción de que toda técnica debe ser un instrumento al servicio del bien común. ¿Cuál de las dos ciudades vamos a construir?
Solemos pensar que otros tomarán la decisión, y enseguida pasamos a otra cosa. Sin embargo, la revolución digital, la inteligencia artificial y la robótica van a transformar nuestras vidas en un sentido u otro, las nuestras y las de nuestros descendientes. No podemos dimitir de esta responsabilidad. Con Magnifica humanitas, el Papa nos invita a ser adultos, responsables, conscientes e inteligentes, de tal modo que participemos en las decisiones acerca de qué nuevas tecnologías queremos asumir y en qué dirección. No dejemos que otros nos adormezcan con los opios del siglo XXI (televisión, cine, deportes, espectáculos). Mantengámonos bien despiertos.
José Sols, Universidad Iberoamericana, Ciudad de México
